Seamos más sinceros, por favor
Publicaciones February 1st, 2008

Marlon Aquino Ramírez
Roberto Bolaño es ahora un escritor omnipresente. Recuerdo que la primera noticia que tuve de Los detectives salvajes fue en 1999, cuando en El Comercio leí un artículo celebratorio sobre ella, pues acababa de ganar el premio Rómulo Gallegos. El título me hechizó de inmediato, me hizo pensar en una vertiginosa historia de aventuras, misterio, intrigas y, claro, violencia. Quise leerla de inmediato, pero en ese tiempo el precio del libro, como ahora, andaba por las nubes.
Pasaron los años y la novela del chileno seguía siendo para mí una deuda que no veía cuándo saldar. En San Marcos nunca escuché hablar a nadie de ella, nunca la encontré en las bibliotecas. Cuando iba a la Feria del Libro (que por entonces se realizaba en la avenida La Marina), siempre me conformaba con mirarla desde lejos en los estantes, podía haberla cogido y echarle un vistazo, pero no quería ilusionarme con algo que aún escapaba a mi presupuesto de universitario chalaco.
Pero el día del encuentro llegó finalmente, y no fue aquí, sino en Argentina (en Córdoba, para ser más precisos), cuando un amigo, que le tenía una fe ciega a Bolaño –ciega porque lo idolatraba sin haber leído mucho de su obra literaria– me la prestó. Y así, tendido en la incomodidad de mi estrecho camarote de la pensión de la calle La Rioja, leí Los detectives salvajes de cabo a rabo.
Sin embargo, confieso que la terminé de leer por obligación, acaso por vanidad. La primera parte me atrapó, es decir, los fragmentos del diario del jovencísimo, bohemio y poeta, García Madero, cuyos pasos me llevaron a recorrer un D.F. laberíntico, sórdido, casi kafkiano. Pero la segunda parte, con toda esa construcción caleidoscópica de puntos de vista, niveles de realidad y voces, terminó por hundirme en el tedio. Obviamente, no fue la polifonía lo que me aburrió, pues este recurso generalmente produce efectos placenteros sobre el lector y le da mayor profundidad psicológica y existencial a las narraciones (la alusión a Faulkner es inevitable). Lo que me aburrió fue algo que muchos celebran, que consideran el punto clave de la propuesta estética de Bolaño: sus inclinaciones postmodernas.
En la segunda parte de Los detectives salvajes, por ejemplo, hay decenas de historias que no tienen la construcción clásica de Planteamiento- Nudo- Desenlace, no, los relatos apenas si tienen suspenso y no hay ninguna meta a la cual llegar. Bueno, me dirá alguien, “la vida es así”, la vida son fragmentos sin sentido, las historias quedan truncas, la novela positivista quedó atrás. Y claro que tendría razón, pero, al menos a mí, las novelas que me subyugan son aquellas que oponen un orden al caos de la vida (o, en todo caso, un “desorden organizado”, valga de ejemplo aquí Trópico de Cáncer, de Henry Miller, que cito para que no se piense que soy un conservador en cuanto a estética literaria). Por eso, leer las casi seiscientas páginas de la novela fue todo un suplicio (casi comparable al de la lectura de otra obra premiada con el Gallegos, Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías, que, aun así, me gustó más que la de Bolaño).
En fin, todo es cuestión de gustos y criterios. El mío, eso sí, no puede entender cómo Vila-Matas pudo escribir aquello de que Los detectives salvajes supone un “carpetazo histórico y genial al Rayuela de Cortázar”, novela esta que también es crónica de una persecución metafísica, pero que es, ciertamente, mucho menos nebulosa, más interesante como narración.
Pero Bolaño reina actualmente. Es ese ídolo que toda comunidad siempre necesita adorar (y los lectores de ficción también son una comunidad). Lamentablemente, dudo mucho que la mayoría de sus seguidores idolatren su obra, más bien pienso que admiran su vida, porque vivió como quiso vivir, porque se inmoló con tal de ser fiel su vocación, es decir, porque tuvo esas agallas, esa valentía, esos cojones que ellos, simples observadores, tal vez jamás podrán tener. Y pienso que no está mal que se le admire por eso, porque yo también me quito el sombrero ante el Roberto Bolaño ser humano. Pero, por favor, en el juicio literario, seamos más sinceros, por favor. Yo recuerdo siempre ese viejo cuento del traje invisible del emperador.



February 1st, 2008 at 6:14 pm
Estoy de acuerdo con que te bajes a Bolaño, Aquino. Finalmente es el Ribeyro chileno, aunque de fama mundial. Pero respecto a Marías, creo que has patinado.
Saludos cordiales, los estoy leyendo.
February 1st, 2008 at 7:48 pm
es muy saludable que haya diversidad de opiniones en este blog. mientras unos celebran la heterodoxia de farabeuf o el conde de san germán, aquino se muestra más cauto y aristotélico. yo también estoy de acuerdo: a los detectives le sobran muchas páginas. saludos y larga vida a este blog,
Luis Pretto
February 2nd, 2008 at 12:31 am
Es cierto que la fama del chileno viene del “personaje” que hizo de sí mismo. Un personaje literario de carne y hueso. Desenfadado y atrevido. Pero esa ha sido la fórmula más vieja de los escritores románticos pero que se usa cada vez con menos frecuencia. Quizá él, junto a Ribeyro son los últimos de los escritores de ese tipo, y por ese exoticismo resultan, paradójicamente, atrayentes. Si la obra es buena o mala, señores, es otra cosa. Y Aquino se refiere a la misma, y se queja del excesivo protagonismo del “personaje”: otro de los tantos falsos profetas de la literatura.
February 2nd, 2008 at 3:50 pm
Está bien Aquino, demostrando que manejas la zurda con autoridad. Estoy de acuerdo en casi todo contigo, menos en cuando chocas con esa novelaza de Marías, que en sí es un pata aburridón, pero para Mañana en la batalla, me saco el sombrero y te pongo un par de “elenas”. Así que eres chalaco. Habla, de qué zona.
February 3rd, 2008 at 5:53 am
Sres Blog de El Hablador:
no puede ser que permitan la publicación de un texto como el de arriba. Por momentos parecen las impresiones de un escolar. Los “motivos” para descalificar la literatura de Bolaño son lamentables. El pata que ha escrito esto debe en primer lugar decidir si simplemente no le gusta Bolaño, si no lo entiende, o si pretende descalificar críticamente su obra.
Si no te gusta Bolaño, bacán. Si no lo entiendes, entonces solo eres un lector incompetente. Si lo pretendes descalificar (sin buscar entenderlo cabalmente), entonces argumenta. Si no tienes mayores argumentos que el hecho de que te parezca que a Bolaño la gente lo quiere por su vida y no por su obra, o que es demasiado posmoderno para ser bueno (plop!), entonces simplemente tu opinión no puede ser tomada en serio.
Más allá de las diferencias de puntos de vista, mi comentario va en buena onda.
Saludos.
February 4th, 2008 at 5:44 pm
Estoy de acuerdo con el comment de “Bravo del Llauca”, Mañana en la batalla piensa en mí una novela bellísima, de lo mejor que se ha escrito en los últimos 20 o más años, un libro que se convertirá en un clásico sin ninguna duda. La historia, las reflexiones del narrador protagonista, la prosa salvo algunos excesos, toda la vida está condensada en ese libro genial.
February 5th, 2008 at 4:28 am
Así es, gente. Esa novela de Marías es la voz, una de las mejores escritas por un español.
Y para Piel Divina, otrora lúbrico de Los detectives, un poco de calma en el machete contra el joven Aquino. El texto es una columna, en donde lo normal es que se establezcan puntos de vista a partir de impresiones. Aquino es chalaco como quien escribe, y ya se sabe que cuando chocan con el rrioba todos saltamos.
Un abrazo y suerte con el blog que sigue renaciendo.
February 5th, 2008 at 5:33 pm
Piel divina, te recuerdo que el texto al que aludes no es una reseña. Es un comentario personal acerca de una lectura. Por lo tanto, no tiene por qué reducirse al libro en sí, sino a todo el contexto que un personaje como Bolaño ha creado. Desde ese punto de vista, la bitácora de El Hablador “permite” y seguirá permitiendo este tipo de publicaciones.
February 5th, 2008 at 6:56 pm
Ya déjense de vainas. Creo que lo importante aquí es definir de una vez por todas si Bolaño es famoso por sus libros o por “falso profeta”, como lo señala un comentarista. O acaso por ambas cosas. Será un boom pasajero? Será un clásico latinoamericano?
February 5th, 2008 at 10:26 pm
No es posible que siquiera se ponga entredicho la calidad literaria de Roberto. Hay muchos que quieren llevar una vida contracorriente para obtener atención pero eso no garantiza nada si no se tiene una obra consistente detrás. Seamos más serios, por favor.
February 7th, 2008 at 5:29 pm
Yo sí pienso que Bolaño es un gran escritor, ahora puede ser cierto que no sea tan grande como algunos entusiastas o admiradores lo quieren hacer creer. Sí pienso que su novela Los detectives salvajes tiene varias páginas de más y puede llegar a cansar, pero Bolaño también tiene algunos cuentos memorables, como Sensini, y El ojo Silva.
February 8th, 2008 at 4:46 pm
ok, jack, entonces pongan una leyenda que diga “reseña” o “impresión” cada vez que aquino escriba… hay que estar avisados antes de tomarlo verdaderamente en serio o disculpar sus arranques de superficialidad
February 8th, 2008 at 6:59 pm
Kaiser, o Piel divina, parece que no has entendido ni la naturaleza del post ni mis explicaciones: no-es-una-reseña. Y si vas a volver a comentar, te pido que te refieras al tema que propone Marlon Aquino y no a cuestiones tan primarias como hasta ahora.
February 9th, 2008 at 5:52 pm
Respeto la lectura que el autor del blog hace, pero no la comparto en absoluto. Ciertamente uno no puede imponer parámetros de lectura a un libro, o ese es mi parecer; si tratásemos de leer a Joyce como novelista de siglo XIX sería una perdida de tiempo;creo que la lectura del Sr. Aquino es en ese sentido equívoca, intenta imponer sus propios parámetros de lo que debe ser una novela a una que precisamente intenta innovar y proponer nuevos paradigmas. Obviamente no quiero imponer un “gusto”, el “gusto” es respetable, como también su derecho a expresarlo; claro que no deja de ser más que eso, un “gusto”.
Ahora bien, en realidad comento sobre la observación de Vila-Matas: creo que es una de las más lúcidas y contundentes afirmaciones sobre la novela de Bolaño. Si uno lee con extremo cuidado puede descubrir (o eso me pareció) bastante alusiones irónicas a Rayuela (como también podría hacerse con bastante referencias a la literatura latinoamericana); sin embargo me parece que Vila-Matas se refiere a como Bolaño precisamente organiza una novela que (a la manera de Rayuela) se puede leer de múltiples maneras, pero en la de Bolaño con una estructura que curiosamente (vaya paradoja) es de las más utilizadas en la literatura (y en el cine). Es decir, utiliza una falsa pista (McGuffin), o la búsqueda Cesárea, para organizar una trama que de por sí no queda si no pedazos. A lo largo de la novela el lector probablemente caiga en cuenta de que realmente esa búsqueda finalmente no importa, o que de pronto sólo resulta una historia más dentro del mar de historia que es la novela. Pero al hacer que el lector (subterraneamente) tenga que construir las tramas, reunir los pedazos para hacer un dibujo, hace lo mismo que pretendía Cortázar, pero ya no con una estructura abierta que depende del lector, sino paradójicamente con el esquema que usa la literatura considerada de mas “baja” estofa. Por lo demás, y ya no extiendo más, Vila-Matas se referie también a la frustración y desesperanza en que se sumió esa generación posterior a la de Cortázar, que ya no tuvo nada a que agarrarse, ni siquiera los juegos que podía parecer entonces buenas novelas. Quizá finalmente ese es el verdadero tema de la novela de Bolaño, o en palabras claras: la historia de una generación desesperada porque ya ni siquiera le quedaron sueños y los que heredaron se convirtieron más bien en pesadillas. De todas maneras si no queda claro quizá sea mejor que el mismo Vila-Matas lo explique:
http://sololiteratura.com/php/docinterno.php?doc=70
Un Saludo.