Cuatro años de la guerra de Iraq: por un cambio de conciencia
Publicaciones, Hablablog March 20th, 2007
Por: Mario Granda
Aunque los periódicos ya no dicen guerra sino “conflicto”, el día de hoy, 20 de marzo, se cumplen cuatro años de la invasión de Iraq por parte de Estados Unidos y sus aliados Inglaterra y España. En este lapso de tiempo muchas cosas han sucedido, pero muy pocas han cambiado para la realidad iraquí; más bien, han empeorado. Bagdad es hoy una ciudad en ruinas en la que los dueños de los negocios han huído, no hay escuelas y no hay gobierno. La guerra se ha generalizado en todo el país y ya no se sabe si se trata de solo una invasión o una guerra civil. En el comienzo de la guerra reportar la muerte de uno o dos civiles o soldados de cualquiera de los bandos era una noticia. Hoy, la muerte de veinticinco personas no llega a la página principal; para que una noticia llegue a esta tienen que ser 60 ó 70 muertos, y, ciertamente, no será el titular. Ya en la noticia, los nombres de los generales americanos y los “insurgentes” iraquíes bailan entre puentes, grupos religiosos, niños, mercados, hospitales que vuelan en pedazos y matan a cientos. También hay muchas muertes producidas por el pánico, en el que, por la sospecha de un atentado, se abre fuego. No obstante, los partes militares se narran con toda pulcritud: “Un nuevo contingente militar llegó a la ciudad de Basora a las 16:00hrs. para reforzar 52 del ejército de los Estados Unidos”. Los reportes de guerra tratan de no tropezar por entre las ciudades hechas escombros.
La semana pasada apareció otra noticia más. Esta vez, sin embargo, el blanco fue un popular mercado de libros de la ciudad: “Los papeles del mercado de libros estaban flotando por el aire como volantes lanzados desde un avión”, dijo Naeem al-Daraji, un trabajador del Ministerio de Salud que estaba manejando como a 180 metros de la explosión y fue levemente herido por los vidrios de la ventana de su auto. “Pedazos de cuerpos humanos y los restos de los libros yacían desparramados en todas partes”, dijo. Curiosamente, esta noticia me hizo recordar una noticia que leí poco después de que Bagdad fuera invadida.
En uno de los reportes diarios hechos por periodistas del New York Times en esos primeros, aparentemente gloriosos, días después de la invasión, un teniente americano declaró que no podía creer cómo la gente no había abandonado la ciudad ante la inminente ocupación. Según él, antes de que empezara el ataque aviones americanos habían sobrevolado la ciudad de Bagdad lanzando volantes que advertía a los ciudadanos, en árabe, del peligro se acercaba. Pero el teniente no lo podía creer y decía, con pena: “Todos debieron irse. Nosotros se los advertimos, ellos lo sabían…”.
En una situación como esta descubrir una ironía no es muy agradable. Si antes los volantes advirtían la guerra -advertir es un decir, si es que esta llega de todas maneras- hoy los papeles son libros. Y no son simples volantes sino libros despedazados, la violenta explosión de la biblioteca acompañada de cuerpos que ahora yacen en el suelo. ¿Cuál fue la razón? ¿Nuevos nombres, cifras, sospechosos, grupos religiosos, regimientos aliados? Tarde o temprano, en el desencuentro cultural, los libros son quemados, censurados o destruidos: libros y cuerpos de esas culturas que aún no se conocen y cuyo único contacto se produce en la guerra.
Apenas invadido Iraq, uno de los principales problemas del ejército americano consistía en la traducción y la clasificación, en orden de prioridad, de los documentos de inteligencia abandonados en los ministerios iraquíes poco después de la derrota. Pero debido a la urgente necesidad de tener que organizar y gobernar un país las nuevas autoridades no pudieron hacer uso de esta información. El tiempo ha pasado y la situación es más compleja. No solo se han sucedido varios gobiernos, entre americanos e iraquíes, sino que ahora un sentimiento de furia y cinismo copan el ambiente.
Los que nos encontramos al margen de la guerra tenemos dos opciones. O nos volvemos meros espectadores o, por lo menos, participamos de ella a través de su análisis. Como dice George Lakoff, la conciencia importa y el acto analítico es un acto político. Es decisión de los periódicos hacer de las noticias sobre Iraq una sección más, pero también puede ser una costumbre nuestra. Está en nuestra decisión leer, informarnos y conocer otros puntos de vista. Aunque esto no detenga la guerra, al menos no por el momento, ayudará a formar valores y cambios para que circunstancias como éstas no se repitan.



March 20th, 2007 at 9:04 pm
Y todavía falta ver todo lo que se está escribiendo al respecto. Es conocido el nivel de reacción de los escritores norteamericanos frente a todas las guerras en las cuales su país se mete. ¿Ya se tiene alguna noticia sobre ello?
March 20th, 2007 at 11:29 pm
Hay que tomar partida por el conflicto de Iraq, a favor o en contra. En contra, todos quienes asumimos una reacción antibélica. A favor, los que quieren ganarse alguito con el figuretismo. Y como dice la canción de Los Nosequién y los Nosecuántos: “Y por cinco lucas me compro un novelista”.