Internet, la lectura y el libro
Debate, Hablablog April 24th, 2008
Giancarlo Stagnaro
Hará cosa de un mes, en el avión que me traía de Cusco a Lima, estuvo sentada a mi lado una pareja de esposos estadounidenses, ya entrados en años. Cada uno de ellos venía leyendo: el esposo, un libro convencional; y la señora llevaba en sus manos un aparato que a primera vista se me antojó desconocido, si no fuera por la marca reconocible de un portal web: Amazon. Se trataba del famoso Amazon Kindle, un dispositivo para descargar, guardar y leer libros electrónicos.
Resulta difícil que un objeto así deje de llamar la atención. No es cotidiano su manejo en el Perú, ya que sólo se puede adquirir en el referido portal. Me llamó la atención no sólo la destreza con que la señora manejaba el dispositivo, sino la manera en que avanzaba en su lectura, desplazándose con un cursor. Pensé entonces que quizás marido y mujer podían haber estado compartiendo la misma lectura, sólo en soportes distintos. En ese sentido, la imagen se asemeja notoriamente al futuro utópico planteado recientemente en El País, y cuya visión optimista Edmundo Paz Soldán sintetiza de la siguiente manera:
Los nuevos lectores digitales (…) harán esto más fácil y transformarán no sólo nuestra forma de leer; también la idea que tenemos de la literatura. Pronto, no será extraño estar leyendo una novela en un lector digital y encontrarnos con un enlace a un vídeo en YouTube o a un dato en Wikipedia. Tampoco que los lectores puedan mandar, en tiempo real, sus comentarios al autor de un relato o un poema, y que, debido a ello, este decida cambiar la trama de un relato o la rima de un soneto. El autor no morirá, pero la literatura se hará más interactiva. No hay razones para alarmarse: la creación literaria ha demostrado una extraordinaria inventiva para adaptarse a los desafíos de otros medios.
La historia de la literatura demuestra que también es “compatible”: si pudo adaptarse a los cambios de Gutemberg –la primera expansión del libro que originó un cambio sin precedentes en el pensamiento feudal europeo– y luego a la explosión gráfica de los siglos XIX y XX –que derivó en el experimentalismo vanguardista–, también es capaz de hacerlo en estos tiempos de ritmos digitales. Una posición similar es planteada por el narrador argentino Ricardo Piglia:
Lo que ha cambiado básicamente es el acceso a los textos que se pueden leer (…). Las nuevas tecnologías democratizan el acceso a la cultura en sentido amplio y establecen una relación personal muy dinámica con todo ese conocimiento disponible. Ahora, aceptado esto, hay que decir que la velocidad con la que se lee no ha cambiado. El lenguaje escrito tiene un tiempo para ser descifrado que no se puede cambiar. La velocidad de la lectura, más allá de los formatos y de las diferencias entre los lectores, es básicamente la misma. Como sabemos, la técnica de la lectura veloz resultó un chiste idiota. Porque la lectura establece una temporalidad que es la del cuerpo. El lenguaje define nuestra relación con la temporalidad, no sólo porque la tematiza en los tiempos verbales, sino porque tiene un tiempo propio que no se puede cambiar.
Es un hecho que el tempo de la lectura no ha cambiado. Buena fe puede dar de ello la señora que pausadamente, sin la prisa neurótica de las 500 palabras por minuto, leía su libro en el Kindle, seguramente con la finalidad de entender cabalmente el propósito del texto que venía leyendo. Sin duda, uno de los desbarajustes que genera la lectura compulsiva es que, poco a poco, el lector entienda menos y abandone al fin lo que conocemos como el placer del texto.
Ahora, el problema, para algunos, es que Internet hace imposible llegar a ese placer: quienes suscriben esta idea, como el historiador de la lectura Alberto Manguel, sostienen que Internet sólo es capaz de proveernos “una lectura necesariamente superficial”. Manguel rechaza el postulado de que los libros electrónicos permiten una mayor interactividad: “Un libro se puede comenzar por donde se quiera, se puede meter en el bolsillo y llevarlo a otro sitio, se puede asociar con otro; mientras que la lectura en Internet es interactiva sólo en el sentido que permite el programa”.
¿Cuál es la intención de Manguel de criticar Internet o el libro electrónico? Ya en nuestro artículo “Una aventura intelectual” señalábamos lo siguiente:
En su artículo “Homo legens”, el escritor ecuatoriano Bolívar Echevarría sostiene que quienes fungen de detractores de Internet y las nuevas tecnologías en verdad son aquellos que sienten nostalgia por un modo peculiar de entender la cultura, cuando a ésta sólo accedía una elite determinada, cuya educación evidenciaba superioridad ante el resto del cuerpo social. Nos encontramos aquí ante la noción de ciudad letrada enunciada por Ángel Rama (1984). El muro levantado por las instituciones letradas –universidades, medios de comunicación, industrias editoriales, camarillas de poder– genera expresiones de resistencia cultural que, o bien son desdeñadas por la cultura oficial o bien son recicladas (pervertidas, sería el término más exacto) para convertirse a su turno en mecanismos de legitimación.
De ahí que la desconfianza hacia Internet no sea otra cosa que la angustia frente a la pérdida de esferas representativas e institucionales que la potencial expansión de la red desestabilizaría. Por ello, ya se han producido intentos de asimilar los contenidos del ciberespacio, como reglamentarlos desde una usanza jurisdiccional que permite, si no reprimirlos, al menos mantener cierto “control” sobre ellos. Otra estrategia reside en condicionar los sitios web adscribiéndolos a una institución determinada, como sucede con las versiones en línea de algunas publicaciones, que se cuelgan de un patrocinador para obtener prestigio simbólico, pero a la larga limitan su capacidad crítica y están condicionados a los requerimientos institucionales del sponsor.
¿Cuánto ha cambiado esta percepción con el auge de la Web 2.0? En ciertas partes del mundo, el acceso a páginas como YouTube o Wikipedia está restringido. Por otro lado, se encuentran las discusiones sobre la generación de contenidos o de cómo estos son administrados. Si bien se ha venido planteando una mayor interactividad con la Web 2.0, sus efectos “reales” no han sido del todo esperados, al menos no en el Perú, que en la esfera sudamericana posee el menor índice de penetración por país (a pesar del auge de las cabinas). Después de todo, lo que el usuario más usa cuando entra a una cabina es el correo electrónico y el chat.
En ese sentido, es atendible la observación que formula Sandro Marcone, de la Red Científica Peruana, en un artículo publicado la semana pasada en El Comercio. Es cierto que el problema pasa por una evidente cuestión de infraestructura, pero también es cierto que, en comparación con otros países, la presencia peruana en Internet es muy baja. Es decir, no sólo no generamos acceso, sino que también brillamos por nuestra ausencia en lo que a contenido, inventiva y rigurosidad se refiere.
Pero también ese cuestionamiento que propone Marcone se vincula inexorablemente con la manera en que interpretamos el problema. Por lo general se suele creer que Internet es un subproducto de la cultura juvenil masiva –ellos, después de todo, componen la mayoría de usuarios–, que contiene evidentes roles comunicativos, pero que no se entiende o no es percibido como un factor de cohesión social. Y lo puede ser, dado que las herramientas están ahí, pero no se le entiende de ese modo.
Lo que al fin y al cabo tenemos es un problema de lectura. De igual modo nos comportamos frente al libro, cuyo potencial de fomento ciudadano aún resulta terra incognita para muchos de nuestros compatriotas, como los aún “exóticos” Kindle o Sony Reader, que en otras latitudes coexisten pacíficamente con el libro impreso. Es evidente que con una mayor capacidad lectora, fomentada por una cultura democrática del libro, aumentarán exponencialmente nuestras competencias en el manejo de la virtualidad. Y ese es un reto no de mañana, sino de nuestro presente urgente e inmediato.



April 24th, 2008 at 5:15 am
Buen artículo. El libro no va a morir, sino que se transforma. Y como en la anterior transformación (la de Gutemberg), se volverá más accesible aún: en teoría, el “costo” de un libro electrónico no difiere de un libro a otro gran cosa.
Pensemos en esas comunidades aisladas de la selva y la sierra del Perú, a donde difícilmente pueden llegar libros en las cantidades que hay en Lima… un Kindle Amazon o similar permitiría el acceso a infinidad de libros, sin los problemas logísticos de transporte, almacenamiento y caducidad.
Interesante también la mención a Angel Rama y su idea de democratización del acceso a los contenidos culturales, frente a una idea de elitización de los mismos (elitización entendida como restricción antes que evolución). Digamos que en el futuro mucha más gente tendrá la posibilidad de ingresar a la elite.
April 24th, 2008 at 6:40 pm
¿La implementación de computadoras norteamericanas, esas para niños, que el gobierno quiere hacer en el sector educación favorecerá a esta iniciativa?
April 24th, 2008 at 10:16 pm
Señor Stagnaro, permítame hacerle unas preguntas:
1 ¿Usted ha leido el texto “Los demasiados libros”?
2 ¿Qué opina de Tolkien y la literatura roll?
3 ¿Sabe usted que Ernesto Sábato publicó un libro primero en internet y luego en papel?
4 ¿Por qué el proyecto Quipu ya no saldrá en El Peruano?
Muy buen texto el suyo.
Saludos cordiales.
José Bueno
Antropólogo
April 25th, 2008 at 1:45 am
Estimado señor Bueno, agradezco su valoración y sus preguntas, ¿pero no cree que está planteando algunos off topics que se salen de la discusión que yo planteo en este artículo? Me centraré en ello. En cuanto al libro de Gabriel Zaid (Los demasiados libros), pienso que se mantiene un diálogo con La ciudad letrada de Rama, lo cual demuestra que los pensadores latinoamericanos también pueden tratar abiertamente y con soltura la problemática de la producción del libro en nuestros días. Y en cuanto a lo de Sabato, creo que eso no debería sorprender a nadie, ya que forma parte de la dinámica de Internet.
April 25th, 2008 at 1:51 am
Daniel, aunque muchos autores, distópicos por cierto, plantean que el libro irá aumentando sus precios significativamente, debido precisamente a que la masificación de la lectura hará que el libro se vuelva un objeto de consumo suntuario, lo cual habría sido alentado por la incursión de la tecnología… Pero también está la visión utópica, como la que planteó El País hace unas semanas. No quiero fungir de pitoniso, pero actualmente este es un debate que tiene mucho para dar todavía.
April 25th, 2008 at 2:03 pm
Señor Stagnaro, a mí sí me parece súper raro lo de Sábato, tomando en cuenta quién es, la edad que tiene y lo que representa para la literatura argentina, más allá de ser un escritor profesional que vive de los libros que vende. Pero otro detalle es que ese hecho fue hace unos seis o siete años, cuando internet no estaba tan masificada como sucede ahora. Entonces ¿qué finalidad podemos encontrar ahí ante, por ese entonces, algunos lectores de computadora? ¿masificar la lectura de un referente argentino? ¿Hará eso alguna vez Bryce?
Por otro lado ¿a qué correo puedo escribirle para que me responda las otras interrogantes de mi primer comentario?
Saludos cordiales.
José Bueno.
Antropólogo
April 26th, 2008 at 5:46 am
Señor Bueno, usted debe saber que Internet viene masificándose desde mediados de la década de 1990. Y teniendo en cuenta que la penetración es mucho mayor en otros países que en el Perú, no es de sorprender la publicación de un libro de Sabato en la web. Por lo general estas decisiones provienen de estrategias de publicidad de las editoriales y hoy se practican con total normalidad, como los adelantos publicados en los medios de comunicación. Referente a lo otro, en esta página web puede usted encontrar mi correo electrónico.
Cordialmente,
Giancarlo Stagnaro
April 26th, 2008 at 8:11 pm
Buen día Giancarlo
Llegué hasta su blog, a travez de Perublogs. Tengo una primera pregunta: ¿Que significa distópico?
El libro en nuestro medio actualmente, ya es caro y no creo que se deba a que la lectura se masifica.
Internet es una buena oportunidad para la interactividad de las personas, pero el nivel que se pueda obtener será consecuencia de la habilidad para interactuar que tengan esas mismas personas.
El mail ha vuelto a poner en boga la comunicación epistolar. El chat provee nuevos espacios para el encuentro de las personas. Ciertamente Internet es una magia que acerca a la humanidad a solo toque de teclado.
Hay extensa data en la Internet, pero mucho de ese contenido es información deforme o inválida. Me apena el ver a tantos estudiantes que ante una tarea de sus centros de estudio, ingresan a la web y buscan textualmente lo que les piden. No hay cruce de información ni refrencias bibliográficas, simplemente: copiar y pegar. Recuerdo que una mamá y su hijo, buscaban información sobre Rebagliatti y google, les llevaba al hospital de Essalud. Yo le pregunté al joven: ¿Usted se refiere al Rebagliatti músico o al médico?
Dispositivos electrónicos de lectura, como el que Usted relata en su post, posibilitan nuevas formas de disfrute de la literatura, pero caray, los que conocimos el libro impreso, como que nos casamos para siempre con el placer de llevar bajo el brazo el compañero de lecturas que la invención de Gutemberg nos regaló.
Saludos
Carlos el baterillero
April 29th, 2008 at 5:49 am
Estimado Carlos, cuando me refiero a distópico quiero decir una visión opuesta, contraria, a la figura de la utopía. Es decir, un futuro donde el avance tecnológico o político no librará a la humanidad de sus males, como lo plantean las utopías tecnológicas (la “pastoral”, como dice Marshall Berman) o políticas, del espectro ideológico que sean, sino todo lo contrario: los acentuarán. Muchos escritores, sean o no de ciencia ficción, han planteado ficciones distópicas con el fin de alertar a los lectores de los peligros que acechan actualmente a la humanidad.
Concuerdo con usted que el uso que le damos a Internet depende más de los usuarios que con el medio en sí. Estamos definiendo este espacio, siguiendo a Berman, como una creación fáustica, pero que en sí sigue siendo amoral como cualquier otro producto tecnológico. Es decir, Internet puede servir para la comunicación, pero, como usted bien ejemplifica, para el plagio en algunos casos. Del mismo modo, un martillo puede servir para construir como para matar. O la energía atómica. Son las dos caras éticas que nos plantea el uso de la tecnología.
De igual modo, no niego el acceso al placer de la lectura. Y que cada lector busque su placer como le plazca, sea en formato web o impreso. Lo cierto es que gracias a la web el valor simbólico de lo impreso se expande: por ejemplo, pensemos la reseña de un libro que aparece en alguna publicación en línea que no sea del Perú, digamos, de México o Argentina. Esto, hace unos años, era impensable. O algún relato o poema de algún autor chileno, boliviano, ecuatoriano o venezolano. Internet no conoce fronteras, pero a la vez crea las suyas. En primer lugar, creo que un lector aventajado en la cultura letrada tendrá mayores posibilidades de competencia en Internet frente al que no posee dicha ventaja. Por eso planteamos una nivelación de competencias que sólo se puede conseguir si adoptamos una cultura del libro mucho más democrática que la que tenemos. Internet no es un problema para el libro impreso, todo lo contrario, posibilita su expansión. Eso, digámoslo, desde un punto de vista utópico. Por el lado distópico, eso pasa por numerosos factores, como el problema de la infraestructura, nuestra poca familiaridad con la tecnología, pero sobre todo por formular propuestas que hagan que la experiencia peruana en la web sea mucho más fructífera. Esto no se ha logrado todavía: Internet no ha significado del todo un factor de integración para el caso peruano. Y esto convendría ser analizado y discutido.