Escritores e historia
Publicaciones, Hablablog February 5th, 2007
Giancarlo Stagnaro
La edición 13 de El Hablador está dedicada a la novela histórica. Indudablemente, es un tema involucrado con la fundación de nuestra literatura actual, en particular con la obra de Ricardo Palma y sus Tradiciones. Una de las intenciones de Palma era evocar el pasado para contrastarlo, sin carecer de ironía, con la inestabilidad en los albores de la República peruana. Palma se refugia en la historia para revelarnos las sutilezas de lo que más adelante se llamaría identidad peruana. En ese sentido, los narradores que han tocado el tema histórico no han hecho sino seguir este derrotero, tal como lo muestra en su artículo panorámico el escritor Mario Suárez Simich.
La narrativa histórica en el Perú posee unas insospechadas vetas de desarrollo. Nuestra historia es riquísima y milenaria, plena de acontecimientos. Hace poco, el último libro del historiador José Antonio del Busto, Historia cronológica del Perú, nos confirma que el conocimiento de la historia es la mejor herramienta para entender la complejidad de nuestro presente. Se trata de un ejercicio de memoria cultural y la novela histórica puede concitar todos estos elementos en beneficio de la ficción y, por qué no, de la reflexión.
Un buen ejemplo de esta conjugación de historia, ficción y reflexión la tenemos en Ursúa, notable novela sobre los conquistadores españoles del colombiano William Ospina, que ha sido ambientada a mediados del siglo XVI en lo que hoy es Colombia. Ospina, entrevistado por la mayoría de diarios limeños a raíz de su presencia en la Tercera Feria del Libro de Trujillo, ha recalcado la importancia de la historia y de las fuentes como material de primera mano para la elaboración de ficciones de este tipo. “La mayor parte de lo que se cuenta [en Ursúa] es real. Y hacer esto era muy importante para mí, porque los hechos de aquella época son, de por sí, novelescos y apasionantes. Sólo recurrí a la imaginación para entrelazar episodios o darles mayor claridad”, confiesa a Jack Martínez en el diario La Primera.
Por otro lado, en El Hablador, el español Antonio Orejudo esboza algunas particularidades que él considera inherentes de la novela histórica. Además de la distancia necesaria respecto a los acontecimientos, se podría decir que coincide con Ospina cuando argumenta que, para la novela histórica, “los hechos que presenta como ciertos han de poderse demostrar documentalmente”. Sin embargo, discrepa de Ospina cuando sostiene: “La obligación en este caso no es la verdad, sino la efectividad. Si un escritor de novelas históricas posmodernas manipula los hechos históricos no lo hace por posmoderno, sino por novelista”. En todo caso, Ospina nos recuerda que los hechos de la Conquista de por sí son “novelescos”, es decir, dignos de ser contados como una novela. Las crónicas vendrían a ser como la primera piedra de estos espacios ficcionales, tal como lo insinúa, desde otra perspectiva y en otra parte, Rolena Adorno en su artículo “La Florida del Inca y los albores de la literatura latinoamericana”, aparecido en el libro Franqueando fronteras (edición de Raquel Chang-Rodríguez, 149-179). Sería a todas luces interesante que los narradores peruanos novelen o piensen novelar el decisivo encuentro de Cajamarca, ocurrido el 16 de noviembre de 1532, del cual se cumplen 475 años este 2007 y que no se suele recordar como debiera. Ya Julio Ramón Ribeyro también había incidido sobre esta llamativa carencia de la literatura peruana (El archivo personal de Julio Ramón Ribeyro, 89).
La alusión de la posmodernidad hecha por Orejudo llama la atención sobre nuestra época para manipular los textos históricos en aras de su re-creación literaria. Digamos, en otras palabras, que con la posmodernidad se le ha perdido el respeto a la Historia y lo que nos quedan son sólo textos, discursos y fragmentos dispuestos a ser reconstruidos. El éxito de El nombre de la rosa es una muestra de esta reescritura, impulsada cada vez con mayor ahínco por la industria cultural. Sin embargo, la pregunta queda: ¿contribuyen estos productos a una memoria, individual o colectiva, de los hechos narrados? La respuesta es: depende. De ahí la distinción práctica que efectúa Orejudo sobre la narrativa fomentada por El código Da Vinci y sus sucedáneos; y aquella que promueve una toma de conciencia: “Una ficción auténtica no lo es porque cuente la verdad, sino porque lo que cuenta nos conmueve las vísceras. Por eso es auténtica. Y para escribir ficción uno suele manipular siempre la historia. La suya, la personal, y la común a todos los hombres”.
En consecuencia, una lectura atenta debe contribuir a especificar los productos que sólo se rigen por los cánones del mercado y los que contribuyen a una memoria histórica. El debate de si para ello deben manipularse los hechos está descartado. Lo decisivo, en todo caso, es despertar sentidos y generar evocaciones en el lector. En nuestro caso latinoamericano, hurgar en las raíces del presente, como lo hace Ursúa, siempre será objeto de predilección permanente.



February 6th, 2007 at 1:58 am
Giancarlo, la novela histórica tiene seguramente ese agregado, esa cuota (mayoritaria o no) de verdad que invita no sólo a leerla como literatura, sino a reflexionar a partir de una realidad pasada. Mas hay algo que no has tocado, qué tan lejos en el tiempo deben situarse los hechos en los que se debería enmarcar una novela de referencias históricas. Respecto a ello, Ospina me decía que como en el Perú, algunos escritores de su país optaban por enmarcar su discurso literario en la violencia de un pasado demasiado reciente, y no convencían.
February 6th, 2007 at 3:28 pm
Jack, considero que es necesaria cierta distancia temporal respecto a los hechos por ser narrados. Sin duda, en el caso peruano se ha privilegiado últimamente la época colonial (pienso en Fietta Jarque, Sandro Bossio, Zoila Vega Salvatierra), pero eso no quiere decir que se aborden otras épocas. Para el canon, esta distancia mínima debe ser de 50 años. Por eso Orejudo puede escribir una novela histórica sobre la guerra civil española. Ospina dice que esas narraciones no convencen precisamente por esa cercanía con los sucesos de violencia, y eso me parece lógico, porque los fenómenos históricos tardan su tiempo en ser “fijados” por la memoria social. Quizás por eso ocurre que las ficciones sobre la época fujimorista, por ejemplo, no se sienten como productos acabados. Digamos que la preeminencia interpretativa la tiene el reportaje periodístico de largo aliento, como el de Sally Bowen. Y eso me parece que debe ser así.
February 6th, 2007 at 3:48 pm
Si no entiendo mal, Ospina propone (y Stagnaro parece estar de acuerdo)que la novela histórica vendría ser la versión para niños de los textos historiográficos, un librito para principantes que quieren enterarse de “cómo fueron” las cosas, pero con sal y pimienta, y no con rigor académico. Si es así, habría que poner a Ursúa en esa colección de libros que venden en supermercados bajo el título de “la conquista para dummies”.
February 6th, 2007 at 4:35 pm
Francisco, te invito a que leas la novela antes de adelantar opinión. Te aseguro que sentirás la diferencia entre un simple cover y una nueva reescritura de los hechos, posible gracias a los recursos de la ficción. Además, algo que no se ha dicho es lo profundamente imbricado del argumento de Ursúa con la historia del Perú, ya que tiene que ver con lo amazónico, la selva, el mayor tesoro de Sudamérica. Además de la riqueza propia de los personajes, incluyendo al narrador.
February 6th, 2007 at 9:38 pm
Al parecer, Paco, has hecho una lectura bastante superficial del post de Stagnaro. ¿Acaso la literatura, de por sí, está destinada a un público que no puede entender académicos estudios históricos? No, no es necesario enmarcar los sucesos del pasado en una novela para que sean aprehendidos por el lector.
Parto de la base de que las novelas, históricas o no, son sobre todo eso, novelas. La discusión, en ese sentido, va por otro lado. ¿Qué tan pertinente es ensayar una novela sobre el fujimorismo -para seguir el ejemplo de GS- desde una perspectiva que no dista mucho de los sucesos acaecidos en aquella época?.