DESENCANTOS
Hablablog, Columnistas March 30th, 2007
BARRICADAS EN EL FUNDO PANDO
Por: José Güich Rodríguez
Leí con beneplácito la columna “En voz alta” que publica la periodista Claudia Cisneros los viernes en el diario La República. Aplausos para Claudia: título provocador -”Las cojudeces de Cipriani”-, inteligencia, flamígera pluma y, especialmente, datos de mujer de prensa treja y segura colocados sobre la mesa, a la vista, sin maniobras sucias a las que cierto clero conspirador nos tiene acostumbrados. En fin, todos los elementos para agitar un flanco algo descuidado por las huestes libertarias, y que debe ser reforzado de inmediato. Me permito esta licencia: dialogar amicalmente con el excelente texto de Claudia y, de paso, colocarme los distintivos de eterno maquí. Apuntalaré así la convicción de que es necesaria una Resistencia articulada que expulse para siempre a los demonios del oscurantismo. Por estos días, la PUCP, mi alma mater, cumple nueve décadas de una vida de logros y contribuciones a la sociedad; es, qué duda cabe, parte íntima de la historia del país. Y esto coincide con una nueva amenaza: otra vez, los sectores más cavernarios pretenden controlarla. Solo puedo decir, emocionado: ¡No pasarán….!
Una pesadilla no precisamente aeroacondicionada comienza a adquirir corporeidad: las fuerzas reaccionarias del Opus Dei proclaman la Guerra Santa. Ante la venia del gobierno aprista, acomodaticio y ambivalente, atacan las instalaciones de la Católica, en el fundo Pando, San Miguel, Lima, Perú…. Es un asalto ya anunciado. Las hordas bárbaras portan estandartes con la torva faz de su fundador, Escrivá de Balaguer -hace un tiempo vergonzosamente canonizado por el Vaticano, gracias a la poderosa influencia de la tenebrosa secta-.
Cipriani, dignísimo representante y líder local de la facción, esgrime la efigie del siniestro colaborador de Franco. Todos saben que el infame Escrivá despachaba en una oficina al lado de la que ocupaba el ignorante sátrapa, responsable de una guerra fratricida entre 1936 y 1939. El arzobispo limense vomita palabras inmundas contra la libertad de opinión, los derechos humanos, la democracia, la Comisión de la Verdad, el clima, los gatos en celo y contra todo aquel disidente que se haya atrevido a decir no a la máxima sandez: reclamar la administración de ese santuario del conocimiento sin cortapisas que siempre fue la PUCP.
La esperpéntica cruzada contra los que se niegan a aceptar ese tétrico monopolio de la moral y de las buenas costumbres parece anunciar un triunfo de los secuaces de cuello duro -con cara de Rafael Rey-, y las respetables matronas -parecidas a Martha Chávez- transformadas, por encantamiento satánico, en aguerridas defensoras de la fe. Los rosarios se convierten en hondas y El camino (hórrido manual del fundador de la secta), clonado hasta la saciedad, cambia su naturaleza y es ahora una batería de proyectiles, como los que las bestias franquistas lanzaron, en la heroica defensa de Madrid, contra los republicanos.
¿Habrá esperanza para quienes ahora se encuentran detrás de las rejas de la Av. Universitaria s/n, parapetados en barricadas que cuentan solo con la reflexión y la actitud del contestatario como única artillería? La situación es dramática. Pero aún queda algún resabio de espíritu burlón y lúdico. Los estudiantes, docentes, trabajadores y egresados, que se baten por sostener la plaza hasta las últimas consecuencias, están disfrazados de Cipriani.
La pesadilla, felizmente, ya se disipa: ahora parece un edificante sueño, con algunos ribetes de erotismo. El enemigo se ha detenido; está anclado a la vereda de acceso al campus. Han quedado paralizados: ¿cómo dispararle a su líder, aunque se trate de una festiva máscara? El conductor de la manada grita, blasfema, defeca y micciona sobre sus tropas inmóviles. Sobreviene el suspenso: si venciera la turba del cardenal rabioso, protector de asesinos, ¿qué libros serían los primeros en precipitarse a las piras, semejantes a las perpetradas, explícita o implícitamente, por nazis, estalinistas, pinochetistas, militarotes argentinos y maoístas? ¿Primero los descarnados y hermosos versos de Blanca Varela? ¿Después arrasarían con las valiosas obras de Tito Flores Galindo? ¿Perdonarían al maestro José Antonio del Busto, solo porque fue católico practicante -olvidando los esbirros que él sí respetó las libertades universitarias-? ¿Henry Miller tendrá al fin su castigo por haber reivindicado al sexo y al soma como otra manera -quizá la más plena- de experimentar la trascendencia? ¿Todos los rebeldes del universo conocido irían a las hogueras de la sinrazón? Pregunta mayúscula que no será, por la gracia de los dioses, respondida ahora.
Las hordas de Cipriani no tienen la oportunidad de vulnerar el entrañable campus. Los estudiantes de Teatro y Artes Plásticas, conservando las máscaras, se despojan de sus vestiduras y quedan expuestos a la vista de sus enemigos tal como vinieron al mundo. Las muchachas han pintado, sobre sus delicadísimos vientres y etéreos senos, la cara del Atila con sotana que sigue convulsionando de rabia en la puerta, ante la inacción de sus tropas. Los espumarajos que sus fauces destilan cambian de color; las asquerosas palabras que profiere hacen que un camionero palurdo de la Panamericana Sur parezca un lord que toma té y masitas a las 5 p.m., en el Club Nacional.
Las bellas ninfas se apartan para dar paso a los muchachos, que en gesto de desaire rabelesiano, ejecutan una danza de exorcismo. Al final de las complejas maniobras, los alegres pero firmes partisanos giran, se inclinan noventa grados y muestran sus reverendos glúteos a los caníbales del espíritu que permanecen, alelados, en la puerta. También ahí, en los traseros desafiantes, está perfilada la cara de Cipriani. A partir de ese momento, se produce una dispersión de la jauría, una hecatombe entre los atacantes, que ahora son perseguidos, no por los defensores, sino por los fantasmas que su malhadado Escrivá engendró, aliado con el Crapulísimo Franco -cuyo nombre siempre será maldecido religiosamente por los hombres y mujeres que no creen en dogmas esclavizantes-. El cardenal cómplice de dictaduras también huye, expectorado para siempre. Carnaval completo. Libaciones a los dioses y música hasta el amanecer. Lectura de poemas. Final feliz
Lo narrado es, como el inteligente lector se habrá dado cuenta, una modesta ficción. Es uno de tantos mundos posibles. Los nombres y hechos son tan solo una mera coincidencia. Lo que debe quedar muy claro es que la peste de la ortodoxia y la intolerancia está ahí, oculta, aguardando cualquier descuido para invadir y corromper; destazar y quemar; violar y desgarrar. Ya lo había dicho el inmortal Camus (quien, de ganar el Opus Dei, habría ido directamente a las parrillas sin pasar por la Aduana o Migraciones). Dejemos las guerras mentales por hoy. Retornemos a la cruda, exasperante realidad. Alerta, defensores.
*Quiero agradecer a todos los amigos, antiguos y nuevos, que tuvieron la gentileza de saludar el inicio de esta columna y aportar con caballerosidad al debate, siempre abierto. Un abrazo especial para Gustavo Faverón y Daniel Salas, hoy en los Estados Unidos, y que desde esos lares contribuyen con rigor y talento al juego libre de ideas y al disenso crítico. Sus comentarios son estimulantes, y solo me comprometen a proseguir mi batalla contra el desencanto.



March 31st, 2007 at 4:45 am
Me gustó mucho la manera irónica que toma Güich para construir un posible conflicto entre la PUCP y el Opus Dei, aunque, si así sucediera alguna vez, no debería merecer un comentario tan extenso ni publicidad en cualquier medio. Me suena a autobombo (”mi alma mater, cumple nueve décadas de una vida de logros y contribuciones a la sociedad”). Bah!
Y para terminar ¿por qué el guiño a Faveron y Salas? ¿Que sean sus amigos tiene que significar algo? ¿Tanto miedo tiene a los comentarios que no “contribuyen con rigor y talento al juego libre de ideas y al disenso crítico”?
Doble Bah!
March 31st, 2007 at 3:03 pm
“Lo que debe quedar muy claro es que la peste de la ortodoxia y la intolerancia está ahí, oculta…”. ¿Oculta? El opinante se la pasa todo el rato hablando de la presencia viva y coleante del Opus y al final desbarra. ¿En qué quedamos? ¿El Opus está alli dando la cara o está solapa nomas?
Es un texto efectista, lleno de lugares comunes y con un remate lamentable: si se siente tan honrado de que los blogguers aludidos hayan comentado su anterior texto, debería agradecerles por mail ¿no? ¿No le da roche hacerlo así, casi casi de rodillas?
Por lo demás, completamente de acuerdo con defender a la PUC del Opus y sus fauces pestilentes.
March 31st, 2007 at 3:26 pm
Yo no sería tan severa con el columnista, pero sí que eso de agradecer tan ceremoniosamente al señor Faverón (muy buen periodista, dicho sea de paso) fue un exceso. Al otro homenajeado más bien no lo conozco.
March 31st, 2007 at 3:34 pm
Salvo que estés hablando en sentido hiperbólico, porque no creo que a estas alturas de la historia un grupo de curas, por radicalmente conservadores que sean, se atrevan a quemar bibliotecas. En clave hiperbólica también debe ser el título, aunque eso de imaginar barricadas en el fundo Pando como que recuerda un poco la fiebre de un día de los chicos izquierdosos de la pontificia, hoy treintones que hablan de la realidad peruana con una autoridad que sorprende y da risa. Pie de página y en clave de agradecimiento, pipa de la paz encendida sin necesidad alguna. El quijote controvertido y su respectivo Sancho, caballerosos han sido contigo, pero groseros con medio mundo. Así que no se asuste tanto mi amigo con la sombra del Opus Dei, que entre los que lo felicitan hay muchos Escrivás que por momentos aparecen como de liberales.
March 31st, 2007 at 10:45 pm
Pero Hombre de los lunes, tienes que entender que Pepe Güich tiene su bobo pues, así nomás nadie pone el pepián por la Católica por temor a embarrarse con toda la argollaza izquierda caviar que la preside desde hace sus buenos años. Por eso yo rescato este texto de Pepe, por ser uno de los pocos que se ha mandado con la taba en alto contra el Opus y esas ratas del congreso.
March 31st, 2007 at 11:00 pm
Gracias, José, por los saludos. Es importante crear espacios de verdadero debate y en el Perú los necesitamos con urgencia. Creo que el Hablador ha tenido una excelente iniciativa que va a crecer y mejorar.
April 1st, 2007 at 1:33 am
Eso de “juego libre de ideas”, aplicado al caso, suena un poco gracioso. Hace un año no hubiera sido tan cómico, porque con la irrupción de los blogs la idea general es que habían dos tipos de espacios, los espacios serios como Moleskine y Puente Aéreo y los blogs basura como Puertoelhueco. En medio había alguno, precisamente en el limbo de su nombre, un día cochino y otro día limpiecito. Lo cierto es que ninguno de los blogs mencionados participaba del “juego libre de las ideas” y por eso se armaban tremendas broncas. La creación de la Bata Japonesa, más temible que la sotana del Opus Dei, fue el punto culminante del asunto. Fue allí que la gente se comenzó a reír de los participantes de la danza. Suma de bravatas, actitudes despóticas, jalones de orejas, insultos racistas (en Puertoelhueco), estúpidas encuestas, sobadas conchudas, el juego no era libre, aunque hubieran ideas. Pero eso ya no importa. Es el pasado. Ahora existe El hablador y ese punto medio que necesita el debate, sin rabias, sin agresiones, sin insultos, con juego de ideas simplemente.