“En México nadie piensa que tengamos una buena poesía”
Publicaciones, Debate, entrevista November 20th, 2007
La admiración que cualquiera podría tener por la obra de José Emilio Pacheco se expande cuando se trata en persona al escritor mexicano. Hace algunos meses surgió la posibilidad de conversar con él, en una mañana donde su sencillez y buen humor estuvieron más que latentes. A todo ello, el autor de El reposo del fuego, considerado por lectores y estudiosos como uno de los principales ejes, junto a Paz, Sabines y Gorostiza, de la poesía mexicana, dijo mucho a tomar en cuenta.
¿Crees que tu incursión en distintos géneros ha conllevado a que la crítica se muestre polarizada con tu obra?
La crítica divide su trabajo en las áreas de mi obra. Dudo que existan muchos estudiosos que me hayan leído por completo.
¿Por qué?
–¿Por qué? Muy simple, y es que hay algunos críticos afines a la poesía que no leen mi narrativa y viceversa.
Eso implicaría pocos beneficios, si pensamos en el mercado…
–Pero claro, desde un punto de vista de mercado esta situación es fatal. Nadie sabe por dónde empezar a leerte.
Para alguien con tu trayectoria, ¿resulta esto muy contraproducente?
–Mucho, porque ese dicho de que “la poesía no vende” es cierto. Y viendo bien la situación, creo que en toda mi vida he vendido lo que vende un novelista en un mes.
Pasando a otro tema, ¿por qué tu primera etapa, de Los elementos de la noche y El reposo del fuego, difiere de las posteriores? ¿Sólo por la temática simbolista y surrealista?
–La influencia francesa, claro. Y es verdad, son otros libros, diferentes, que forman parte de mis inicios como escritor.
O como afirma la crítica, de tu “elegía juvenil”…
–Y lo es, pero, en realidad, lo único que me interesa no es lo que yo digo, sino los que lectores de otras generaciones ven en mis poemas. Ahí, mi intención siempre ha sido sólo escribir poemas. Ya lo que digan los críticos siempre es una interpretación razonable.
El caso de No me preguntes cómo pasa el tiempo es decisiva en tu obra, pues entra a tallar tu preocupación por la temporalidad, la historia…
–Esa preocupación la tengo desde siempre, sólo que recién se manifiesta en ese poemario. Y es que yo viví, de niño, toda la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. Mi generación es la primera que vio televisión, pero que se formó en un mundo sin plásticos, inimaginable ahora.
Y es en la historia donde sobresale el mal como eje circundante…
–Sí. Pero el gran enigma para mí es la existencia de este mal, por qué está entre nosotros.
¿Y por qué está entre nosotros?
–Fíjate que hasta ahora no tengo la más mínima idea (risas).
¿Y el tópico de la fábula?, ¿qué tan preponderante crees que está en tu obra?
–Tienen mucha importancia. Las fábulas sirven para jugar y también para comunicar. Esto se establece a mis dos o tres años, cuando mis abuelos me leían fábulas. Y es con las fábulas que yo descubro el verso.
Coméntanos acerca de las “aproximaciones”. ¿Es este un nuevo género instaurado por ti?
–No sé si es un nuevo género, pues traducciones con interpretaciones, a modo de reescritura, es algo que viene desde Fray Luis de León, quien se toma la libertad genial de ponerle rima a la poesía latina.
¿Pero son un nuevo género o no?
–Eso no lo sé. Normalmente los que establecen ese tipo de categorías son los críticos. Igual pasó con el trabajo de Monterroso y todo lo que se habló de él. Los críticos siempre están atentos a encontrar algo resaltante, ya sea para beneficiarte o para hacerte papilla. Igual los respeto (risas).
De algo se habrán cogido para definir a las “aproximaciones”…
–Puede ser mi trabajo de reescritura con algunos de mis textos…
Claro, porque eso de la reescritura y la corrección, algo típico en ti, ha conllevado a muchos a situarte, dentro de la tradición poética mexicana, en un punto medio, entre Gorostiza y Sabines, entre el poeta riguroso y el poeta de registro al instante…
–Pienso que Sabines sabía mucho de poesía como para categorizarlo así. Igual, creo que todo el mundo corrige, pero pocos lo dicen. Esa polémica molesta mucho, molesta que cuando hago un cambio tomen de mí la parte de mis inicios y me digan: “pero cómo has podido cambiar esto si era tan fresco”, y yo replique “bueno, pero no me quedaba más remedio” (risas). En fin, yo considero que el lector se merece lo que mejor pueda entregarle, y si una corrección o reescritura representa ello, pues bien.
¿Pero esta reescritura no provocaría una confrontación de lector que recién te conoce con lo hecho por el escritor joven que fuiste?
–Es que yo no falsifico nada. Aquí la cuestión es depurar, afinar los textos.
Pero habrá reacciones…
–Y ya, claro, se me han acercado lectores que me dicen “usted no debió haber cambiado esos poemas, usted ha roto mi juventud” (risas). Pero, bueno, mi esperanza es que esos lectores revisen lo anterior que he escrito en todos los géneros. Porque, ¿sabes?, yo sólo escribo versos. Si es poesía o no, eso depende del lector.
¿Consideras que es relevante la tradición, para la actual poesía, en países como Perú, Chile y México?
–Sí, pero la diferencia es que ustedes y los chilenos están orgullosos de la gran poesía que tienen.
¿Y en México no sucede eso?
–Para nada. En México nadie piensa que tengamos buena poesía. En mi país casi todo se centra en la cocina y el fútbol. Y en este último aspecto, somos especialistas en el fracaso (risas).
Finalmente, ¿crees que la presente labor de las editoriales beneficia aún más a la difusión de las obras de los escritores en América Latina?
–No. Mira lo que ocurre en el interior de nuestros países: vivimos lo mismo de hace siglos, cuando España prohibió a sus colonias que comercien entre sí. Si alguien publica un libro en su país éste no llega a otro. Yo pregunto: ¿quiénes son los escritores que no han publicado en España que sobresalen ahora? Obvio, ninguno.
Parece una visión desalentadora…
–Es muy desalentadora. Da lástima ver que a uno sólo puedan leerlo en otros países a partir de haber publicado en España o a partir de un premio arreglado allá. Ya luego de eso surge todo el aparato mediático de la editorial: cobertura en los medios, entrevistas y reseñas parcializadas, gente loquísima corriendo a las librerías y viajes a algunas ferias de libros. Y así cerramos con otra pregunta: ¿dónde queda el resto de escritores que hacen un buen trabajo, que se matan escribiendo y que no tienen padrinos que les ayuden a ganar premios? A ver si mis amigos los críticos tienen esa respuesta.




November 21st, 2007 at 12:07 am
Al fin un texto de peso en este blog.
Ojalá vuelvan por esa senda.
Saludos.
November 21st, 2007 at 1:36 pm
Como siempre sucede en Pancho, preguntas bien planteadas y un conocimiento fuera de dudas sobre la obra del entrevistado.
Mis más sinceras felicitaciones, maestro.
November 21st, 2007 at 7:40 pm
“Da lástima ver que a uno sólo puedan leerlo en otros países a partir de haber publicado en España o a partir de un premio arreglado allá. Ya luego de eso surge todo el aparato mediático de la editorial: cobertura en los medios, entrevistas y reseñas parcializadas, gente loquísima corriendo a las librerías y viajes a algunas ferias de libros”.
Interesante conclusión de Pacheco. Ante eso, muchachos, ¿Roncagliolo sería un buen ejemplo?
Agarra esa flor, Tío Rico.
January 29th, 2008 at 1:14 am
Dos versos de José Emilio Pacheco:
El tiempo nace
de alguna eternidad que se deshiela.