LOS DISIDENTES: GRUPO FINAL, PALABRAS FINALES
Reseñas, Hablablog June 18th, 2007
Por: Francisco Ángeles
Escribir veinte reseñas en veintidós días ha sido una tarea complicada por varias razones. El principal obstáculo fue el peligro de la repetición (cualquiera que haya escrito reseñas continuamente lo debe saber mejor que yo). Con los “disidentes” esa dificultad se vio potenciada ya que todos los escritores comparten el país de origen y un rango de edad que no abarca más de quince años. En consecuencia, varios de ellos tienen similar experiencia vital, las mismas lecturas e influencias y, en algunos casos, las mismas virtudes (y también defectos).
A pesar de que no hubiera sido difícil formar parejas o tríos de cuentos que me producían la misma respuesta, he intentado que ninguna reseña suene demasiado parecida a cualquiera de las otras diecinueve. Veinte reseñas en tan poco tiempo permite explorar nuevos terrenos si uno no quiere parecer siempre el mismo. Espero no haber desaprovechado el reto. Y aquí les dejo el medallero final.
MEDALLA DE ORO
SELTZ
CARLOS YUSHIMITO
Estimado Yushimé: ya sé que en un par de días, cuando cuelgue en este blog las líneas que ahora estoy escribiendo, vas a meterme una llamada o vas a escribir un mail, ofendido tú, reclamándome por lo que desde afuera puede parecer un paleteo entre “habladores”. Pero hace tiempo, cuando publicaste Las islas, te lo dije: “Seltz” está fuera de lote. Así que esto no tiene nada que ver con la amistad, pero sí mucho con la justicia: al cuento que presentas en Disidentes no hay nada que reprocharle.
Sí, ya sé, esta reseña no te causará gracia. Piña pues, yo no escribo para la tribuna. Qué quieres que haga, no tengo por dónde maletearte. En “Seltz” todos los detalles, incluso los que aparentemente no cumplen una función decisiva para la historia, se unen y encajan a la perfección. Puede que esto no sea muy visible en la superficie, pero crea un fondo que se manifiesta en la sensación de que todos los elementos están en su lugar.
Algo sobre la historia: Toninho, el protagonista de “Seltz”, trabaja en una sucursal de una cadena de tiendas de electrodomésticos, en la que todos los televisores encendidos proyectan simultáneamente Discovery Channel. Toninho observa con especial atención las descripciones de la vida animal, y aprende que los lobos agachan la cabeza al admitir su derrota ante a uno de sus congéneres. Cuando eso ocurre, la lucha se da por terminada. La lección es simple pero efectiva: se necesita pelear dentro del clan para respetar las jerarquías, pero no llegar a matarse (los enemigos siempre estarán fuera). Y Toninho es también un animal, en más de un sentido. Es un animal en cuanto ser inferior frente a su admirado Bautista, hijo del millonario propietario de la cadena de tiendas y dandy sin parangón en todo Río de Janeiro. Y también porque esa animalidad manifiesta en el sometimiento al amo se materializa en su trabajo: Toninho se disfraza de cocodrilo y baila para los niños en las afueras del local para atraer a sus padres, clientes en potencia, a la tienda.
A Toninho se le presenta la oportunidad de deshacerse de ese lado animal que no parece satisfacerlo. Y por ello recurre a una traición que lo revindique. A su manera, el protagonista busca reestablecer su lado humano ganándole a su amo una partida en el terreno que más domina (las mujeres). Sabe lo que le espera, pero está dispuesto a dar batalla.
“Seltz” es un cuento sobre la reivindicación del ser humano (y contiene más de una metáfora sobre la que no me voy a extender). Pero no sólo funciona porque todas las piezas son necesarias y se complementan, sino también porque, con mayor eficacia que en cualquier otro cuento de Las islas, el lenguaje ha conseguido trasladar al plano sonoro el espíritu exótico y sensual de Brasil. Por ello, en “Seltz” todos los elementos (la anécdota, los personajes, las circunstancias aparentemente decorativas e incluso el lenguaje) conforman una maquinaria narrativa sin fisuras que permite ir de un extremo a otro sin respiro.
No voy a decir más. Y si alguien piensa que estas flores son sólo porque jugamos en el mismo equipo, no es mi culpa. Sorry, chino. Cada palabra que utilice, por muy bien puesta o muy sincera que sea, jugará en mi contra. El que no me cree, que lo lea. Yo cierro el pico. Y ahí te dejo la de oro, para que patalees un rato.
Sobre Las islas: Ezio Neyra, La Vaca Profana.
MEDALLA DE PLATA
EUCARIS
DANIEL SORIA
Si había un tapadito, un golpe a la cátedra, una sorpresa en esta antología, ése es Daniel Soria. Nunca lo había leído y lo único que había escuchado de él, hace ya mucho tiempo y por boca de un amigo común, no eran elogios sobre su calidad de escritor, sino por su talento para preparar el mejor pisco sour de Lima. Nuestro amigo no es precisamente un intelectual, así que al descubrir que me interesaban los libros, no tardó en contarme que tenía un pata al que también le gustaba la literatura, como quien te dice que conoce otro con tu misma enfermedad para que no te sientas tan mal o como quien comprueba con sorpresa que hay más de uno que la sufre. Y así me enteré de que Daniel Soria existía, que había publicado un libro del que nunca había escuchado y, por supuesto, de su pisco sour.
Mucho después de esa remota información, casi simultáneamente probé el famoso pisco sour, leí su cuento y comprobé que el autor tiene la misma habilidad con las palabras, los personajes y la tensión narrativa que con el quebranta, el jarabe de goma, la clara de huevo y el limón. Pero sobre todo con el amargo de angostura: Soria no sólo conoce la receta, sino que sabe colocarle con acierto el toque personal, el dash que corona la faena.
La historia de “Eucaris” va de un extremo a otro con una decisión incontenible. El tono puede ser similar al del realismo sucio versión nacional, pero con una variante que lo enriquece: el protagonista ya no está en plena efervescencia malditona; ya creció, ya maduró, ha conseguido un buen trabajo, se ha plantado. Este cambio de perspectiva permite que el cuento no sea un relato sobre las aventuras de un adolescente sino una reflexión sobre el pasado. El protagonista se mira al espejo y observa en su aspecto físico la factura que dejaron los excesos de su no tan lejana juventud. Y en ese envejecimiento prematuro queda corporizada la vigencia de ese pasado que nunca se ha ido del todo, que siempre será una amenaza.
Quizá la virtud más llamativa del cuento es su capacidad para reflexionar a través de acciones y no en base a descripciones del mundo interior del personaje. Con este procedimiento el relato se dinamiza. Las circunstancias suceden una tras otra, pero son más que una simple acumulación de eventos. El relato tiene un aire de tragedia, todo lo que sucede parece inevitable. A diferencia de la tragedia clásica, en “Eucaris” el destino no es una marca de fábrica, sino la consecuencia de acciones pasadas que nunca dejarán de marcar un camino que aparece como inevitable. Por ello, la visión fatalista es exactamente igual.
Más allá de la anécdota (la madre que vive en el extranjero hace una década anuncia de pronto que va a regresar al país por un par de semanas), el tema del cuento es la lucha, perdida de antemano, contra el propio pasado. Y la incapacidad de manejarlo, incluso en las situaciones que parecen más inocentes.
En la época en que vivía con su madre, muchas plantas adornaban la casa. El protagonista sólo se preocupó por mantener con vida un eucaris, el símbolo de una época que se resistió a extinguirse. Pero el protagonista fracasa al intentar burlar su pasado. Por ello, la brutal destrucción del eucaris al final del cuento es el intento inútil de deshacerse de lo que a pesar de todo habrá de persistir. Basta mirarse al espejo, como el protagonista. Lo que alguna vez estuvo nunca se irá.
MEDALLA DE BRONCE
PISCINA / SALVAVIDAS
CLAUDIA ULLOA
Los dos cuentos breves de Claudia Ulloa que recoge Disidentes se encuentran en un estanco separado en relación al resto de antologados. En reseñas y balances sobre la nueva narrativa peruana, se insiste en la “prosa poética” como característica articuladora de El pez que aprendió a caminar. Creo que esa etiqueta, aunque no esté del todo equivocada, no capta lo esencial de los textos incluidos en Disidentes.
Antes que la “prosa poética”, la característica representativa y distintiva de “Piscina” y “Salvavidas” es la mirada. A Claudia Ulloa, al menos en los dos textos de Disidentes, no parece interesarle atrapar con la historia. La escritora renuncia a los lectores que buscan peripecia, sorpresa, emoción (aunque, a su manera, igual atrapa). Lo más interesante no son los juegos de lenguaje, el ritmo de la prosa. Puede ser lo más visible, la envoltura bajo la cual surge el verdadero espíritu de los cuentos: la forma en que el narrador observa el mundo y ofrece una perspectiva única del mismo.
De esa manera, el narrador adquiere un protagonismo intrínseco, ya que se antepone a lo que está narrando. Se distancia del objeto y lo reconstruye. El mundo surge a través del tamiz de su mirada, y la lectura es un descubrimiento de ese universo que, en circunstancias cotidianas (una piscina, el proceso de matrícula en una universidad), aparece como visto por primera vez.
“Salvavidas” y, sobre todo, “Piscina” me hicieron pensar en el Nuevo Cine Argentino. Anécdota mínima, personajes solitarios y sin mayor brillo, circunstancias cotidianas. No hay una gran historia que contar (los personajes nunca las vivirán). Lo interesante es lo que flota a lo largo de las páginas sin asentarse en ninguna: la posición del observador. Y ello desemboca, como no podía ser de otra manera, en un tono personal (en este caso, tal como se ha dicho, en una prosa poética).
Es cierto que, si nos ponemos kantianos, todo objeto siempre será inaprensible por sí mismo y sólo reconstruido a través de la mirada. Pero ya que estamos comentando un texto literario y no en una discusión filosófica, supongo que podemos aceptar que no todos los textos tienen una mirada personal. Y Ulloa la tiene en tal medida que desplaza por completo las pequeñas situaciones que son narradas. En el primer texto, la narradora utiliza la piscina como motivo para desarrollar una pequeña visión del mundo. Si algunos escritores utilizan la historia para desplegar un estilo, Ulloa lo hace para desarrollar una perspectiva. Y eso siempre será valioso. Habrá que preguntarse si, a lo largo del libro, ese atractivo se vuelve repetitivo y si, a pesar de todo, siempre será necesario echar mano a los recursos clásicos para no caer en una infinita y tediosa reiteración. O si acaso esta posición única e intransferible del observador es suficiente para sostener un texto literario de mayor extensión. En el formato pequeño va muy bien. Veremos qué pasa si la escritora se anima (tranquilamente podría no hacerlo y no estaría mal) a ejecutar el mismo procedimiento utilizando más cantidad de páginas.
Sobre El pez que aprendió a caminar: Olga Rodríguez, Gabriel Ruiz-Ortega.
MENCIONES
UN BESO EN LA FRENTE
MIGUEL RUIZ EFFIO
Penúltimo texto a comentar, cuento de temática amorosa: buena oportunidad para hacer algunas relaciones con algunos reseñados previamente. En el cuento de Llosa, el amor es utilizado para irse a vivir a Inglaterra, es el mecanismo que permite alcanzar un objetivo personal; Yushimito sigue esa línea, pero con un alcance mayor: no es el futuro de su protagonista sino la posibilidad de una reivindicación consigo mismo dentro de una estructura social desfavorable lo que está en juego; para Moretti el amor es el alambique que puede transformar una vida mediocre en una plácida existencia; para Noltenius, el cimiento que garantiza la estructura de su identidad.
De una u otra manera, y en mayor o menor grado, todos esos protagonistas se sirven del amor para un objetivo que lo trasciende, lo utilizan como un medio para consolidar o alterar la relación con ellos mismos. En “Un beso en la frente”, Ruiz Effio ofrece una perspectiva más romántica que todas las anteriores: el amor autotélico, la necesidad de la persona amada sin que ello cambie en absoluto la visión que su protagonista tiene de sí mismo. Un amor ideal que se mantiene exactamente igual después del matrimonio (eso sí está un poco raro). Por otro lado, es interesante que la historia se haya planteado a contracorriente de nuestra tradición. Se invierten los roles: el hombre es el que ha perdido a la mujer y tiene la esperanza de recuperarla. Podríamos decir que es un relato masculino narrado desde un perspectiva femenina.
En las primeras líneas del cuento nos enteramos de que Rosa, la mujer del protagonista, lo ha abandonado por otro. Con esa información, todo lo que viene en adelante es soportable (y también disfrutable). El narrador le escribe una carta a la mujer, una carta que nunca le entregará. En ella recuerda cómo la conoció y la hace aparecer como una mujer idealizada que podría pasar tranquilamente como la chica que nunca le dio bola (su ausencia permite esa idealización). Si Ruiz Effio hubiera planteado el cuento así, éste se caía muy rápido. Pero saber que la mujer ha sido su esposa le agrega un valor adicional a su dolor, lo hace más real. Y su reclamo deja de ser el lloriqueo adolescente por la chica que nos rechazó, y se convierte en una necesidad (la mujer y la recuperación del pasado juntos). Por todo ello, el cuento no sólo funciona, sino que incluso puede emocionar. La voz del narrador llega nítida, sincera, se siente auténtica (desprestigiado adjetivo en la critica literaria, pero alguna vez había que usarlo).
La manera en que está narrada la historia hace que podamos disfrutar de algunas líneas que, por separado, no son precisamente inspiradas: “Y me fui acostumbrando a su ausencia, al vacío que no pude llenar porque no encontré nunca a nadie más que calzara a su medida, que tuviera sus manos, que me nombrara como lo hacían sus labios”. Créanme, esas líneas no aptas para diabéticos, una vez insertadas en el texto, dentro del tono emocional con que transcurre el cuento, funcionan muy bien.
Lo que sí entorpece el relato es la intromisión del narrador cuando pretende generalizar a partir de su experiencia (”el amor es así: nos lleva a actos extremos, algunas veces ridículos, otras veces desesperados”). O sea, bacán que sufras (el narrador, digo, no el autor), que tire la primera piedra el que no alguna vez, pero de ahí a pegarla de filósofo del amor ya como que no cuadra. Y el otro reparo es el final, sobre el que no diré nada, pero que no es difícil intuir. Ahí el autor se decidió por la fácil (lo mismo debió hacer su personaje en lugar de chillar por Rosita) y entibió lo que hasta entonces iba bastante bien. Con todo, el cuento se disfruta. Preparen los pañuelos, que a un lector recorrido no es fácil conmoverlo. Pero a este pata por momentos sí le liga.
LAS FLORALIAS
CHRISTOPHER VAN GINHOVEN
Regresar al punto de partida: la vieja clave. Hace tres semanas comenzamos las reseñas con una analogía futbolística. Ahora que llego a la última es conveniente retomarla. Al día siguiente de un partido, al calificar a los jugadores del uno al diez, los periodistas deportivos utilizan la frase “sin puntaje” para los jugadores que han saltado a la cancha cuando el segundo tiempo ya estaba avanzado. No es que hayan jugado bien o mal, simplemente que no tuvieron el espacio suficiente para demostrar lo que podían o no podían hacer dentro del campo. Exactamente lo mismo ocurre con el texto de Van Ginhoven en Disidentes (un fragmento de La evasión, novela que no he leído).
¿Qué iba a decir sobre “Las floralias”? Pensé que podía salir del paso aplicando una vieja regla utilizada sobre todo con los poemas: cuando no entiendas nada, léelo como si fuera una metáfora de la vida o una metáfora del mismo ejercicio literario (algo saldrá). Pero descarté ese procedimiento. El texto es un fragmento de novela, no podía ponerme hermenéutico intentado descubrir en él lo que tal vez se contradecía o evidenciaba en el resto de la novela. También pensé leerlo como cuento. Pero en ese caso el saldo no hubiera sido muy favorable, y no tenía por qué serlo, ya que el texto no fue escrito para ser leído de manera independiente.
Es cierto que no es el único fragmento de novela incluido en Disidentes, pero me parece que los otros dos soportan mejor una lectura fuera de contexto (o tal vez por sí haber leído Casa de Islandia y Habrá que hacer algo mientras tanto me quedó esa impresión). Sin el resto de la novela me faltan datos, me resulta imposible entender a cabalidad ese episodio. Más que un fragmento, sería adecuado llamar una “muestra” a “Las floralias”. Sola no se defiende, no funciona. Y eso no necesariamente es una falla del texto, sino de su separación de la novela en el que está incluido.
Creo que lo más sensato es describir brevemente el fragmento. Diré con cautela, ya que en cierto sentido estoy avanzando a ciegas, que “Las floralias” parece estar compuesto por dos monólogos, realizados por dos personas distintas (o acaso una sola) a las que el público confunde entre sí. El ambiente descrito es exótico, se mencionan jaguares y se intuye una espesa vegetación. En la exuberancia de ese ambiente, se desarrolla un show (puede ser un circo). El tema parece ser el de la identidad (aunque quizá aquí ya esté utilizando alguna formulita). El discurso homodiegético con el que la totalidad del fragmento está compuesto consigue desarrollar una voz. Pero la historia que esa voz narra es confusa (supongo que no lo será, al menos no en ese nivel, leyendo todo el libro). No sé hacia dónde va, ni siquiera sé si ese fragmento está al inicio o al final de la novela.
No puedo decir nada contra el texto, pero sí algo contra su selección. Si Van Ginhoven no tenía ningún cuento para la antología, hubiera sido conveniente elegir un fragmento capaz de valerse por sí mismo con mayor fortuna. Así que, con las disculpas del caso, “Las floralias” aparece como “mención” sólo para mantener el formato. Lo más justo sería hacer como los periodistas deportivos y sentenciar: sin puntaje.
Sobre La evasión: Leonardo Aguirre
PALABRAS FINALES
El objetivo de crear un blog para la revista El Hablador fue abrir un espacio de discusión sobre asuntos estrictamente literarios. Al iniciar este proyecto, pensaba que lo adecuado era permitir que la gente opine con libertad siempre que no insulte ni difame. Lamentablemente, en ese proceso algo se salió de las manos.
Si una de las razones que justificaba la apertura de un blog para una revista con más de tres años en la web era la participación de los lectores, y ésta por lo general ha sido incapaz de trascender la chacota, no se ha cumplido con el objetivo trazado al iniciar este proyecto. Y esta criatura de la que en algún momento estuve muy orgulloso me terminó por defraudar (un psicólogo diría que los padres siempre tienen algo de culpa).
De una u otra manera, creo que este blog (sobre todo su sección de comentarios) ya tiene un estilo.No voy a ser yo quien rompa con lo que hasta ahora he permitido. Pero tampoco me parece honesto mantenerme en un espacio que no se ajusta a mis expectativas. Por ello, hace varias semanas decidí retirarme de este blog, decisión que demoré en poner en marcha porque me pareció apropiado (e incluso necesario) comentar esa buena selección de escritores jóvenes reunidos en la antología Disidentes. Creo que en algún momento, si varios de los antologados consolidan lo hasta ahora anunciado, ese libro puede llegar a ser un documento muy valioso para nuestra arqueología literaria.
Quiero reiterar mi agradecimiento a Carlos Calderón Fajardo, Leonardo Aguirre, Pepe Güich y Diego Cabrera por el compromiso adquirido con esta bitácora y por dar lo mejor de sí en beneficio de la misma. Con excepción de Pepe, a quien me une una amistad de más de diez años, a los otros columnistas no los había visto más de tres veces en toda mi vida, y ahora tengo la satisfacción de considerarlos mis amigos. Detrás de cada una de esas columnas que algunos de ustedes han criticado (o simplemente ignorado) hay una historia de largos mails o intercambio de ideas por MSN, e incluso alguna amanecida discutiendo cómo mejorar el texto.
Por otro lado, no quiero dejar el blog sin antes disculparme con todos aquellos que pudieron haberse sentido agredidos por un artículo publicado aquí hace un par de meses, en el que precipitadamente utilicé uno o dos calificativos que nunca debí utilizar. Más allá de las ideas expuestas en dicho artículo, nunca tuve la intención de propiciar un pequeño escándalo y mucho menos de ofender a nadie. Los numerosos comentarios recibidos en esa oportunidad (los bien y los mal intencionados, los respetuosos y los insultantes, los sesenta que fueron publicados y los treinta que no) me sirvieron para darme cuenta de que, en algunos aspectos muy puntuales, había adelantado opinión sin estar convenientemente informado.
Por último, mi agradecimiento para quienes intentaron iniciar en este blog una discusión seria y para los que se habituaron a leerlo sin animarse a participar. A partir de ahora, éste queda en manos del equipo de El Hablador y durante la semana debe informarse aquí quién o quiénes se harán cargo de la bitácora y la permanencia o no de los columnistas. Conmigo será hasta una mejor oportunidad.



June 18th, 2007 at 4:04 pm
Señor Angeles. Su renuncia es un asunto particular suyo. Lo lamentamos. Pero nos gustaría mayores abundamientos al respecto. En primer lugar, por lo que yo tenía entendido usted no es el director de El Hablador. Entonces es deber del blog, con sus lectores, manfestar su opinión al repecto de su renuncia. Si hubieron comments que a usted no le gustaron usted mismo los provocó con el tipo de artículos que escribía. Calderon Fajardo, y Guich, y Cabrera no recibían ese tipo de comment, que yo haya leído por lo menos. ¿Era usted el que decidía todo en el Blog? ¿Fue sólo usted el que invitó a los cuatro columnistas? ¿Se van a retirar los tres columnistas que quedan? ¿Era sólo usted el que programaba encuestas, discusiones de temas muy candentes como los de la Cámara de libro? ¿O el muy sensible tema de la producción literaria en San Marcos? ¿Por qué sólo usted hizo un análisis de los escritores jóvenes peruanos y no intervinieron otros miembros de El Hablador? ¿Por que sólo usted hizo entrevistas, las memorables a Thays y a Faveron? ¿Por qué no se entrevistó a otros escritores como Gutíerrez o Reynoso? ¿Era usted el hombre orquesta en El Hablador? ¿Y si se va el hombre orquesta cuál es el futuro del blog? Creo que los que leiamos este blog merecemos una respuesta. Me parece que su amigo Primo Levi debe estar muy contrariado con su renuncia.
June 18th, 2007 at 4:14 pm
Miserere Nobis!!!! Ahora comprendo por qué me dijiste hace poco ¨antes que sea demasiado tarde¨.La ira del Señor no caerá sobre los justos.Bienaventurado seas.
June 18th, 2007 at 4:56 pm
Juro por la beca Guggenheim que el patita Ángeles es buena gente y se merece un buen gesto de despedida de parte de todos,tanto habladores como hablantines y tartamudos.
June 18th, 2007 at 6:25 pm
Para quienes quieran leer Seltz, de Carlos Yushimito está en:
http://www.losnoveles.net/a5yushimito.htm
June 18th, 2007 at 6:40 pm
Cómo es la nuez ahora con el tío Calderón, Aguirre y Guich? Por lo que entendí tú los habías llevado al blog. Si El Hablador es un grupo, supongo que esos colaboradores seguirán. ¿O me equivoco?
June 18th, 2007 at 7:01 pm
Odio la inestabilidad. Estoy cansada de tantos cambios en todo lugar y a todas horas. Primero me aficiono a esta bitácora y me agrada la forma que las cosas van tomando y de pronto se va el señor Calderón. Después Leo dice que no pudo escribir su columna y que se pondrá al día en otro momento. Y ahora renuncia el motor, el dínamo, la vela mayor, la fuerza propulsora de la bitácora, nada más y nada menos. ¿Cuántos cambios más se vienen? La verdad es que me ponen nerviosa. Tengo miedo que mañana se aparezca una nota diciendo “gracias por su fidelidad, pero esta bitácora se cierra hasta nuevo aviso”. Espero que no sea así, porque si eso pasa regreso a tomar mis antidepresivos y tú tendrás parte de la culpa Francisco.
June 18th, 2007 at 9:35 pm
Ah no. Si ya lo de Leo estaba anunciado Francisco así por así no puede irse. No estoy de acuerdo con la fuga premeditada de quien a dado vida a un buen blog y que a creado una gran comunidad de lectores. Recapacita, Francisco, que poco a poco me estoy convirtiendo en tu fanática.
June 18th, 2007 at 10:13 pm
Por que no pones el link respectivo aqui?:
no quiero dejar el blog sin antes disculparme con todos aquellos que pudieron haberse sentido agredidos por un artículo publicado aquí hace un par de meses
June 18th, 2007 at 10:36 pm
Recién he conocido a Francisco Ángeles a través de este blog. Y sí, estoy muy contrariado por su renuncia. No se qué decir.
June 19th, 2007 at 4:12 am
Si Angeles se quita, sus motivos tendrá (es más: ya los expuso). Solo queda decir: buena suerte, compadre, la hiciste bien por acá!
Saludos,
el caballo Promoción
ps: nos vemos en el hipódromo.
June 19th, 2007 at 5:14 am
En nombre de quienes conformamos El Hablador, quiero agradecer públicamente a Paco, compañero de labores y mejor amigo, por todo este tiempo que estuvo al frente de la bitácora, realizando una labor que -como bien él mismo ha explicado- rozó distintos polos, pero que por nada ni por nadie deja de ser una de las más importantes dentro del proyecto de la revista.
June 19th, 2007 at 6:54 am
Cómo vas a cerrar el blog ps cuñao. Pásaselo a Leo, yo sé lo que te digo. A ese pata lo he visto con su sunset en La Chira, está en nada, está como los otros blogs. El mar no es lo suyo, pero esto tiene que seguir cuñao, y ese plumífero aquí la haría linda. Tómalo en cuenta brother, que acá la gente seguirá leyendo.
June 19th, 2007 at 7:42 am
No, señores: no soy surferito ni taxista. Además, tampoco tengo la intención de hacerme cargo de este blog. Con el mío ya fue suficiente: estoy curado.
Más bien, por una cuestión de ética elemental, lo más conveniente será que, si se retira quien me convocó, yo haga lo propio.
Fue un gusto trabajar con Francisco Ángeles y un privilegio compartir este espacio con Pepe Güich, Diego Cabrera y Carlos Calderón Fajardo.
June 19th, 2007 at 10:29 am
Bueno, parece que mayor es el número de gente que se alegra con esta situación, que la que se apena. Yo me apeno. Tenía la esperanza de que El Hablador fuese un blog diferente. Y en alguna medida lo fue. Y por eso una banda de mediocres ocultos tras todo tipo de seudónimos festejan a un blog que quiso debatir ideas y ahora, en un momento de crisis, soporta los agravios de un montón de gente retrasada mental. Me parece lamentable que Aguirre hable de una cuestión elemental de ética. Para hablar de ética hay que haber tenido una trayectoria ética, y este señor nunca la tuvo ni la tendrá. Suerte señor Angeles. Pero creo que Aguirre por esta sola vez tiene razón. Los demás columnistas deben también renunciar, pero no por una cuestión de ética, sino por la misma razón por la que renuncia Angeles, por los comments no justifican la existencia del blog. Gente como Calderón Fajardo y Guich no se merecen lectores de esa calaña. Son para Aguirre. Este individuo aprovecha la crisis de este blog para hacer nuevamente el fugurettismo de siempre. Se rasga las vestiduras cuando sus art´culos no aportaron nada al blog.
June 19th, 2007 at 5:21 pm
Hola Francisco
César tiene razón al decir que este blog era distinto. Soy uno de los que lo leía sin haber nunca comentado y quiero hacerlo ahora para felicitarte por el buen trabajo que has hecho. Espero que tu partida no lleve a cerrarlo.
Suerte!
Un lector más