Puto el que lee esto

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Marlon Aquino Ramírez

Cuando vivía en Argentina, una de mis mayores satisfacciones era comprar la revista Ñ de El Clarín. La había leído antes, por internet, pero será inolvidable para mí la primera vez que me acerqué al quiosco y, tras entregar un peso (o peso y medio, no recuerdo bien), el amable vendedor me alcanzó la versión impresa de dicha publicación cultural. Me parecía increíble que por tan módica cifra (un peso argentino equivale a un sol peruano) pudiera tener acceso a tan valioso material. Al recorrer sobreexcitado sus páginas, por momentos recordaba al antiguo, bastante antiguo, “Dominical” de El Comercio que, además de tener muchas más páginas que el raquítico “Dominical” de estos tiempos, presentaba artículos extensos y profundos. Sin embargo, pienso que ni ese viejo suplemento nuestro puede compararse con el argentino. Esto se explica claramente: ley de la oferta y la demanda. Los argentinos están más interesados en la cultura que los peruanos, por ello demandan y compran cultura; por ello hay una oferta de calidad.

Este comentario viene a raíz de un texto de Roberto Fontanarrosa que encontré ayer entre mis cajas - archivo y que quería compartir con ustedes. Estaba dentro de una de esas revistas Ñ que compré en mi travesía argentina. Transcribo sólo una parte del mismo. Si quieres ser escritor, tienes que leerlo completo.

PUTO EL QUE LEE ESTO

Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora. La leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.

Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés.

No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf… el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. “Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos.” Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo. El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros. Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. “Puto el que lee esto.” Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones.

“Es un golpe bajo”, dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor –les contesto–, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas.

Hay millones de libros en los estantes, es increíble la cantidad alucinante de pelotudos que escriben hoy por hoy en el mundo y que se suman a los que ya han escrito y escribirán. Y los que han muerto, los cementerios están repletos de literatos. No se contentan con haber saturado sus épocas con sus cuentos, ensayos y novelas, no. Todos aspiraron a la posteridad, todos querían la gloria inmortal, todos nos dejaron los millones de libros repulsivos, polvorientos, descuajeringados, rotosos, encuadernados en telas apolilladas, con punteras de cuero, que aún joden y joden en los estantes de las librerías. Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: “Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción”, no. Ahí están los libros de Molière, de Cervantes, de Mallea, de Corín Tellado, jodiendo, rompiendo las pelotas todavía en las mesas de saldos.

Roberto Fontanarrosa

12 Responses to “Puto el que lee esto”

  1. Vladi Says:

    Buena, Aquino, vuelves a la cancha con la taba en alto. Dudo que alguien quiera entrarle a refutar al tío Fontanarrosa.
    Aguante Canalla!!!!!!

  2. Edward Says:

    Bueno, primero que nada, felicitaciones por el post, me gusto mucho. Sin embargo quisiera hacer dos observaciones, una sobre tu miopía y otra sobre algún dato biobibliográfico que tal vez te paso inadvertido.

    Primeramente, en lo que concierne a tu miopía, o a la miopía del que quiere “el pan para sus hijos” lo que tú buscas es un consumidor, que no es necesariamente un lector, en efecto, quien compra un libro no necesariamente lo lee. A esto hay que agregar que si bien es cierto, abrumadoramente cierto que es el dinero lo que hace dar vueltas al mundo editorial (o lo era el talento escritural) no sé porque se me viene a la cabeza una cita de El Club Dumas de REVERTE; “en literatura el tiempo es como un naufragio, en el que un dios misterioso reconoce a los que son suyos, del resto”. No sé si el dinero sea lo que motive en definitiva a un escritor, a mi sí, pero yo no escribo Literatura sino Derecho, e incluso a mí, no es el dinero lo que subyace en mis ánimos garabateadores, bueno, al fin y al cabo no es mi trabajo exactamente. Dos citas, porque quiero ver si alguien más se anima a fijar a martillazos sus conclusiones; “Vous savez mieux que moi, quels que soient nos efforts,/ Que l’argent est la clef de tous les grands ressorts,/Et que ce doux métal qui frappe tant de têtes,/En amour comme en guerre, avance les conquêtes.”(MOLIÈRE. L’école de femmes). “Que diable, toujours de l’argent! il semble qu’ils n’aient autre chose à dire: “De l’argent, de l’argent, de l’argent” Ah ! ils n’ont que ce mot à la bouche : “de l’argent”. Toujours parler d’argent”(MOLIÈRE. L’avare).

    En segundo lugar, sobre la inexactitud de una de tus afirmaciones: “Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: “Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción”
    Esto no es cierto; en efecto, KAFKA ordenó la destrucción de toda su obra luego de su muerto, y evocando la ilustración de SAVATO, es a aquel “amigo infiel” a quien debemos que hoy podamos disfrutar de la Metamorfosis, o más exactamente de La Transformación (traducción mas exacta del título original Die Verwandlung). Tu afirmación categórica queda así refutada.

    A modo de cierre, no se hasta que punto estoy errado o tengo razon, pero a los que escriben SOLO por dinero, nadie los lee.

  3. El primo levi Says:

    Hola Marlon, interesante post.
    Destaco este comentario tuyo: Los argentinos están más interesados en la cultura que los peruanos.

    Considero que es una interesante frase, y un excelente punto de partida para una discusión. Creo también que es una verdad de perogrullo (a mediados del siglo pasado, los textos de secundaria argentinos eran equivalentes a los textos universitarios de otros países hispanohablantes).

    La pregunta de fondo sería: ¿por qué esa diferencia? ¿por qué en Argentina, tras la crisis, cerraron como 300 librerías y en el Perú con suerte no llegamos a 30?

    Tal vez alguien que haya experimentado lo que es vivir en ambos países pueda darnos algún alcance.

  4. Pantagruel Says:

    Qué pasa con este blog? Los post aparecen cada mil años. Pónganse las pilas gente del hablador!, por qué no ponen a escribir más seguido a sus articulistas, a Ortiz, a Francisco Ángeles que me gusta como entrevista, a Aquino (está bien bacán este artículo), seguro que hay gente buena para publicar. Saludos.

  5. Marlon Aquino Says:

    Edward: Me parecen interesantes tus comentarios. Pero quisiera aclararte algo. Ciertamente soy miope (por eso uso lentes), pero no lo soy en el texto que transcribo (”Puto el que lee esto”) ya que este pertenece a Fontanarrosa, por lo tanto, no coincido necesariamente con todas sus ideas.

    Primo Levi: Viviendo en Argentina me di cuenta de que el interés de sus habitantes por la cultura se debe a las sólidas bases educativas que allí se asentaron hace muchos años. Ahora bien, tampoco es que la situación educativa ahora tenga la calidad de la de antes, pues la crisis que vivieron afectó también a la educación, pero hay todo un trabajo previo que no va a desaparecer de la noche a la mañana. En nuestro país, lamentablemente, como en otras esferas, nos ha faltado algo: continuidad en el esfuerzo.

  6. Juanito Says:

    Apoyo a Pantaguel. Los que seguimos leyendo este blog esperamos que regresen Leo, Calderón, Angeles y toda esa gente del año pasado. Pónganse las pilas, pues.

  7. El Padrino Says:

    Estimado Marlon, y no sólo eso que tú dices. Yo diría que también influyen las historias diferenciadas de la clase media argentina y la peruana. Por ejemplo, en la década de 1950 y 1960 florecen editoriales como Losada y Sudamericana, ambas impulsadas por personalidades extraídas de la clase media. En cambio, en el Perú, los únicos proyectos editoriales y de difusión del libro recayeron en los Populibros de Scorza, que recibían apoyo del Estado. Cuando se acabó ese apoyo, Scorza se fue a París a ser escritor. Este es un problema. Ello se agrava con las crisis sociales y económicas de los 80 y 90, que terminan por destrozar a la clase media. Esta, como es obvio, se pauperiza, se desculturiza. Ahora, lo interesante del caso es que a esta clase media, formada en su mayoría por los sectores emergentes, va dirigida una enorme oferta educativa, producto de la creación de institutos y universidades durante los 90. Es cierto que esto banaliza el nivel educativo, porque este crecimiento del libre mercado educativo no jala consigo al libro. Este es un elemento rezagado, que recién está recobrando importancia luego de las pruebas de lectura del Perú. Entonces, ahí hay un nudo gordiano por desentrañar: cómo es posible hacer que surja una cultura del libro en el Perú con las 30 librerías que tiene, si comparamos con las 300 con que cuenta Argentina. De ahí que no nos quejemos si seguimos figurando en los últimos lugares de índices de lectura.

  8. Pandora Says:

    Estimados escritores y lectores de El Hablador: qué pasa con este blog? Sólo caballeros escriben y sólo caballeros comentan? Por qué será?
    En cuanto al post, gracias Marlon. Leí el texto de Fontanarrosa. Soy argentina y leer a Fontanarrosa siempre me gusta. Era un tipo excelente y un escritor y dibujante agudo y genial. Pero este texto, no sé, no me convence. Será ese paralelo tan trillado entre el escritor y el boxeador (muy argentino, muy usado en el círculo de Fontanarrosa: Abelardo Castillo, Liliana Heker, Vicente Battista), o ese definir al lector como masculino (”que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones”)en fin,…virilidad? cojones? No, no tengo ni lo uno ni lo otro, debo reconocer. Será que no hay que tomárselo tan literalmente? Probablemente. En todo caso, Fontanarrosa me gusta más cuando deja ese tono tan macho y muestra un registro más amplio y más humano.
    Interesante el debate sobre cultura en la Argentina y en el Perú. Y gracias por el espacio para mis comentarios.

  9. Giancarlo Stagnaro Says:

    Estimada Pandora, agradecemos tu comentario. Esperamos que tu interpelación motive futuras colaboraciones, ya que este espacio, al igual que la revista, siempre ha estado abierto a los aportes de todas y todos por igual, sin distinción alguna. Lo único que cuenta es el rigor y las ganas de proponer temas atractivos. En ese sentido, te invitamos a revisar los numerosos artículos escritos por distintas colaboradoras en El Hablador, cuyos puntos de vista refrescan el enfoque literario y los estudios propiamente dichos. Gracias por leernos y escribir.

  10. Periquita Says:

    Coincido con Pandora, este blog sòlo parece para hombres. Asì no es ¿ah?, no me parece fashion.

  11. Ceterni Says:

    porque sentirse afectadas sugiriendo q este blog es solo para hombres? acaso proponen parafrasear el titulo del texto en discusion para sentirse menos excluidas? PUTA LA QUE LEE ESTO? soy mujer y no me siento afectada, creo q la discriminacion y el machismo esta en la mente de cada ser, de cada persona, el feminismo tambien es una medida sexista, y si queremos dejar de ser “lo otro” como dice beauvior, debemos vernos a nosotras mismas como sujeto, y no como categoría distinta, como “las mujeres” -”Si la mujer se descubre como lo inesencial que jamás retorna a lo esencial, es porque ella misma no realiza ese retorno”.
    Además, si sugieren que sólo caballeros escriben y sólo caballeros comentan, quienes nos hacen daño son ustedes mismas, no he visto un solo comentario masculino sobre porqué las mujeres no escriben o no comentan… es una suerte de autodiscriminacion de género, éso sí que no es “fashion”

  12. Pandora Says:

    estimada ceterni, quisiera hacerte sólo algunos comentarios ya que mencionás mi texto. Más que una sugerencia de que en este blog sólo escriben caballeros, la mía fue más bien una constatación, puesto que todos los comentarios de esta nota, hasta mi “sugerencia”, eran de hombres. Que mis palabras hayan servido para que más lectoras escriban me parece muy bien.
    Mi comentario no fue una acusación, sino una pregunta, un llamado a la reflexión, no sólo para los hombres sino también para las lectoras mujeres. Por qué no aportan comentarios más mujeres es un llamado de atención tanto para los responsables del blog como para nosotras mujeres que no escribimos. Será un punto débil del blog o será que las mujeres leen menos blogs o que comentan menos o qué será? No sé Ceterni, qué pensás vos? La idea no es, por supuesto, “hacernos daño” o “autodiscriminarnos”.
    Personalmente, no me gustan los dualismos, la realidad en blanco y negro: ni somos víctimas indefensas de la discriminación masculina ni tampoco es únicamente culpa nuestra la bien sabida lucha que muchas intelectuales mujeres tiene que llevar adelante para hacerse oír. Por eso me parece muy bien que tengamos (y nos tomemos) este espacio que generosamente nos brinda El Hablador.
    (Y Giancarlo: no hablaba de la revista sino del blog).
    saludos y gracias, Pandora

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