Escritores peruanos en Radio Francia Internacional
Debate, entrevista, Hablablog, presentaciones January 9th, 2008
Acaba de aparecer en el programa radial Puente de las Artes, de Radio Francia Internacional, una interesante entrevista, hecha por Hernán Rivera Mejía, a tres jóvenes escritores peruanos: Roxana Crisólogo, Miguel Ildefonso y Francisco Izquierdo Quea, este último codirector de El Hablador.
Crisólogo e Ildefonso estuvieron de paso por París, luego de participar en el festival de poesía Latinale, en Berlín. Izquierdo, como se recuerda, viene estudiando una maestría de literatura latinoamericana en La Sorbona.
En dicha conversación se viene midiendo el pulso a la actualidad literaria y editorial peruana, en el marco general de la crisis generalizada que padeció el Perú entre 1980 y 2000. La conversación gira alrededor de considerarse escritor en el Perú, la impronta de las últimas dos décadas en lo político y lo cultural, la migración del campo a la ciudad, la búsqueda de definiciones luego de la caída del Muro de Berlín y el estado actual del campo literario peruano, desde los premios internacionales hasta la insurgencia de nuevas editoriales.
Un tema en debate tiene que ver con la aparición de la literatura de la violencia política, que, en opinión de Crisólogo, siguió “un proceso natural en la poesía”. Ildefonso siente que es un tema muy presente en su trabajo artístico, que viene de sus orígenes como poeta. Por otro lado, Izquierdo considera que a este tipo de literatura “le falta madurar, faltan estudios que conlleven el aspecto estético”.
Los tres escritores aluden a una heterogeneidad de propuestas, pero están unidos por los cambios más recientes de la sociedad peruana, la emergencia de nuevos actores sociales, la globalización y la apertura económica, pero lamentan la sempiterna falta de apoyo e insensibilidad del Estado frente al tema cultural, que otros países potencian mejor.
La entrevista está colgada en la página de Puente de las Artes (y luego hacer click en “Escuchar 19 minutos”).
En la imagen: Izquierdo, Ildefonso, el escritor Alfredo Pita y Crisólogo, de izquierda a derecha.
Entrevista a Jeremías Gamboa
entrevista January 8th, 2008
Francisco Ángeles
Uno de los mejores libros del año pasado fue Punto de fuga, notable debut del periodista y escritor Jeremías Gamboa (Lima, 1975). Con un lenguaje limpio y bien trabajado, Gamboa ha conseguido un grupo de relatos intensos animados por personajes desequilibrados y en permanente movimiento. Conversamos con él acerca de su primer libro.
Estaba chequeando las entrevistas que has dado por este libro. Creo que he leído cinco o seis. ¿Te acuerdas cuántas fueron?
Sí, cinco o seis…
¿Qué tal la experiencia de hablar de tu propio libro?
A mí me gustaron esas entrevistas. Me pareció interesante porque además yo soy periodista, y me gustó estar del otro lado y hacer un esfuerzo por tener un discurso para los medios. Y además este libro habla de periodistas, y los periodistas tuvieron un interés marcado por ese tema. Pedro Escribano, por ejemplo, estaba muy interesado en el tema periodístico del libro…
En esa entrevista con Escribano creo que hubo una pequeña discusión al respecto. Tú atacabas un poco al periodismo y él, claro, lo defendía, ya que es su chamba, lo que hace…
Lo que pasa es que yo tuve una relación conflictiva con el periodismo, porque no encontraba tiempo para escribir ficción. En algún momento desarrollé una cólera por eso, pero si hubiera sido oficinista en un banco, le hubiese agarrado cólera también a ese trabajo. Pero lo periodístico me ha sido útil, para mí es una afirmación, es una relación muy trajinada con la escritura. Yo escribía crónicas muy relajado en Somos, y cuando me iba a mi casa a escribir ficción me ponía más duro, como que era algo más elevado. Después decidí que tenía que divertirme, vacilarme, arriesgar y escribir con la misma concha con la que escribía crónicas. Y cuando escribí este libro me di cuenta de que el conflicto entre el periodista y el contador de historias de “Un responso por el cine Colón” era el conflicto que yo tenía. Ese cuento es el arte poética del libro. El narrador le envidia a Castrejón su capacidad para inventar historias delirantes cada noche, y Castrejón es el escritor en ciernes. Hay una reconciliación entre los dos personajes, que es mi reconciliación, la reconciliación de esos dos lados. Es bien Paulo Coelho, pero así es, qué voy a hacer (risas).
Sé que esto no es en absoluto importante, pero queda la impresión de que ese cuento es muy autobiográfico…
Hay puntos de partida autobiográficos, siempre experiencias personales. Un cuento que aparentemente no lo tiene es “Evening interior”, en la que observo una mujer, una mujer que no me va a ver porque soy un tipo gris. Escribí muchos cuentos de ese tipo, pero sólo ése sobrevivió, y sobrevivió porque es como un comprimido de “María José”, donde el personaje principal está enamorado de María José, que es un personaje inasible…
Lo peor de todo es que es su amigo, lo que es más dramático. Si quieres algo con ella y no te da bola, mejor que no te salude…
Es lo del amigo gay, ¿no?
El amigo gay sería más el que anda con varias pero no se agarra ninguna. En este caso es la de mejor amigo, que es peor. El narrador anda con María José, que nunca le va a hacer caso como pareja, pero siempre está ahí, por alguna extraña razón siempre está ahí. Esta incapacidad de acercarse a la chica también la veo en “Tierra Prometida”, cuando los dos amigos están en el Bohemia, antes de la juerga, y el amigo del narrador ve a unas chicas de la universidad, pero no lo saludan…
En ese cuento, ellos miran todo desde un no lugar, no tienen ninguna capacidad para abordarlas…
Y eso los motiva ir a un lugar donde van a ser mejor recibidos. Cuando llegan al Pitcher’s el narrador piensa “aquí somos guapos”…
Claro, acá soy atractivo (risas).
Claro, el pata pienso aquí somos, aquí la hacemos linda… Supongo que es normal, ¿no? Te vas moviendo por la ciudad y sientes que tu imagen va mejorando mientras más tela son los lugares a los que vas. Pero lo interesante es que el pata igual fracasa, no le liga ni una. Me refiero al amigo, que es más fracasado que el narrador…
En algún sentido, sí…
Con la diferencia que en el Pitcher’s tiene su tabla de salvación. Cuando no le dan pelota, dice “esta chola de mierda qué se cree”. Transfiere la culpa a otra persona…
Eso tiene que ver con un aspecto del que me habló Ezio Neyra. Una de las cosas es que ahí en el libro nadie se toca, no hay ni un besito. Hay una incapacidad de las personas para tocarse. A qué responde, no sé, quizá porque para mí la escritura en esa época estaba relacionada a una sensación de impotencia, nada salía como yo esperaba. Escribía mucho, pero no salían los cuentos. Quizá por eso hay mucha impotencia en los personajes, una incapacidad de tocar lo que está alrededor de ellos, son incapaces de sentirse parte de un espacio. Por ahí hay un par de momentos en que se tocan, el padre al hijo en “Nuestro nombre”, y la hermana toca al hermano en “La conquista del mundo”. Pero no hay aspectos cercanos al sexo, al punto que lo más cercano es la revolución de los pajeros del cine porno. Y todos están lejos unos de otros, tampoco se tocan…
En “Tierra Prometida” hay unos paleteos entre el narrador y la chica bien despachada, la prima de la otra…
Sí, pero son unos previos, nada más…
Ese caso me parece interesante. Esta chica lo admira, ha leído sus artículos. El pata tiene todas las de ganar: ella es misia, él está en un BMW…
Sí, tiene todas las de ganar, pero no lo hace, decide no comportarse como un patán. A ese cuento algunas personas, por las que tengo mucho respeto, le pusieron reparos desde un punto de vista que no sé si llamarlo ideológico… porque ellos son los patanes del libro, los oscuros de libro, por lo que el cuento sería descalificado…
Es curioso que se cuestione la calidad moral de estos dos. Porque, ¿qué hacen? No hacen nada, ¿no?
Claro, son dos chiquillos, gente de veinte o veintiún años, hacen lo que hemos hecho todos, salir de noche a buscar algo que nos afirme. A ellos esa afirmación les es esquiva durante toda la noche, y en la última escena encuentran que no son nada… no encontraron en esa tierra prometida lo que buscaban, en esa tierra prometida que no existe…
Ni siquiera son esos típicos personajes malditones. Por lo menos el amigo, que supuestamente es el bravo, el que tiene el carro, el que sabe dónde ir…
Claro, el que pone las chicas…
Sí, y en el fondo, con su billete y su BMW, es un pata muy marginal. Marginal porque no encuentra su espacio. Va del Bohemia al Sargento, después al Pitcher’s de Los Olivos, y termina en un night club de mala muerte en Comas. Eso es más dramático, ¿no? Me hizo recordar a Ribeyro, sobre todo a “De color modesto”, el marginal de temperamento. Es el mismo recorrido, te levantas a la que puedes, a la que no puede decirte que no, y termina agarrándose a la empleada…
No tenía presente “De color modesto”, pero sí “Día domingo”, en el que una chica pituca se va a la playa con una chica pobre. Para ella es un paseo normal, pero para la pituca es una cosa más lésbica. Eso sí lo pensé. Pero más que Ribeyro tenía presente Los cachorros, el ritmo y el vértigo que quería darle. Algunos amigos me dijeron que en ese cuento está la amenaza permanente de un crimen o un suicidio…
Claro, en todo el cuento parece que algo les va a pasar. Y lo peor es que no les pasa nada. O sea, si vas hasta allá al menos que te maten. O mínimo que te peguen, ¿no? Pero si no pasa nada es una historia que no puedes contar, es una historia no narrable, una historia sin gloria… y la gloria al menos podría ser que te peguen…
Lo que hay en ese cuento es una marginación de autopercepción, los personajes no se encuentran. De ese cuento lo primero que escribí fue la frase final, cuando se dan cuenta de que no quieren despertar, porque eso implicaría reconocer que no están en ningún lugar.
Cambiemos un poco de tema. Hace unos años te fuiste a Estados Unidos a hacer una maestría…
Una maestría y un doctorado. Pero sólo hice la maestría…
¿Por qué regresaste?
No me sentía cómodo. Estudie Ciencias de la Comunicación, y pensaba que me faltaba más formación en literatura. Estuvo bien, fue una buena experiencia, pero se lee la literatura desde otro lado. Por ejemplo, sobre el cuento “El edificio de la calle Los Pinos” me dijeron que el edificio era una metáfora de la soledad. Y con unos profesores tuve una conversación que me pareció muy estimulante, en la que me decían que ese edificio deshabitado podía ser una imagen potente de lo procesos de modernización truncos en las ciudades latinoamericanas. De ahí se desprende un aparato crítico interesante, pero que no se acerca a la manera cómo uno escribe. Entonces era ponerse demasiado del otro lado.
¿Te pareció que eso te limitaba al momento de escribir? ¿Escribías desde la posición de un lector de ese tipo?
En mí particularmente sí, en otras personas puede ser distinto. Hay gente como Peter Elmore que ha hecho una obra crítica importante y una obra de ficción. Pero yo tengo poca capacidad para discernir esos dos lados, y preferí no seguir. También regresé por la típica tontería de que extrañas el ceviche y el país en general. Y sobre todo Lima. Me interesa Lima, conocer lugares distintos, rastrear, y eso evidentemente en un campus norteamericano no puedes hacerlo…
Lima de hecho es el gran tema del libro, ¿no?
Sin duda. Y el libro narra desplazamientos, porque me gusta usar espacios reales. Como lector me interesan los escritores que utilizan espacios reales, los espacios imaginarios me gustan menos. Me interesa Roth, Bolaño, que hablan sobre las ciudades en las que viven, es lo más deslumbrante que uno puede leer. Cosas que pueden pasar a tu lado. Y este libro habla de movilizaciones. En “De color modesto” que mencionabas, el protagonista es de tal condición y la sirvienta de tal otra. Yo he narrado la movilización de los personajes, las ficciones de los que saltan de un espacio social a otro, y el resultado es que todo es trunco, problemático, no controlado…
Y es problemático en los dos casos, cuando asciendes, pero también cuando desciendes…
Sí. Luis Hernán Castañeda me decía que “Tierra prometida” y “La conquista del mundo” son como un aspa, en las dos hay movilización, una para arriba y la otra para abajo. La bonanza económica ha hecho que haya desplazamientos en los estratos socioeconómicos, los sectores se empiezan a mover. Son como placas tectónicas y por eso los personajes están afectados, desequilibrados.
Congrains en Lima (again)
Publicaciones, Debate, entrevista, Hablablog January 7th, 2008
Giancarlo Stagnaro
Conocimos a Enrique Congrains Martin en 2006. Anteriormente, dentro del primigenio grupo de Punche Editores Asociados, el escritor Gabriel Espinoza había sido el gestor de una campaña para traer de vuelta a Congrains por la puerta grande. Se trazaron planes y plazos, se calculó presupuesto, se hicieron gestiones… pero éstas lamentablemente no se concretaron. De todas formas, el impulso de Gabriel fue decisivo para que desde mediados de 2006 se hablara del “retorno” de Congrains a la escena literaria peruana, como lo demuestran los posts que Paolo de Lima le dedicara a este último en su blog Zona de Noticias.
Era un hecho que Congrains rompía su silencio (evoco en este punto lo que hizo en su momento Emilio Adolfo Westphalen), y nada menos que con tres proyectos bajo el brazo: el libro objeto Gallinita portahuevos y las novelas El narrador de historias y 999 palabras para el planeta Tierra. Interesado en dialogar con él, logramos concretar un reportaje para el diario El Peruano. Posteriormente, y ya con el cierre de El Hablador a cuestas, Johnny Zevallos y yo conversamos con Congrains casi toda una mañana dominical para la edición 13 de la revista.
De esta manera surgió esta entrevista, en la que Congrains revela los motivos de su escritura, las razones por las cuales salió del país y se volvió más “latinoamericano que peruano” y la importancia de este reentré literario con novelas de temática “no peruana”, como él mismo afirma, en las que le hace guiños a las vastas tradiciones de la distopía y la ciencia ficción, alejándose de las convenciones usuales del hegemónico realismo.
Este retorno narrativo es saludable por muchas razones. En primer lugar, porque se recupera a un autor que ha formado parte de la modernización de la narrativa contemporánea. Como miembro de la Generación del 50, Enrique Congrains ocupa un lugar de primera línea en dicho panorama por numerosas razones. En segundo lugar, esa línea renovadora se mantiene: que Congrains sostenga su alejamiento del realismo, luego de 50 años, resultará sorprendente, pero se explica dado el contexto de la literatura mundial. Su estadía fuera del Perú ha sido, en ese sentido, positiva.
Con El narrador de historias (edición no venal, 2006; Copé, 2007), ambientado en una probable disputa entre dos países sudamericanos, Congrains nos muestra que el escritor peruano puede estar preparado para relatar una historia de largo aliento allende sus fronteras geográficas, sin abusar de localismos que, por lo general, suelen clausurar posibilidades de lectura y significación. Y eso –quizás sea demasiado evidente decirlo– funciona de manera determinante para la noción de autor en un país como el Perú, en términos de adquisición y gestión de capital simbólico.
Congrains se reencontrará con el público peruano del 16 al 18 de enero en tres auditorios diferentes: Petroperú, la Biblioteca Nacional del Perú y en un espacio cultural del centro de Lima, respectivamente. En la segunda de estas sesiones, a las 19.00 horas, y con motivo del coloquio Lo cholo en el Perú, participarán en la mesa el autor, César Ramos, José Donayre Hoefken y quien suscribe estas líneas. Por ello, este reencuentro con Enrique será, en lo personal, un honor y un lindo reto que asumo con amistad y respeto a una asombrosa trayectoria literaria. Trayectoria que, esperamos, siga rindiendo entregas notables y propuestas refrescantes.
“En México nadie piensa que tengamos una buena poesía”
Publicaciones, Debate, entrevista November 20th, 2007
La admiración que cualquiera podría tener por la obra de José Emilio Pacheco se expande cuando se trata en persona al escritor mexicano. Hace algunos meses surgió la posibilidad de conversar con él, en una mañana donde su sencillez y buen humor estuvieron más que latentes. A todo ello, el autor de El reposo del fuego, considerado por lectores y estudiosos como uno de los principales ejes, junto a Paz, Sabines y Gorostiza, de la poesía mexicana, dijo mucho a tomar en cuenta.
¿Crees que tu incursión en distintos géneros ha conllevado a que la crítica se muestre polarizada con tu obra?
La crítica divide su trabajo en las áreas de mi obra. Dudo que existan muchos estudiosos que me hayan leído por completo.
¿Por qué?
–¿Por qué? Muy simple, y es que hay algunos críticos afines a la poesía que no leen mi narrativa y viceversa.
Eso implicaría pocos beneficios, si pensamos en el mercado…
–Pero claro, desde un punto de vista de mercado esta situación es fatal. Nadie sabe por dónde empezar a leerte.
Para alguien con tu trayectoria, ¿resulta esto muy contraproducente?
–Mucho, porque ese dicho de que “la poesía no vende” es cierto. Y viendo bien la situación, creo que en toda mi vida he vendido lo que vende un novelista en un mes.
Pasando a otro tema, ¿por qué tu primera etapa, de Los elementos de la noche y El reposo del fuego, difiere de las posteriores? ¿Sólo por la temática simbolista y surrealista?
–La influencia francesa, claro. Y es verdad, son otros libros, diferentes, que forman parte de mis inicios como escritor.
O como afirma la crítica, de tu “elegía juvenil”…
–Y lo es, pero, en realidad, lo único que me interesa no es lo que yo digo, sino los que lectores de otras generaciones ven en mis poemas. Ahí, mi intención siempre ha sido sólo escribir poemas. Ya lo que digan los críticos siempre es una interpretación razonable.
El caso de No me preguntes cómo pasa el tiempo es decisiva en tu obra, pues entra a tallar tu preocupación por la temporalidad, la historia…
–Esa preocupación la tengo desde siempre, sólo que recién se manifiesta en ese poemario. Y es que yo viví, de niño, toda la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. Mi generación es la primera que vio televisión, pero que se formó en un mundo sin plásticos, inimaginable ahora.
Y es en la historia donde sobresale el mal como eje circundante…
–Sí. Pero el gran enigma para mí es la existencia de este mal, por qué está entre nosotros.
¿Y por qué está entre nosotros?
–Fíjate que hasta ahora no tengo la más mínima idea (risas).
¿Y el tópico de la fábula?, ¿qué tan preponderante crees que está en tu obra?
–Tienen mucha importancia. Las fábulas sirven para jugar y también para comunicar. Esto se establece a mis dos o tres años, cuando mis abuelos me leían fábulas. Y es con las fábulas que yo descubro el verso.
Coméntanos acerca de las “aproximaciones”. ¿Es este un nuevo género instaurado por ti?
–No sé si es un nuevo género, pues traducciones con interpretaciones, a modo de reescritura, es algo que viene desde Fray Luis de León, quien se toma la libertad genial de ponerle rima a la poesía latina.
¿Pero son un nuevo género o no?
–Eso no lo sé. Normalmente los que establecen ese tipo de categorías son los críticos. Igual pasó con el trabajo de Monterroso y todo lo que se habló de él. Los críticos siempre están atentos a encontrar algo resaltante, ya sea para beneficiarte o para hacerte papilla. Igual los respeto (risas).
De algo se habrán cogido para definir a las “aproximaciones”…
–Puede ser mi trabajo de reescritura con algunos de mis textos…
Claro, porque eso de la reescritura y la corrección, algo típico en ti, ha conllevado a muchos a situarte, dentro de la tradición poética mexicana, en un punto medio, entre Gorostiza y Sabines, entre el poeta riguroso y el poeta de registro al instante…
–Pienso que Sabines sabía mucho de poesía como para categorizarlo así. Igual, creo que todo el mundo corrige, pero pocos lo dicen. Esa polémica molesta mucho, molesta que cuando hago un cambio tomen de mí la parte de mis inicios y me digan: “pero cómo has podido cambiar esto si era tan fresco”, y yo replique “bueno, pero no me quedaba más remedio” (risas). En fin, yo considero que el lector se merece lo que mejor pueda entregarle, y si una corrección o reescritura representa ello, pues bien.
¿Pero esta reescritura no provocaría una confrontación de lector que recién te conoce con lo hecho por el escritor joven que fuiste?
–Es que yo no falsifico nada. Aquí la cuestión es depurar, afinar los textos.
Pero habrá reacciones…
–Y ya, claro, se me han acercado lectores que me dicen “usted no debió haber cambiado esos poemas, usted ha roto mi juventud” (risas). Pero, bueno, mi esperanza es que esos lectores revisen lo anterior que he escrito en todos los géneros. Porque, ¿sabes?, yo sólo escribo versos. Si es poesía o no, eso depende del lector.
¿Consideras que es relevante la tradición, para la actual poesía, en países como Perú, Chile y México?
–Sí, pero la diferencia es que ustedes y los chilenos están orgullosos de la gran poesía que tienen.
¿Y en México no sucede eso?
–Para nada. En México nadie piensa que tengamos buena poesía. En mi país casi todo se centra en la cocina y el fútbol. Y en este último aspecto, somos especialistas en el fracaso (risas).
Finalmente, ¿crees que la presente labor de las editoriales beneficia aún más a la difusión de las obras de los escritores en América Latina?
–No. Mira lo que ocurre en el interior de nuestros países: vivimos lo mismo de hace siglos, cuando España prohibió a sus colonias que comercien entre sí. Si alguien publica un libro en su país éste no llega a otro. Yo pregunto: ¿quiénes son los escritores que no han publicado en España que sobresalen ahora? Obvio, ninguno.
Parece una visión desalentadora…
–Es muy desalentadora. Da lástima ver que a uno sólo puedan leerlo en otros países a partir de haber publicado en España o a partir de un premio arreglado allá. Ya luego de eso surge todo el aparato mediático de la editorial: cobertura en los medios, entrevistas y reseñas parcializadas, gente loquísima corriendo a las librerías y viajes a algunas ferias de libros. Y así cerramos con otra pregunta: ¿dónde queda el resto de escritores que hacen un buen trabajo, que se matan escribiendo y que no tienen padrinos que les ayuden a ganar premios? A ver si mis amigos los críticos tienen esa respuesta.
Entrevista a Francisco Izquierdo Quea
Publicaciones, entrevista October 17th, 2007
Francisco Ángeles
Francisco Izquierdo Quea (Lima, 1980) es, además de codirector de la revista virtual El Hablador, un narrador peruano que acaba de sacar a la luz el libro de relatos Bonitas palabras (Mundo Ajeno, 2007). A continuación, reproducimos la entrevista aparecida originalmente en la revista chilena Letras.s5, en la que Izquierdo entabla un revelador diálogo literario con su tocayo.
Hay una regla implícita que la mayoría sigue: publicar libros de cuentos unitarios, orgánicos, etcétera. En tu libro hay más de una línea, y supongo que por eso lo has dividido en tres partes. ¿Te parece que los libros de cuentos deben ser algo más que una suma de textos independientes? ¿Necesariamente tiene que haber algo que los enlace?
Creo que, a diferencia de la poesía, en los cuentos uno puede tomarse ciertas licencias. Hay autores reconocidos –pienso en Quim Monzó o Foster Wallace– cuyos libros presentan relatos que muchas veces distan en temática, estilo o técnica. En el caso de Bonitas palabras, lo que intenté es partir de una idea fija: lo peruano, tanto desde una óptica historicista como desde la cotidianidad que impera en nuestra sociedad…
¿Crees que se te podría maletear por juntar en un mismo libro cuentos tan distintos como, por ejemplo, “Nada ni nadie” y “El niño en casa”?
Se me puede maletear por eso o por cualquier tontería…
A eso iba. Para la crítica puedes ser un escritor que “domina diversos registros” o también un patita sin estilo definido…
Obvio. Ahí entrar a tallar el talante de la persona que escriba el comentario o apreciación del libro. De un mismo aspecto me pueden decir algo positivo o negativo. Pero eso es normal, ya depende de la apertura del lector…
Dices que has intentado retratar lo peruano. ¿Hasta qué punto podemos considerar peruano un cuento como “La guapa”, si tomamos en cuenta que la misma situación puede ocurrir en cualquier otro lugar?
En el caso de ese cuento tienes razón, su anécdota puede suceder en cualquier lugar. Pero puede ser identificable como peruano, al menos para mí, si partimos del lenguaje, las costumbres y una que otra descripción que el narrador hace…
Claro, eso es más interesante. A veces uno cree que una anécdota descontextualizada basta para considerar que un texto ya no pertenece o no se inscribe dentro de una tradición….
Esa es una lectura que cierta crítica institucionalizó, y no solo en nuestro país. Por ejemplo, Bolaño. Algunos no lo consideran un escritor chileno sino mexicano o español. Yo he hablando con escritores y lectores chilenos y para varios de ellos la obra de Bolaño es resistida, a pesar de que escribe sobre Chile y sobre elementos reales de su país. Y con un lenguaje chileno, con sus modismos…
Sobre Bolaño se podría hablar un buen rato, pero yo iba por otro lado: pensar que porque uno ubica sus relatos en un lugar lejano o en un lugar sin nombre ya no se mueve dentro de la tradición. Los cuentos más coloquiales de Bonitas palabras podrían tranquilamente ocurrir en China y no hacer ninguna referencia histórica ni política ni geográfica al Perú. Sin embargo, solo en la construcción de las frases se puede descubrir una tradición detrás. Veo, por ejemplo, al Bryce de La felicidad ja ja…
Lo que pasa es que la tradición de nuestras letras tiene muchos momentos. Por ejemplo, los de La ciudad y los perros, La felicidad ja ja, Los inocentes, las obras de Arguedas o Alegría, los cantares novelados de Scorza. Son libros cuyas historias ocurren acá o donde sus personajes son peruanos. Sin embargo, lo que los identifica es el lenguaje…
¿No es curioso que el más representativo de nuestros cuentistas, Ribeyro, sea uno muy tradicional?
Llamar a Ribeyro el cuentista más representativo me parece una exageración. Yo no discuto a sus seguidores ni al fervor con el que lo admiran. Pero a mí no me gusta la mayoría de sus cuentos. Sus artificios son demasiado identificables y el lenguaje es obviamente clásico…
Y lo clásico era para él más una imposición que una elección. No podía escribir de otra manera, él mismo lo dice. De hecho, en uno de sus cuentos más flojos, “Fénix”, quiere aplicar las técnicas que utiliza el boom y pierde por goleada…
Curiosamente, ese cuento es uno de los que más me agrada. Al menos rompe con ese sopor tan común en su obra…
Claro, si no te gusta Ribeyro es normal que prefieras un cuento en que no es él…
Me agrada “Fénix”, no sé si porque no es el Ribeyro clásico o por la técnica. Pero en general, la calidad de los cuentos de Ribeyro es, a mi juicio, discutible. Yo no digo que sea un mal escritor, pero llamarlo “el cuentista de bandera” es demasiado. ¿Por qué ese término? ¿Porque hizo en su mayoría cuentos? ¿Porque sus novelas tienen menor calidad que sus relatos?
O porque tiene una imagen muy vendedora, que es precisamente la del no vendedor…
Por supuesto. Ribeyro puede ser un gran referente si lo lees a los catorce años. Ahí te marca…
¿A ti te marcó?
No.
Hace poco releí Prosas apátridas y me encontré con una que empezaba diciendo algo así como “abro la ventana, miro las calles y siento toda la tristeza del mundo cayendo sobre mi pecho”. Uno lee eso a los catorce y dice qué paja, cómo sufre este pata, yo también quiero. Creo que por eso soy medio depre…
Pero no te sientas mal por eso…
(Risas.) De hecho, al releerlo me sentí muy mal…
Eso le ha pasado a muchas personas. Hay gente que asimila eso y siguen pensando en el Ribeyro de los diarios. Porque vende la idea de ser un escritor que se va a Europa y que sufre, la pelea y que al fin consigue su obra. Pero eso es parte del bluff…
Pero supongo que Ribeyro no lo planificó así. Quizá al escribir su diario sí se la creyó, quizá todo es cierto. A lo que iba es que esa imagen, natural o impostada, después le ayudó a tener éxito…
Definitivamente. Y en San Marcos, por ejemplo, los mismos profesores que te dicen “hay que separar biografía de obra” son hinchas de autores como Ribeyro o Bolaño porque sus vidas les parecen fascinantes. El solo hecho de publicar un diario en vida puede suscitar malicia en quienes lo leen. ¿Quién te dice que el autor no metió mano ahí o hizo sus cambios para que su vida suene, no sé, bien hard core? Tranquilamente los diarios pueden ser parte de la ficción en su obra…
Ya. Pero estábamos en que es el mejor cuentista del Perú, cosa que no atracas. Más allá de que no te parezca gran cosa, ¿es el mejor o no?
Es que nuestro país no tiene una tradición grandiosa en cuento…
Por eso mismo. Es el mejor, ¿no?
No. El mejor es Bryce. Al menos a mi juicio, Bryce es mucho más cuentista que Ribeyro.
OK, hablemos un poco de la prensa. Tú has trabajado varios años ahí y nunca te has sentido muy a gusto…
No, aunque mi último empleo dirigiendo una página cultural tuvo momentos gratificantes. La prensa juega un rol importante en la difusión de una obra o en su valoración. Hay que diferenciar esos conceptos. Tú puedes decir salió tal libro de tal autor, el libro trata de esto, con ustedes la entrevista. Eso es difusión. La valoración implica criterios más exhaustivos…
Sí, eso está claro. Pero lo interesante es cómo elegir material entre lo más caleta. ¿A quién se le da cobertura?
Eso depende del encargado de la página. La prensa en general, en todas sus áreas, salvo valiosas excepciones, es un ambiente copado de argollas, coimas, mermeladas…
Claro, entiendo. Pero tampoco nos hagamos los estrechos. O sea, hace tiempo que no entrevisto a nadie y ahora te estoy entrevistando a ti, que eres uno de mis mejores amigos…
Por supuesto, pero quienes lean la entrevista se darán cuenta que por esa amistad acá hay un trato cordial y nada más…
Claro, no saben que después la vamos a editar juntos…
(Risas.) Así es. Tipo Ribeyro y Campodónico con los diarios…
“Julio, ¿qué palabrita cambiamos, qué coma le movemos para hacerte más depre y melancólico?”. ¿Así crees que fue?
Yo creo que hubo un floro agregado y sus buenas tijerazas…
Pasemos a algo más actual. La pregunta de siempre, que no voy a hacerte, es cómo te ubicas en el panorama de la joven narrativa peruana…
Qué bueno que no la vas a hacer…
Eso no sé cómo se contesta, y supongo que tú tampoco…
Exacto.
Pero sí me interesa saber tu opinión sobre este nuevo grupo de narradores. ¿Cuáles te parecen los más destacados?
Yushimito, Leonardo Aguirre, Castañeda y Alarcón. De Aguirre sólo he leído su primer libro, no sé qué tal está el segundo. De Castañeda y Alarcón he leído también sus siguientes libros y en ambos casos me parecieron inferiores al primero…
¿Y qué opinas sobre este fenómeno de editoriales jóvenes?
Bueno, la labor que desempeñan es loable. Publican en la mayoría de los casos a nuevos autores…
Pero los autores van con la suya, ¿no? ¿Dónde está lo loable?
Pero eso ocurre en cualquier editorial, sólo que en éstas es más barato y aumenta las posibilidades de publicar un libro. Mucha gente, y en esto me incluyo, no hubiera podido publicar sin la existencia de estas editoriales. Que tu libro sea bueno es otro cantar…
A lo que iba es que esta explosión editorial ha creado la ilusión de un movimiento literario que no estoy seguro que exista en la magnitud en que se cree. Basta ver el tiraje de los libros. Y casi ninguno se agota…
Pero hay libros, hay producción…
Claro, eso me parece muy bien. Pero el punto es que no hay más lectores. ¿O crees que sí?
Pero nada es perfecto, y menos en un mercado editorial tan desfasado como el peruano. Hay móviles importantes. Los premios de Cueto o Roncagliolo hacen que cualquier chibolo o autor joven diga “yo también la hago”. Se ha creado una atmósfera de optimismo y eso ha llevado a muchos a escribir y publicar…
Tengo la sensación de que aparentemente hay mucho ruido con tantos nuevos escritores, pero que afuera, más allá del público de siempre, nadie se entera…
Bueno, si hablas de que los escritores sean más famosos, podemos hablar, por ejemplo, de Vargas Llosa. En nuestro país es conocido en gran medida por su rol como ex candidato y porque funge como líder de opinión y en la calle todo el mundo lo reconoce. Pero en París sólo lo reconoce la gente que sabe que va a ir a tal conferencia o algún peruano que lo ve en la calle y va de frente a mentarle la madre. Pero fuera de eso, pasa completamente desapercibido. Tú agarras a Marco Martos o resucitas a Heraud y los paras en Larcomar y nadie los saluda. Frente a eso, ¿qué se puede esperar de un autor joven?
No estoy diciendo que a Leonardo Aguirre le pidan autógrafos en cada esquina de Larco (aunque el otro día me contó que le pidieron uno en la puerta de un burdel), pero al menos que su Musa travestida se deje de apolillar en Crisol…
En eso entra a tallar la difusión por parte de las editoriales y el trabajo hecho en prensa…
Porque el objetivo debería ser conseguir nuevos lectores, no sólo que la gente publique en mancha…
Eso se consigue mediante la prensa o buscando que te pongan dentro del plan educativo del ministerio y te lean en el colegio. Que en el libro de cuarto de secundaria haya una sección de autores peruanos jóvenes. Aparentemente suena rayadazo, pero eso ha pasado antes. Yo tengo un libro de Literatura del 79 donde sale gente tipo Marco Martos, Cisneros, Hinostroza, Heraud…
Que en el 79 no era tan calichines que digamos…
Pero, a ver, ¿tú te imaginas a alguien tipo Malca en un libro de cole del 2015? O a gente de los 80 como Domingo de Ramos o el chino Mendizábal, que tienen casi treinta años escribiendo buena poesía. No pues. No van a estar ahí. Y sobre esto de los narradores jóvenes, a algunos los leerán afuera y a otros no, a algunos los traducirán y a otros no, a algunos los publicarán editoriales españolas y a otros no. Ya depende qué tan recompensado se sienta el autor frente a lo que le toque…
Para terminar, hablemos un poco del libro. Tienes un cuento en el que abordas el asesinato que cometió Chocano contra Edwin Elmore Letts…
Sí. La anécdota me pareció interesante, por todo lo creado alrededor de ambos personajes, la víctima y el victimario…
Es un poco extraña la figura del escritor asesino. Creo que no hay muchos. El que escribe no mata, algo así. Pero sí se mata, ejemplos sobran…
Claro, porque se supone que el que escribe se defiende con su pluma. O porque se asocia al escritor como una lornaza que no le entra al golpe. Claro que igual Chocano pudo ser un mancazo. Cualquier manco puede matar, agarra una pistola y te plomea sin mucho esfuerzo. Pero bueno, ésa es la visión romántica que se tiene del escritor, un intelectual que sólo se dedica a leer y a hacer viajes…
Un tema recurrente en tu libro es Chile, que de distintas maneras aparece en varios cuentos. El de Chocano tiene móviles que se pueden relacionar con Chile, otro cuento habla de la guerra con Chile, en “El partido” Perú juega contra Chile. ¿Hay una obsesión ahí?
Bueno, Chile es parte de la vida de muchos peruanos. Creo que representa un tema de mucha relevancia, y es algo que he tratado de manifestar en algunos de los relatos del libro. En “Bonitas palabras”, a Elmore Letts se le sindica como el hijo del traidor de Arica, y eso es algo que Chocano se lo dijo en la vida real, pues el padre de Elmore Letts, Teodoro Elmore, es sindicado como el ingeniero que colocó las minas en el morro de Arica, luego se pasó al bando de los chilenos, las desactivó y con eso permitió que el ejército contrario pueda entrar a matar a las tropas peruanas. En la actualidad la situación ha cambiado, pero continúa muy latente por todo lo que difunde la prensa: las inversiones chilenas en el Perú, la cuestión limítrofe, los peruanos en Santiago y los partidos de fútbol…
Hay gente que sigue con esa nota de recuperar Arica…
Esa es una cuestión cultural que está establecida en nuestra sociedad…
Pero en tu caso, ¿hay un interés particular o es sólo coincidencia?
Es un interés particular porque es algo que actualmente sigue instaurado en el Perú. Se respira a cada momento con disputas comerciales, territoriales, deportivas. Lo mismo, pero en menor grado, ocurre en Chile: la prensa crea fantasmas, los políticos salen a decir que movilizarán sus aviones, barcos, etcétera. Pero a los días los cancilleres de ambos países se juntan para meterse unos tragos y la presidenta Bachelet viene a bailar y a cantar el himno nacional acá. Y es curioso, porque al final la que termina matándose es la gente de abajo, chilenos y peruanos del vulgo, que sólo siguen una coyuntura.
LA NUEVA MUSA DE LEONARDO AGUIRRE
entrevista August 22nd, 2007
Leonardo Aguirre, ex columnista de este blog, acaba de publicar su segundo libro de cuentos, titulado La musa travestida (Matalamanga, 2007), presentado hace pocas semanas en la Feria del Libro. Prendimos la grabadora y nos pusimos serios durante uno de esos días de Feria, y esto es lo que salió.
Hace un tiempo dijiste que tenías tres libros inéditos, y que en estos era visible una progresión. ¿En qué se diferencia La musa travestida de Manual para cazar plumíferos? ¿En qué aspectos crees que has mejorado?
Creo que en este nuevo libro me arriesgo un poco más, por lo menos a nivel formal. De algún modo, los cuentos del Manual iban a lo seguro, porque la mayoría se publicó antes en revistas o incluso ganaron algunos premios. Si el Manual era una suerte de inventario, La musa travestida es un libro orgánico, compacto, con muchas interrelaciones, con motivos y personajes que se repiten a lo largo de los seis cuentos. Además, gracias a la lectura que ciertos críticos hicieron del Manual, pude precisar algunas obsesiones y leit motivs que antes se colaban de manera natural, irreflexiva, casi automática en mis relatos…
Sin embargo, se mantiene un universo compuesto básicamente por escritores…
Sí, y de eso siempre fui consciente. Pero yo me refiero a cosas que estaban un poco escondidas y que, como te digo, gracias a la lupa de ciertas reseñas o comentarios de algunos amigos, salieron a la luz, y ahora trato de exacerbarlas. Por ejemplo, la relación siempre problemática entre el arte y el mercado. O la fetichización del escritor. O la supremacía de la figura pública del escritor en desmedro de la propia obra…
Pero tú mismo has intentado construirte una imagen de escritor. Es un poco contradictorio, ¿no te parece?
Eso no es tan cierto. Las cosas se fueron dando, casi por casualidad, y luego sólo tuve que asumirlas. O me acostumbré a cargar con esa cruz y traté de no quejarme tanto. Pero el caso es que no hubo planes ni estrategias. Por ejemplo, no hice esas reseñas tan urticantes para buscar notoriedad y luego aprovechar esa notoriedad para lanzar mi librito. Sólo fui honesto y punto. Dije lo que me salía del forro. Sin embargo, cómo no, asumo también mis errores. Se me pasó la mano muchas veces. Y entonces escribo de lo que ahora sé, escribo de los errores que cometí. Los conflictos de los personajes de La musa travestida son también los míos. Y a partir de ese pretexto, aproveché para problematizarme un poco ese asunto tan espinoso del éxito. Por otro lado, a diferencia del Manual, en este libro también hay escritores exitosos. Y uno de los pocos inéditos, finalmente alcanza la fama después de muerto…
Eso de ser reconocido después de muerto es como un tiro al aire, una esperanza muchas veces injustificada, pero es lo que permite que un escritor siga escribiendo, aunque nadie le dé bola a sus libros…
Claro. El personaje de “Sublime Sorrento”, por ejemplo, planifica su suicidio para que éste sea el disparador del éxito…..
Un éxito mediático y efímero, no necesariamente literario ni de largo alcance…
Pero es que, justamente, de eso se trata este libro: del éxito mediático. A estos nuevos plumíferos no les importa tanto ingresar al canon como ver sus fotos en las páginas sociales… o policiales (risas)…
O sea que has pasado de los geniecillos de bar a los que buscan celebridad, aunque dicha celebridad no se la deban a los libros que han escrito.
Exacto. Por lo general, los plumíferos del Manual nacieron para perder (risas), pero los de La musa travestida sí coquetean con el éxito. Ahora se dedican a administrar la fama y la exposición mediática.
Lo interesante es que ni unos ni otros muestran interés en entrar al canon. Unos lo desechan por resignación o pose o indiferencia, los otros quizá por frivolidad. ¿Hay una relación ahí con el tipo de literatura que escribes? Lo digo por algunos cuentos un poco anticanon, por su carácter medio experimental…
Claro. Y eso también demuestra que no estoy planificando mi propio éxito. Si así fuera, pues escribiría sobre el terrorismo, ¿no? (risas) Ahora bien, como dices, es cierto que en algunos cuentos soy deliberadamente experimental. Pero eso es lo que me gusta hacer y punto: cambiar y probar nuevas técnicas todo el tiempo. Y tengo todo el derecho a ensayar y equivocarme. Además, pretendo que al final se juzgue la totalidad de los libros, la totalidad de los experimentos, y no me importa tanto que tal o cual libro resulte fallido para la crítica. Si uno resulta una metida de pata, qué diablos: siempre habrá un nuevo libro. Siempre tendré la oportunidad de reivindicarme.
Volvamos al tema del escritor como fetiche, que podría ser el leit motiv de la colección. Una variante es el opinador profesional. Octavio Paz, o el mismo Vargas Llosa. El escritor como voz autorizada en cualquier campo…
Bueno, ése es un error. Y es que todos quieren que seamos como Varguitas, que alcemos nuestra voz para dar un veredicto sobre el gobierno de turno, el calentamiento global o la extinción del ave zambullidora de Tambopata…
Y la contraparte, no menos fetiche, sería el romántico, el escritor como víctima del mundo, el mil oficios, el que la pasa mal. Bolaño, por ejemplo…
Y ojo con sus declaraciones incendiarias… aunque sus libros no son precisamente anticanónicos. Rajó de los peces gordos pero tampoco es un salmón. No nadó contra la corriente. Pero, bueno, tampoco hay que exigir consecuencia entre vida y obra, ¿no? Lo que haya dicho off the record, digamos, no tiene nada que ver con lo que haya escrito. Y tampoco la leyenda personal. Puede ayudar a vender los libros, pero, con el tiempo, la obra se impone al escándalo…
Claro, al final Bolaño alcanza el éxito, y en vida. Ése es el punto. Bolaño es como ese amigo de un amigo que se ganó la tinka, el que justifica que sigamos comprando nuestro boleto; es decir, que sigamos escribiendo. Un poco es un engaño o una ilusión, pero funciona perfectamente para mantener la vigencia de ese modelo…
Yo creo que el que tiene talento sabe que tarde o temprano ganará algún tipo de reconocimiento. Es decir, sabe que las cosas caerán por su propio peso. Y “reconocimiento” no es una mala palabra, ojo. Todos lo buscamos, no hay que hacernos los tercios. Desde que nacemos, el reconocimiento es el motor de nuestras acciones. ¿Para qué escribe uno? Para ser leído. Ergo, para ser reconocido.
Claro, ya sabemos que si Kafka hubiera querido desaparecer sus manuscritos, él mismo los hubiera destruido y no se lo hubiera pedido a Max Brod…
Obvio. Y por eso también participamos en concursos. Nadie me dirá que concursa para perder. Y por eso siempre tocamos las puertas de las grandes editoriales. ¿Alguien acaso me podrá decir que se contenta con tirajes de 500 ejemplares? Por ejemplo, es curioso que Bolaño se la haya pasado participando en todos los concursos habidos y por haber en España…. Quizá no sabía muy bien cómo manejar ese conflicto que, según creo, nos aqueja a todos los escritores. Por un lado, nuestro objetivo sólo es estético o, en todo caso, queremos escribir por el simple placer de escribir y nada más, pero, por otro lado, también necesitamos lectores y buscamos el reconocimiento de la crítica. La dualidad de Bolaño, digamos, es la dualidad de todos…
No creo que sea contradictorio, no hay el angelito y el diablito a los lados diciendo qué hacer. Lo que hay en algunos es una actitud casi religiosa frente a la labor del escritor, en la que el pecado sería vender y ser reconocido. Es un error, ¿no? O sea, a ningún ingeniero civil se le pediría que construya por el “simple placer de construir”…
Y es que también nos olvidamos que escribir es un trabajo como cualquier otro…
Claro, pero justamente se le ve un poco sagrado, creo, por el viejo prototipo romántico del escritor iluminado, ése al que le sale y no sabe cómo. Y también porque no es una actividad rentable. La escritura literaria no da plata, está fuera del mercado contra su voluntad, y esa incapacidad para recibir beneficios económicos con los libros ha creado una especie de regla que impone escribir por placer o para uno mismo. Por ello, se ve mal que a alguien le vaya bien y gane plata con algo que supuestamente no debe darla. Como que rompió un pacto implícito…
Bueno, hablando de prototipos románticos, te diré que yo creo firmemente en uno. Sólo uno. La existencia de esa cosa medio mística e inasible que llamamos talento. Aunque, claro, si no le añades chamba, tampoco sirve de mucho… Pero, volviendo al punto, también hay que entender que, iluminados o no, los escritores también tienen que pagar las cuentas a fin de mes como cualquier ser humano. Y entonces necesitan ganarse los frejoles con lo que mejor saben hacer: escribir. Y para eso está el periodismo, ¿no? O la enseñanza, la corrección de estilo, la traducción, la crítica… incluso, la chamba de negro literario. Bueno, esos son oficios por los que hemos pasado todos… por eso me parece un tanto gracioso que mi contempo Roncagliolo ponga esa lista de oficios en la solapa de sus libros… pero, bueno, ése es otro rollo.
Sí, hablábamos del éxito…
Sí, el sistema siempre termina acogiendo a los rebeldes. Pero es muy fácil, claro, ser rebelde cuando no has ganado nada y los ejemplares de tu libro se amontonan en la azotea de tu casa. Por eso, quizá lo más sano es callarse la boca y seguir escribiendo. Si te reconocen, bien. Y si no, quédate tranquilo que la historia sabrá hacer justicia.
Esa última frase, la historia como justiciera, nos lleva otra vez a lo que hablábamos hace un rato sobre Bolaño- Es decir, la existencia de Bolaño alimenta la idea de que uno puede ser rechazado por las editoriales, ignorado por la crítica, etc., pero que al final uno la “va a hacer”. Bolaño es necesario para mantener la vigencia ese modelo, supongo que por eso tiene tanto éxito. Por eso tampoco importa que se hable más de él de lo que se leen sus libros. Lo importante es que está ahí, que permite pensar “yo también puedo”…
Claro, pero primero hay que escribir como Bolaño… (risas) No todos pueden, eso es obvio. Lo que sí puede hacer cualquiera es chupar como Bolaño o rajar como Bolaño. Incluso, hasta podrías escribir de manera, digamos, vanguardista… o sea, puedes ser un Johnny Rotten de la literatura peruana si eso es lo que te vacila, pero convertir el rollo marginaloide en una filosofía de vida… ése es el problema. Además, hay que tomar en cuenta que, quizá en pocos años, tu rebeldía será también parte del establishment. El sistema se perpetúa gracias a esas rebeldías, gracias a esas inyecciones de vitalidad.
Pero rebeldía frente a las formas oficiales de expresión, no a la simple pose, que es una falsa rebeldía, pura cáscara…
Claro. Rebélate escribiendo. Rebélate contra la prosa de tus padres literarios. Contra el idioma, si quieres. Y también recuerda que antes de romper las reglas, primero debes conocerlas al dedillo. Tampoco se trata de ser un rebelde sin causa. O un rebelde sin talento… hasta para destruir hay que tener talento.
Esta entrevista es la versión extensa de la publicada hoy en el diario El Peruano, y es la última colaboración que tenía programada para este blog. Las disculpas por adelantarme hace unos días en un comment. Y ahora sí, por fin, me voy con los cuatro gatos (son literalmente cuatro, los tengo bien contaditos) que me leen tranquila y silenciosamente en un blog X. (Francisco Ángeles).
CLAUDIA ULLOA DONOSO Y LA SEPTIMA MADRUGADA
entrevista August 10th, 2007
Por: Francisco Ángeles
Más de dos años al frente del blog Séptima madrugada animaron a Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1979) a hacer una selección de los textos posteados y reunirlos en un libro, que fue presentado en la FIL el domingo de clausura. Conversamos ampliamente con ella sobre su reciente libro, los blogs y no sé qué más. Lo mejor será leer para enterarse.
Tú defines tu blog como un blog de ficción. Hay un personaje, Madrugada, que sería como cualquier otro personaje de ficción que uno crea. O sea, no necesariamente tiene algo que ver contigo. ¿Esa dualidad estaba prevista desde que comenzaste a escribir Séptima madrugada?
Al principio pensaba escribir cuentos. Y con el tiempo empecé a escribir sobre cosas que tenían que ver con la realidad, pero les hacía cambios, las volvía ficción. Por ejemplo, el día que presenté el libro en la Feria me crucé con una llama en medio de la calle. Si escribía sobre eso en el blog, le hubiera podido poner que la llama entró a mi casa…
Claro, entiendo. Pero iba a que sí hay una relación estrecha entre tu personaje y tú…
Depende de cómo lo veas…
Lo veo como que te gusta jugar un poco a la ambigüedad…
Depende de con quién…
En general, digo, cuando posteas…
Ah, sí, eso sí. Pero sí hay una división muy marcada entre el personaje de la Madru y yo. ¿Tú crees que no?
Yo creo que las circunstancias pueden ser distintas, pero la esencia muy parecida. Por ejemplo, escribes que fuiste a la playa y en realidad te fuiste al campo o simplemente te quedaste mirando por la ventana. No digo que es un blog autobiográfico, sino que veo que el personaje y tú tienen una perspectiva muy parecida de las cosas, e incluso comparten algunos problemas, como el insomnio…
No sé qué quieres que te diga. Parece que tienes muy claro que la Madru y yo somos la misma persona…
No, no lo tengo claro para nada.
Eso parece, lo dices con mucha seguridad…
Es para que te esfuerces en negarlo…
No, porque podría ser mas divertido que te diga ya, sí, somos la misma persona, vamos a bailar reguetón…
¿Te gusta bailar reguetón?
Hago el intento.
Ésa puede ser una buena coincidencia. ¿En qué se parece y en qué se diferencia la Madru de ti?
Nos parecemos en que las dos somos mujeres y en que tenemos un gato. Pero ella es más fresca que yo. Y sobre eso de que si la Madru soy o no soy yo, cada uno puede creer lo que quiera…
¿La Madru te parece una chica triste?
No, para nada, cómo va a ser triste. Siempre se mata de risa…
Claro, se puede reír y bailar y todo, pero siento un poco de tristeza en ella, como que su risa es melancólica, como que se puede quebrar…
Qué raro que la veas así…
Una vez hablamos sobre la gente que uno lee en los blogs y en cómo después, al conocerlos personalmente, suele suceder que uno piensa oye, éste no es, no se parece en absoluto a la persona que esperaba encontrar. En cambio a ti, al conocerte, sí te identifiqué fácilmente de acuerdo a lo que había leído en tu blog…
¿O sea que tú me ves melancólica y quebrada?
No. Pero sí te veo un poco hipersensible…
Oye, Francisco Ángeles, debo decirte que está bien difícil tu entrevista…
Si quieres te la hago más fácil.
A ver…
¿Al iniciar el blog tenía previsto publicarlo más adelante como libro?
No, recién este año nació la idea. Esto puede sonar muy egoísta, pero yo había trabajado en el blog dos años y medio y quería transformarlo en un objeto, un objeto que pudiera guardar. A lo mejor un día borro el blog o desaparece, y yo quiero conservarlo. Era como querer algo para mí.
¿Te imaginas escribiendo lo que escribes en el blog, los posts, en un cuaderno, y que se queden ahí?
No.
Entonces el vacilón, más que la escritura, es que te lean…
Claro, es un juego con los lectores. La escritura para mí es un juego, algo muy lúdico. La veo como una cajita, y quiero que el lector la vaya abriendo y vaya sacando cosas. Entonces a un lector le van a llamar la atención unas cosas y a otros lectores otras. A algunos lectores que también tienen blogs he llegado a conocerlos personalmente e incluso se han convertido en mis amigos. Porque además de los comentarios hay un mail donde me pueden escribir. Entonces me escriben ahí y ya no me dicen Madru sino Claudia, y me dicen, por ejemplo, ya no soy Pajarito sino Juan, vivo en tal sitio y estudio o hago tal cosa…
¿Qué crees que busca un lector que te escribe al mail, ése que te dice no soy Pajarito sino Juan?
No creo que busque nada en concreto. Y además hay gente a la que ni siquiera le respondo, porque algunos mails son muy desubicados…
O sea, que te gilean…
Esas cosan pasan…
Cuenta el gileo…
No, no. Digo que esas cosas pasan. No necesariamente que me haya pasado a mí…
Cuenta, pues.
(Risas) Bueno, hay gente que dice cosas que en resumen es más lo menos lo mismo que decir “amiga, ¿tienes hora?” o “amiga, te acompaño”…
(Risas) ¿Así de patética es la situación?
Así parece.
Como que mucho solitario buscando un poquito de cariño, aunque sea virtual, ¿no?
Claro, hay gente que se siente muy sola. Pero yo no puedo saber cómo son los que me escriben, igual que ellos tampoco saben cómo es la persona que está detrás de la Madru, por mucho que crean saberlo. Entonces si me dicen “amiga te acompaño”, está bien, que acompañen a la Madru, ahí en el blog, pero no a mí. Si ya quieren pasar al encuentro personal es otra cosa. No le voy a dar mis señas a nadie que no conozco. Pero en general, incluso en esas ocasiones trato de ser educada…
¿Crees que es atractiva la Madru?
¿Cómo atractiva? ¿Guapa?
No, atractiva porque que ejerce atracción… como que la lees y piensas la quiero para mí…
Yo creo que es muy fácil leer mi blog. Hablo de cosas cotidianas, que le pasan a todo el mundo. Cosas simples, irrelevantes. Cómo comes una naranja, por ejemplo. Yo la como cortando la parte de arriba. Entonces hay otro que la come igual y me escribe y me lo dice. Son cosas muy a la mano, y por eso cualquiera se puede sentir identificado, cosas muy simples de las que nadie se da cuenta.
LOS BLOGS Y LA IRREALIDAD
¿Qué blogs peruanos lees?
El primero que mencionaría es el blog de Hope…
¿De quién?
De Hope.
¿Qué es eso?
Un blog. Me preguntas qué blogs leo y te digo… Mi favorito es el de una chica que se llama Esperanza…
Ok, pero me refería a blogs literarios…
De los literarios leo algunos, pero no todos los días. Y normalmente sólo les doy una mirada, porque como no vivo aquí a veces hablan de cosas que no entiendo… Pero sí leía el de El Hablador. Lo que más me gustó fue el empeño de alguien en hacer esa olimpiada. La que tú hiciste, claro…
Ah, malaza esa olimpiada. Y algunos cuentos estaban más para los paraolímpicos.
Qué malo…
Sólo traté de ser justo…
Por lo de paraolímpicos, digo. Se dice olimpiadas especiales..
Ok, olimpiadas especiales. ¿Leíste la reseña que escribí sobre ti?
Sí.
¿Te acuerdas si te gustó o no te gustó?
Creo que acertaste en eso del cine argentino. Me gusta mucho Sorín, por ejemplo. Mis películas favoritas son Bombón e Historias mínimas. Y ahora quiero ver la última, Camino de San Diego…
Ya que hablas del blog de El Hablador, yo te invité a escribir ahí hace, no sé, seis meses, para que escribas con el tío Calderón Fajardo y los demás. Me dijiste que lo ibas a pensar, y media hora después me mandaste a comprar pan…
Lo que pasa es que yo tenía un blog, y me la pasaba bien ahí. Además era entrar a otra casa, a un proyecto armado, con una línea, con una revista previa y cosas ya publicadas. Hubiera sido distinto empezar ahora, conversarlo entre nosotros, sumar dos personas más, por ejemplo, y hacer algo, el blog del Hablador o lo que sea. Pero en ese caso yo no conocía a la gente, no sabía con quiénes iba a escribir…
Hace poco me dijiste que la sección de comentarios de ese blog te parecía muy vulgar. Así que la pregunta es: al leer lo que vino después, ¿pensaste que te habías salvado de algo que hubiera sido muy desagradable?
Lo que pasa es que había gente que escribía un articulo bastante bueno, pero los comentarios hablaban de la oreja del columnista o de que lo vieron chupando en tal sitio, cosas con las que el artículo no tenía nada que ver…
Sí, pues, mucho desequilibrio entre post y comentarios… eso en el tuyo no pasa, ¿no?
No, porque los posts ya vienen desequilibrados (risas). Entonces yo nunca sé qué van a decir…
Pero yo sí veo una línea en los comentarios que recibes. Una vez te dije que nunca me animé a comentar ahí porque sentía que me estaba metiendo a un espacio privado. En los comentarios de Séptima madrugada veo como una intimidad, una cercanía entre todos los que participan. Por momentos incluso la siento como una aldea infantil…
(Risas) Sí, puede ser…
Lo interesante es que uno cuando postea lo hace como para sí mismo, como si fuera un diario íntimo que nadie más va a leer. Entonces pasa el tiempo, uno lee posts antiguos, se da cuenta que otra gente lo leyó y piensa “cómo he podido escribir esto”. Eso de “virtual” es muy preciso. Uno siente que el blog es irreal, que los comentaristas en realidad no existen…
Es que no existen. Claro, hay alguien detrás, pero es como una fiesta de disfraces. Como el carnaval. Como un carnaval de la sierra. ¿Has ido?
No. Cuéntame…
Ya. En el carnaval, desde el alcalde del pueblo hasta el ultimo borrachín se disfrazan. Hay una ruptura con la realidad, una máscara… y ahora no me vayas a preguntar quién es la reina del carnaval…
No lo iba a hacer, porque obviamente eres tú…
No, porque a veces hay un comentarista que resalta y se convierte en el rey o la reina del carnaval. Y mi libro partió de la idea de hacer del blog el cuerpo de una persona. Entonces pensé dividirlo en partes, hacer un cuerpo, con cabeza, corazón y pulmones…
Has empezado por el corazón, ¿no? Siento las primeras páginas como las más sensibles…
A ver, déjame ver el libro… No, empecé con la cabeza. Y el pulmón es Lima… aunque Lima nunca va a ser un pulmón…
¿Por qué?
Porque es cerrada. Tiene muchos límites, convenciones. Es como un círculo. Con quién te juntas, por ejemplo. Hay que decir lo correcto o hacer lo que el grupo que está ahí espera que hagas. Vengo a Lima y me reencuentro con algunas amigas y veo que siguen en el mismo círculo o cuadradito… me gusta más decir cuadradito… Entonces, lo que te decía es que yo me imaginaba que iba a una fiesta de blogs. No de bloggers, sino de blogs…
¿Los blogs personificados?
Sí, los blogs personificados. Yo me imaginaba que iba a esa fiesta, y mi blog seria una chica más alta y más joven que yo…
Esa fiesta está interesante. ¿Cómo serían los otros blogs? Con el de Coral, por ejemplo, ¿se reservan el derecho de admisión?
No sé, yo hablaba de los blogs de mi barrio. Ése no lo he leído.
¿Y El Hueco, lo has leído?
Sí, acá lo leí.
¿Cómo sería ese blog en la fiesta?
Seria una persona con muchas cabezas, ojos, manos…
Manos sobre todo…
Sí, manos sobre todo….
¿Qué hacen las manos?
No sé, empujando a los demás, sacándolas del camino, algo así…
LA CRÍTICA Y EL HOMBRE DISFRAZADO DE ELMO
A veces en tu blog escribes que vives en el Polo Norte. Desde ese lugar medio remoto, ¿te mantienes al tanto de lo que se comenta sobre tus libros aquí?
Si, porque siempre hay alguien que me avisa. A veces mi madre me despertaba y me decía en una llamada “oye, ha salido tal cosa aquí o allí”…
¿Algo en especial que recuerdes?
La primera reseña que tuve a mi libro anterior fue de Jack Martínez, quien escribió que yo quería causar gracia, pero nunca daba risa. ¡Imagínate! Yo me maté para escribir ese libro y salen con eso…
¿Martínez escribió sobre tu libro? Qué raro, nunca me lo mencionó. Cuando linkeaba reseñas a Disidentes, él solito se marketeaba y me decía que no me olvide de las suyas y me mencionó unas cuantas. Pero sobre ti no me dijo nada…
Sí, me reseñó, y toda mi familia empezó a reírse por lo que se decía de mi libro. Yo me sentía un poco mal por la reseña, pero no me quedó más remedio que reírme también…
Me contabas que había una reseña en la que te mandaban a hacer un baby shower…
Bueno, hubo un chico que se ponía Imberbe, y supe de su blog porque una amiga me lo contó muy ofuscada por MSN. Cuando lo leí me molestó porque no hablaba sobre el libro sino sobre mí, y hablaba como si me conociera de toda la vida. Y eso me hizo sentir mal. Pero después lo volví a leer y decía que con la venta del libro me iba a hacer un baby shower porque mi meta era plantar un árbol, tener un hijo y publicar un libro. La gente a veces es muy impertinente. A ver, ¿si fuese estéril?
Sí, me acuerdo de esa reseña, un tal Imberbe Muchacho. Es el típico caso de crítica que, por banal, no afecta, ¿no? Más me interesa saber cuál sería la crítica que tú misma admitirías justificada, pero que no por eso te dejaría de doler…
Este libro es muy personal y muy ligero. Los textos son muy cortos, lo que puede ser visto de dos maneras. Para algunos puede estar bien, pero otros pueden decir que es como leer Cosmopolitan…
No, pues, cómo va a parecer Cosmopolitan. A esa crítica también habría que pasarla por alto. Yo me refiero a una que admitirías que tiene razón, con la que en el fondo estarías de acuerdo, pero que esperas que nadie la diga. Es el momento de poner el parche antes de que salgan las reseñas…
Que dibujo horrible (risas). Eso es verdad, lo sé, pero sí me dolería que lo dijeran…
Pero están bien tus dibujos. Por ejemplo, este dinosaurio, está bonito, ¿no? ¿O es un dragón?
¡No! Es una duda.
Ah, una oruga…
¡No! Una duda. Du-da. Un signo interrogación…
Mejor cuéntame que estás escribiendo.
Estoy escribiendo unos cuentos, pero por ahora no tengo planificada una colección. Tampoco me he planteado escribir una novela. Con los cuentos puedo empezar y terminar, con la novela sé que sería más difícil porque a veces no hay tiempo o ganas. O simplemente faltan ideas. Por eso me gusta más escribir cuentos. .
Has publicado dos libros en dos años consecutivos. ¿Sientes que algo te ha picado ahí, que ya no podrías pasar mucho tiempo sin publicar?
Tranquilamente podría pasar hasta diez años sin publicar, pero no sin escribir.
Ya sé que escribes, tienes dos libros, “eres” escritora. Así que la pregunta puede ser un poco estúpida, pero igual me interesa hacerla: ¿te “sientes” escritora, con todo lo que ello implica?
Soy varias cosas: cocinera, administradora hotelera, socióloga. Ser escritora es una faceta mas. Claro que si te ven presentando tu libro en la Feria y luego en una mesa firmando, te ven como escritora. Y eso, la manera en que se me ve del otro lado, recién la estoy asimilando. Yo escribo desde los trece años, pero nunca me planteé ser escritora, ni publicar ni salir en una foto para el libro.
En Noruega tienes una vida extraliteraria, por decirlo de alguna manera. Entonces vienes y llegas a presentaciones, recitales, entrevistas, todo lo que hay alrededor ¿Te gusta ese ambiente?
Bueno, no me gustan las presentaciones, me pone muy nerviosa hablar en público. Pero sí me gusta que me lean y que se comenten mis libros, digan lo que digan.
¿Y te gusta hablar con otros escritores?
Me gusta hablar con otros escritores porque yo nunca fui ni estuve en una cafetería de letras, pero no me gusta tampoco hablar con cualquiera. Creo que también hay una cuestión de química, como en todo…
¿Qué tipo de conducta hace que sientas rechazo por una persona?
No tanto como rechazo, pero prefiero comenzar hablando del clima y no de cuántos libros leíste. Y el problema es que cuando uno escribe los demás creen que uno quiere pasarse todo el tiempo hablando de literatura…
¿Cuál es la pose que más te molesta, la que definitivamente hace que no haya química? ¿La del poeta maldito puede ser?
La pose de los que dicen una cosa y hacen otra…
¿Eso no es hipocresía más que pose?
No, sino que se trata de ser consecuente. Si eres un poeta maldito, y hablas de suicidarte, y te la crees, pero te la crees de verdad, está bien…
¿Por qué no estudiaste literatura?
No me decidí a hacerlo porque tal vez tenía el ego tan grande que pensaba que para escribir no era necesario estudiar literatura. Aunque es verdad, ¿no? Pero creo que me hubiese ayudado a ampliar conocimientos, lecturas, y el mismo intercambio con la gente que estudia literatura hubiera aportado algo a lo que escribo. Vivo en un país donde no se habla mi idioma, aunque la industria de libros es bastante buena. Hay clubes de lectura, bibliotecas inmensas, magazines de libros que recibes gratis en tu casa. Y hay foros donde los lectores participan comentando. Por otro lado, pienso que a lo mejor lo que escribo no sería tan puro si hubiera estudiado literatura. Eso es como mi consuelo.
Cuando te preguntaba por si te sentías escritora, faltó mencionar otro aspecto, que no tiene nada que ver con las publicaciones, reseñas o entrevistas, sino con algo así como caminar por el mundo a la caza de historias. Ser muy perceptivo, vivir en disposición de captar historias…
Eso sí, siempre ha sido una característica mía. Es inevitable, desde chica me decían que era muy fijona, veía la hojita de perejil que se le movía en los dientes a la señora que hablaba. Eso de ver las historias, como dices, siempre lo he tenido. Y además soy una dibujante frustrada, como ves en el libro. Yo parto de una imagen, pero a esa imagen le voy poniendo palabras…
Ya que me has dicho que no te gustan las entrevistas, para que te sientas cómoda al menos para terminar, quiero que te preguntes tú misma lo que quieras y después te respondes…
A ver… yo me preguntaría, ¿qué cosa de Lima te impresionó hoy?
Ok, ahora contesta y yo prometo no interrumpirte hasta el final…
La respuesta es: un hombre disfrazado de Elmo tomando un Tico y sacándose la cabeza para hacer el trato. Ver a Elmo subir a un Tico, con la cabeza bajo el brazo, en el Barrio Chino, me destrozó. Esas son las cosas que hacen que yo no me quiera ir de Lima, porque rompen mis pupilas… No sé, siempre pasa que digo “¡mira!” y casi siempre me dicen “¿qué, ah?”, y yo sigo diciendo “¡mira!”, y siempre creen que veo un robo o un supermodelo o un famoso, pero en este caso era Elmo tomando un Tico… Y a la vez te daba pena, porque el pobre hombre Elmo ni siquiera pudo cambiarse para subirse al Tico. A lo mejor era que su mujer tenia contracciones y debía darse prisa, y ya tendríamos a Elmo en la maternidad y eso ya es demasiado. Así que cómo no darle gracias a Lima.



