Calderón Fajardo sobre Roberto Bolaño
Uncategorized April 16th, 2007
Carlos Calderón Fajardo ha publicado un ensayo sobre Nocturno de Chile en la recientemente aparecida revista Nudos, publicada en Burdeos bajo la dirección de Ricardo Sumalavia. Presentamos a continuación una versión abreviada de dicho ensayo, que reemplazará, sólo por esta semana, su columna “El hombre que mira el mar”. A cambio, alguno de los integrantes de El Hablador publicará una columna este miércoles. Y en dos semanas, Calderón Fajardo volverá con su espacio habitual.
Los interesados en leer el ensayo completo, y el resto de la revista Nudos, pueden escribir al e-mail nudos2006@gmail.com
La verdad oculta tras la literatura. Roberto Bolaño: Nocturno de Chile
Por: Carlos Calderón Fajardo
Como se puede comprobar, son dos los temas a los que he intentado acercarme en mis artículos anteriores. Son sólo reflexiones como autor, no como un estudioso. Y estos han sido: la relación verdad-mentira en la literatura, y la posibilidad de hablar de un realismo-fantástico. En este artículo voy hablar de una novela que podría ser ejemplar en cuanto a lo que me considero es un ejemplo excepcional de lo que entiendo como realismo-fantástico: Nocturno de Chile.
Sin duda alguna, Roberto Bolaño es quizás el escritor más original surgido en los últimos veinte años en lengua española. Sin embargo, curiosamente, a pesar de que obras suyas son muy conocidas y leídas (Los detectives salvajes, Putas asesinas, La literatura nazi en América o 2066), según mi parecer, la mejor de las novelas de Bolaño, Nocturno de Chile, en la que alcanza una perfección estética insuperable, es prácticamente desconocida. Es una obra maestra de la literatura universal. Es muy extraño que cuando se revisa el google, no se encuentra referencias a esta joya de la literatura. Preferiría que lean este pequeño ensayo, o mejor que eso: lean la novela para que deduzcan el por qué de este ocultamiento.
Luego de leer el inicio de esta novela, que comienza con la frase: “Ahora me muero, pero tengo muchas cosas que decir todavía”, pensé que se trataba de una obra que estaba siendo escrita por alguien que sabe que va a morir muy pronto. La novela se publica en el 2000 y Bolaño muere en el 2003. No es el primer caso de una novela escrita en estas condiciones. Y las novelas de un moribundo son de una extraordinaria intensidad; novelas que, por lo general, expresan una profunda meditación, una especie de balance final de la vida del escritor. Antes de morir uno quiere decir la verdad. De inmediato se me vino a la mente la novela de Harold Brodkey Esta salvaje oscuridad. La novela lleva un subtítulo entre paréntesis que nos advierte de frente el contenido de la obra: “La historia de mi muerte”. Pero aunque en el título de la novela de Brodkey está la palabra “oscuridad” y en la de Bolaño “nocturno”, y las dos aluden a la muerte, ambas novelas se centran en preocupaciones diferentes. La de Brodkey es la crónica de un hombre que se está muriendo. Brodkey escribe: “Y así fue como terminó mi vida y comenzó mi morir”. En la novela de Bolaño “el nocturno” es el de Chile.
En la primera página de Nocturno en Chile hay dos frases claves para entender que está buscando decirnos Bolaño. “Ese joven envejecido es el culpable…rebuscaré en el rincón de los recuerdos aquellos actos que me justifican y que por lo tanto desdicen las infamias que el joven envejecido ha esparcido en mi descrédito en una sola noche relampagueante”. Hay que llegar al final de la novela para saber que el joven envejecido es el propio Bolaño. Entonces, de esa manera, nos permitirnos afirmar que desde la primera página Bolaño empieza un conjunto de juegos literarios, empezando por el juego de los dobles enunciado que “el joven envejecido” de Nocturno en Chile es el propio Bolaño ante el lecho de muerte enfrentándose a si mismo, a través de su alter ego: Sebastián Urrutia Lacroix.
Nocturno de Chile es una novela corta, de 150 páginas. El autor nos lo propone en único epígrafe del libro: “Quítese la peluca”, una frase tomada de Chesterton. Es decir, hay que ser consciente de una peluca que existe sobre una cabeza calva, que la peluca es un disfraz que oculta el verdadero rostro de una persona. La literatura, para Bolaño, es como peluca tras las que se esconde un hombre inmoral con respecto a su sociedad. Todas las novelas de denuncia social con toda su estridencia se ven opacadas por esta pequeña novela que denuncia con más intensidad y poder expresivo, con más eficacia, porque en lugar de recurrir al documento mimético echa mano a los instrumentos que son puramente literarios, y así tenemos una novela conformada por historias ficticias, que es un largo relato de toques fantásticos combinados con la realidad, y jugando en la forma de espejos reflexiona sobre la relación literatura y sociedad. Bajo la superficie de la novela, debajo de la peluca, en realidad es de otra cosa de lo que se trata. Pero para entender este juego hay que ponerse del lado de la literatura: es decir de lo fantástico, de la parodia, de la sátira, la ironía, la epifanía, hasta del fraseo poético para entender que, a través de un extraordinario juego de metáforas, se está haciendo referencia a cosas muy concretas. En este juego entre realidad y ficción, Nocturno de Chile alcanza casi, se podría decir, la perfección estética. Su prosa, a diferencia de otras de sus novelas en la que es una prosa realista y funcional, en Nocturno de Chile es brillante, la prosa de un gran artífice del lenguaje. La novela es la suma de todo eso y más. Es una obra de crítica feroz, pero a la vez una novela en la que la ficción, la fantasía sirven para iluminar la realidad. Juego, goce estético, y grandes verdades de vida, concluyen con una extraordinaria reflexión moral, la verdad oculta debajo de la peluca, en donde lo estético y lo ético confluyen, como ocurre en el gran arte. Esto es lo logrado por la pluma de un autor que agoniza. Eso es Nocturno de Chile, novela río -por el hecho que en sus 150 páginas no hay un solo punto aparte-. Como si el escritor hubiera querido que la leyesen de un tirón en la que al final hay una moraleja y un desenlace absolutamente imprevisto como en un cuento, desenlace en el que se sustancia el mensaje de la novela.
Nocturno de Chile es una historia hecha de otras historias encapsuladas (también un procedimiento usado por Cervantes). El narrador de una historia alude a un personaje y a partir de este personaje se abre otra historia en donde se alude a otro personaje que abre la historia. Cada una de estas historias que se escenifican en espacios geográficos repartidos por todo el mundo. De Chile y México, Colombia, pasa por el puerto del Callao en el Perú; Italia, Francia, Hungría, España, etc. La maestría de Bolaño permite que estas historias que se van encabalgando trenzadas formen la “peluca” que está sobre la cabeza de la verdadera historia.
Un personaje fundamental de esta novela es Farewell, un crítico que marca el canon de lo bueno y lo malo en la literatura chilena; antiguo hacendado, fascista pero al mismo tiempo amigo de Neruda y que dialoga a lo largo de la novela con Urrutia Lacroix, un hombre que divaga y sueña. Chileno, Sebastián Urrutia Lacroix es el narrador de la novela. Caracterizando a Farewell el narrador de Nocturno en Chile, dice: “… que luce mancuernas de oro y un alfiler”, en donde el narrador distingue signos que no quiere interpretar pero cuyo significado no se le escapa en modo alguno (en la novela no se dice que signos son pero ya nos está induciendo a entrar en una atmósfera fantástica).
Una novela en la que la vida es una sucesión de equívocos que nos conducen a la verdad final, la única verdad. Este juego entre realidad y fantasía se alterna con descripciones de Chile. Farewell es dueño de un fundo cerca de Chillán, con una pequeña viña que no da malos vinos. A este fundo Farewell invita a pasar un fin de semana a Sebastián Urrutia Lacroix. Y en este escenario se produce una de esas historias “fantásticas” insertadas a lo largo de toda la novela. De repente, Sebastián Urrutia Lacroix ve una sombra, se trata de un hombre vestido con una chaqueta de pana y una bufanda, sobre la cabeza lleva un sombrero de ala corta echado hacia atrás “murmurando hondamente unas palabras que no podía ser dirigidas a nadie sino a la luna”. Sebastián queda como una estatua ante lo que ve. Es Neruda. Y a unos metros está Sebastián en medio de la noche, las plantas y las maderas de Chile, la oscura dignidad de la patria. Es absolutamente fantástica la aparición insólita de Neruda recitando versos a la luna, a los elementos de la tierra y a los astros. La ironía de Bolaño es punzante. Y dice Sebastián. “Allí estaba yo, con lágrimas en los ojos, un pobre clérigo perdido en las vastedades de la patria, disfrutando de las palabras de nuestro más excelso poeta” (el joven envejecido, como ya lo hemos señalado es Bolaño).
Neruda y Farewell cenando a la chilena, congrio al horno mientras Neruda recita versos de La Divina Comedia. Neruda y Farewell abrazados recitan a dúo versos de Ruben Darío. La escena no es clara. No se puede afirmar si es real o una alucinación de Sebastián Urrutia Lacroix. Farewell escuchando recitar a Neruda “mientras las nubes baudelarianas recorren una a una los despejados cielos de la patria”.
En esa época, cuenta Sebastián Urrutia Lacroix (no olvidarse que la mujer de Neruda se apellidaba Urrutia; la novela esta llena de estos guiños irónicos) empieza a trabajar en la Universidad Católica y comienza a publicar sus primeros poemas y sus primeras críticas a libros. Es en ese momento que adopta el nombre de Padre Ibache. En la novela Farewell (nombre de uno de los más célebres poemas de Neruda) y el padre Ibache se embarcan en una larga conversación erudita sobre los papas desde el año 800 hasta el siglo XV. Conversación en la que Farewell dice: “…todo se hunde, todo se lo traga el tiempo, pero a los primeros que se los traga es a los chilenos”. Y todo esto tiene que ver con el inesperado fin de la novela.
Hay una parte esencial de Nocturno de Chile y absolutamente insólita, que va a anteceder al sorprendente final. Sebastián Urrutia Lacroix va a conocer al señor Odeim, que a nombre de La Casa de estudios del Arzobispado le encomienda al cura Ibache realizar una investigación trascendental, que es la de viajar a Europa y recorrer los templos más importantes del viejo continente donde las iglesias se están destruyendo, no por efectos de la contaminación atmosférica sino por la cagarruta de las palomas. Y Sebastián Urrutia recorre ciudades de toda Europa y visita iglesia en las cuales hay sacerdotes que poseen halcones que se encargan de matar a las palomas, y la simbología no puede ser más clara: los templos son las literatura nacionales, los halcones los críticos literarios, y las palomas los escritores.
Y en esta historia cronológica, a través de los periplos de su narrador Sebastián Urrutia Lacroix, el narrador de la novela nos dice: “Después vino el golpe de Estado, el pronunciamiento militar y bombardearon La Moneda y cuando terminó el bombardeo el presidente se suicidó y acabó todo. Entonces yo me quedé quieto, con un dedo en la página que estaba leyendo y pensé: qué paz. Me levanté y me asomé a la ventana: qué silencio”.
Luego un tal Odeim, junto a un personaje de nombre “Oído”, le encargan una tarea a Sebastián Urrutia Lacroix que debe ser mantenida en el máximo secreto. Sebastián Urrutia Lacroix es convocado a dar clases de marxismo a los miembros de la junta militar y al mismísimo Pinochet. En un determinando momento, el padre Ibache se echa a llorar desconsoladamente echándole la culpa a Odeim por haberle hecho pasar por una experiencia tan terrible. Y aquí debería haber terminado la novela: con el padre Ibache dándole clases de marxismo a Pinochet mientras los chilenos hacen su vida normal como si no pasara absolutamente nada. Pero son las últimas veinte páginas, en donde para sorpresa del lector, el narrador cuenta una historia final insertada, que es un extraordinaria genialidad de la imaginación de un narrador excepcional y que ilumina toda la novela y remata el libro de manera insuperable. Luego de un gran despliegue estético, el remate es profundamente ético y crítico como pocos libros en la literatura Latinoamericana. La última historia no es un cuento fantástico, sino un cuento de horror. Esta es la historia de María Canales, escritora, crítica literaria, que tiene un salón de tertulia, donde se reúne lo más selecto de la literatura chilena. El lector de Nocturno de Chile después de haber participado, a lo largo de a novela, de una vorágine de historias fantásticas, extraordinarias, eruditas, satíricas, paródicas, escritas en una prosa de un nivel de perfección extraordinario, se encuentra que la novela cuenta, como remate, una historia al principio algo ramplona. Pero el maestro Bolaño, nos está preparando para una gran sorpresa. Las tertulias literarias en casa de María Canales reúne a lo más granado de la intelectualidad chilena. Allí los artistas ríen, beben, bailan, mientras afuera en las grandes avenidas despobladas de Santiago trascurre el toque de queda. De repente ocurre un suceso imprevisto. Durante una de las fiestas en casa de María Canales uno de los invitados se pierde. Estaba muy borracho, buscaba donde vomitar. En vez de tomar el pasillo de la derecha, toma el de la izquierda. Finalmente llega a un pasillo más estrecho que todos los demás y abre una última puerta. “Encendió la luz. Sobre el catre había un hombre desnudo. Atado de las muñecas y los tobillos. Parecía dormido, una venda le cubría los ojos. Al extraviado se le pasó la borrachera y salió corriendo. Supo que el hombre que había visto estaba aún vivo porque lo oyó respirar, pese a la luz deficiente vio sus heridas, sus supuraciones, las partes maltratadas de su cuerpo.”
El hombre que se había extraviado regresa a la fiesta. Pero después de la fiesta cuenta la historia de su terrible experiencia. Y luego llegó la democracia y entonces se supo que Jimmy Thompson, esposo de María Canales, era agente de la DINA y que usaba su casa como centro de interrogatorios. Allí había sido torturados muchos y muertos algunos. María Canales lo había sabido siempre. En el sótano de su casa habían matado a un funcionario español de la UNESCO; allí, Jimmy Thompson había asesinado a Cecilia Sánchez Pobrete, mientras en los pisos de arriba de la casa se conversaban los escritores sobre la literatura excelsa y la perfección literaria y afuera los chilenos respiraban el aire de Santiago que Bolaño califica como “la quinta esencia del crepúsculo.”
El que escribe Nocturno de Chile es el narrador que sabe que su muerte está cerca, el que necesita decir la verdad oculta tras la literatura. Nunca el Bolaño crítico lo es de manera tan feroz como en Nocturno de Chile. La novela termina con la siguiente líneas que son una figura poética (fantástica):
“Un cadáver sube desde el fondo del mar o desde el fondo de un barranco. Veo su sombra que sube. Su sombra vacilante. Su sombra que sube como si ascendiera por la colina de un planeta fosilizado. Y entonces, en la penumbra de mi enfermedad, veo un rostro feroz, su dulce rostro, y me pregunto: ¿Soy yo el joven envejecido? ¿Esto es el verdadero, el gran terror, ser yo el joven envejecido que grita sin que nadie lo escuche? Y entonces pasan a una velocidad de vértigo los rostros que admiré, los rostros que amé, odié, envidié, desprecié. Los rostros que protegí, los que ataqué, los rostros de los que me defendí, los que busqué vanamente.
Y después se desata la tormenta de mierda”.



April 16th, 2007 at 4:22 pm
Leí Nocturno de Chile hace un par de años y recuerdo que estuve a punto de abandonarlo después de la primeras veinte o treinta páginas. Así que la primera impresión que me viene es que el libro tarda bastante en alzar vuelo (quizá todo su primer tercio). Eso lo diferencia, por ejemplo, de Estella distante, cuyo primer capítulo es sencillamente impresionante (deben ser las mejores páginas que escribió Bolaño en su vida y de las más brillantes de la literatura latinoamericana).
Lo segundo que recuerdo es que lo que vino a continuación me hizo agradecer no haber abandonado la lectura. La descripción de las clases de marxismo a Pinochet en el contexto en que se ubica la novela es memorable. Y tiene razón Calderón Fajardo al recordar la historia de las reuniones en casa de María Canales, un insesperado as bajo la manga que sirve de perfecto colofón a la historia. En algunos de sus cuentos, Bolaño hace lo mismo. Recuerdo especialmente esa joyita llamada El Ojo Silva.
Dos acotaciones para terminar:
1. Recuerdo haber leído que Bolaño dijo que el título original de su novela era “Tormenta de mierda”, justamente las palabras con que termina el libro. Y que Herralde tuvo que convencerlo de que ese título no era apropiado (no recuerdo si, después de eso, el mismo Bolaño lo cambió o si fue el editor quien sugirió el nuevo título). Sería interesante que CCF diera su opinión con respecto a si ese cambio hubiera sido o no relevante para la lectura de la novela.
2. Hace varios años leí Esta salvaje oscuridad, el libro de Harold Brodkey que Calderón Fajardo menciona en su artículo. Hasta donde recuerdo, ésa no es una novela (no se presenta como novela), sino una especie de crónica personal (novelada, eso sí) sobre los últimos años de la vida de su autor, desde que le detectaron VIH hasta su muerte. Esta salvaje oscuridad habla de las penurias que el autor pasa durante su enfermedad, y así consigue páginas realmente desgarradoras (por lo demás, y a pesar de una obra breve, Brodkey siempre fue un gran escritor). Creo que esta circunstancia vuelve inexacta la analogía con Nocturno de Chile. Es cierto que Bolaño se iba a morir y que sabía que se iba a morir, pero ello no es relevante para la lectura de la novela. Es más un dato extraliterario que podría darle un giro a la lectura, pero al mismo tiempo es prescindible. En el libro de Brodkey, en cambio, la muerte de su autor (en el texto y en la realidad) es el tema central. Las relaciones entre la obra y las circunstancias en que fueron escritas son, por tanto, muy distintas.
April 16th, 2007 at 10:44 pm
Nocturno de Chile puede tener el mejor primer capítulo de una novela latinoamericana escrita en los noventas. Buen mérito de Bolaño, un escritor de empuje pero nada más. Mucho se le ha inflado por el lado de Anagrama y los borreguitos que lo leen como un dios.
April 17th, 2007 at 11:31 am
Amigo Francisco Ángeles.
Voy a responder a tus dos preguntas opinando. Pueda que tengas razón, por eso en esta conversación te manifiesto lo que opino:
1)Con respecto al título de la novela “Nocturno de Chile”. No creo que Bolaño haya deseado como título para el que pensaba era quizás su último libro, el de “Tormenta de mierda”. En música un “nocturno” es una pieza de caracter sentimental. En la novela hay también un acercamiento sentimental, melancólico a Chile a pesar de que la suya es una novela de denuncia. Pero el mismo Bolaño proporciona la claves para cada aspecto de su novela. El personaje en un momento de la historia, frente al puerto del Callao lee el poema “Nocturno” de José Asunción Silva. Si lees esa novela verás porque la novela se titula “Nocturno de Chile”.
2)En mi artículo yo digo que las novelas de Bolaño y de Brodskey “Ambas novelas se centran en preocupaciones diferentes”. Lo que me interesa es lo que siente un escritor cuando escribe sabiendo que su muerte es inminente. Son escritores en agonía. Voy a referirme a algunos ejemplos. Kafka en la noche del 12 al 13 y del 13 al 14 sufre dos hemoptisis violentas, piensa que se va a morir y en esas condiciones escribe “Un médico rural”. Cuando a Sábato le preguntan de qué va a tratar su novela “Abadónn, el exterminador” Sabato responde: “Estoy escribiendo un libro para decir la verdad, la de las catedrales, la de los prostíbulos, la de los campos de concentración por que sé que voy a morir muy pronto”. Todos los escritores que escriben en agonia se asemejan. Un ejemplo peruano último es el poema “Hospital” de Pablo Guevara.
April 17th, 2007 at 11:39 am
Francisco: disculpa. Cuando me referi a “Nocturno” de Jose Asunción Silva, escribi “cuando leas esa novela veras por qué la novela lleva ese título.” Debi haber escrito “cuando leas ese poema verás por qué esa novela lleva ese titulo.” Y si lees el poema Farewell de Neruda, entenderás porque Bolaño le pone el nombre de Farewell a uno de los principales personajes de “Nocturno de Chile.”
April 17th, 2007 at 12:44 pm
Carlos: el segundo punto que tocas, el de los escritores en agonía, me parece muy interesante. El ejemplo universal de Kafka y el nacional de Pablo Guevara son muy buenos para ilustrar la idea que has expresado. Discrepo, eso sí, en el de Ernesto Sábato, quien hace años viene con el floro que se va a morir (y publicando libros y ganando plata con ese cuento) mientras sigue viviendo en Santos Lugares (creo que el nombre del lugar es muy significativo para la imagen que él mismo se ha esforzado en construirse).
Por otro lado, sí es cierto que Bolaño iba a titular Nocturno de Chile como “Tormenta de mierda”. A mí también me sorprendió, por ello entiendo que te resulte difícil creerlo.
La entrevista donde Bolaño habla del título original de su novela la puedes leer en
http://sololiteratura.com/php/docinterno.php?cat=miscelanea&doc=44
Saludos.
April 17th, 2007 at 10:23 pm
con todo respeto debo decir que concebir la crítica literaria en términos de “claves” nos remite a una hermenéutica decimonónica y nos lleva a concebir el texto literario com un organismo cerrado, una red de agujeros que nos dejan “vuslumbrar” un conjunto de significados metafísicos y trascendentes que ya han sido superados por los estudios culturales y la crítica literaria posmoderna. Qué atrasados andamos. Espero que no borren mi comentario sino que lo refuten con ideas.
April 17th, 2007 at 11:10 pm
Oigan ustedes dos, ya dejen de andar jugando a la pared entre lo que dijeron o no y mejor pásense un par de datos sobre la nueva conferencia de este lunes en el Británico. Quiénes van a ir, de qué van a hablar, cómo es después, etc.
April 19th, 2007 at 2:45 am
Ubicaré “Nocturno de Chile” y veré qué pasa.En principio me resisto a creer que si esta novela no ha tenido la difusión que al parecer merece, ello se deba a prejuicios o censuras en un país como Chile. Otra cosa que me parecería no obvia es que,con los halcones,las palomas y los templos,Bolaño haya dado una clara simbología de las literaturas nacionales,los críticos literarios y los escritores. Lo que sí me parece la obviedad misma es que el señor Odeim debe la singularidad de su apellido al vocablo “miedo”(haberlo advertido,creo que no hubiera sido impertinente en el tan entusiasmado como motivador e interesante artículo de CCF)
May 14th, 2007 at 1:28 pm
estimado francisco, me parece poco afortunado el comentario que sueltas cuando dices de ernesto sabato que…
“hace años viene con el floro que se va a morir (y publicando libros y ganando plata con ese cuento) mientras sigue viviendo en Santos Lugares (creo que el nombre del lugar es muy significativo para la imagen que él mismo se ha esforzado en construirse).”
sobre todo lo referente a “publicando libros y ganando plata” me pregunto que problema hay en publicar libros y ganar plata??
por otro lado, si el hombre siente q se va a morir y lo dice creo q esta en todo su derecho.(de decirlo, se entiende)
sabato es un gran escritor ojala siga viviendo y publicando libros desde su lugar “santos lugares” y como dices “ganando plata”. en otras palabras no creo q sabato utilice la posibilidad de su propia muerte como si fuera un cuento, yo creo que si lo dice no lo hace con fines publicitarios, o crees que la llamada muerte prematura de un artista de peso (john lennon, roberto bolaño, elvis, marilyn monroe, schiele y tantos otros) le dan a estos un estatus de privilegio??? yo no lo creo, pensemos en uno solo: borges
slds
bn