January 7th, 2008
Congrains en Lima (again)
Giancarlo Stagnaro
Conocimos a Enrique Congrains Martin en 2006. Anteriormente, dentro del primigenio grupo de Punche Editores Asociados, el escritor Gabriel Espinoza había sido el gestor de una campaña para traer de vuelta a Congrains por la puerta grande. Se trazaron planes y plazos, se calculó presupuesto, se hicieron gestiones… pero éstas lamentablemente no se concretaron. De todas formas, el impulso de Gabriel fue decisivo para que desde mediados de 2006 se hablara del “retorno” de Congrains a la escena literaria peruana, como lo demuestran los posts que Paolo de Lima le dedicara a este último en su blog Zona de Noticias.
Era un hecho que Congrains rompía su silencio (evoco en este punto lo que hizo en su momento Emilio Adolfo Westphalen), y nada menos que con tres proyectos bajo el brazo: el libro objeto Gallinita portahuevos y las novelas El narrador de historias y 999 palabras para el planeta Tierra. Interesado en dialogar con él, logramos concretar un reportaje para el diario El Peruano. Posteriormente, y ya con el cierre de El Hablador a cuestas, Johnny Zevallos y yo conversamos con Congrains casi toda una mañana dominical para la edición 13 de la revista.
De esta manera surgió esta entrevista, en la que Congrains revela los motivos de su escritura, las razones por las cuales salió del país y se volvió más “latinoamericano que peruano” y la importancia de este reentré literario con novelas de temática “no peruana”, como él mismo afirma, en las que le hace guiños a las vastas tradiciones de la distopía y la ciencia ficción, alejándose de las convenciones usuales del hegemónico realismo.
Este retorno narrativo es saludable por muchas razones. En primer lugar, porque se recupera a un autor que ha formado parte de la modernización de la narrativa contemporánea. Como miembro de la Generación del 50, Enrique Congrains ocupa un lugar de primera línea en dicho panorama por numerosas razones. En segundo lugar, esa línea renovadora se mantiene: que Congrains sostenga su alejamiento del realismo, luego de 50 años, resultará sorprendente, pero se explica dado el contexto de la literatura mundial. Su estadía fuera del Perú ha sido, en ese sentido, positiva.
Con El narrador de historias (edición no venal, 2006; Copé, 2007), ambientado en una probable disputa entre dos países sudamericanos, Congrains nos muestra que el escritor peruano puede estar preparado para relatar una historia de largo aliento allende sus fronteras geográficas, sin abusar de localismos que, por lo general, suelen clausurar posibilidades de lectura y significación. Y eso –quizás sea demasiado evidente decirlo– funciona de manera determinante para la noción de autor en un país como el Perú, en términos de adquisición y gestión de capital simbólico.
Congrains se reencontrará con el público peruano del 16 al 18 de enero en tres auditorios diferentes: Petroperú, la Biblioteca Nacional del Perú y en un espacio cultural del centro de Lima, respectivamente. En la segunda de estas sesiones, a las 19.00 horas, y con motivo del coloquio Lo cholo en el Perú, participarán en la mesa el autor, César Ramos, José Donayre Hoefken y quien suscribe estas líneas. Por ello, este reencuentro con Enrique será, en lo personal, un honor y un lindo reto que asumo con amistad y respeto a una asombrosa trayectoria literaria. Trayectoria que, esperamos, siga rindiendo entregas notables y propuestas refrescantes.



January 7th, 2008 at 5:16 pm
Positiva la re-reaparición de Congrains. Aunque confieso que me hubiese gustado leer más novelas suyas con la temática que lo ha caracterizado y le ha dado un lugar privilegiado en el canon de la literatura peruana reciente. Leer novelas de ciencia ficción de su autoría y después de muchos años, va a ser seguramente como leer libros de un autor totalmente diferente. Esperemos que la calidad, sea la misma.
January 8th, 2008 at 12:01 am
Con el único ánimo de contribuir a un discusión amable, debo decir que el articulista da varias por cosas por sentado, ofrece varias conclusiones, y no se deteniene mucho a explicar sus premisas (imagino que por obvias razones de espacio). Por ejemplo, si no leo mal, dice que el contexto literario mundial no favorece el realismo. Y también parece decir que es positivo per se que Congrains haya abandonado ese realismo (leo que es “importante“ la temática “no peruana“). Asimismo, asegura que una novela localista tiene menos posibilidades de significación que una novela distópica. Humildemente, creo que todos esos asertos no son tan obvios como suenan…
January 8th, 2008 at 7:20 am
Estimado Raúl, en primer lugar, agradezco sus inquietudes. Creo que podemos complementar la información del post con algunos hechos sujetos a comprobación. Desde hace muchos años vemos que las fronteras entre distintos estilos literarios se vienen resquebrajando. Pensemos, por ejemplo, en El nombre de la rosa, novela de distintos niveles de lectura, desde el policial hasta el filosófico. Quizás se pueda colocar, como ejemplo más reciente a los clones de Michel Houellebecq, con La posibilidad de una isla, dentro de lo que he podido leer recientemente. Pues bien, de un tiempo a esta parte, las fronteras entre los subgéneros (llamados así despectivamente por los entes hegemónicos) o la cultura mediática se van matizando con los productos de “alta cultura”. Esto, quizás en parte, se debe a la preeminencia de los nuevos medios, lo tecnológico, frente a la literatura, y cómo ésta responde a estas nuevas inquietudes (que, desde luego, no son tan “nuevas”, los escritores del siglo XIX ya empezaron a plantearse las preguntas en ese sentido). Entonces, no es descabellado pensar que se dinamice un contexto literario que rehúye del realismo y que aborde la influencia de las nuevas tecnologías en nuestras vidas. Acabo de ver en una librería una publicación que relata historias basadas en el código genético, pero de manera testimonial.
Ahora, cuando digo que la estadía de Congrains fuera del Perú ha sido positiva me refiero que siempre es favorable tomar distancia de los referentes, incluso de los orígenes. Pienso en el caso de Roberto Bolaño, que no deja de ser chileno y, a la vez, es un tipo específico del apátrida sudamericano, que ha recorrido todo el continente. Digamos que la experiencia literaria también se basa en esa migración. Eso es algo para destacar porque permite ensanchar el panorama.
Lo de la temática no peruana se puede entender en la entrevista a la cual le hacemos link en este post. Y en cuanto al localismo, me refiero al abuso de referentes locales, el costumbrismo literario. Se puede ser universal y a la vez local, eso lo han demostrado todos los escritores de todas las épocas. A lo que me refiero es al abuso de dichos localismos, que pueden limitar la significación (es decir, los procesos que generan significado) y restringirla a tan sólo un hábito de consumo local. Y eso vale para cualquier tipo de novela que tenga el afán de trascender lo local, que pueda ser leída en otras latitudes, y de este modo generar nuevas discusiones acerca de lo peruano y de la literatura peruana en un entorno en que lo local y lo global son opciones que deben complementarse mejor.