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Organizan conversatorio sobre María Emilia Cornejo

Debate July 3rd, 2008

La revista Discursiva, una publicación escrita por estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, viene anunciando la realización de un conversatorio sobre María Emilia Cornejo, poeta cuya autoría ha sido puesta en debate en la revista Intermezzo Tropical y, recientemente, en este último número de El Hablador, en entrevista de Francisco Izquierdo a José Rosas Ribeyro.

Ambas publicaciones han originado una serie de opiniones y artículos de Rocío Silva Santisteban, Giovanna Pollarolo y Paolo de Lima (revisar links al final del artículo arriba citado “Cuando cae el mito”).

Para este interesante conversatorio, que se realizará el martes 8 de julio y que se ha denominado “La polémica de María Emilia Cornejo”, participarán Diana Miloslavich e Hildebrando Pérez, así como María Cecilia Trinidad y Jimmy Barrios. La cita se iniciará a las 18.30 horas en el auditorio principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM.

Tiempos de melodrama en El Hablador 15

Publicaciones, Debate, presentaciones May 30th, 2008

15Tiempos melodramáticos los que vivimos, con demostraciones afectivas en directo y dramas de la vida privada convertidos en alimento público de los medios. Sobre las relaciones entre melodrama, cultura popular y literatura versa esta nueva edición de la revista virtual de literatura El Hablador, que de este modo alcanza su edición 15.

Además de nuestro dossier temático, también contamos con numerosos artículos en las secciones de Debate, Estudios, Otros Habladores (entrevistas) y Reseñas. Hemos dedicado este número 15 a la memoria de José B. Adolph, sobre quien presentamos un texto acerca de su narrativa.

En esta ocasión, la Biblioteca o dossier sobre el melodrama latinoamericano. La estudiosa peruana Rocío Quispe-Agnoli –autora de un libro sobre Felipe Guaman Poma de Ayala– revela precisamente los vericuetos de la telenovela contemporánea y su relación con la catarsis del espectador, hecho que demuestra la vigencia del melodrama. Complementan esta sección un estudio del crítico y escritor peruano Alejandro Susti sobre la presencia del tango en la obra de Borges y otro de la investigadora venezolana Adlin de Jesús Prieto sobre el bolero en el novelista cubano Guillermo Cabrera Infante.

La sección Estudios viene, en primer lugar, con un “mini-dossier” de ciencia ficción peruana con un artículo de Christian Elguera sobre XYZ, la novela sobre la clonación de Clemente Palma, un texto que ha sido rescatado por la reciente edición de la PUCP. Luego, tenemos el homenaje al escritor José B. Adolph (1933-2008) sobre su novela Mañana, las ratas, con la firma de Elton Honores. Ambos textos fueron leídos durante el Segundo Congreso de Narrativa Peruana celebrado en octubre de 2007 en Huanchaco, a propósito de una mesa sobre ciencia ficción en nuestro país.

También incluimos textos varios acerca de estudios coloniales –el surgimiento de la conciencia criolla y el barroco americano en Bernardo de Balbuena, por Jaime Zapata Fajardo–, literatura del siglo XIX –la lectura y la educación de la mujer con la novela de folletín, por Johnny Zevallos– y una aproximación a la poesía peruana de vanguardia –La casa de cartón de Martín Adán como documento social, por Richard Parra–. A ello se añade un artículo en francés sobre Salón de belleza, de Mario Bellatin, aproximación desde el psicoanálisis de Jesús Martínez Mogrovejo.

Los Otros Habladores –en esta oportunidad, internacionales– son de lujo. En primera instancia, la escritora chilena Diamela Eltit, en conversación con Claudia Salazar, quien revela su preferencia sobre la poesía de Vallejo y devela la actualidad de la narrativa chilena. Por otro lado, la estudiosa argentina Lilian Fernández Hall dialoga con el colombiano Héctor Abad Faciolince para desvelar los secretos de la escritura autobiográfica, la relación con los blogs y la actualidad de su país natal. En la otra esquina, Carlos Monsiváis sondea el momento cultural latinoamericano: la vigencia del melodrama (como catarsis), el rol de las humanidades y la ecología, y un comentario sobre el presidente venezolano Hugo Chávez y la opinión de los intelectuales mexicanos.

En nuestra sección Debate, incluimos una entrevista al poeta José Rosas Ribeyro, efectuada por Francisco Izquierdo, a propósito del caso de la autoría de los poemas de María Emilia Cornejo. También figura el artículo de Gabriela McEvoy acerca de dos novelas sobre el exilio chileno tras la dictadura de Pinochet, Cobro revertido (Leandro Urbina) y El jardín de al lado (Donoso). Asimismo, Fabio Vélez utiliza la perspectiva deconstructiva para aproximarse al paradigma de la modernidad en la poesía y el pensamiento de Baudelaire. La estudiosa brasileña Gisene Santana nos acerca a un texto fundacional de la literatura de su país: el Ianarana.

Colaboradores y miembros de El Hablador han reseñado textos aparecidos el año pasado: Kafka en el jardín (Murakami), El huevo de la iguana (Calderón Fajardo), Pelando la cebolla (Grass), Lo propio y lo ajeno (Tania Franco Carvahal), El arte de leer a García Márquez (Cobo Borda), “Seré millones”. Eva Perón: melodrama, cuerpo y espectáculo (Susti), Punto de fuga (Gamboa), Bonitas palabras (Izquierdo) y Luna llena (de Miguel Almeyda, escritor de Villa El Salvador).

Finalmente, en la parte de Creación, incluimos poemas de Enrique Sánchez Hernani, José Picón, Pablo Salazar Calderón, Jorge Alberto Collao, Néstor Málaga y John Cuéllar. Asimismo, relatos de Claudia Salazar Jiménez, Raquel Morán, Elena de Yta, Daniel Alejandro Gómez, Tomás V. Richards y Pedro E. Moreno-Vásquez.

Como se ve, se trata de un número variado y con contenido de primer nivel. Esperamos que lo disfruten.

Internet, la lectura y el libro

Debate, Hablablog April 24th, 2008

AmazonKindleGiancarlo Stagnaro

Hará cosa de un mes, en el avión que me traía de Cusco a Lima, estuvo sentada a mi lado una pareja de esposos estadounidenses, ya entrados en años. Cada uno de ellos venía leyendo: el esposo, un libro convencional; y la señora llevaba en sus manos un aparato que a primera vista se me antojó desconocido, si no fuera por la marca reconocible de un portal web: Amazon. Se trataba del famoso Amazon Kindle, un dispositivo para descargar, guardar y leer libros electrónicos.

Resulta difícil que un objeto así deje de llamar la atención. No es cotidiano su manejo en el Perú, ya que sólo se puede adquirir en el referido portal. Me llamó la atención no sólo la destreza con que la señora manejaba el dispositivo, sino la manera en que avanzaba en su lectura, desplazándose con un cursor. Pensé entonces que quizás marido y mujer podían haber estado compartiendo la misma lectura, sólo en soportes distintos. En ese sentido, la imagen se asemeja notoriamente al futuro utópico planteado recientemente en El País, y cuya visión optimista Edmundo Paz Soldán sintetiza de la siguiente manera:

Los nuevos lectores digitales (…) harán esto más fácil y transformarán no sólo nuestra forma de leer; también la idea que tenemos de la literatura. Pronto, no será extraño estar leyendo una novela en un lector digital y encontrarnos con un enlace a un vídeo en YouTube o a un dato en Wikipedia. Tampoco que los lectores puedan mandar, en tiempo real, sus comentarios al autor de un relato o un poema, y que, debido a ello, este decida cambiar la trama de un relato o la rima de un soneto. El autor no morirá, pero la literatura se hará más interactiva. No hay razones para alarmarse: la creación literaria ha demostrado una extraordinaria inventiva para adaptarse a los desafíos de otros medios.

La historia de la literatura demuestra que también es “compatible”: si pudo adaptarse a los cambios de Gutemberg –la primera expansión del libro que originó un cambio sin precedentes en el pensamiento feudal europeo– y luego a la explosión gráfica de los siglos XIX y XX –que derivó en el experimentalismo vanguardista–, también es capaz de hacerlo en estos tiempos de ritmos digitales. Una posición similar es planteada por el narrador argentino Ricardo Piglia:

Lo que ha cambiado básicamente es el acceso a los textos que se pueden leer (…). Las nuevas tecnologías democratizan el acceso a la cultura en sentido amplio y establecen una relación personal muy dinámica con todo ese conocimiento disponible. Ahora, aceptado esto, hay que decir que la velocidad con la que se lee no ha cambiado. El lenguaje escrito tiene un tiempo para ser descifrado que no se puede cambiar. La velocidad de la lectura, más allá de los formatos y de las diferencias entre los lectores, es básicamente la misma. Como sabemos, la técnica de la lectura veloz resultó un chiste idiota. Porque la lectura establece una temporalidad que es la del cuerpo. El lenguaje define nuestra relación con la temporalidad, no sólo porque la tematiza en los tiempos verbales, sino porque tiene un tiempo propio que no se puede cambiar.

Es un hecho que el tempo de la lectura no ha cambiado. Buena fe puede dar de ello la señora que pausadamente, sin la prisa neurótica de las 500 palabras por minuto, leía su libro en el Kindle, seguramente con la finalidad de entender cabalmente el propósito del texto que venía leyendo. Sin duda, uno de los desbarajustes que genera la lectura compulsiva es que, poco a poco, el lector entienda menos y abandone al fin lo que conocemos como el placer del texto.

Ahora, el problema, para algunos, es que Internet hace imposible llegar a ese placer: quienes suscriben esta idea, como el historiador de la lectura Alberto Manguel, sostienen que Internet sólo es capaz de proveernos “una lectura necesariamente superficial”. Manguel rechaza el postulado de que los libros electrónicos permiten una mayor interactividad: “Un libro se puede comenzar por donde se quiera, se puede meter en el bolsillo y llevarlo a otro sitio, se puede asociar con otro; mientras que la lectura en Internet es interactiva sólo en el sentido que permite el programa”.

¿Cuál es la intención de Manguel de criticar Internet o el libro electrónico? Ya en nuestro artículo “Una aventura intelectual” señalábamos lo siguiente:

En su artículo “Homo legens”, el escritor ecuatoriano Bolívar Echevarría sostiene que quienes fungen de detractores de Internet y las nuevas tecnologías en verdad son aquellos que sienten nostalgia por un modo peculiar de entender la cultura, cuando a ésta sólo accedía una elite determinada, cuya educación evidenciaba superioridad ante el resto del cuerpo social. Nos encontramos aquí ante la noción de ciudad letrada enunciada por Ángel Rama (1984). El muro levantado por las instituciones letradas –universidades, medios de comunicación, industrias editoriales, camarillas de poder– genera expresiones de resistencia cultural que, o bien son desdeñadas por la cultura oficial o bien son recicladas (pervertidas, sería el término más exacto) para convertirse a su turno en mecanismos de legitimación.

De ahí que la desconfianza hacia Internet no sea otra cosa que la angustia frente a la pérdida de esferas representativas e institucionales que la potencial expansión de la red desestabilizaría. Por ello, ya se han producido intentos de asimilar los contenidos del ciberespacio, como reglamentarlos desde una usanza jurisdiccional que permite, si no reprimirlos, al menos mantener cierto “control” sobre ellos. Otra estrategia reside en condicionar los sitios web adscribiéndolos a una institución determinada, como sucede con las versiones en línea de algunas publicaciones, que se cuelgan de un patrocinador para obtener prestigio simbólico, pero a la larga limitan su capacidad crítica y están condicionados a los requerimientos institucionales del sponsor.

¿Cuánto ha cambiado esta percepción con el auge de la Web 2.0? En ciertas partes del mundo, el acceso a páginas como YouTube o Wikipedia está restringido. Por otro lado, se encuentran las discusiones sobre la generación de contenidos o de cómo estos son administrados. Si bien se ha venido planteando una mayor interactividad con la Web 2.0, sus efectos “reales” no han sido del todo esperados, al menos no en el Perú, que en la esfera sudamericana posee el menor índice de penetración por país (a pesar del auge de las cabinas). Después de todo, lo que el usuario más usa cuando entra a una cabina es el correo electrónico y el chat.

En ese sentido, es atendible la observación que formula Sandro Marcone, de la Red Científica Peruana, en un artículo publicado la semana pasada en El Comercio. Es cierto que el problema pasa por una evidente cuestión de infraestructura, pero también es cierto que, en comparación con otros países, la presencia peruana en Internet es muy baja. Es decir, no sólo no generamos acceso, sino que también brillamos por nuestra ausencia en lo que a contenido, inventiva y rigurosidad se refiere.

Pero también ese cuestionamiento que propone Marcone se vincula inexorablemente con la manera en que interpretamos el problema. Por lo general se suele creer que Internet es un subproducto de la cultura juvenil masiva –ellos, después de todo, componen la mayoría de usuarios–, que contiene evidentes roles comunicativos, pero que no se entiende o no es percibido como un factor de cohesión social. Y lo puede ser, dado que las herramientas están ahí, pero no se le entiende de ese modo.

Lo que al fin y al cabo tenemos es un problema de lectura. De igual modo nos comportamos frente al libro, cuyo potencial de fomento ciudadano aún resulta terra incognita para muchos de nuestros compatriotas, como los aún “exóticos” Kindle o Sony Reader, que en otras latitudes coexisten pacíficamente con el libro impreso. Es evidente que con una mayor capacidad lectora, fomentada por una cultura democrática del libro, aumentarán exponencialmente nuestras competencias en el manejo de la virtualidad. Y ese es un reto no de mañana, sino de nuestro presente urgente e inmediato.

“La pata de mono” y Enrique Congrains

Publicaciones, Debate, presentaciones March 27th, 2008

Giancarlo Stagnaro

Gracias a una gentileza de José Donayre Hoefken, responsable de ediciones Copé (Petroperú), damos a conocer estos videos alrededor de la presentación de la novela El narrador de historias, de Enrique Congrains Martin. La novela, como se sabe, relata la historia del narrador oral Cayetano Cómpanis, que se presenta en una convulsionada ciudad de Mendoza para dar su versión del cuento de horror “La pata de mono”, de W. W. Jacobs.

El primer video describe la presentación de Congrains en Crisol, el lunes 14 de enero. Los tres siguientes constituyen la presentación final de la “semana Congrains”, en la Casona de San Marcos, el viernes 18, donde el autor peruano, fiel a su estilo, narra el cuento de Jacobs.

Presentación en Crisol:

Congrains en la Casona (primera parte):

Segunda parte:

Tercera y final:

Escritores peruanos en Radio Francia Internacional

Debate, entrevista, Hablablog, presentaciones January 9th, 2008

perou_litterature_izquierdo_ildefonso_crisologo_200_mm_20080109.jpgAcaba de aparecer en el programa radial Puente de las Artes, de Radio Francia Internacional, una interesante entrevista, hecha por Hernán Rivera Mejía, a tres jóvenes escritores peruanos: Roxana Crisólogo, Miguel Ildefonso y Francisco Izquierdo Quea, este último codirector de El Hablador.

Crisólogo e Ildefonso estuvieron de paso por París, luego de participar en el festival de poesía Latinale, en Berlín. Izquierdo, como se recuerda, viene estudiando una maestría de literatura latinoamericana en La Sorbona.

En dicha conversación se viene midiendo el pulso a la actualidad literaria y editorial peruana, en el marco general de la crisis generalizada que padeció el Perú entre 1980 y 2000. La conversación gira alrededor de considerarse escritor en el Perú, la impronta de las últimas dos décadas en lo político y lo cultural, la migración del campo a la ciudad, la búsqueda de definiciones luego de la caída del Muro de Berlín y el estado actual del campo literario peruano, desde los premios internacionales hasta la insurgencia de nuevas editoriales.

Un tema en debate tiene que ver con la aparición de la literatura de la violencia política, que, en opinión de Crisólogo, siguió “un proceso natural en la poesía”. Ildefonso siente que es un tema muy presente en su trabajo artístico, que viene de sus orígenes como poeta. Por otro lado, Izquierdo considera que a este tipo de literatura “le falta madurar, faltan estudios que conlleven el aspecto estético”.

Los tres escritores aluden a una heterogeneidad de propuestas, pero están unidos por los cambios más recientes de la sociedad peruana, la emergencia de nuevos actores sociales, la globalización y la apertura económica, pero lamentan la sempiterna falta de apoyo e insensibilidad del Estado frente al tema cultural, que otros países potencian mejor.

La entrevista está colgada en la página de Puente de las Artes (y luego hacer click en “Escuchar 19 minutos”).  

En la imagen: Izquierdo, Ildefonso, el escritor Alfredo Pita y Crisólogo, de izquierda a derecha.

Congrains en Lima (again)

Publicaciones, Debate, entrevista, Hablablog January 7th, 2008

Congrains_en_CrisolGiancarlo Stagnaro

Conocimos a Enrique Congrains Martin en 2006. Anteriormente, dentro del primigenio grupo de Punche Editores Asociados, el escritor Gabriel Espinoza había sido el gestor de una campaña para traer de vuelta a Congrains por la puerta grande. Se trazaron planes y plazos, se calculó presupuesto, se hicieron gestiones… pero éstas lamentablemente no se concretaron. De todas formas, el impulso de Gabriel fue decisivo para que desde mediados de 2006 se hablara del “retorno” de Congrains a la escena literaria peruana, como lo demuestran los posts que Paolo de Lima le dedicara a este último en su blog Zona de Noticias.

Era un hecho que Congrains rompía su silencio (evoco en este punto lo que hizo en su momento Emilio Adolfo Westphalen), y nada menos que con tres proyectos bajo el brazo: el libro objeto Gallinita portahuevos y las novelas El narrador de historias y 999 palabras para el planeta Tierra. Interesado en dialogar con él, logramos concretar un reportaje para el diario El Peruano. Posteriormente, y ya con el cierre de El Hablador a cuestas, Johnny Zevallos y yo conversamos con Congrains casi toda una mañana dominical para la edición 13 de la revista.

De esta manera surgió esta entrevista, en la que Congrains revela los motivos de su escritura, las razones por las cuales salió del país y se volvió más “latinoamericano que peruano” y la importancia de este reentré literario con novelas de temática “no peruana”, como él mismo afirma, en las que le hace guiños a las vastas tradiciones de la distopía y la ciencia ficción, alejándose de las convenciones usuales del hegemónico realismo.

Este retorno narrativo es saludable por muchas razones. En primer lugar, porque se recupera a un autor que ha formado parte de la modernización de la narrativa contemporánea. Como miembro de la Generación del 50, Enrique Congrains ocupa un lugar de primera línea en dicho panorama por numerosas razones. En segundo lugar, esa línea renovadora se mantiene: que Congrains sostenga su alejamiento del realismo, luego de 50 años, resultará sorprendente, pero se explica dado el contexto de la literatura mundial. Su estadía fuera del Perú ha sido, en ese sentido, positiva.

Con El narrador de historias (edición no venal, 2006; Copé, 2007), ambientado en una probable disputa entre dos países sudamericanos, Congrains nos muestra que el escritor peruano puede estar preparado para relatar una historia de largo aliento allende sus fronteras geográficas, sin abusar de localismos que, por lo general, suelen clausurar posibilidades de lectura y significación. Y eso –quizás sea demasiado evidente decirlo– funciona de manera determinante para la noción de autor en un país como el Perú, en términos de adquisición y gestión de capital simbólico.

Congrains se reencontrará con el público peruano del 16 al 18 de enero en tres auditorios diferentes: Petroperú, la Biblioteca Nacional del Perú y en un espacio cultural del centro de Lima, respectivamente. En la segunda de estas sesiones, a las 19.00 horas, y con motivo del coloquio Lo cholo en el Perú, participarán en la mesa el autor, César Ramos, José Donayre Hoefken y quien suscribe estas líneas. Por ello, este reencuentro con Enrique será, en lo personal, un honor y un lindo reto que asumo con amistad y respeto a una asombrosa trayectoria literaria. Trayectoria que, esperamos, siga rindiendo entregas notables y propuestas refrescantes.

“En México nadie piensa que tengamos una buena poesía”

Publicaciones, Debate, entrevista November 20th, 2007

PachecoFrancisco Izquierdo Quea 

La admiración que cualquiera podría tener por la obra de José Emilio Pacheco se expande cuando se trata en persona al escritor mexicano. Hace algunos meses surgió la posibilidad de conversar con él, en una mañana donde su sencillez y buen humor estuvieron más que latentes. A todo ello, el autor de El reposo del fuego, considerado por lectores y estudiosos como uno de los principales ejes, junto a Paz, Sabines y Gorostiza, de la poesía mexicana, dijo mucho a tomar en cuenta.

¿Crees que tu incursión en distintos géneros ha conllevado a que la crítica se muestre polarizada con tu obra?

La crítica divide su trabajo en las áreas de mi obra. Dudo que existan muchos estudiosos que me hayan leído por completo. 

¿Por qué?

–¿Por qué? Muy simple, y es que hay algunos críticos afines a la poesía que no leen mi narrativa y viceversa.   

Eso implicaría pocos beneficios, si pensamos en el mercado…

Pero claro, desde un punto de vista de mercado esta situación es fatal. Nadie sabe por dónde empezar a leerte. 

Para alguien con tu trayectoria, ¿resulta esto muy contraproducente?

–Mucho, porque ese dicho de que “la poesía no vende” es cierto. Y viendo bien la situación, creo que en toda mi vida he vendido lo que vende un novelista en un mes

Pasando a otro tema, ¿por qué tu primera etapa, de Los elementos de la noche y El reposo del fuego, difiere de las posteriores? ¿Sólo por la temática simbolista y surrealista?

–La influencia francesa, claro. Y es verdad, son otros libros, diferentes, que forman parte de mis inicios como escritor.

O como afirma la crítica, de tu “elegía juvenil”…

–Y lo es, pero, en realidad, lo único que me interesa no es lo que yo digo, sino los que lectores de otras generaciones ven en mis poemas. Ahí, mi intención siempre ha sido sólo escribir poemas. Ya lo que digan los críticos siempre es una interpretación razonable.

El caso de No me preguntes cómo pasa el tiempo es decisiva en tu obra, pues entra a tallar tu preocupación por la temporalidad, la historia…

–Esa preocupación la tengo desde siempre, sólo que recién se manifiesta en ese poemario. Y es que yo viví, de niño, toda la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. Mi generación es la primera que vio televisión, pero que se formó en un mundo sin plásticos, inimaginable ahora.

Y es en la historia donde sobresale el mal como eje circundante…

–Sí. Pero el gran enigma para mí es la existencia de este mal, por qué está entre nosotros.

¿Y por qué está entre nosotros?

–Fíjate que hasta ahora no tengo la más mínima idea (risas).

¿Y el tópico de la fábula?, ¿qué tan preponderante crees que está en tu obra?

–Tienen mucha importancia. Las fábulas sirven para jugar y también para comunicar. Esto se establece a mis dos o tres años, cuando mis abuelos me leían fábulas. Y es con las fábulas que yo descubro el verso.

Coméntanos acerca de las “aproximaciones”. ¿Es este un nuevo género instaurado por ti?

–No sé si es un nuevo género, pues traducciones con interpretaciones, a modo de reescritura, es algo que viene desde Fray Luis de León, quien se toma la libertad genial de ponerle rima a la poesía latina.

¿Pero son un nuevo género o no?

–Eso no lo sé. Normalmente los que establecen ese tipo de categorías son los críticos. Igual pasó con el trabajo de Monterroso y todo lo que se habló de él. Los críticos siempre están atentos a encontrar algo resaltante, ya sea para beneficiarte o para hacerte papilla. Igual los respeto (risas). 

De algo se habrán cogido para definir a las “aproximaciones”…

–Puede ser mi trabajo de reescritura con algunos de mis textos…

Claro, porque eso de la reescritura y la corrección, algo típico en ti, ha conllevado a muchos a situarte, dentro de la tradición poética mexicana, en un punto medio, entre Gorostiza y Sabines, entre el poeta riguroso y el poeta de registro al instante… 

–Pienso que Sabines sabía mucho de poesía como para categorizarlo así. Igual, creo que todo el mundo corrige, pero pocos lo dicen. Esa polémica molesta mucho, molesta que cuando hago un cambio tomen de mí la parte de mis inicios y me digan: “pero cómo has podido cambiar esto si era tan fresco”, y yo replique “bueno, pero no me quedaba más remedio” (risas). En fin, yo considero que el lector se merece lo que mejor pueda entregarle, y si una corrección o reescritura representa ello, pues bien.

¿Pero esta reescritura no provocaría una confrontación de lector que recién te conoce con lo hecho por el escritor joven que fuiste?

–Es que yo no falsifico nada. Aquí la cuestión es depurar, afinar los textos.

Pero habrá reacciones…

–Y ya, claro, se me han acercado lectores que me dicen “usted no debió haber cambiado esos poemas, usted ha roto mi juventud” (risas). Pero, bueno, mi esperanza es que esos lectores revisen lo anterior que he escrito en todos los géneros. Porque, ¿sabes?, yo sólo escribo versos. Si es poesía o no, eso depende del lector.

¿Consideras que es relevante la tradición, para la actual poesía, en países como Perú, Chile y México?

–Sí, pero la diferencia es que ustedes y los chilenos están orgullosos de la gran poesía que tienen.

¿Y en México no sucede eso?

–Para nada. En México nadie piensa que tengamos buena poesía. En mi país casi todo se centra en la cocina y el fútbol. Y en este último aspecto, somos especialistas en el fracaso (risas).

Finalmente, ¿crees que la presente labor de las editoriales beneficia aún más a la difusión de las obras de los escritores en América Latina?

–No. Mira lo que ocurre en el interior de nuestros países: vivimos lo mismo de hace siglos, cuando España prohibió a sus colonias que comercien entre sí. Si alguien publica un libro en su país éste no llega a otro. Yo pregunto: ¿quiénes son los escritores que no han publicado en España que sobresalen ahora? Obvio, ninguno.

Parece una visión desalentadora…

–Es muy desalentadora. Da lástima ver que a uno sólo puedan leerlo en otros países a partir de haber publicado en España o a partir de un premio arreglado allá. Ya luego de eso surge todo el aparato mediático de la editorial: cobertura en los medios, entrevistas y reseñas parcializadas, gente loquísima corriendo a las librerías y viajes a algunas ferias de libros. Y así cerramos con otra pregunta: ¿dónde queda el resto de escritores que hacen un buen trabajo, que se matan escribiendo y que no tienen padrinos que les ayuden a ganar premios? A ver si mis amigos los críticos tienen esa respuesta. 

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