LAS OBRAS INFAMES DEL TIEMPO
Publicaciones January 3rd, 2008
Marlon Aquino Ramírez
Escribió José Guïch en la columna de un diario limeño que los defectos de Las obras infames de Pancho Marambio “confirman un secreto a voces, en el mejor espíritu de aldea limense: todo terminó con La vida exagerada de Martín Romaña (1982)”. Y estoy totalmente de acuerdo con ello, pues ya desde la última incursión novelística de Alfredo Bryce (por la que hace cinco años extrañamente le entregaron un premio) fuimos testigos de una lamentable decadencia creativa. Y digo “lamentable” porque lo es para quienes hemos disfrutado con aquellas obras suyas donde el humor, la oralidad, las exageraciones, los personajes despistados y las mujeres hermosas lograron encantarnos para siempre. Pero a Alfredo Bryce le ocurrió con La vida exagerada de Martín Romaña lo mismo que a García Márquez luego de haber escrito Cien años de soledad: agotó las posibilidades expresivas de todo un riquísimo universo narrativo. Sin embargo, el Nobel colombiano sí supo encontrar un nuevo camino del que nacerían otras obras geniales, como Crónica de una muerte anunciada o El amor en los tiempos del cólera.
Las obras infames… cuenta en menos de 200 páginas (extensión poco frecuente en Bryce) la historia de la “caída” de Bienvenido Salvador Buenaventura, un ex abogado limeño de 54 años de edad que llega a vivir a Barcelona. Pero este hombre de modales refinados carga con una especie de maldición, pues el alcoholismo ha destruido a muchos de los integrantes de su familia, de ahí que Bienvenido sea llamado “El último de los Buenaventura”. Esta es la sombra que cubre todas sus acciones, el omnipresente temor en una vida llena de éxitos profesionales en la que él siempre ha sabido mantenerse alejado de la bebida.
Sin embargo, como en las antiguas tragedias griegas, Bienvenido no puede escapar de la fatalidad, la cual vendrá de la mano del pícaro Pancho Marambio, un viejo conocido a quien el ex abogado encarga las obras de remodelación de su departamento en Barcelona. Marambio, personaje obsesionado con el color negro hasta el delirio y seudo arquitecto, simplemente, destroza el lugar. Ocurre entonces lo que tanto temía Bienvenido: víctima de este terrible daño, se convierte en un alcohólico que llegará hasta el infierno terrenal de una clínica psiquiátrica. Esta es la sencilla anécdota de la novela.
Se aprecia, en primer lugar, que el título no se corresponde estrictamente con la historia, puesto que el protagonista de la misma no es Pancho Marambio, sino Bienvenido Salvador Buenaventura. Al leer el título uno pensaría que se referirán varias de las pillerías de Marambio, cuando en realidad este desaparece antes de la mitad de la obra.
Llama la atención también, como indica Javier Ágreda, “la manifiesta polaridad en los personajes secundarios: por un lado los buenos, bellos, ricos y sinceros; y por otro los malos, feos, pobres y falsos. Entre estos últimos está Pancho Marambio, a quien Buenaventura culpa de todas sus desgracias”.
No se trata de hacer un listado de las deficiencias de esta novela (que no son pocas), pero tampoco de ocultar a los lectores (como lo hizo Alonso Cueto en su comentario al libro) las evidencias de la decadencia narrativa de un autor importante en nuestra historia literaria.



January 3rd, 2008 at 6:57 pm
No pues. a bryce hay que tratarlo como lo que es: un maestro. no se puede ir por allí despotricando y haciendo leña del árbol caído. Y tratando de tirarse abajo también a otro maestro: don alonso.
January 3rd, 2008 at 9:04 pm
Coincido con Aquino y Pepe “Carver” (para usar el apodo de Jamoncito) Guich. Después de La vida exagerada… no hay más. Inclusive me atrevería a decir que antes y después. Porque las aventuras de Martín Romaña e Inés del alma mía… son insuperables e inigualables. Bryce no debe publicar más. He dicho.
January 3rd, 2008 at 10:31 pm
está bien que le metan su buen tabazo a ese viejo ******** que lo único que sabe hacer ahora es publicar pura piedra. hace años muchos años que no pasa nada con bryce y esta novela solo hace confirmar eso. lo que sí parece recontra zafado es que aún existan esos patitas que lo defiendan de sus acciones extraliterarias como plagios y desmadres. si estamos jodidos en el fútbol por los dirigentes en la literatura estamos igual por los críticos. todos deben desaparecer. océano, trágatelos!!!
January 3rd, 2008 at 11:22 pm
Ese viejo es un niño entrañable. Por favor, no lo critiquen tanto. Yo he llorado leyendo Octavia de Cadiz. Por eso me parece injusto que ataquen tanto al buen Alfredo. Ya lo verán renacer, no con este libro, pero de seguro con el que viene, despertará el talento que lleva escondiendo por largo tiempo. Si Vargas Llosa, tras varios fiascos, reapareció con La fiesta del chivo, por qué Bryce no?
January 4th, 2008 at 6:47 am
No pues Victoria (¿Guerrero?), cómo vas a venirte con eso de que con la Fiesta del Chivo Varguitas renació. Ese flaco hace años que solo vive de libros a media caña. Ya que esa sea una novela que tenga más nivel que el resto es otra cosa. Y con respecto a nuestro escritor beodo, como bien dicen mejor que se quede en su casa bebiendo tranquilo y sin fastidiar ni plagiar a nadie.
January 4th, 2008 at 3:59 pm
pensé que el blog ya estaba muerto, con sus post cada dos meses de puros anuncios de servicio público y sus comentarios que no pasaban de 2 o 3… saludo la nueva temporada y, claro, la pata en alto, como debe ser. ya estábamos cansados de tanto blog lambiscón… ojalá que perseveren, habladores.
January 4th, 2008 at 5:39 pm
Jamoncito, quién es Guerrero, no entiendo. Llámame Victoria Carolina (a secas). Y yo todavía creo en ese “viejo beodo”. Solo es una mala racha (de 25 años, pero mala racha nomás). Y si decepciona, siempre tenemos al guapo de Leonardo, el próximo premio planeta perucho.
January 4th, 2008 at 11:31 pm
La reseña de Marlon Aquino deja constancia de un hecho evidente para muchos lectores: un agotamiento de ideas y perspectiva narrativa en la obra reciente de Alfredo Bryce Echenique. En todo caso, la crítica literaria no personaliza, sino que deja constancia de un acto de lectura, personal eso sí, pero que exige un conocimiento de la tradición literaria y de las propiedades intrínsecas de los textos de ficción. La crítica no es maleteo, como a veces se suele creer, sino diálogo, diálogo con la obra y con los planteamientos del autor, sean estéticos, ficcionales o ideológicos. Ahora, no hay por qué rasgarse las vestiduras cuando los planteamientos de dicho autor suelen repetirse. Pensemos en Proust, Borges o Sabato. El tema pasa porque dichas repeticiones no son calco la una de la otra, sino que se elaboran a manera de espiral, de superposiciones, que finalmente conducen hacia aquello que los franceses llaman ouvre. Una idea que nos deja este artículo es: ¿puede la industria editorial seguir basándose en conceptos derivados del marketing para entronizar un libro? Se necesitan otros márgenes, otros enfoques, y éstos empiezan sencillamente con la calidad literaria.