Lobo doméstico
Hablablog, Columnistas May 16th, 2007
EL HOMBRE ARAÑA Y EL HOMBRE ELEFANTE
Por: Leonardo Aguirre
Un anónimo, firmando como “Fernando Peres”, comentó el último post de Francisco Ángeles (”Dos versiones de la literatura y la humanidad del lobo”: léase antes de continuar con esta columna) y propuso que este blog se convierta en un mero noticiario (como si no tuviéramos demasiados en la blogósfera peruana) y que, entre otras cosas, informara sobre la vida de Siu Kam Wen y Sergio Galarza: “probablemente mas interesantes, para muchos de sus lectores, que Leonardo, Chebas, Percy, Jimmy y Andrés”. Bueno, de Siu Kam Wen, si mal no recuerdo, ya se ocuparon, no hace mucho, los blogs de Iván Thays y Paolo de Lima. Y con respecto a Galarza… a ver… qué quieren que les diga… es cierto que, como personaje, quizá sea más “interesante” que mis amigos Chebas, Percy, Jimmy y Andrés. Pero debo subrayar que, como narrador, no es más “interesante” que mis compinches. Claro, ésa es mi lectura y seguro rebosa de subjetividad. Pero ésta es mi columna y puedo ser todo lo subjetivo que se me antoje. Y lo último que voy a hacer es escribir según la agenda de los comentaristas mala-leche que se esconden tras un seudónimo. Antes bien, les daré la contra. Así que ahora voy a hablar de Chebas, Percy, Jimmy, Andrés y otros miembros del taller de comunicadores que tramó el volumen de cuentos titulado Papel cometa: cinco cuentos y un bonus track (Facultad de Comunicaciones PUCP, serie comunicuadernos, 2004). Si no les interesa, pues abandonen la lectura en esta línea y dejen de jorobar.
Sin embargo, creo que la palabra “taller” es un eufemismo. Sobre todo si pensamos en un cursillo pagado donde el profesor se ve obligado a ser cálido y condescendiente con sus alumnos-clientes (si te dijeran que escribes con los pies, obvio, no te vuelves a matricular y menos recomendarás el cursillo a otros alumnos-clientes). La palabra más exacta para definir nuestras reuniones bimestrales -espontáneas y extra-curriculares, pero no dionosíacas- debe ser “carnicería”. Somos amigos, claro está, pero siempre respetamos la primera regla del taller-carnicería: “apenas comienza la sesión de crítica, se suspenden las amistades”. La introducción de Papel Cometa (que no lleva firma pues todos metimos la mano) es bastante explícita: “encuentros en los que, hubiera quórum o no, jamás faltó un relato ultrajado. Sin embargo, fue esa dinámica cruel la que hizo que nadie se vaya a casa con alguna duda sobre si engendró al hombre araña o al hombre elefante”.
Esa misma dinámica, como resulta comprensible, alejó a muchos (y quizá, para qué negarlo, tuvo algo que ver con el estilo urticante que apliqué en mis épocas de reseñista para Agenciaperu). Pero algunos de los fugitivos persistieron en el empeño después de abandonarnos; es decir, abandonaron el taller-carnicería pero no la literatura (se zurraron, como debe ser, en nuestras malévolas objeciones: un escritor de raza nunca se dejará amilanar por periodistas aspirantes a escritores). Y permítanme nombrar aquí a los hijos más pródigos: el poeta y filoso periodista de Caretas Jerónimo Pimentel (Marineros y boxeadores , Santo Oficio, 2003); el narrador Paul Alonso (El primer invierno de Diana Frenzy, La toronja hidráulica, 2006); el último ganador de El cuento de las mil palabras, Miguel Ángel Torres Vitolas (Animales baldíos, Fondo Editorial PUCP, serie de la salamandra, 2001); y el poeta Luis Miguel Hermoza, que administra la web peruana La Siega y participa activamente en la web española Paralelo sur.
Y quizá nunca hubo más ultrajes que en la sesión dedicada al género gótico. (Por si acaso, los ilustres del párrafo anterior ya habían zafado para entonces.) Por eso no recuerdo con exactitud los cuentos que mis compinches presentaron aquella noche, pero sí recuerdo un cuento brutal de Ray Bradbury (antes de pergeñar nuestros adefesios revisábamos a los clásicos) que leímos en la orilla de Los Pulpos después de carbonizar chorizos y morcillas en una fogata. Claro, Bradbury es más conocido por sus relatos de sci-fi, pero la pieza que leímos aquella noche - “La sirena”, en Las doradas manzanas del sol- se nos antojó como un ejemplo magistral de la literatura de horror. No voy a contarles el argumento -para eso ya tienen el link- pero sí diré que el contexto de la lectura multiplicó sus méritos: el rugido de las olas a medianoche, en una playa desierta, nos hizo temer que el esperpento marino apareciera en cualquier momento a devorarnos como devorábamos nuestros chorizos.
No obstante, esa noche sometí al escarnio la versión primigenia de un cuento que, dos años después, fue incluido en Papel cometa bajo el título de “El anillo de Judas” (debo aclarar, cómo no, que, durante el largo y tortuoso camino que medió entre la sesión playera y el libro colectivo, dicho cuento fue corregido hasta la saciedad y, más que gótico, me salió policial).
Percy Espinoza, a su vez, dio el permiso para publicar, en esa misma antología, un combo erótico-fantacientífico titulado “Yo tengo un sueño”, y Andrés Paredes ofreció “El último villano”, donde el protagonista -en serio, ah- es una simple pieza de Lego. Jimmy Carrillo participó con “Muere, posero, muere” (y, sin embargo, sigo vivito y coleando) y el Chebas Esponda, por desgracia, se abstuvo de publicar, a última hora -debido a pleitos internos que no refrescaré porque ya fueron resueltos-, el primer relato que he leído en mi vida sobre una verga extraterrestre: “La masa que cayó del espacio”. Además, el índice también incluye “Caperucita feroz” de Rubén Cano, un cuento colectivo titulado “Las cavernas de la musa” (el bonus track) y un prólogo de Abelardo Sánchez León.
Por cierto, quizá sea mejor citar el prólogo (”Apuesta de náufragos”) para terminar de insinuar qué diablos contiene (o no) este librito: “No hay luz, no hay esperanzas fáciles, no hay floro. El tono no llega a ser cachaciento, pero se le parece. No es una comedia, pero el drama ha pasado, el dolor ha sucedido, lo negro de la historia ha dejado el rastro de hollín en cada palabra. Las historias pueden ser extravagantes sin necesidad de que el narrador deba moverse un ápice de su cuarto, de su casa o de su barrio. Predomina una atmósfera claustrofóbica. (…) Tiene la influencia del cine, el lenguaje escueto, la rapidez de las imágenes.”
Pero, ojo, no estoy diciendo que el autor de El tartamudo fue el profesor de nuestro taller-carnicería. Nada más lejano de nuestro espíritu que someternos a los dictados de un especialista. Dicha firma, simplemente, responde al hecho de que, por aquel entonces, Balo era el único escritor “infiltrado” en la facultad de Comunicaciones y, por lo tanto, su oficina siempre estaba disponible para nosotros. Y debo decir, en honor a la verdad, que tampoco quiso, de ninguna manera, prologarnos a ciegas. Luego de tomarse un mes para leer el machote, recién aceptó redactar el espaldarazo (y, dicho sea de paso, convertir el taller, sólo por un ciclo, en materia curricular; ulteriormente, el taller de narrativa mutó a taller de crónica periodística, pero entonces dejamos de asistir).
Claro, éramos muy jóvenes e ingenuos, y creíamos en la necesidad imperiosa de recurrir a una firma notable para favorecer la circulación de la antología. Pero nunca nos ligó la estratagema. Y no por la calidad de los cuentos, sino porque ciertos líos burocráticos impidieron que el libro llegase a librerías (sí, pues, el código de barras está por gusto). Así que, si algún incauto se dejó seducir por esta columna y está interesado en leer los cuentos de Papel cometa, pues tendrá que tomarse el trabajito de ir a la mesa de partes de la facultad de Comunicaciones de la PUCP (o hablar con la profesora Carla Colona) y pedir su ejemplar. Yo tengo el mío, por supuesto, pero de mi biblioteca no sale.
Como quiera que sea, también hay que decir que Francisco Ángeles tuvo la suerte de encontrarnos mucho más blandos y maduros. Él no asistió a una carnicería. Como bien dice, presenció el amable proceso de corrección en vivo de una obra de teatro de Jimmy, un volumen de cuentos de Percy y un relato del Chebas (finalista del último Copé). Y es que ya no somos los chiquillos categóricos que aplicábamos a rajatabla el decálogo del buen cuentista y que, incluso, poníamos la lupa sobre deslices ortográficos (mismo Coaguila). Ya no destruimos; ahora sólo echamos una manito para crear y nos recreamos en el placer de la buena lectura.
Ahora bien, es cierto que, si no fuera por el proverbial maleteo, seguro que Papel cometa hubiera derivado en un mero sancochado de ejercicios estilísticos (y no merecería que dedique esta columna a sus autores); pero también es cierto que, después de tantos años, la gente ha progresado lo suficiente y ya no merece puyas sino sugerencias para exhibir con mayor propiedad el talento que siempre tuvieron.
Además, ya casi no leemos cuentos de diez páginas (y si lo hacemos, sólo se trata de premiados, como en el caso del Chebas), sino colecciones o proyectos de libro. De hecho, Andrés está a punto de vender un guión para una película yanqui, y los otros -por lo menos Chebas y Percy- ya están negociando la publicación de sus óperas primas. Muy pronto, sin duda, todos los cometeros se integrarán a la nueva generación de narradores peruanos que cada vez es más numerosa.



May 16th, 2007 at 6:50 pm
muy bueno ese cuento de bradbury. no lo había leído antes. gracias.
May 16th, 2007 at 7:01 pm
Oye, aguirre, y por qué pones ese cuento tuyo que dices? El anillo de judas? (¡!)Ponlo para criticarte como te mereces…
May 16th, 2007 at 7:30 pm
Subasta de un ejemplar de Papel Cometa. Arrancamos con una china. Quién da más? Escribir a leovuelacometa@hotmail.com
May 16th, 2007 at 8:51 pm
china y dos ferros. pero ese ejemplar tiene que estar autografiado por leo, si no, nica.
May 16th, 2007 at 9:29 pm
La próxima vez sí traigo mi caja de “Golpe” para una partida postdestrucción. El taller ha servido para producir buenos cuentos como “El Anillo…” o “La Masa…”, entre tantos otros. ¿Habremos llegado al centenar de relatos? Quizá. Ya han caído algunos frutos del taller y pronto, ojalá, la canasta se llene más.
May 16th, 2007 at 9:44 pm
Yo no pago, realizo trueque. Te lo cambio por un ejemplar intacto de Matacabros.
Vale?
May 16th, 2007 at 10:27 pm
Leonardo, todavía estoy esperando una invitación a tu taller para hacer una vivisección a unos cuanto textos que me faltan pulir.
Yo doy un céntimo más por el ejemplar de Papel Cometa.
Wilson Dormani
May 16th, 2007 at 10:32 pm
ya, yo pongo una lucrecia. pero x 3 libros, ah: papel cometa, los cuentos de dormani y el manual para cazar no sé qué…
May 17th, 2007 at 12:57 am
Jerónimo estuvo en ese taller? horroooor!!! no te lo puedo creeer!!
May 17th, 2007 at 1:14 am
A juzgar por la mención de Bradbury, el blog de Paredes, y lo que se dice de los cuentos de Espinoza y Esponda, presumo que es un taller de ciencia-ficción… me equivoco? Chévere que se inclinen por esa onda, tan poco explotada en la tradición narrativa peruana.
Buen blog. Me lo recomendaron unos amigos y veo que tienen razón. Seguiré visitándolos. Saludos…
May 17th, 2007 at 1:32 am
¿Y donde se pueden leer esos cuentos?
May 17th, 2007 at 1:43 am
Yo he visto el libro en la biblioteca de la pucp…
May 17th, 2007 at 7:10 am
Fuera de bromas, yo sí estoy interesado en ese libro. Quien lo tenga, comunicarse conmigo al mail flarivet_38@hotmail.com. Gracias.
May 17th, 2007 at 3:41 pm
cadernas
May 17th, 2007 at 7:27 pm
Interesante ese cuento del sr. Esponda. Pero no habla de vergas marcianas…
May 17th, 2007 at 11:34 pm
ME PARECE ENTRAÑABLE Y HASTA EXTRAÑO DESEMPOLVAR UN LIBRO A RAIZ DE UN “TALLER, JUNTA; CHUPISTICA O CUALQUIER JUSTIFICACION PARA REUNIRSE. DE LOS ESCRITORES NO DIRE NADA PORQUE EN HOMENAJE A BECKETT SON “INNOMBRABLES”; NADIE LOS LEYO, SALVO SUS PATAS DE CATOLICA; Y SI ESO OCURRIO SE DEBE A QUE LOS LECTORES DE AQUI NO PUEDEN ENTENDERLOS; COMO SI OCURRIRIA EN OTRA PARTE SI FUERAN MCSWEENEY`S, PERO EVIDENTEMENTE NO LO SON… LES FALTA MUCHO, SIGAN COMIENDO PARRILLITA
May 18th, 2007 at 5:38 am
El Internet te permite ser el doble de mala leche y mala onda de lo que se es en persona, si no es el triple o un múltiplo mayor en muchos casos. Es aquí donde se demuestra, en la intimidad de los posibles anonimatos de cada uno, las cualidades personales, contigo mismo y tu teclado como mudo y quizá único testigo.
Como escritor, admito que me falta mucho trecho aún, y trabajo para mejorarme y tener una lectoría más amplia en el futuro de corto plazo. Espero tengan noticias mías pronto, por ahora, no paso de ser un tallerista más, de los que menciona Leo en este post.
Saludos.
May 18th, 2007 at 9:03 pm
hummm… ese comentario mala-onda en mayúsculas (está gritando o qué?)… tiene un estilo que me parece familiar… hummm… creo que he leído ese tonito y esas palabras en algún blog con título de poemario… me ayudan, chicos?
May 18th, 2007 at 9:26 pm
Para Fabber:no el doble de malaleche sino el triple o el cuádruple,como lo aclaras.Pero por joda,en efecto como, lo dices,y no, como lo dices también,por propia naturaleza.Yo,por ejemplo,si me lo propongo por internet,lo puedo dejar chiquito a Beto Ortiz cuando agrede y a su ahora su farandulera compinche Maritza Espinoza,que a venenosa no le ganaba nadie en La República (por ejemplo eso de “maridete”,aplicado al marido de la lindurita Claudia Portocarrero,es puro nitrato caústico y sulfuroso infernal,ilustrativo de la horrible Lima del finado flaco Salazar Bondy).Pero sé bien que soy como persona un chancay remojado en leche tibia,no soy mala gente.Y a ti,Fabber, te falta quizás,como dices,bastante para ser escritor,pero presiento que tienes lo necesario para llegar a serlo,¡Adelante!¡Salud!
May 19th, 2007 at 4:08 am
Para llegar a ser escritor en este nido de serpientes que es la lieratura peruana, no solo hace falta tener talento; tambien hace falta tener correa. Vaýanse acostumbrando, señores talleristas.
May 19th, 2007 at 3:56 pm
Si se tratase solo de serpientes,no habría problemas (¿quién te ha dicho que un escritor es un arcángel? En muchas ocasiones es un amoral autárquico y egotista absoluto,lo cual puede servirle mucho para hacer buena literatura).Lo que jode son los falsarios,los que no son pero parecen,son lo mismo que el actor o la actriz a quienes les importa un carajo el teatro,pero explotan el asunto con mucho provecho.
May 19th, 2007 at 6:30 pm
De acuerdo, Hyde. Ejemplos de jijunísimas en la literatura hay miles, a pasto, como cancha. Pero eso está al margen de la obra, creo, no? Porque pareces insinuar el viejo estereotipo ese de que los artistas tienen que ser necesariamente oscuros, conflictuados, patológicos, etc, etc… O sea, un pan de dios, un buen tipo, no puede hacer buena literatura?
May 20th, 2007 at 12:26 am
Claro que la puede hacer.Y subrayemos como corresponde que la literatura optimista (de buena factura se entiende) es mucho más difícil que la pesimista.Ninguno de tus “jijunísimas” se asoma jamás a la optimista y cuando lo pretende termina “libreteando” en la tele basura.Eso del estereotipo,es para espíritus muy estrechos,por ejemplo esas mujercitas que se mueren por un “loco” pero los locos sin comillas,tipo Nietzsche o Holderlin, no les interesan.
May 20th, 2007 at 4:46 am
cierto.las hembritas culturosas se derriten por los “locos” de facha nomás,pero no se enamoran de ellos,solo los quieren adoptar y curar como perritos sarnosos que uno se encuentra en la calle.
May 21st, 2007 at 8:43 pm
No te contesté antes,el chorni,porque me dije que si lo hacía otro, mejor.Como nadie te respondió,lo hago hoy.Me das un poco la impresión de que estás respirando por la herida y que uno de esos “locos” te jodió quizás con tu pareja.Conocí uno de ellos que era una verdadera rata en el fondo pero a encantador y gozador sexual nadie le ganaba,era indudable que su “táctica” de seducción le era bastante rentable.Tranquilo si te he ofendido,te escribo con cordialidad buscadora de verdades.