El Hablador 14 en línea
Publicaciones August 30th, 2007
Después de una pausa de algunos meses más de la cuenta, invitamos a los lectores a pasearse por una nueva edición de la revista virtual El Hablador. En esta ocasión, además de las acostumbradas secciones de poesía, cuento, reseñas, dossier y estudios, estamos dedicando un especial a los vínculos entre literatura y cultura popular contemporánea, con particular énfasis en lo que se llama “literatura chicha”.
¿Por qué escoger este tema?, quizás se pregunten algunos. Hay muchas razones que han alimentado las discusiones de los miembros de la revista en estos días. Por un lado, siempre estuvo el interés de tocar temas que otras publicaciones no hacen. Y lo más llamativo de todo, en estos tiempos en que se suele echar vistazos más amplios a nuestro pasado reciente, es que muy pocas veces se ha tocado desde una perspectiva plural y crítica la emergencia de esta producción editorial marginal –al margen en todo caso del circuito literario “oficial” o universitario–, pero masiva.
Por otro lado, nos llamaba la atención de que de un tiempo a esta parte, sobre todo desde el año 2000, estas producciones hayan pasado al centro, si se quiere, editorial. Es cierto que personajes de la farándula limeña –como Gisela Valcárcel, Beto Ortiz u Oswaldo Cattone, por mencionar a algunos– han publicado libros de carácter autobiográfico, siguiendo una corriente, al parecer, global. No obstante, dados los rasgos de un país como el Perú, con sus magros índices de lectura y limitaciones de la industria editorial, resulta atractiva la forma en que el libro es usado por estas figuras como un signo de legitimación cultural y mediática, pero que a su vez dicho signo sigue formando parte de la lógica de mercado.
El artículo del docente y crítico literario Marcel Velázquez nos sitúa en un período de nuestra historia en que la configuración de una lectoría femenina va aparejada del inicio de la novela de folletín y la difusión masiva. En todo caso, intenta probar que en ocasiones, como en el horizonte de recepción de mediados del siglo XIX, el texto define el contexto y no a la inversa.
Rafael Ojeda, en progresión histórica, nos sitúa en torno a los numerosos debates alrededor de la cultura de elite en contraposición a la emergencia de la cultura de masas o industria cultural. El debate entre Theodor W. Adorno y Walter Benjamin es el punto de partida para una serie de debates posteriores –modernidad y posmodernidad, por ejemplo– que continúan hasta nuestros días; y cómo de la cultura popular se puede pasar al populismo en las artes. También se pregunta sobre la pertinencia de una industria cultural en el Perú, a partir de la lectura del último libro del sociólogo Javier Protzel, Procesos interculturales.
Miguel Ángel Vallejo se aboca al análisis de la literatura masiva de la década de 1990. En particular, toca los rasgos autobiográficos en los libros de Susy Díaz, Yesabella y Fernando Ampuero. En algunos casos, vincula la visibilidad de algunos autores con los psicosociales de la dictadura de Fujimori y Montesinos. En tanto, el escritor Víctor Miró Quesada Vargas pretende entender la lógica de la “literatura farandulera” mediante una distinción a través de los méritos artísticos.
Pero no todo es farándula en esta edición de El Hablador. Un reciente congreso académico en Santiago de Chile trajo a colación los estudios peruanistas en el extranjero, donde participaron numerosos escritores, artistas e intelectuales peruanos. Y como en dicho cónclave participó el escritor chileno Pedro Lemebel, en una mesa sobre Oswaldo Reynoso, ofrecemos algunos apuntes alrededor de sus novelas.
De Chile saltamos al Altiplano, con dos artículos sobre los hermanos Peralta, fundadores del grupo Orkopata: Alejandro Peralta y Gamaliel Churata. Luego volvemos a Lima, de la mano de un artículo sobre Conversación en La Catedral; y recalamos más al norte, en el macondiano universo literario de Gabriel García Márquez. Y hablando de Vargas Llosa, entrevistamos al crítico literario y escritor Carlos Garayar, quien, además, acaba de publicar una interesante novela; así como al agente literario Guillermo Schavelzon.
Entre las reseñas, figura El tour de Francia, de Flora Tristán, valioso rescate efectuado por Yolanda Westphalen. También Las falsas actitudes del agua, poemario de Andrea Cabel (también presente en la sección de poesía con algunos inéditos), comentado por el también poeta Jorge Frisancho. La revista A Public Space cuenta con un amplio dossier sobre literatura peruana, examinado en esta ocasión por Mario Granda. A su turno, Marlon Aquino se detiene en la novela histórica del narrador cusqueño Luis Nieto Degregori: Asesinato en la Gran Ciudad del Cusco. Y finalmente, Juan Francisco Ugarte describe los talentos de un narrador especial en el libro El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon.
Queremos dedicar esta edición de El Hablador a los lectores que tuvieron que esperar todo este tiempo para poder disfrutar de ella. Desde ya, los invitamos a recorrer sus páginas.
¿PUEDE LA RADIO FORMAR LECTORES?
Publicaciones August 27th, 2007
Por: Marlon Aquino Ramírez
Mi novela favorita es el nombre del programa que se trasmite los fines de semana en RPP. Como bien saben, se trata de la emisión de adaptaciones radiales de algunas obras clásicas de la literatura universal. El encargado de hacer la presentación de cada una de las novelas, y quien ha dado prestigio y publicidad al espacio es Mario Vargas Llosa. Tras sus palabras empieza la recreación a cargo de conocidos actores de la escena local.
Recuerdo que cuando escuché por primera vez la publicidad previa a la emisión del primer programa, me entusiasmé mucho. Desde que leí La tía Julia y el escribidor apareció en mí el deseo de vivir, algún día, esa misma emoción que allá por los años cincuenta experimentaron muchos radioescuchas con los truculentos y subyugantes radioteatros. Logré escuchar algunos en Radio Nacional hace un tiempo, pero por diversos motivos nunca completamente. De modo que las recreaciones de RPP vinieron a satisfacer ese deseo y, se podría decir, que a sofisticarlo, pues no escucharía ahora tremebundos melodramas, sino prestigiosas obras literarias.
Puedo decir que mis expectativas se cumplieron a cabalidad. Y de las novelas que he escuchado hasta ahora, la que más me ha gustado ha sido Tom Sawyer, pues escuchándola logré meterme de lleno en el mundo de los personajes. No he leído Tom Sawyer, pero luego de tan grata experiencia, ya coloqué a la famosa novela de Twain en la lista de mis libros pendientes. Quiere decir esto que el programa de RPP ha avivado mis ansias de lector: las “radionovelas” (novelas emitidas por radio) son un liviano trampolín hacia los libros. ¿Pero ocurre esto con todos los radioescuchas?
Pienso que no. Para muchos, el trampolín radial los hace caer en una piscina sin agua. Sí, pues cuando leen las novelas que escucharon en la radio experimentan una gran decepción. Lo escucho ahora entre amigos y conocidos, y lo he escuchado entre mis alumnos en la época en que trabajaba como profesor de Literatura. “Usted cuenta las historia más chévere pe, profe. El libro es monse, aburre”, me dijeron luego de haber corrido a leer Moby Dick en la biblioteca, motivados por un ameno resumen que les conté en clase. Les fascinaba escuchar historias, mas no leerlas. La lectura era para ellos una obligación, no un placer.
Con Mi novela favorita ocurre lo mismo. Una gran cantidad de fieles seguidores del programa se habrá decepcionado al percibir que, por ejemplo, la Madame Bovary de papel y tinta avanza con una lentitud que parece de tortuga si se compara con la agilidad con que lo hace su contraparte radial. Y la mayoría de adultos exige velocidad, pues no disponen de tiempo para leer. Si cuando leen lo hacen en el micro o antes de dormir luego de una extenuante jornada laboral, preguntémonos: ¿podrán en esas condiciones avanzar por el barroco sendero de las frases proustianas o de los morosos cuadros verbales de Balzac? Si no han sido lectores continuos, me temo que no.
De modo que lo más agradable para estas personas es sintonizar la radio y escuchar tranquilamente estas recreaciones ágiles y libres de toda complicación. Ese es el alimento ficcional que han elegido.
Para leer un texto literario se requiere de un tipo de destrezas que no son las mismas que se emplean para enfrentarse a un producto oral. Si para la asimilación de los productos radiales se requiere del uso de la imaginación, para la lectura se necesita además ser competente descifrando el código verbal y tendiendo relaciones entre los elementos semánticos que este compone, lo cual demanda más concentración y una mayor participación del intelecto. En una sociedad donde reina lo audiovisual y la velocidad es un principio básico de acción y pensamiento… difícilmente se dará el desarrollo masivo de las competencias lectoras.
En resumen, no se podría afirmar de manera contundente que Mi novela favorita va a favorecer el incremento de lectores en el país. No, seamos cuidadosos. Lo más probable es que aumenten los amantes de la ficción, mas no los de la lectura. Y es que únicamente los libros son quienes tienen la genial virtud de engendrar lectores, estos rara avis del siglo XXI.
(En la foto: Mario Vargas Llosa durante la grabación de Mi novela favorita).
El sitio de Pisco
Publicaciones August 24th, 2007
Por: Mario Granda
Un terremoto nos afecta a todos. Llámese sismo o temblor, nos cambia la percepción de las cosas y estas no vuelven a ser iguales para nosotros. Los sonidos, los objetos, el suelo, el equilibrio… “Las notas ya no son las mismas”, dice el músico. Luego de tal remezón tenemos que dejar pasar los días para afinar y reconocer nuestro espacio, nuestro “lugar en el mundo”.
El caso de Pisco va mucho más allá de lo que nuestras últimas generaciones han conocido: nunca ha habido mejor constatación de la mala previsión. Un edificio mal construido no es una imprudencia sino un probable desmoronamiento, y ya no se trata de palabras sino de realidades.
Pero la desgracia de Pisco también se debe a que está tan cerca de Lima. Tan cerca que es solo un satélite, una pequeña dependencia, pues si se corta un cable el pequeño pueblo aledaño desaparece de la realidad limeña. Pero Pisco no solo ha sufrido un terremoto. El terremoto solo nos ha hecho recordar, de la forma más cruda, que Pisco siempre fue un pueblo sitiado, un pueblo silenciosamente sitiado. ¿No es paradoja que se trate de una ciudad tan cercana a la capital? Pero a veces lo más cercano también es lo más lejano. En cuestión de minutos Pisco se convirtió en el lugar más remoto del Perú, en el lugar más inaccesible del Perú.
Robo, mentira, desesperación, violencia y violación le siguieron al terremoto. Obviamente, esto no es nuevo, pero una situación absurda como la de un terremoto la recrudece. Lo absurdo puede ser risible, pues es inimaginable, ya que nadie nos creería si decimos que está por venir una desgracia. Pero lo absurdo también puede ser trágico. Los días que le han seguido a Pisco son los días de la peste, como en La peste de Camus, o los de la ceguera, como el Ensayo de la ceguera de Saramago. Dice Camus en su novela: “La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño, son los hombres los que pasan”. Una vez vivida la experiencia absurda, nunca volveremos a ser los mismos. ¿Por qué estar obligados a vivir postergados?
Ninguna persona merece pasar por lo que pasaron -y seguramente todavía pasan- los pisqueños. Por eso debemos pensar en la reconstrucción moral. La ciudad no es solo un arbitrario conjunto de casas y edificios sino también un centro de libertad e independencia. Hagamos de los peruanos “ciudadanos” y no “pobladores”. No permitamos que las ciudades se oculten y oscurezcan por culpa de un hermano mayor que si bien en algunas ocasiones puede ayudar tampoco nos permite crecer.
LA NUEVA MUSA DE LEONARDO AGUIRRE
entrevista August 22nd, 2007
Leonardo Aguirre, ex columnista de este blog, acaba de publicar su segundo libro de cuentos, titulado La musa travestida (Matalamanga, 2007), presentado hace pocas semanas en la Feria del Libro. Prendimos la grabadora y nos pusimos serios durante uno de esos días de Feria, y esto es lo que salió.
Hace un tiempo dijiste que tenías tres libros inéditos, y que en estos era visible una progresión. ¿En qué se diferencia La musa travestida de Manual para cazar plumíferos? ¿En qué aspectos crees que has mejorado?
Creo que en este nuevo libro me arriesgo un poco más, por lo menos a nivel formal. De algún modo, los cuentos del Manual iban a lo seguro, porque la mayoría se publicó antes en revistas o incluso ganaron algunos premios. Si el Manual era una suerte de inventario, La musa travestida es un libro orgánico, compacto, con muchas interrelaciones, con motivos y personajes que se repiten a lo largo de los seis cuentos. Además, gracias a la lectura que ciertos críticos hicieron del Manual, pude precisar algunas obsesiones y leit motivs que antes se colaban de manera natural, irreflexiva, casi automática en mis relatos…
Sin embargo, se mantiene un universo compuesto básicamente por escritores…
Sí, y de eso siempre fui consciente. Pero yo me refiero a cosas que estaban un poco escondidas y que, como te digo, gracias a la lupa de ciertas reseñas o comentarios de algunos amigos, salieron a la luz, y ahora trato de exacerbarlas. Por ejemplo, la relación siempre problemática entre el arte y el mercado. O la fetichización del escritor. O la supremacía de la figura pública del escritor en desmedro de la propia obra…
Pero tú mismo has intentado construirte una imagen de escritor. Es un poco contradictorio, ¿no te parece?
Eso no es tan cierto. Las cosas se fueron dando, casi por casualidad, y luego sólo tuve que asumirlas. O me acostumbré a cargar con esa cruz y traté de no quejarme tanto. Pero el caso es que no hubo planes ni estrategias. Por ejemplo, no hice esas reseñas tan urticantes para buscar notoriedad y luego aprovechar esa notoriedad para lanzar mi librito. Sólo fui honesto y punto. Dije lo que me salía del forro. Sin embargo, cómo no, asumo también mis errores. Se me pasó la mano muchas veces. Y entonces escribo de lo que ahora sé, escribo de los errores que cometí. Los conflictos de los personajes de La musa travestida son también los míos. Y a partir de ese pretexto, aproveché para problematizarme un poco ese asunto tan espinoso del éxito. Por otro lado, a diferencia del Manual, en este libro también hay escritores exitosos. Y uno de los pocos inéditos, finalmente alcanza la fama después de muerto…
Eso de ser reconocido después de muerto es como un tiro al aire, una esperanza muchas veces injustificada, pero es lo que permite que un escritor siga escribiendo, aunque nadie le dé bola a sus libros…
Claro. El personaje de “Sublime Sorrento”, por ejemplo, planifica su suicidio para que éste sea el disparador del éxito…..
Un éxito mediático y efímero, no necesariamente literario ni de largo alcance…
Pero es que, justamente, de eso se trata este libro: del éxito mediático. A estos nuevos plumíferos no les importa tanto ingresar al canon como ver sus fotos en las páginas sociales… o policiales (risas)…
O sea que has pasado de los geniecillos de bar a los que buscan celebridad, aunque dicha celebridad no se la deban a los libros que han escrito.
Exacto. Por lo general, los plumíferos del Manual nacieron para perder (risas), pero los de La musa travestida sí coquetean con el éxito. Ahora se dedican a administrar la fama y la exposición mediática.
Lo interesante es que ni unos ni otros muestran interés en entrar al canon. Unos lo desechan por resignación o pose o indiferencia, los otros quizá por frivolidad. ¿Hay una relación ahí con el tipo de literatura que escribes? Lo digo por algunos cuentos un poco anticanon, por su carácter medio experimental…
Claro. Y eso también demuestra que no estoy planificando mi propio éxito. Si así fuera, pues escribiría sobre el terrorismo, ¿no? (risas) Ahora bien, como dices, es cierto que en algunos cuentos soy deliberadamente experimental. Pero eso es lo que me gusta hacer y punto: cambiar y probar nuevas técnicas todo el tiempo. Y tengo todo el derecho a ensayar y equivocarme. Además, pretendo que al final se juzgue la totalidad de los libros, la totalidad de los experimentos, y no me importa tanto que tal o cual libro resulte fallido para la crítica. Si uno resulta una metida de pata, qué diablos: siempre habrá un nuevo libro. Siempre tendré la oportunidad de reivindicarme.
Volvamos al tema del escritor como fetiche, que podría ser el leit motiv de la colección. Una variante es el opinador profesional. Octavio Paz, o el mismo Vargas Llosa. El escritor como voz autorizada en cualquier campo…
Bueno, ése es un error. Y es que todos quieren que seamos como Varguitas, que alcemos nuestra voz para dar un veredicto sobre el gobierno de turno, el calentamiento global o la extinción del ave zambullidora de Tambopata…
Y la contraparte, no menos fetiche, sería el romántico, el escritor como víctima del mundo, el mil oficios, el que la pasa mal. Bolaño, por ejemplo…
Y ojo con sus declaraciones incendiarias… aunque sus libros no son precisamente anticanónicos. Rajó de los peces gordos pero tampoco es un salmón. No nadó contra la corriente. Pero, bueno, tampoco hay que exigir consecuencia entre vida y obra, ¿no? Lo que haya dicho off the record, digamos, no tiene nada que ver con lo que haya escrito. Y tampoco la leyenda personal. Puede ayudar a vender los libros, pero, con el tiempo, la obra se impone al escándalo…
Claro, al final Bolaño alcanza el éxito, y en vida. Ése es el punto. Bolaño es como ese amigo de un amigo que se ganó la tinka, el que justifica que sigamos comprando nuestro boleto; es decir, que sigamos escribiendo. Un poco es un engaño o una ilusión, pero funciona perfectamente para mantener la vigencia de ese modelo…
Yo creo que el que tiene talento sabe que tarde o temprano ganará algún tipo de reconocimiento. Es decir, sabe que las cosas caerán por su propio peso. Y “reconocimiento” no es una mala palabra, ojo. Todos lo buscamos, no hay que hacernos los tercios. Desde que nacemos, el reconocimiento es el motor de nuestras acciones. ¿Para qué escribe uno? Para ser leído. Ergo, para ser reconocido.
Claro, ya sabemos que si Kafka hubiera querido desaparecer sus manuscritos, él mismo los hubiera destruido y no se lo hubiera pedido a Max Brod…
Obvio. Y por eso también participamos en concursos. Nadie me dirá que concursa para perder. Y por eso siempre tocamos las puertas de las grandes editoriales. ¿Alguien acaso me podrá decir que se contenta con tirajes de 500 ejemplares? Por ejemplo, es curioso que Bolaño se la haya pasado participando en todos los concursos habidos y por haber en España…. Quizá no sabía muy bien cómo manejar ese conflicto que, según creo, nos aqueja a todos los escritores. Por un lado, nuestro objetivo sólo es estético o, en todo caso, queremos escribir por el simple placer de escribir y nada más, pero, por otro lado, también necesitamos lectores y buscamos el reconocimiento de la crítica. La dualidad de Bolaño, digamos, es la dualidad de todos…
No creo que sea contradictorio, no hay el angelito y el diablito a los lados diciendo qué hacer. Lo que hay en algunos es una actitud casi religiosa frente a la labor del escritor, en la que el pecado sería vender y ser reconocido. Es un error, ¿no? O sea, a ningún ingeniero civil se le pediría que construya por el “simple placer de construir”…
Y es que también nos olvidamos que escribir es un trabajo como cualquier otro…
Claro, pero justamente se le ve un poco sagrado, creo, por el viejo prototipo romántico del escritor iluminado, ése al que le sale y no sabe cómo. Y también porque no es una actividad rentable. La escritura literaria no da plata, está fuera del mercado contra su voluntad, y esa incapacidad para recibir beneficios económicos con los libros ha creado una especie de regla que impone escribir por placer o para uno mismo. Por ello, se ve mal que a alguien le vaya bien y gane plata con algo que supuestamente no debe darla. Como que rompió un pacto implícito…
Bueno, hablando de prototipos románticos, te diré que yo creo firmemente en uno. Sólo uno. La existencia de esa cosa medio mística e inasible que llamamos talento. Aunque, claro, si no le añades chamba, tampoco sirve de mucho… Pero, volviendo al punto, también hay que entender que, iluminados o no, los escritores también tienen que pagar las cuentas a fin de mes como cualquier ser humano. Y entonces necesitan ganarse los frejoles con lo que mejor saben hacer: escribir. Y para eso está el periodismo, ¿no? O la enseñanza, la corrección de estilo, la traducción, la crítica… incluso, la chamba de negro literario. Bueno, esos son oficios por los que hemos pasado todos… por eso me parece un tanto gracioso que mi contempo Roncagliolo ponga esa lista de oficios en la solapa de sus libros… pero, bueno, ése es otro rollo.
Sí, hablábamos del éxito…
Sí, el sistema siempre termina acogiendo a los rebeldes. Pero es muy fácil, claro, ser rebelde cuando no has ganado nada y los ejemplares de tu libro se amontonan en la azotea de tu casa. Por eso, quizá lo más sano es callarse la boca y seguir escribiendo. Si te reconocen, bien. Y si no, quédate tranquilo que la historia sabrá hacer justicia.
Esa última frase, la historia como justiciera, nos lleva otra vez a lo que hablábamos hace un rato sobre Bolaño- Es decir, la existencia de Bolaño alimenta la idea de que uno puede ser rechazado por las editoriales, ignorado por la crítica, etc., pero que al final uno la “va a hacer”. Bolaño es necesario para mantener la vigencia ese modelo, supongo que por eso tiene tanto éxito. Por eso tampoco importa que se hable más de él de lo que se leen sus libros. Lo importante es que está ahí, que permite pensar “yo también puedo”…
Claro, pero primero hay que escribir como Bolaño… (risas) No todos pueden, eso es obvio. Lo que sí puede hacer cualquiera es chupar como Bolaño o rajar como Bolaño. Incluso, hasta podrías escribir de manera, digamos, vanguardista… o sea, puedes ser un Johnny Rotten de la literatura peruana si eso es lo que te vacila, pero convertir el rollo marginaloide en una filosofía de vida… ése es el problema. Además, hay que tomar en cuenta que, quizá en pocos años, tu rebeldía será también parte del establishment. El sistema se perpetúa gracias a esas rebeldías, gracias a esas inyecciones de vitalidad.
Pero rebeldía frente a las formas oficiales de expresión, no a la simple pose, que es una falsa rebeldía, pura cáscara…
Claro. Rebélate escribiendo. Rebélate contra la prosa de tus padres literarios. Contra el idioma, si quieres. Y también recuerda que antes de romper las reglas, primero debes conocerlas al dedillo. Tampoco se trata de ser un rebelde sin causa. O un rebelde sin talento… hasta para destruir hay que tener talento.
Esta entrevista es la versión extensa de la publicada hoy en el diario El Peruano, y es la última colaboración que tenía programada para este blog. Las disculpas por adelantarme hace unos días en un comment. Y ahora sí, por fin, me voy con los cuatro gatos (son literalmente cuatro, los tengo bien contaditos) que me leen tranquila y silenciosamente en un blog X. (Francisco Ángeles).
Watanabe en Libros & Artes
Publicaciones August 14th, 2007
Por: Juan Francisco Ugarte

El pasado mes de julio, la Biblioteca Nacional del Perú lanzó el número 20-21 de su revista Libros & Artes, que contiene un dossier en homenaje al poeta recientemente fallecido José Watanabe. La publicación tiene cuatro artículos dedicados a la memoria del vate de Laredo. El primero está escrito por Marco Martos, titulado “Descubrir lo diferente”. En este breve texto se confiere verdadera importancia a la relación entre Watanabe y su padre (migrante de Japón a principios del siglo XX), siendo esto notorio al inicio y al final del artículo. Martos señala en sus últimas líneas: “Watanabe incorpora una sensibilidad oriental a la poesía peruana y esto sólo pudo ser posible porque su padre un buen día dejó su Japón natal para afincarse en Laredo”. Con esto, lo que estaría apuntando Martos es que siempre es significativo para un poeta el trato con su padre, y las condiciones en las que éste se mueva. Por eso, luego de hacer una pequeña revisión a las migraciones de Japón y de indicar ciertas características del padre de Watanabe, Martos evidencia el punto central de su introducción: “Queda por ahondar tal vez el detalle más importante: ¿cómo fue la relación entre el poeta y su padre? Este asunto (…) resulta de suma importancia cuando se analiza la maduración de un artista excepcional”. Así pues, luego de señalar los elementos externos a Watanabe, el artículo se centra en su poesía. Martos escoge el poemario Cosas del cuerpo para analizarlo. Contrasta el poema “Nuestra reina” (Watanabe) con “Tulipanes” (Silvia Plath), basándose en el enfrentamiento sanidad y enfermedad. Lo mismo hace con el poeta checo Rilke. Más adelante se presenta un poema de César Fernández Moreno, el cual sirve de modelo análogo para complementar “Nuestra reina”. Asimismo, en el artículo, se sostiene el aspecto andrógino, la cultura campesina y el lirismo punzante y delicado que se expresa en la poesía de Watanabe.
El segundo artículo es de Carlos Garayar, y está titulado “El desamor, la huida y la muerte”. Aquí se analiza la poética de Watanabe, comenzando con Álbum de familia. Garayar sostiene que en el poemario existe una cierta influencia de la retórica de los sesenta, y más exactamente de Antonio Cisneros, sobre todo por la visión desenfadada. Por otro lado, en El huso de la palabra la mayoría de poemas se inscribirán en un nuevo modelo, siguiendo más los tipos orientales, tales como el haiku. Luego, Garayar se centra en el problema del lenguaje que existe en el poemario y que se evidencia en “Lo mismo la palabra”, “Los versos que tarjo”, “Planteo del poema”. Además de los aspectos ya antes mencionados, se advierte igualmente la imposibilidad física de captar la realidad, imposibilidad de jugar con la realidad por un imperativo moral, nostalgia de la infancia, la muerte, la constatación de la precariedad de la vida, etc. Garayar termina afirmando que para el tiempo en que se publica El huso de la palabra, las características fundamentales de la poesía de Watanabe ya estaban definidas. El último poemario que se analiza es La piedra alada, en donde Garayar detecta ciertas preocupaciones permanentes en los versos, preocupaciones como la inclusión del hombre en el orden natural o la presencia de lo otro invisible.
Oswaldo Reynoso es autor del artículo “El joven narrador”, y es aquí donde cuenta la anécdota de cómo conoció a Watanabe. El encuentro se dio en Trujillo, cuando Eleodoro Vargas Vicuña y Reynoso fueron juntos a la ciudad norteña por motivos de descanso. Estando ahí se encuentran con un grupo de muchachos: “No recuerdo en qué momento se acercaron unos jóvenes y nos dijeron que eran miembros del Grupo Literario Trilce (…). Nos estrecharon las manos diciéndonos sus nombres: Morillo, Viaña, Ibáñez, Esquerre, Watanabe y otro más (…). Recuerdo que Watanabe casi no hablaba y nos miraba detenidamente. Sus compinches de letras y de trago nos dijeron que las muchachas más guapas de Trujillo lo perseguían y que de todo el grupo era el más pintón. Y él sonreía discretamente”. Reynoso cuenta que luego de unos meses Watanabe lo fue a buscar y le entregó su cuento “El trapiche”. Lo que más le impresionó del relato -que salió publicado en Narración en setiembre de 1966- fue su “prosa directa, hermosa y profunda, y que los diálogos eran ágiles y la estructura general de buena factura”. Junto a esta publicación, aparecía una nota que informaba que Watanabe -en ese entonces gozaba con veinte años- tenía un libro de relatos sobre la situación de los trabajadores en los grandes latifundios azucareras.
Aparte del dossier dedicado a José Watanabe, se encuentra en la revista un artículo de Miguel Gutiérrez, titulado “La novela y la guerra”, el cual se centra en las últimas novelas con temas sobre la violencia en el Perú. Gutiérrez se encarga de analizar cinco novelas: Guerra a la luz de las velas (Daniel Alarcón), Un beso de invierno (José de Piérola), La hora azul (Alonso Cueto), Abril rojo (Santiago Roncagliolo) y Retablo (Julián Pérez). Lo destacable de estas pequeñas reseñas es la crítica que Gutiérrez le hace a la novela de Alonso Cueto. Afirma, en primer lugar, que el lenguaje del libro es plano, referencial, estandarizado, compuesto por frases cortas, y que tal vez, esto se deba a las demandas del mercado. Luego, se refiere a la falta de verosimilitud de los diálogos coloquiales, sosteniendo que “la sintaxis se torna elemental, casi propia de retardados mentales”. Gutiérrez concluye su crítica con severidad: “Pese a su buena voluntad, Cueto ha narrado la historia desde una perspectiva señorial. Un examen textual revelaría la actitud patriarcal, teñida incluso de racismo, del narrador”.
Aparte de los artículos descritos anteriormente, la revista también contiene palabras de Luis Fernando Chueca, quien escribe sobre las distintas artes poéticas de José Watanabe; Hugo Neira, el cual relata la historia de Gonzalo More con Anaïs Nin, autora de Diarios íntimos. Asimismo, aparece una entrevista a Rocío Silva Santisteban y un fragmento de la novela corta de Luis Nieto Degregori, El guachimán. Como secciones apartes, están las reseñas de tres libros y dos discos; y un extenso artículo de Carlos Araníbar que trata sobre la vida y obra del músico clásico alemán Johann Sebastian Bach.
CLAUDIA ULLOA DONOSO Y LA SEPTIMA MADRUGADA
entrevista August 10th, 2007
Por: Francisco Ángeles
Más de dos años al frente del blog Séptima madrugada animaron a Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1979) a hacer una selección de los textos posteados y reunirlos en un libro, que fue presentado en la FIL el domingo de clausura. Conversamos ampliamente con ella sobre su reciente libro, los blogs y no sé qué más. Lo mejor será leer para enterarse.
Tú defines tu blog como un blog de ficción. Hay un personaje, Madrugada, que sería como cualquier otro personaje de ficción que uno crea. O sea, no necesariamente tiene algo que ver contigo. ¿Esa dualidad estaba prevista desde que comenzaste a escribir Séptima madrugada?
Al principio pensaba escribir cuentos. Y con el tiempo empecé a escribir sobre cosas que tenían que ver con la realidad, pero les hacía cambios, las volvía ficción. Por ejemplo, el día que presenté el libro en la Feria me crucé con una llama en medio de la calle. Si escribía sobre eso en el blog, le hubiera podido poner que la llama entró a mi casa…
Claro, entiendo. Pero iba a que sí hay una relación estrecha entre tu personaje y tú…
Depende de cómo lo veas…
Lo veo como que te gusta jugar un poco a la ambigüedad…
Depende de con quién…
En general, digo, cuando posteas…
Ah, sí, eso sí. Pero sí hay una división muy marcada entre el personaje de la Madru y yo. ¿Tú crees que no?
Yo creo que las circunstancias pueden ser distintas, pero la esencia muy parecida. Por ejemplo, escribes que fuiste a la playa y en realidad te fuiste al campo o simplemente te quedaste mirando por la ventana. No digo que es un blog autobiográfico, sino que veo que el personaje y tú tienen una perspectiva muy parecida de las cosas, e incluso comparten algunos problemas, como el insomnio…
No sé qué quieres que te diga. Parece que tienes muy claro que la Madru y yo somos la misma persona…
No, no lo tengo claro para nada.
Eso parece, lo dices con mucha seguridad…
Es para que te esfuerces en negarlo…
No, porque podría ser mas divertido que te diga ya, sí, somos la misma persona, vamos a bailar reguetón…
¿Te gusta bailar reguetón?
Hago el intento.
Ésa puede ser una buena coincidencia. ¿En qué se parece y en qué se diferencia la Madru de ti?
Nos parecemos en que las dos somos mujeres y en que tenemos un gato. Pero ella es más fresca que yo. Y sobre eso de que si la Madru soy o no soy yo, cada uno puede creer lo que quiera…
¿La Madru te parece una chica triste?
No, para nada, cómo va a ser triste. Siempre se mata de risa…
Claro, se puede reír y bailar y todo, pero siento un poco de tristeza en ella, como que su risa es melancólica, como que se puede quebrar…
Qué raro que la veas así…
Una vez hablamos sobre la gente que uno lee en los blogs y en cómo después, al conocerlos personalmente, suele suceder que uno piensa oye, éste no es, no se parece en absoluto a la persona que esperaba encontrar. En cambio a ti, al conocerte, sí te identifiqué fácilmente de acuerdo a lo que había leído en tu blog…
¿O sea que tú me ves melancólica y quebrada?
No. Pero sí te veo un poco hipersensible…
Oye, Francisco Ángeles, debo decirte que está bien difícil tu entrevista…
Si quieres te la hago más fácil.
A ver…
¿Al iniciar el blog tenía previsto publicarlo más adelante como libro?
No, recién este año nació la idea. Esto puede sonar muy egoísta, pero yo había trabajado en el blog dos años y medio y quería transformarlo en un objeto, un objeto que pudiera guardar. A lo mejor un día borro el blog o desaparece, y yo quiero conservarlo. Era como querer algo para mí.
¿Te imaginas escribiendo lo que escribes en el blog, los posts, en un cuaderno, y que se queden ahí?
No.
Entonces el vacilón, más que la escritura, es que te lean…
Claro, es un juego con los lectores. La escritura para mí es un juego, algo muy lúdico. La veo como una cajita, y quiero que el lector la vaya abriendo y vaya sacando cosas. Entonces a un lector le van a llamar la atención unas cosas y a otros lectores otras. A algunos lectores que también tienen blogs he llegado a conocerlos personalmente e incluso se han convertido en mis amigos. Porque además de los comentarios hay un mail donde me pueden escribir. Entonces me escriben ahí y ya no me dicen Madru sino Claudia, y me dicen, por ejemplo, ya no soy Pajarito sino Juan, vivo en tal sitio y estudio o hago tal cosa…
¿Qué crees que busca un lector que te escribe al mail, ése que te dice no soy Pajarito sino Juan?
No creo que busque nada en concreto. Y además hay gente a la que ni siquiera le respondo, porque algunos mails son muy desubicados…
O sea, que te gilean…
Esas cosan pasan…
Cuenta el gileo…
No, no. Digo que esas cosas pasan. No necesariamente que me haya pasado a mí…
Cuenta, pues.
(Risas) Bueno, hay gente que dice cosas que en resumen es más lo menos lo mismo que decir “amiga, ¿tienes hora?” o “amiga, te acompaño”…
(Risas) ¿Así de patética es la situación?
Así parece.
Como que mucho solitario buscando un poquito de cariño, aunque sea virtual, ¿no?
Claro, hay gente que se siente muy sola. Pero yo no puedo saber cómo son los que me escriben, igual que ellos tampoco saben cómo es la persona que está detrás de la Madru, por mucho que crean saberlo. Entonces si me dicen “amiga te acompaño”, está bien, que acompañen a la Madru, ahí en el blog, pero no a mí. Si ya quieren pasar al encuentro personal es otra cosa. No le voy a dar mis señas a nadie que no conozco. Pero en general, incluso en esas ocasiones trato de ser educada…
¿Crees que es atractiva la Madru?
¿Cómo atractiva? ¿Guapa?
No, atractiva porque que ejerce atracción… como que la lees y piensas la quiero para mí…
Yo creo que es muy fácil leer mi blog. Hablo de cosas cotidianas, que le pasan a todo el mundo. Cosas simples, irrelevantes. Cómo comes una naranja, por ejemplo. Yo la como cortando la parte de arriba. Entonces hay otro que la come igual y me escribe y me lo dice. Son cosas muy a la mano, y por eso cualquiera se puede sentir identificado, cosas muy simples de las que nadie se da cuenta.
LOS BLOGS Y LA IRREALIDAD
¿Qué blogs peruanos lees?
El primero que mencionaría es el blog de Hope…
¿De quién?
De Hope.
¿Qué es eso?
Un blog. Me preguntas qué blogs leo y te digo… Mi favorito es el de una chica que se llama Esperanza…
Ok, pero me refería a blogs literarios…
De los literarios leo algunos, pero no todos los días. Y normalmente sólo les doy una mirada, porque como no vivo aquí a veces hablan de cosas que no entiendo… Pero sí leía el de El Hablador. Lo que más me gustó fue el empeño de alguien en hacer esa olimpiada. La que tú hiciste, claro…
Ah, malaza esa olimpiada. Y algunos cuentos estaban más para los paraolímpicos.
Qué malo…
Sólo traté de ser justo…
Por lo de paraolímpicos, digo. Se dice olimpiadas especiales..
Ok, olimpiadas especiales. ¿Leíste la reseña que escribí sobre ti?
Sí.
¿Te acuerdas si te gustó o no te gustó?
Creo que acertaste en eso del cine argentino. Me gusta mucho Sorín, por ejemplo. Mis películas favoritas son Bombón e Historias mínimas. Y ahora quiero ver la última, Camino de San Diego…
Ya que hablas del blog de El Hablador, yo te invité a escribir ahí hace, no sé, seis meses, para que escribas con el tío Calderón Fajardo y los demás. Me dijiste que lo ibas a pensar, y media hora después me mandaste a comprar pan…
Lo que pasa es que yo tenía un blog, y me la pasaba bien ahí. Además era entrar a otra casa, a un proyecto armado, con una línea, con una revista previa y cosas ya publicadas. Hubiera sido distinto empezar ahora, conversarlo entre nosotros, sumar dos personas más, por ejemplo, y hacer algo, el blog del Hablador o lo que sea. Pero en ese caso yo no conocía a la gente, no sabía con quiénes iba a escribir…
Hace poco me dijiste que la sección de comentarios de ese blog te parecía muy vulgar. Así que la pregunta es: al leer lo que vino después, ¿pensaste que te habías salvado de algo que hubiera sido muy desagradable?
Lo que pasa es que había gente que escribía un articulo bastante bueno, pero los comentarios hablaban de la oreja del columnista o de que lo vieron chupando en tal sitio, cosas con las que el artículo no tenía nada que ver…
Sí, pues, mucho desequilibrio entre post y comentarios… eso en el tuyo no pasa, ¿no?
No, porque los posts ya vienen desequilibrados (risas). Entonces yo nunca sé qué van a decir…
Pero yo sí veo una línea en los comentarios que recibes. Una vez te dije que nunca me animé a comentar ahí porque sentía que me estaba metiendo a un espacio privado. En los comentarios de Séptima madrugada veo como una intimidad, una cercanía entre todos los que participan. Por momentos incluso la siento como una aldea infantil…
(Risas) Sí, puede ser…
Lo interesante es que uno cuando postea lo hace como para sí mismo, como si fuera un diario íntimo que nadie más va a leer. Entonces pasa el tiempo, uno lee posts antiguos, se da cuenta que otra gente lo leyó y piensa “cómo he podido escribir esto”. Eso de “virtual” es muy preciso. Uno siente que el blog es irreal, que los comentaristas en realidad no existen…
Es que no existen. Claro, hay alguien detrás, pero es como una fiesta de disfraces. Como el carnaval. Como un carnaval de la sierra. ¿Has ido?
No. Cuéntame…
Ya. En el carnaval, desde el alcalde del pueblo hasta el ultimo borrachín se disfrazan. Hay una ruptura con la realidad, una máscara… y ahora no me vayas a preguntar quién es la reina del carnaval…
No lo iba a hacer, porque obviamente eres tú…
No, porque a veces hay un comentarista que resalta y se convierte en el rey o la reina del carnaval. Y mi libro partió de la idea de hacer del blog el cuerpo de una persona. Entonces pensé dividirlo en partes, hacer un cuerpo, con cabeza, corazón y pulmones…
Has empezado por el corazón, ¿no? Siento las primeras páginas como las más sensibles…
A ver, déjame ver el libro… No, empecé con la cabeza. Y el pulmón es Lima… aunque Lima nunca va a ser un pulmón…
¿Por qué?
Porque es cerrada. Tiene muchos límites, convenciones. Es como un círculo. Con quién te juntas, por ejemplo. Hay que decir lo correcto o hacer lo que el grupo que está ahí espera que hagas. Vengo a Lima y me reencuentro con algunas amigas y veo que siguen en el mismo círculo o cuadradito… me gusta más decir cuadradito… Entonces, lo que te decía es que yo me imaginaba que iba a una fiesta de blogs. No de bloggers, sino de blogs…
¿Los blogs personificados?
Sí, los blogs personificados. Yo me imaginaba que iba a esa fiesta, y mi blog seria una chica más alta y más joven que yo…
Esa fiesta está interesante. ¿Cómo serían los otros blogs? Con el de Coral, por ejemplo, ¿se reservan el derecho de admisión?
No sé, yo hablaba de los blogs de mi barrio. Ése no lo he leído.
¿Y El Hueco, lo has leído?
Sí, acá lo leí.
¿Cómo sería ese blog en la fiesta?
Seria una persona con muchas cabezas, ojos, manos…
Manos sobre todo…
Sí, manos sobre todo….
¿Qué hacen las manos?
No sé, empujando a los demás, sacándolas del camino, algo así…
LA CRÍTICA Y EL HOMBRE DISFRAZADO DE ELMO
A veces en tu blog escribes que vives en el Polo Norte. Desde ese lugar medio remoto, ¿te mantienes al tanto de lo que se comenta sobre tus libros aquí?
Si, porque siempre hay alguien que me avisa. A veces mi madre me despertaba y me decía en una llamada “oye, ha salido tal cosa aquí o allí”…
¿Algo en especial que recuerdes?
La primera reseña que tuve a mi libro anterior fue de Jack Martínez, quien escribió que yo quería causar gracia, pero nunca daba risa. ¡Imagínate! Yo me maté para escribir ese libro y salen con eso…
¿Martínez escribió sobre tu libro? Qué raro, nunca me lo mencionó. Cuando linkeaba reseñas a Disidentes, él solito se marketeaba y me decía que no me olvide de las suyas y me mencionó unas cuantas. Pero sobre ti no me dijo nada…
Sí, me reseñó, y toda mi familia empezó a reírse por lo que se decía de mi libro. Yo me sentía un poco mal por la reseña, pero no me quedó más remedio que reírme también…
Me contabas que había una reseña en la que te mandaban a hacer un baby shower…
Bueno, hubo un chico que se ponía Imberbe, y supe de su blog porque una amiga me lo contó muy ofuscada por MSN. Cuando lo leí me molestó porque no hablaba sobre el libro sino sobre mí, y hablaba como si me conociera de toda la vida. Y eso me hizo sentir mal. Pero después lo volví a leer y decía que con la venta del libro me iba a hacer un baby shower porque mi meta era plantar un árbol, tener un hijo y publicar un libro. La gente a veces es muy impertinente. A ver, ¿si fuese estéril?
Sí, me acuerdo de esa reseña, un tal Imberbe Muchacho. Es el típico caso de crítica que, por banal, no afecta, ¿no? Más me interesa saber cuál sería la crítica que tú misma admitirías justificada, pero que no por eso te dejaría de doler…
Este libro es muy personal y muy ligero. Los textos son muy cortos, lo que puede ser visto de dos maneras. Para algunos puede estar bien, pero otros pueden decir que es como leer Cosmopolitan…
No, pues, cómo va a parecer Cosmopolitan. A esa crítica también habría que pasarla por alto. Yo me refiero a una que admitirías que tiene razón, con la que en el fondo estarías de acuerdo, pero que esperas que nadie la diga. Es el momento de poner el parche antes de que salgan las reseñas…
Que dibujo horrible (risas). Eso es verdad, lo sé, pero sí me dolería que lo dijeran…
Pero están bien tus dibujos. Por ejemplo, este dinosaurio, está bonito, ¿no? ¿O es un dragón?
¡No! Es una duda.
Ah, una oruga…
¡No! Una duda. Du-da. Un signo interrogación…
Mejor cuéntame que estás escribiendo.
Estoy escribiendo unos cuentos, pero por ahora no tengo planificada una colección. Tampoco me he planteado escribir una novela. Con los cuentos puedo empezar y terminar, con la novela sé que sería más difícil porque a veces no hay tiempo o ganas. O simplemente faltan ideas. Por eso me gusta más escribir cuentos. .
Has publicado dos libros en dos años consecutivos. ¿Sientes que algo te ha picado ahí, que ya no podrías pasar mucho tiempo sin publicar?
Tranquilamente podría pasar hasta diez años sin publicar, pero no sin escribir.
Ya sé que escribes, tienes dos libros, “eres” escritora. Así que la pregunta puede ser un poco estúpida, pero igual me interesa hacerla: ¿te “sientes” escritora, con todo lo que ello implica?
Soy varias cosas: cocinera, administradora hotelera, socióloga. Ser escritora es una faceta mas. Claro que si te ven presentando tu libro en la Feria y luego en una mesa firmando, te ven como escritora. Y eso, la manera en que se me ve del otro lado, recién la estoy asimilando. Yo escribo desde los trece años, pero nunca me planteé ser escritora, ni publicar ni salir en una foto para el libro.
En Noruega tienes una vida extraliteraria, por decirlo de alguna manera. Entonces vienes y llegas a presentaciones, recitales, entrevistas, todo lo que hay alrededor ¿Te gusta ese ambiente?
Bueno, no me gustan las presentaciones, me pone muy nerviosa hablar en público. Pero sí me gusta que me lean y que se comenten mis libros, digan lo que digan.
¿Y te gusta hablar con otros escritores?
Me gusta hablar con otros escritores porque yo nunca fui ni estuve en una cafetería de letras, pero no me gusta tampoco hablar con cualquiera. Creo que también hay una cuestión de química, como en todo…
¿Qué tipo de conducta hace que sientas rechazo por una persona?
No tanto como rechazo, pero prefiero comenzar hablando del clima y no de cuántos libros leíste. Y el problema es que cuando uno escribe los demás creen que uno quiere pasarse todo el tiempo hablando de literatura…
¿Cuál es la pose que más te molesta, la que definitivamente hace que no haya química? ¿La del poeta maldito puede ser?
La pose de los que dicen una cosa y hacen otra…
¿Eso no es hipocresía más que pose?
No, sino que se trata de ser consecuente. Si eres un poeta maldito, y hablas de suicidarte, y te la crees, pero te la crees de verdad, está bien…
¿Por qué no estudiaste literatura?
No me decidí a hacerlo porque tal vez tenía el ego tan grande que pensaba que para escribir no era necesario estudiar literatura. Aunque es verdad, ¿no? Pero creo que me hubiese ayudado a ampliar conocimientos, lecturas, y el mismo intercambio con la gente que estudia literatura hubiera aportado algo a lo que escribo. Vivo en un país donde no se habla mi idioma, aunque la industria de libros es bastante buena. Hay clubes de lectura, bibliotecas inmensas, magazines de libros que recibes gratis en tu casa. Y hay foros donde los lectores participan comentando. Por otro lado, pienso que a lo mejor lo que escribo no sería tan puro si hubiera estudiado literatura. Eso es como mi consuelo.
Cuando te preguntaba por si te sentías escritora, faltó mencionar otro aspecto, que no tiene nada que ver con las publicaciones, reseñas o entrevistas, sino con algo así como caminar por el mundo a la caza de historias. Ser muy perceptivo, vivir en disposición de captar historias…
Eso sí, siempre ha sido una característica mía. Es inevitable, desde chica me decían que era muy fijona, veía la hojita de perejil que se le movía en los dientes a la señora que hablaba. Eso de ver las historias, como dices, siempre lo he tenido. Y además soy una dibujante frustrada, como ves en el libro. Yo parto de una imagen, pero a esa imagen le voy poniendo palabras…
Ya que me has dicho que no te gustan las entrevistas, para que te sientas cómoda al menos para terminar, quiero que te preguntes tú misma lo que quieras y después te respondes…
A ver… yo me preguntaría, ¿qué cosa de Lima te impresionó hoy?
Ok, ahora contesta y yo prometo no interrumpirte hasta el final…
La respuesta es: un hombre disfrazado de Elmo tomando un Tico y sacándose la cabeza para hacer el trato. Ver a Elmo subir a un Tico, con la cabeza bajo el brazo, en el Barrio Chino, me destrozó. Esas son las cosas que hacen que yo no me quiera ir de Lima, porque rompen mis pupilas… No sé, siempre pasa que digo “¡mira!” y casi siempre me dicen “¿qué, ah?”, y yo sigo diciendo “¡mira!”, y siempre creen que veo un robo o un supermodelo o un famoso, pero en este caso era Elmo tomando un Tico… Y a la vez te daba pena, porque el pobre hombre Elmo ni siquiera pudo cambiarse para subirse al Tico. A lo mejor era que su mujer tenia contracciones y debía darse prisa, y ya tendríamos a Elmo en la maternidad y eso ya es demasiado. Así que cómo no darle gracias a Lima.
Paz Soldán y la política en su última novela
entrevista August 7th, 2007
Por: Jack Martínez
Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) estuvo en Lima para presentar su libro Palacio Quemado en el marco de la Feria Internacional del Libro. La novela está ambientada en La Paz y recrea los tiempos de la llamada “Guerra del Gas” del 2003, donde un tambaleante gobierno termina cayendo tras las revueltas populares bolivianas en contra de la exportación del gas natural a través de puertos chilenos. En esta historia, el protagonista es el redactor de discursos del gobierno que no cree en lo que escribe pero cuyas líneas deben sonar convincentes para el resto. A continuación, una charla que sostuve con el escritor.
Palacio quemado constituye la primera novela en la que abordas de manera exclusiva una crisis política. Tomando esto en cuenta, ¿cómo surge la temática -inesperada para tus lectores- de este libro?
Sucede que yo ya tenía definido al personaje de la novela mucho antes que al contexto en el que lo iba a situar. Y este personaje nació básicamente de la figura de un tío que escribía los discursos de un dictador boliviano en los años sesenta. Una vez, cuando yo era muy joven, ingresé a su sala y encontré la foto de aquel dictador con una dedicatoria muy amable para mi tío. Ese acontecimiento se quedó dando vueltas en mi cabeza por muchos años. Era una idea que a lo largo del tiempo iba y venía y no sabía qué hacer con ella hasta que leí un par de novelas de Roberto Bolaño: Estrella distante y Nocturno de Chile. En ellas, Bolaño trabajaba las interrelaciones perversas entre los intelectuales y el poder. Es sabido que en América tenemos una visión de los intelectuales como representantes de la conciencia moral. Sin embargo también están los otros, los intelectuales cortesanos, los que lejos de juzgar, son adscritos al poder. Este segundo grupo es el que retrata Bolaño. En Estrella distante un poeta apoyaba a la dictadura y en Nocturno de Chile un crítico literario le daba clases de marxismo a Pinochet. El personaje de Palacio Quemado se erigió entonces gracias a la confluencia de mis lecturas y el recuerdo personal de mi adolescencia. Y cuando ya tuve definido al personaje se me ocurrió situarlo en un momento de crisis y de conflicto en la Bolivia de hoy.
Pero digamos que una vez definido el contexto, sí empezaste a construir una novela de características más complejas…
Claro, porque esa situación de crisis en la que la sitúo tiene que ver con la caída del gobierno de Sánchez de Losada (2003) en la llamada “Guerra del Gas”. Entonces en la novela se percibe que este suceso también marca el fin de un periodo neoliberal.
¿Y esto significa que a través de la novela se establece una abierta toma de posición de tu parte respecto a estos sucesos?
Antes de contestar creo que se deben diferenciar dos posturas. La de el escritor, que es mi caso; y la del narrador, que viene a ser el personaje protagonista. Desde mi postura puedo señalar que quería retratar el fin de una clase gobernante, de una élite política de condición media alta que manejó los destinos de Bolivia de una manera excluyente. Una clase que no tuvo visión de país, que defendió su parcela de terreno, sus intereses. Y esto lo puedo decir como una autocrítica porque yo pertenezco a esa clase social. Se trataba de gobiernos que tenían una falsa buena conciencia: tenemos que cambiar este sistema porque existe mucha discriminación, injusticia social, decían; pero no se animaban a hacer los cambios necesarios porque aquello significaría la pérdida de su poder real. Es esa contradicción, esa buena voluntad que no se concreta la que quería criticar. Y lo que ocurrió más tarde en Bolivia con la llegada de Evo Morales es lo que ellos temían. Ahora, los intereses del personaje, que definitivamente no tienen que ser necesariamente los mismos, pues hay que descubrirlos con la lectura de la novela, pero no confundirlos con los míos como escritor.
Por otro lado, y tomando en cuenta que Palacio Quemado es uno de los escenarios más recurrentes, ¿tuviste, aparte de la investigación documental, un acercamiento personal al Palacio de Gobierno boliviano?
Antes de escribir la novela, antes inclusive de que fuera un proyecto, me cité varias veces en Palacio, y por diferentes razones. Por lo general, para entrevistar a algún presidente. Pero cuando decidí escribir la novela no volví. Lo que hice fue leer muchos libros relacionados al ambiente. Por eso, seguramente, habrán detalles que se me han escapado. Sin embargo, lo que me interesaba era crear, sino de manera idéntica, sí de una forma convincente y verosímil el escenario principal de la novela. Por ello, antes de culminar Palacio Quemado, hice circular mis manuscritos entre varios políticos que tenían un trato cotidiano con Palacio. Me interesaban sus reacciones, quería ver si se la creían o no. Y claro, también me interesaba que percibieran los sucesos sobre las intrigas y las idas y venidas de la política boliviana como hechos posibles. Cuando ellos respondían que la novela les había encantado, respiré aliviado, porque son ellos los que de verdad podían dar fe de que todo era verosímil, de que las cosas pudieron haber ocurrido así.
Sin embargo, ¿cómo tomas el hecho de que al buscar esta verosimilitud se cree una doble lectura de la novela? Me refiero a la percepción que se va a tener dentro de Bolivia o países cercanos, y a la que se va a tener desde otras perspectivas quizá muy alejadas de la realidad de tu país.
De hecho en Bolivia ya está habiendo una lectura extraliteraria. Y es que lo que he narrado parte de hechos muy frescos, sucesos acaecidos hace cuatro o cinco años y las heridas aún no se cierran del todo. Todavía no hay una distancia en el tiempo, una perspectiva lo suficientemente alejada de parte de los lectores. Y como yo vivo afuera, pues no medí muy bien esas distancias. Esto se puede comprobar ahora porque las reseñas que han comenzado a salir de la novela aparecen tanto en los suplementos literarios como en las editoriales de los periódicos donde discuten cuán exacto es lo que cuento en relación con lo que pasó realmente. También piensan, equivocadamente, que el narrador soy yo. Que las opiniones del protagonista son las mías y dicen algunos equivocadamente que Paz Soldán es el hombre infame que hoy está prófugo de la justicia en Miami.
Al referirte en líneas generales al libro, dices que éste aborda los “Traumas nacionales” de Bolivia. ¿Cuáles son estos traumas que se reflejan en la novela?
Traumas en mi país hay muchos. Pero creo que en mi novela, el principal y que ya viene aludiéndose desde el título, es nuestra incapacidad para desarrollar desde el principio de nuestra historia, una suerte de convivencia política pacífica. La política es el arte de negociación, de compromiso, y requiere de mucha paciencia y gran capacidad de hacer concesiones en pro de un bien mayor. Sin embargo, y como ejemplo, que en la segunda mitad del siglo XIX un partido político de la oposición haya tenido la necesidad de quemar el palacio de gobierno en Bolivia, ya es una clara muestra de que la intolerancia por la postura de el otro está muy marcada. Ese es el gran trauma, el no poder articular una nación moderna, con un objetivo claro de desarrollo porque los intereses encontrados de diferentes sectores y regiones y grupos étnicos nunca se amalgamaron.
También aparece en el libro, visos de cierta frustración por la condición de país mediterráneo que tiene Bolivia…
El no tener mar ha desembocado en un resentimiento que muchas veces se maneja demagógicamente. Y en el caso de la “Guerra del Gas” que yo trato se manejó así. Y es que los bolivianos tenemos una gran capacidad para buscar culpables de nuestro atraso fuera de nuestras fronteras. Entonces, si no somos víctimas de el imperialismo norteamericano, somos víctimas del imperialismo chileno y nos hubiera ido mejor si es que no nos arrebataban el mar. Ese pensamiento nos ha impedido vernos a nosotros mismos. Creo que para poder construirnos como país debemos reconocer cuáles son nuestras virtudes y cuáles nuestros defectos. Y el trauma nace de esa incapacidad de vernos en nuestras justas dimensiones y reconocer que Chile no es el culpable de nuestro atraso, que el acceso al mar influye notablemente pero no debería ser razón para levantar las manos y no hacer nada. Sí, la ausencia del mar es un trauma constante que está en el corazón de cada boliviano y en la novela es el disparador que agita las acciones políticas, el descontento por el gobierno se canaliza a través del rechazo de la política de acercamiento a Chile para la exportación del gas.
Ya que hablas de lo demagógico de los políticos, pues el protagonista es justamente ese intelectual que está detrás de las bambalinas del poder, el que redacta estos discursos vacíos…
La relación entre el intelectual y el poder tiene una tradición de larga data en América Latina. En el siglo XIX, los intelectuales ya actuaban activamente. Luego han sido, desde responsables de manifiestos o programas de gobierno, hasta candidatos a ministerios, congresos, presidencias. Cada país latinoamericano tiene varios ejemplos. Pero también está el otro lado de esta relación. A lo largo de los años la figura del intelectual que participa activamente en la política se ha ido desdibujando. Y a veces, ya no tiene una participación con convicciones ideológicas profundas, sino que participa en la difusión del poder mismo. Y el intelectual que debería ser la conciencia crítica de nuestras sociedades, muchas veces termina siendo el primero en ser seducido por el poder. Es el caso del protagonista. Por otro lado, respecto a los discursos que mencionas, en la novela me interesaba trabajar el divorcio que existe entre las palabras y los hechos. Muestro qué es lo que pasa si esas palabras son articuladas desde un vacío donde el intelectual es un mercenario que se alquila al mejor postor, donde que sus convicciones reales no trascienden al discurso. Un discurso hueco que construye un modelo de país que no tiene asidero real. En conclusión, me refiero, por un lado, al divorcio entre las palabras del intelectual y sus convicciones; y por otro, entre el mundo ideal que construye en sus discursos y la realidad precaria de un país.
Finalmente, ¿continuarás con temas políticos de este corte en tu próxima novela?
La verdad es que el tema político me ha agotado. Mi proyecto de novela inmediato está ambientado en los Estados Unidos, en un colegio y las relaciones que existen entre adolescentes norteamericanos. Me propongo estudiar esa especie de patología que en estos años de violencia en colegios y universidades se ha desarrollado. Es decir, la violencia pero en un espacio y una atmósfera diferentes.
El viernes: Claudia Ulloa antes de la madrugada.


