ENTREVISTA A IVAN THAYS
entrevista February 25th, 2007
“La literatura pasa por muchos factores que no se pueden ocultar”
Por: Francisco Angeles
Con tres novelas y un libro de cuentos, Iván Thays se ha convertido indiscutiblemente en uno de los más importantes escritores peruanos de las últimas décadas. Conductor del programa de televisión Vano Oficio, blogger de la visitada página de actualidad literaria Notas Moleskine, galardonado con el premio holandés Príncipe Claus y comentarista de libros, Thays es acaso el principal animador del medio literario peruano. Conversamos largamente con él para que nos diera su opinión sobre varios de los aspectos que dominan el debate literario nacional: la polémica entre ‘andinos’ y ‘criollos’, las dificultades de acceder a los medios, los mecanismos que permiten la difusión de una obra. Lo que sigue registra parte de esa extensa e interesante charla.
LA OBRA
Han pasado quince años desde la publicación de Las fotografías de Frances Farmer. Me gustaría que contaras cómo fue la recepción de ese tu primer libro.
Tuvo una vida muy curiosa. Empezó con una especie de silencio total, ya que ni siquiera salieron notas de prensa sobre la presentación. Así estuvo por dos o tres meses. Había un comentario de Fernando Vivas en Caretas, que se enfocaba sobre todo en la figura de Frances Farmer, y una reseña de Rocío Silva. Me hicieron entrevistas que nunca salieron. Y ya a fines del 92 comenzaron a salir notas muy entusiastas de gente que no conocía, que hablaban sobre todo del lenguaje, que fue el aspecto que llamó la atención. Y lo que más sorprendió fue que apareciera un narrador joven. En esa época había muchos poetas jóvenes, pero no narradores…
En el prólogo a la reedición (2000) mencionabas que el libro no había sido muy bien recibido por gente allegada al grupo Narración. Y mencionabas que en la época de su publicación se seguía “a pie juntillas” los postulados de dicho grupo. ¿Era tanto así?
En el 89 hubo un encuentro de escritores jóvenes, la mayoría sólo con una plaqueta o inéditos que habían ganado algún concurso, y la conclusión fue que Narración era la última gran renovación de la literatura peruana. Y se esperaba a alguien que retratara la Lima contemporánea. Incluso hubo una polémica muy fuerte en Quehacer. Retratar esa Lima compleja, con los provincianos mezclados con los limeños, esa novela sociológica y crítica era a lo que aspiraban todos los escritores jóvenes. Incluso Miguel Gutiérrez, cuando apareció Las fotografías de Frances Farmer, con mucha amabilidad me comentó que era joven, que debía olvidarme de que ese libro existía y cambiar de estética. Obviamente, Gutiérrez no quería experimentalismo ni juegos de lenguaje.
¿Qué leía un escritor joven en esa época? ¿Por qué esa vertiente realista como imposición?
Las lectura peruanas eran obligatorias. Reynoso, Gutiérrez, y por supuesto que Vargas Llosa y Bryce, eran las lecturas comunes. También los del Boom, sobre todo Cortázar. Del extranjero llegaban los libros de Oveja Negra, pero no recuerdo mayores comentarios sobre ellos. Recuerdo que la lectura era muy latinoamericana, Onetti, Sábato… y yo me sentía un raro porque leía a Attila Joszef, a Pizarnik y ya era un fanático de Nabokov.
Siempre has hablado de tu obra como un proyecto integral. Escena de caza y El viaje interior siguen una misma línea, incluso podrían verse como un díptico. Hay muchas semejanzas: el viaje, la relación de pareja que se rompe, la reflexión sobre la historia y el propio pasado…
Escribí los dos libros casi al mismo tiempo, y en el 95 ya estaban los dos terminados. Pensé publicar El viaje interior y el otro dejarlo como algo muy personal, pero Bellatin me recomendó publicar Escena de caza y trabajar El viaje interior. Y eso hice por cuatro años, hasta publicarla en el 99.
Dentro de ese proyecto integral, La disciplina de la vanidad es una obra distinta, sin mayor relación con las precedentes….
Es una especie de metanovela, que incluye reflexiones e ideas que había recopilado en esos años de escritura. Tenia cuentos, artículos ya publicados, y luego los uní y construí la novela. La planteé como el fin del aprendizaje del escritor adolescente. Es decir, las dudas y traumas de un joven que primero quiere escribir y luego ingresa se cierran con esa novela. Allí termino una etapa.
CRIOLLOS Y ANDINOS
Gutiérrez te aconsejó que “cambies de estética” ¿Crees que el origen de la discusión entre criollos y andinos tiene que ver básicamente con posturas divergentes frente a la literatura, o está más vinculada a cuestiones extraliterarias, de índole socioeconómico e incluso de diferencia racial?
Tiene que ver con muchísimas cosas. La discusión general es muy amplia, pero si me hablas del debate en concreto que surgió a partir del encuentro de Madrid tiene que ver con un hecho específico: los organizadores lo hicieron para que nos peleáramos. Mario Suárez y una española que no recuerdo su nombre, organizaron un encuentro para los llamados ‘andinos’, para hablar de sí mismos, para alabar sus libros. Pero necesitaron ayuda económica y fue Jorge Eduardo Benavides quien se hizo cargo de la parte logística, consiguió el dinero para los pasajes, etc. Y por ello tenía derecho a integrar la lista e incluir a las personas que él consideraba que debían estar. En la lista de Mario Suárez todos eran de los andinos y en la de Benavides estábamos Ampuero, Cueto, Goldemberg, Sumalavia y yo. Y cuando la prensa nos tomó más atención a nosotros que a ellos se armó la bronca.
¿Hubo un hecho específico que la hiciera estallar?
Hay cosas que curiosamente no se hablan y fueron el verdadero detonante. Si dos personas organizan un encuentro, donde claramente hay dos grupos, y además están a favor de uno de ellos, entonces todo lo que uno haga será mal visto. La mayoría de ellos iba a un restaurante al frente del lugar del evento, pero no era obligatorio ir ahí, ya que no nos pagaban los almuerzos. Así que con Ampuero y Cueto nos íbamos a otros restaurantes, y ellos veían eso como un desplante. Ampuero fue a ver toros, Cueto a una exposición. No tiene nada de malo, ¿verdad? Pero para ellos fue un desaire.
Después tú te mantuviste al margen del debate…
Si, publiqué un articulo bastante inofensivo, y me sorprendió la reacción violenta de ellos, sobre todo a un artículo de Alonso, donde dijo que hubo ponencias buenas y otras no tan buenas, y eso fue suficiente. Ya estaban armados para la pelea… Pero, en general, existen dos versiones de lo que es la literatura. Me parece que ellos piensan que existen estéticas correctas y estéticas equivocadas. Yo confío en la escritura y no me interesa el tema, o si es realista o fantástica. Incluso una novela total ahora sería genial. He aplaudido a algunos autores en otras lenguas que hacen novelas totales, como Vikram Seth. No es problema de estética sino de escritura. El tema central es cómo enfrenta la realidad cada uno. Ellos creen que la literatura es reflejo de la realidad, así que si hablas de la violencia en el momento debes ser muy bueno porque estás tratando de captarlo cuando las papas queman. Mientras que para mí la escritura es la misma realidad.
Ese aspecto de la discusión ha quedado claro, pero iba también a si había algo extraliterario en todo esto. Por eso insisto en el tema de lo socioeconómico o racial…
Si, hay mucho resentimiento. El Perú es un país clasista, Lima es el centro y los escritores limeños son los apropiados para la colectividad limeña. Yo pienso que Cueto y Ampuero son los escritores que retratan la realidad limeña, un mundo en particular, y por tanto tienen cobertura de la prensa limeña…. en cambio, si aparece un joven provinciano le es mucho más difícil…
Digamos que no saldría en Somos…
Podría salir, pero no por principio. O sea, Cueto publica un libo y por principio sale en Somos, el otro tendría que gustarle al editor o interesarle por un aspecto en concreto. Por eso sale Reynoso, por algún aspecto específico. En cambio, si no aparece Cueto, la pregunta sería por qué no apareció.
¿Y cuál es la razón para que Cueto, por seguir el ejemplo, salga en Somos como regla, y el otro como excepción?
Hay un grupo de escritores limeños que están hechos para el grupo de lectores de, por ejemplo, Somos. Y entonces los lectores esperan cosas de ellos…
Pero yo iba un poco más allá, a cómo llegaron a esa posición…
Eso es azaroso. No tiene nada que ver con raza ni religión ni nada. Eso sucede o no sucede. En algún momento una cierta estética interesó y eso es difícil que cambie…. en algún momento ese lugar lo ocupó Arguedas. Publicaba un libro y salía en cinco diarios, mientras que uno urbano escribía sobre la ciudad y no pasaba nada. Depende más de la prensa, de lo que cree que sería atractivo para su público.
Es decir, por ejemplo, ponen a Colchado Lucio en Somos y a nadie le va a interesar…
Pero hay que saber por qué lado entrar. Estas cuestiones extraliterarias son más complejas. Para ellos es muy fácil la fórmula mafiosos contra pobrecitos, pero gente como Reynoso o Gutiérrez, que conocen la realidad política y social del Perú, saben que es imposible que tres escritores manejen todo. Eso viene de años, es un racismo o clasismo, pero tiene que ver más con el marketing. Te pongo un ejemplo. Fuguet juntó un grupo de personas, muy distintas entre sí, hizo una antología y le puso McOndo. Sin ese nombre pasaba desapercibida.
Un nombre genial…
Genial, porque creó un concepto: los nuevos jóvenes son los McOndo. Y Fuguet hubiese podido decir qué tengo yo que ver con Fresán, obras distintas, mundos distintos, lecturas distintas. Sin embargo, quedó el McOndo. Incluso autores que no salen en la antología son mcondianos porque Fuguet creó un concepto que era fácil de entender para gente que no es experta en literatura. Creo que eso han logrado Cueto, Ampuero o Niño de Guzmán… no sé cómo, porque no es tan obvio como en McOndo. El punto es cuál es el concepto detrás de Colchado y los demás, sin incluir a Gutiérrez y Reynoso que sí tienen un concepto y salen en todos lados. Un caso interesante es el de Carlos Calderón Fajardo, que tenía como siete novelas publicadas y había ganado muchos premios, pero sus obras casi no eran comentadas. Pero ahora existe el concepto del escritor raro, inasible, que ya es un concepto que todo el mundo domina, por ejemplo con Aira, y eso permite que ahora tenga mayor difusión. Porque ya es parte de un concepto.
¿Ese no es el trabajo más de un agente literario que de un escritor?
Pero la literatura no es el proceso puro en el que cada uno escribe y publica hasta que alguien descubre que eres un genio. Hay editoriales, prensa, agentes. La literatura pasa por muchos factores que no se pueden ocultar. Eso de publicar y esperar que te toquen la puerta para decirte lo genial que eres ya pasó.
Con todo ese trabajo de marketing detrás del escritor, ¿no se está relativizando el valor de la obra literaria?
El espacio está dominado por conceptos y marketing. La cuestión es por qué se está luchando. Si es por la crítica no tendría sentido. Colchado o Reynoso tienen muchos más ensayos o tesis en Estados Unidos sobre ellos que cualquiera. Pero su lucha no es por la crítica sino por el espacio de la prensa, y eso no se maneja sólo por la calidad de la obra. Ellos deben aceptar que se necesita un concepto sobre el propio escritor para llegar al periodista.
¿En tu época de Frances Farmer tenías ya un perfil definido, un concepto detrás?
Yo tuve muchísima suerte, porque era un escritor joven, cosa rara de por sí, que escribía algo distinto, que parece que los lectores esperaban, y además tenía el pelo largo… así que funcionó, pero eso yo no lo manejé. Fue casualidad. También podía pasar desapercibido, que en realidad era lo que esperaba.
LOS BLOGS Y LOS ENEMIGOS
Me preguntaba cuántos amigos has perdido o enemigos has ganado conforme has ido avanzando en tu carera literaria, y a qué crees que se puede deber. ¿Has cometido algún error que te haya hecho ganar un enemigo no gratuito?
Siempre he dicho lo que pensaba, eso no creo que sea un error… quizá por eso, por no decir lo que la gente esperaba. Nunca he sido muy concesivo.
Pero mucha gente te insulta en los blogs, es evidente que tienes enemigos…
Ahí hay algo muy interesante. Cuando me insultan yo creo que soy sólo el blanco que esta ahí, pero que puede ser otro, Ampuero o cualquiera. Detrás de esos insultos hay un síntoma, y yo trato de ver qué es lo que realmente me están queriendo decir al insultarme. Es inevitable que ellos vean que yo tengo un programa de televisión, varios libros publicados, que me invitan a encuentros de escritores…
Quieres decir que es envidia…
No envidia, sino que me parece inevitable que digan por qué él está ahí y yo no. En realidad dicen por qué no lo logro yo. Es una crítica hacia ellos mismos. Me siento mal conmigo mismo, y me cuesta mucho asumirlo, así que mejor insulto a este pata y pienso él que es el culpable de que todo me salga mal.
La mayoría de insultos provienen de los llamados blog basura. ¿Tienes algo que decir sobre ellos?
Yo creo que la gente que hace eso puede ser de dos tipos. Un tipo sería gente muy joven que quiere publicar y tiene miedo de fracasar. Así que anticipan su fracaso porque acá está este idiota que es un sobón. Y el otro tipo serían los que han empezado su carrera literaria e incluso les puede ir bien, pero que dicen por qué a mí no me invitan a tal feria, por qué mi nombre no sale en tal lado. Entonces el culpable es Thays o Cueto o Faverón.
Se habla mucho de una supuesta mafia. ¿Qué tienes que decir al respecto?
Si yo fuera ministro y me dicen que dirijo una mafia, lo puedo enjuiciar. Pero yo sé que no me dicen mafioso en el sentido de estafador sino de argollero. Eso tengo que entenderlo. Todo el mundo tiene derecho a pensar que las cosas que le han ido bien a uno han sido por argolla. Yo sé que no, pero ellos pueden pensar lo que quieran. Y por último, las peores críticas que reciba de ellos nunca serán nada en comparación a las que me hago yo mismo.
¿Cuando dices “ellos” a quiénes te refieres?
A los administradores de los blogs basura y a los que comentan. Sé de muchos que entran a comentar, pero no sé quiénes los administran. Tengo confirmaciones de dos o tres personas que siempre entran a escribir con seudónimo, pero no voy a decir los nombres. Ellos piensan que Faverón o yo rechazamos que existan blogs que nos critiquen. Al menos en mi caso, y seguro que Gustavo estaría de acuerdo, me parece muy bien que nos critiquen, y hasta psicológicamente sano para ellos que digan que escribo mal o que soy mafioso.
Incluso había un blog hace poco que parafraseaba el título de una de tus novelas…
De ése no me enteré. Pero yo creo que está muy bien que exista crítica, que me digan mafioso y que haya gente antiThays. Lo que no soporto es que insulten y calumnien con asuntos personales. En esos blogs han insultado a mi hijo, a mi ex esposa, me han acusado por cosas por las que debería estar en la cárcel…
Una acusación que te hacían es que tus reseñas son para cumplir agenda…
¿Para atacar escritores?
O para elogiar… por ejemplo, a Cueto o a Ampuero…
Nunca he reseñado una novela de Ampuero… bueno, creo que El enano sí…. pero no, no tengo una agenda, lo que hay son temas que me interesan más que otros. No soy critico, soy un escritor que opina sobre libros que me interesan. Es inevitable que cuando aparece el libro de alguien cuya obra me interesa, como Cueto, yo inmediatamente lo quiera comentar. Y cuando aparece Bayly también me interesa comentarlo. Hago crítica cuando me interesa la obra, cuando tengo algo que decir a favor o en contra.
Otro asunto muy discutido fue el blog Bata Japonesa, donde criticaron a reseñistas que no habían tratado muy bien la novela de Cueto. Ahí le cayeron con todo a Ágreda, a Luis Aguirre…
Pero Aguirre no comentó a Cueto, sino a Iparraguirre, que además….
Claro, pero algunos podrían verlo como un artilugio para no ser tan evidentes…
Bata Japonesa era un blog grupal y criticamos varias reseñas. También se comentaron los errores de mi crítica a Cueto.
Cuando sale una novela de Cueto, por ejemplo, la gente dice ya sabemos que Thays la va a comentar, ya sabemos lo que va a decir. No dudo de tu honestidad, pero ¿no le das pie a esos comentarios con reseñas favorables?
Pero mi reseña a la novela de Cueto no me parece muy favorable. Dije cosas que no habían dicho antes, como sobre el lenguaje, y otras que nadie se ha fijado, como que me parece mucho más compleja que un relato sobre Sendero. Eso no tiene nada que ver con la amistad. Por ejemplo, Santiago Roncagliolo es un gran amigo mío, de muchos años, pero cuando aparece su obra soy muy duro con ella.
Pero algunos medios dan a entender que eres casi su enemigo…
Eso es muy ridículo.
¿Quiénes pueden estar interesados en difundir esa supuesta enemistad?
Hay gente interesada en dividir para reinar. Más notorio fue con Daniel Alarcón, a quien nadie conocía. Yo lo conocía de nombre porque Paz Soldán me había hablado muy bien de él. Y cuando lo conocí, a todo el mundo le empecé a hablar bien de él. Daniel era muy tímido, no decía nada, así que yo lo presentaba y decía que él había publicado en el New Yorker, que estaba en Harper Collins. Pero hay personas que quieren crear la idea de que yo soy envidioso y quieren dividir. Por ejemplo, Coral mandó un mail a Faverón y a mí diciendo que estábamos en contra de Santiago y Alarcón, cosa que no tenía ningún sentido. Y uno que siempre ha estado en mi contra es el editor de culturales de Expreso, que siempre me pone como envidioso o trata de crear enfrentamientos. Hay escritores a los que he criticado mucho, como Saramago o Bayly, que no me cae mal para nada…
Ya que mencionas a Bayly, recuerdo que a partir de allí surge un entredicho con Pedro Salinas…
A Salinas yo lo conocí porque me invitó a un programa de radio. Siempre fue muy amable conmigo, pero cuando yo comenté el libro de Bayly lo tomó como algo personal contra él, lo que me sorprendió muchísimo. Y cuando leí el libro de Salinas era tan malo que dije lo voy a comentar….
¿No es una contradicción con lo que dijiste hace un rato, que comentabas sólo lo que te interesa?
Lo que me interesa porque me parece bueno o malo….
En todo caso, comentas los libros malos si tienen figuración…
No necesariamente por figuración. Los comento si es que tengo algo que decir sobre ellos.
¿Y el libro malo de un desconocido?
Podría hacerlo, si tengo algo que decir…
¿Y podrías escribir una reseña negativa sobre Cueto o Ampuero?
Sí podría. Y de hecho a veces a mis amigos no los comento… con los que juego Playstation, que son estupendos escritores, prefiero no comentarlos porque con mis amigos soy mucho más duro…..
Del grupo del Playstation creo que reseñaste a Castañeda…
Porque me parece un extraordinario escritor. Y en esa época no era mi amigo. A lo que voy es que sólo me interesa reseñar obras sobre las que tengo algo que decir. Si no tengo nada que decir, aunque el libro sea de Ampuero o Cueto, no digo nada, pero si veo que hay un problema interesante sobre esos textos, sí los reseñaría. A veces creo que mi vocación es más de editor que de escritor. Me encantaría hablar con Bayly antes de que publique un libro y decirle cuáles son las fallas…
¿Qué te parece Bayly como escritor?
Me parece muy interesante, pero me da la impresión de que no cree en sí mismo. Creo que tiene baja autoestima. Y por eso le tiene miedo a la literatura.
Te refieres a que podría ser mejor escritor de lo que es, pero no quiere…
Podría ser mejor escritor, pero no se atreve a fallar. Ha inventado una fórmula que le ha funcionado muy bien, comercialmente claro, y tiene miedo de cambiar. Bayly no soportaría un fracaso literario en el sentido comercial… aunque sea un éxito literariamente hablando.
HERNÁN MEDINA Y GONZÁLEZ VIGIL
Alguna vez tuviste un problema con tu ex productor de Vano Oficio. ¿Qué sucedió exactamente?
De Hernán Medina no me gustaría hablar mucho porque no quiero cometer el error que otros cometen conmigo. Éramos amigos desde antes del programa y formamos un grupo muy unido que hacía un buen programa. Pero hubo un problema y la relación se quebró. Me despidieron de Vano Oficio porque se supone que yo había robado parte del premio que supuestamente también le correspondía a Hernán. Pero la postulación al Príncipe Claus fue antes del programa, a raíz de un articulo sobre El viaje interior en una revista en inglés auspiciada por el mismo Príncipe Claus.
Entonces era por tu obra…
No por la obra, sino por la labor. No es un premio literario, sino a personajes que hacen algo por sus países.
De ahí la confusión, podía parecer que era por Vano Oficio…
El problema fue que cuando gané el premio los periodistas inventaron que era por Vano Oficio.
¿Después retomaron la amistad?
Nunca más. Pero él nunca me reclamó nada y no tengo bases para acusarlo. Ni siquiera sé si tuvo algo que ver con mi salida temporal del programa. Así que prefiero dejarlo ahí.
Hablemos entonces sobre Gonzáles Vigil. En Madrid lo llamaste ‘cerebro de cáscara de nuez’…
González Vigil fue mi profesor y yo lo respeto y admiro como tal, era muy motivador. Pero tiene una visión de la literatura muy estrecha. Para él todo son jerarquías, quién es mejor que el otro, qué cosa es más difícil de escribir que otra. Yo quise describir a cierto tipo de escritores que escriben para que los comente un crítico con ‘el rostro y el cerebro de cáscara de nuez de González Vigil’. Y además ésa es una frase de Hamlet. González Vigil es un crítico que deduce de la literatura peruana las reglas de la literatura universal. Constriñe y no abre el espacio.
Pero la frase fue un poco fuerte, y además después elegiste su libro como el peor del año..
Pero lo hice con argumentos literarios, no con insultos.
¿Hay un problema personal con el?
Para nada, aunque sé que está muy ofendido. Pero él debe entender que no todos vamos a pensar que es buen crítico. Para mí es un mal crítico. Es muy prejuicioso. Por ejemplo, el minimalismo le parece mal por principio. Y en un manual, que es para alumnos, no puede dejarse llevar por cuestiones personales. Eso me pareció poco profesional. Pero igual me he arrepentido de la frase porque la gente lo entiende como insulto y no como la metáfora que era. Le he escrito para explicarle lo que había pasado. Pero no me ha contestado. Yo nunca quise insultarlo.
MOLESKINE, FAVERÓN, ELPRÓXIMO LIBRO
Hablemos del blog. Dejaste de postear…
Es sólo un problema logístico, un problema con la conexión, voy a volver….
¿Qué tal la experiencia con Moleskine?
Inicialmente me llamaba la atención ser un editor de noticias, y ahora me sorprende la acogida que tiene fuera del Perú. En el extranjero mucha gente me conoce no como escritor sino como el blogger de Moleskine. No creo que tenga una gran lectoría, nunca he llegado a mil en un día, pero me da mucha satisfacción porque creo que mis lectores son de calidad.
¿Por qué no aceptas comentarios?
Antes no había moderación. Y una vez Salinas mandó miles de veces un mismo comentario, supongo que para colapsar el blog. Pero ahora lo que me interesa es que sea como una página no sólo mía, sino de un pull de personas que hagamos un portal de noticias.
¿Y cómo ves los otros blogs literarios peruanos?
Leo el de Paolo de Lima, que creo que está muy actualizado, y el de Faverón, que es el mejor de todos. Es un blog muy inteligente y siempre me sorprende la capacidad de argumentación de Gustavo. .
¿Qué relación hay exactamente entre Faverón y tú?
Nunca hemos sido amigos aquí en Lima, ni siquiera nos saludábamos cuando nos veíamos. Yo creo que hay un respeto mutuo.
Lo preguntaba porque la gente cree que ustedes juegan en pared…
No, nada que ver. Ahora cuando ha venido sí nos hemos visto, pero más por la idea de que hacemos un trabajo serio y respetamos las reglas de juego. Creo que eso nos ha acercado. Nos hemos hecho amigos a partir de los blogs.
La pregunta final y de rigor. ¿Vas a publicar una novela este año?
No lo sé todavía. Ahora el agente decide. Pero sí hay algo ya terminado.
¿Puedes contar algo al respecto?
Sólo te puedo decir que es muy distinto de todo lo anterior y que se va a armar una polémica enorme.
¿No puedes adelantar nada más?
No.
¿Tiene algo que ver con tu cuento Lindbergh?
Tiene mucho que ver. Lindbergh es la metáfora de esa novela.
Respuesta a la difamación
Publicaciones, Hablablog February 25th, 2007
En un blog que lleva el nombre del poemario de su autor, esta tarde se ha hecho una acusación contra lo que no podemos quedarnos callados. Y no nos quedaremos callados simplemente porque su autor MIENTE. Algunos integrantes de El Hablador opinaban que no era necesario responderle a una persona que no goza de ninguna credibilidad. Sin embargo, finalmente coincidimos en que no debemos guardar silencio ante una difamación.
Vayamos por partes. Paso a paso, relajados no más, desmenucemos las mentiras de esta persona. Es claro que el señor aludido ha venido esperando el momento de golpear a este blog, por la sencilla razón de las denuncias que contra él hizo uno de nuestros entrevistados hace unos días. Y es obvio que esperó y esperó, entró y reentró a nuestro blog buscando el comentario descalificador, elitista, racista o insultante que le permitiera catalogarnos con “pruebas” de que éramos un blog basura. Pero como nunca encontró nada de eso decidió dejar de buscar y empezar a actuar.
Esta mañana llegaron cuatros comentarios con el mismo IP (201.230.163.53): dos insultaban abiertamente y en términos fuertes a un conocido escritor; los otros dos fueron publicados (firmados por Max y Preguntón). Es evidente que la persona en cuestión esperaba que publiquemos sus comentarios para postear de inmediato en su blog las “pruebas” de que éramos un blog basura. Incluso, minutos después de la llegada de esos cuatro comentarios, el administrador del Hablablog aclaró en un comment que esos insultos no pasarían en este blog. De esa manera el del blog con nombre de su propio poemario se quedó sin armas. Pero no se rindió. Si no podía “denunciarnos” con la verdad, tendría que mentir. De manera que más tarde llegaron dos comentarios más: los mismos que él publica en su blog como “pruebas”. Son los siguientes:
Qué tanto hablan de mafias. Ni siquiera al indiecito de Víctor Choral le hemos permitido la entrada a nuestro inmaculado circuito, menos estarán los Palacios, García Miranda o Selenco Vega. Puede ser que la cosa funcione con Yushimito y Stagnaro. Comment by Daniel Salas 02.24.07 @ 11:09 pm”
Ya lo he dicho: lo siento por ustedes, marginados, pero nosotros no pedimos nacer y caer donde caímos. Y ustedes saben bien, sanmarquinos, que no hay lugar para todos. Que no todos podemos ser estrellas. No es así, Iván? Comment by gustavo faverón 02.24.07 @ 10:35 pm”
Los dos comentarios llegaron, como se puede ver, con sólo media hora de diferencia y con el mismo IP (200.106.105.61). De inmediato, el blogger mencionado los utilizó para denunciarnos por supuestamente permitir la obvia suplantación de identidad de quienes firmaban con los nombres ahí aparecidos. Pero aquí viene la gran mentira: esos dos comentarios, tal cual los presenta, NUNCA fueron publicados, nunca estuvieron un solo segundo colgados en nuestra página de comentarios. La pregunta es: ¿cómo sabía el administrador de ese blog que los comentarios originales decían eso si JAMÁS estuvieron publicados en esa versión? Muy obvio: él mismo los escribió. Como sólo censuramos en caso de insultos, esos comentarios fueron editados apenas llegaron porque obviamente no podían publicarse firmados con los nombres de las personas señaladas. Se eliminó tres aspectos específicos: “el indiecito Víctor Choral” quedó simplemente como “Coral”, y los nombres ‘Daniel Salas’ y ‘Gustavo Faverón’ fueron reemplazados por ‘anonymous’. Así, con eso cambios, fueron publicados, y así se mantienen.
Muy barata la treta, muy fácil de desmantelar. Por supuesto que el hombre no es ingenuo y ya puso el parche diciendo que seguramente “borraremos o modificaremos” esos comentarios después de leer su post. No, Víctor, ni los modificamos ni los eliminamos. Se mantienen tal cual fueron publicados (perdona por cambiártelos y malograrte la jugada).
No tenemos idea de a qué hora posteaste ese texto difamatorio, pero supongo que entenderás que ninguno de nosotros anda todo el día esperando el momento en que nos calumnies. Así que algunas horas habrán pasado desde que pusiste el post hasta que nos enteramos. Y nadie que no esté mintiendo podrá decir que en ese lapso de tiempo leyó los comentarios, tal como tú los colocas, en nuestro blog.
Nos acusas que en nuestro blog “intervienen los comentarios, se cambia las fechas de publicación, y aparecen y desaparecen los mismos según la coyuntura”. Pues bien, si editar un comentario es quitar el nombre de una persona reconocible que claramente no escribió ese comentario y colocar en su lugar un simple ‘anónimo’ es intervenir, pues sí lo hacemos. Si hay insultos o sobrenombres fuera de lugar, los eliminamos (’intervenimos’ otra vez). Las fechas de publicación nunca se han cambiado. Y los comentarios no aparecen y desaparecen, sólo se eliminan los comentarios insultantes y esos nunca reaparecieron cuando fueron eliminados en las primeras semanas del blog (cuando no había moderación y todo se publicaba automáticamente).
Sólo dos apuntes finales: entramos a tu blog pocos minutos después de aceptar los comentarios con los cambios detallados líneas atrás, y es muy sospechoso que tu post difamatorio ya estuviera colgado. Todos los comentarios necesitan aprobación, aunque en la página del que escribió aparece detrás de los comentarios anteriores. Pero sólo en la computadora del que lo escribió. Quizá por eso pensaste que ya tenías “la prueba”. Segundo, si tanto te indignan los que llamas “blog basura”, ¿por qué utilizas para tu post la foto de Puerto el Hueco?
No hay más que decir. Quizá sea tu palabra contra la nuestra. Los lectores sabrán quién miente. Seguramente escribirás una réplica. Puedes hacerlo si quieres. Nosotros no te responderemos más. Esta vez era necesario contestar esa calumnia. Pero no volveremos a perder el tiempo con intrigas*.
COMITE EDITORIAL DE EL HABLADOR
*Este post no admite comentarios
IVÁN THAYS Y LAS CINCO FRASES DE ADELANTO
entrevista, Hablablog February 23rd, 2007
Ciencia y literatura en Volpi
Publicaciones, Hablablog February 21st, 2007
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Jack Martínez ha inaugurado el blog “Palco Estrecho” (www.palcoestrecho.blogspot.com) donde cuelga las reseñas que publica todos los jueves en el diario La Primera. Presentamos aquí la reseña que escribió a la última novela del mexicano Jorge Volpi.
Jorge Volpi es un eximio representante del crack. El colectivo que se rehusó a continuar con el estilo de su generación predecesora: el boom. Pertenece a los que no quisieron escribir como los Vargas Llosa y los Cortázar, pero sobre todo, como los García Márquez; con ese realismo mágico que se llegó a convertir en la principal característica de la literatura latinoamericana a los ojos del mundo en las últimas décadas.
Por ello la importancia del mexicano, quien con casi cuarenta años y la pinta de niño genio que aún le sobrevive, ha publicado cerca de diez novelas. La última de ellas: No será la Tierra.
En esencia, su discurso no ha cambiado. Si en En busca de Klingsor (novela ganadora del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, en 1999) escribía sobre la ciencia y los conflictos mundiales en la primera mitad del siglo XX, ahora continúa abordando similares temáticas, pero en una época más próxima. Relata el paso del modernismo al posmodernismo, de las utopías ideológicas del comunismo al capitalismo, de las guerras convencionales a las bacteriológicas, y del descubrimiento del ADN al Proyecto del Genoma Humano.
Pero esta atmósfera, caótica por su devenir, es leída a través de tres historias, de tres mujeres distintas, cuyos destinos confluyen al final, directa e indirectamente. Una bióloga soviética que vive la opresión de la URSS cuando ésta desarrolla armas bacteriológicas en secreto; una agente estadounidense del Fondo Monetario Internacional que busca introducir nuevos modelos económicos en países subdesarrollados; y una experta en informática, acaso símbolo del avance tecnológico.
Sin embargo, las anécdotas -incluidas las amorosas- de estas tres mujeres son narradas con un lenguaje correcto, pero frío. Volpi ya es conocido por su pluma impecable y fluida, pero sin “fibra”, inconmovible. La calidad formal y estructural del libro, entonces, resultan ejemplares; mas la tensión en el momento cumbre de las historias relatadas no alcanza los niveles propios de una trama de tal magnitud.
Jorge Volpi
No será la Tierra. Alfaguara, 2006, 527 páginas
¿En qué anda Leonardo Aguirre?
entrevista, Hablablog February 12th, 2007
Francisco Ángeles
Vi a Leonardo Aguirre sentado en un café miraflorino. Me acerqué a saludarlo, y aunque sólo habíamos hablado tres o cuatro veces antes de eso, me trató con mucha familiaridad. Durante varios meses no se sabía nada de él, así que le propuse tomar nota de lo que dijera y quizá después colgarlo en la Bitácora de El Hablador. Lo que sigue es parte de esa conversación.
¿Por qué estuviste escondido tanto tiempo? ¿Qué estuviste haciendo durante el último año?
–Escribiendo, escribiendo y escribiendo. A principios del año pasado me propuse escribir una novela de largo aliento, pero no tenía suficiente tiempo. Por eso dejé el blog, dejé La República, dejé Lamujerdemivida, que en realidad murió por falta de auspicios… Me desembaracé de todo tipo de obligaciones y me lancé a escribir esa maldita novela que estuve postergando por tanto tiempo.
En una época estuviste demasiado expuesto…
–Sí, y necesitaba un poco de tranquilidad mental. Y tanto mi blog como mi columna en La República y la sección El Hígado de Juan en Lamujerdemivida. Todo eso me provocaba constantes conflictos con los miembros más fosforitos e hipersensibles del mundillo cultural limeño. Y yo no puedo escribir en esas circunstancias. Necesito paz. No soy de los que escriben en medio de la tormenta. Y tampoco escribo sobre la tormenta. Por eso mis cuentos son medio humorísticos, ¿viste? Es decir, no son los traumas los que me impulsan a escribir. Sorry, mi niñez no fue desdichada como la de otros.
¿Hablas de alguien en especial?
–Mira, cuando Sergio Galarza me metió el combo de sorpresa, nunca pensé responderle a golpes. Siempre he sido muy pacífico… nunca tuve problemas de ese tipo en el colegio ni tampoco me crié en un barrio marginal. Además, se supone que soy escritor, ¿no? Mi defensa son las palabras.
Bueno, pero eso te sirvió. Ahí te hiciste famoso…
–Todos juegan para el campeón (risas). Fue él quien quedó mal. Y su golpe fue un golpe de suerte… un golpe publicitario que no pedí, pero, la verdad, tampoco lamento.
Ya sé que has hablado muchas veces de eso, pero siempre me dio curiosidad saber qué pasó exactamente antes de los golpes, en qué parte de la discusión estaban…
–Él fue decidido a que yo le respondiera por cada una de las cosas que había escrito en la reseña de su librito. Yo sólo le dije que todo ya estaba publicado en esa reseña, que era inútil repetir lo escrito, y que francamente me parecía patético que el escritor tenga que salir a defender su libro cuando el libro se defiende solo. Justo ahí, cuando dije lo de patético, él se paró y, bueno, yo pensé que simplemente se estaba quitando. Por eso te digo que me agarró de sorpresa. El caso es que el golpe me tiró al suelo, volaron los lentes, me dio un par de patadas, y eso sucedió durante varios segundos sin que nadie atinara a nada. Supongo que todos se quedaron paralizados por la sorpresa hasta que apareció Johann Page, lo abrazó por detrás y lo sacó de la sala. Yo me levanté, cogí mis lentes, encendí un pucho, salí, y afuera Page pugnaba por sujetar a Galarza, que seguro quería continuarla. Cuando estaba bajando las escaleras, escuché que Galarza gritaba a voz en cuello: “¡Intelectuales de mierda!” (risas). Pero después se disculpó. Fue a mi casa y no sé quién diablos le dio mi dirección… No, no me encontró. Luego llamó a mi celular y tampoco sé cómo cuernos consiguió mi celular. Entonces sí habló conmigo. Me dijo que en esos días había tenido una serie de problemas domésticos y laborales y que conmigo explotó. Así que nada: se disculpó y punto. Para mí eso fue suficiente.
Cuéntame sobre tu novela, ¿también es humorística?
–Totalmente. Una ópera bufa. Y medio tarantinesca, además…
Siempre lo audiovisual antes que lo libresco…
–Exacto. Supongo que eso tiene que ver con mi carrera… ya sabes que estudié Comunicaciones. Últimamente, más que leer, estuve consumiendo mucho cine y series de televisión. Lo cual también es lógico si tienes en cuenta que estuve escribiendo casi todo el día, o sea, después de terminar la jornada de escritura, lo que menos quieres hacer es volver a la literatura. Y de lo poco que he estado leyendo en los últimos meses, lo único que me llamó la atención fue un libro de cuentos escrito por el director de cine Ethan Cohen.
¿Hay algo que decir sobre tu comentado affaire con Cecilia Zero?
–No hubo ningún affaire. Y es falso que yo haya intentado seducirla, como dicen por ahí. Es más, en una revista llamada Urbania, ella misma dice textualmente que le invité un café y… no, pues, nunca lo hice, no sé de dónde sacó eso. Seguro que alguien se hizo pasar por mí y le escribió un mail o chateó con ella, sabrá Dios. No es la primera vez que sucede. Yo tengo serias sospechas de Víctor Coral, que tiene esa costumbre. Claro, él suele crear direcciones falsas con nombres reales. Si no, que lo diga Gabriel Ruiz Ortega, que conoce sus mañas y ya las ha documentado sobradamente.
¿Qué problema tienes con Coral?
–Muy simple. Me propuso un canje. Aunque la palabra correcta quizá sea chantaje. Yo ya sabía que ése era su modus operandi. Coral me hizo el cuestionario para la columna Mesa de Noche, que en ese entonces salía en la página de libros de la revista Somos, y luego no quería publicarla. Me estuvo peloteando por un buen tiempo y entonces, una tarde, me lo crucé en la Feria del Libro de Miraflores. Me regaló la reedición de su poemario Luz de limbo. Así que, días más tarde, cuando me lo encontré en el chat y le pregunté, una vez más, por mi Mesa de Noche, Coral me propuso la cochinada: haz una reseña favorable de mi poemario en Lamujerdemivida y entonces yo publico al toque tu Mesa de Noche. ¿Te das cuenta de la catadura moral de este fulano? Por supuesto que nunca acepté ese chantaje.
Viajaste a Trujillo para la Feria del Libro…
–Ajá. Estuve seis días, de martes a domingo. En primer lugar, fui para distraerme un rato, ya sabes, para veranear en Huanchaco, conocer el museo de Chávez, chupar con algunos amigos trujillanos, ese tipo de cosas. Pero también aproveché que me propusieron presentar el libro de cuentos del joven narrador Miguel Ruiz Effio, La habitación del suicida. Sobre todo, me gustó mucho un cuento titulado “Derechos de autor”, un cuento que ganó un concurso, no recuerdo cuál. Y, bueno, fui a Trujillo para eso. Ah, claro, también tenía que estar presente en la presentación de la antología Disidentes, pero, por desgracia, el libro no estuvo listo a tiempo.
Ahí hay un cuento tuyo, creo…
–Sí. Y también uno de Ruiz Effio. En realidad, están todos los narradores jóvenes. Tanto los mediáticos como los caletas. Si no me equivoco, son casi veinte autores: Roncagliolo, Alarcón, Ezio, Quark, Page, Iparraguirre, Ulloa, Noltenius, Yushimito, etcétera.
¿Qué planes para este año?
–Publicar algo. Tengo tres cosas inéditas y espero publicar, cuando menos, algunas de esas tres. Me pasé un año escribiendo y supongo que ahora ya me toca publicar. Además de la novela que te estaba contando, me di tiempo para pulir un libro de cuentos que ya tenía listo desde hace varios años y también un libro híbrido, una mezcla entre nouvelle y cuentario.
Ese que se llamaba La musa travestida….
–No, ése es el título del segundo libro de cuentos. El híbrido, hasta el momento, se titula El Conde de San Germán. ¿De qué trata? Sólo te puedo decir que, si se publica, sacará roncha: me di el gusto de ficcionar a partir de ciertos personajes singulares del mundillo cultural limeño. Eso es todo lo que te puedo decir.
Reynoso, el Gremio y la educación
Publicaciones, Hablablog February 7th, 2007
Diego Alonso Sánchez (*)
Desde hace unos días se corre la voz de que Oswaldo Reynoso, connotado escritor arequipeño, ha fundado el Gremio de Escritores del Perú. Según se cree, la idea es pretender defender ciertos derechos pisoteados de los cultores de la palabra en nuestro medio, pero tal cosa no escapa de ciertas posturas mezquinas.
El domingo 4 de febrero, en el suplemento Domingo del diario La República, se presenta una breve (muy breve) entrevista al autor de Los eunucos inmortales, con respecto a la fundación de tal gremio, donde él ostenta el cargo de presidente honorario. Aquí el literato dice, respecto al maltrato que sufren los escritores, lo siguiente: “Mire usted, colegios, universidades, instituciones de todo tipo, nos llaman a dar conferencias y no nos quieren pagar nada. Recuerdo que un colegio privado me llamó para que diera una conferencia y cuando pregunté cuáles serían mis honorarios, me dijeron que ninguno, ya que era en bien de la cultura. No puede ser posible”.
¿Por qué traigo a colación dicha frase? Porque justamente, en una oportunidad, yo le pedí al escritor que asistiera al colegio particular donde enseño para que conversara con los muchachos de primero de media (que en promedio tienen 12 años) que habían leído su libro Los inocentes y estaban entusiasmados. Hablé con el escritor varias veces por teléfono. En la penúltima conversación, el escritor se mostró también entusiasmado, pero en la última, antes de confirmar la fecha de la visita, me dijo que tenía que pagarle 150 nuevos soles por honorarios, lo cual me desconcertó.
¿Qué fue lo que le solicité? Una charla sencilla sobre su propia obra y persona, que él debe haber contado en más de una tertulia amical.
El colegio donde enseño, aunque particular, no cuenta con un presupuesto para ser usado en tales rubros. Sí le prometí ir a recogerlo y devolverlo a su casa. Por supuesto, Reynoso no aceptó.
No cuestiono –más bien, estoy de acuerdo– que a un autor se le tenga que remunerar el esfuerzo intelectual (incluso físico y emotivo) que depara la preparación y exposición de una ponencia o una clase maestra: leer y comprar libros, analizar y trasmitir tesis sobre algún tema, presentar una clase para un público adulto o entendido, disertar en una feria donde al lado se venden libros, etc. Este es un trabajo y debe ser pagado, sin lugar a dudas.
Pero que un escritor cobre por hablar sobre sus libros a unos niños con genuino interés de querer leer sus siguientes obras es una mezquindad y un acto matapasiones. Aunque equivocada, a mi parecer, es legítima su pretensión. Eso sí, no sé cuántos colegios de Lima tienen disponibles los 150 nuevos soles que me pidió el “maestro”.
El Gremio de Escritores del Perú (si tal cosa es posible de llevar adelante con seriedad o si éste ya existe) en todo caso debería pronunciarse y hacer pública una tarifa que traduzca monetariamente lo que cuestan sus escritores para que los colegios estatales y privados sepan que en sus respectivos presupuestos anuales deben guardar “tantito” por cada visita de autores que se quiera programar. Porque me imagino que las tarifas no variarán de acuerdo con si la escuela es privada o pública, si está en La Molina o San Juan de Miraflores, si sus alumnos son preguntones o “palomillas”. Eso también debería especificarse. Y reiteramos: un público adulto, entendido o universitario es diferente, porque la complejidad de lo que esperan sí demanda un esfuerzo intelectual que es plausible remunerar.
Yo creo que aptitudes como ésta harán que el maltrato que sufren los trabajadores de la palabra –que denuncia Reynoso y plantea como principal razón para agremiarlos– se transforme en desidia. Porque si yo le digo a un muchacho que tiene que pagar un nuevo sol por leer el Canto coral a Túpac Amaru, lo más seguro es que el chico no me tome simpatía y pierda todo interés por saber quién es Alejandro Romualdo (y esta idea la defiende el propio presidente honorario del gremio en cuestión). Lamentable.
Que las editoriales, las librerías y demás instituciones dedicadas al comercio de literatura sean o no justas con los escritores no debe confundirse con la batalla por la cultura que se debe librar como sociedad, donde la educación es el elemento primordial a estimular.
Me pregunto: ¿por qué el señor Reynoso no me pidió dinero cuando hace unos años le hice una entrevista en una emisora de radio local? ¿Acaso los medios de comunicación masiva no deben pagar igualmente por difundir la obra de determinado escritor (siguiendo con el pensamiento expresado por Reynoso)?
¿Qué debemos entender? ¿Que paguen los niños de un colegio porque éste es particular? El señor Reynoso quizá no sepa que un colegio no lucra al invitar a un escritor a hablar ante unos niños, pues la escuela no cobra, a su vez, por traer un autor a sus aulas. Así lo han entendido otros literatos de importancia que desinteresadamente han acudido al colegio donde trabajo para un simpático intercambio de ideas con su menudo público.
Finalmente también el escritor Oswaldo Reynoso perdió la posibilidad de hacerse de nuevos lectores a los que hubiese ganado, con seguridad, al estar frente a los niños.
(*) Poeta. Autor del poemario Mitsuya Nicolás y otros poemas. Docente de literatura en un colegio de Barranco.
Escritores e historia
Publicaciones, Hablablog February 5th, 2007
Giancarlo Stagnaro
La edición 13 de El Hablador está dedicada a la novela histórica. Indudablemente, es un tema involucrado con la fundación de nuestra literatura actual, en particular con la obra de Ricardo Palma y sus Tradiciones. Una de las intenciones de Palma era evocar el pasado para contrastarlo, sin carecer de ironía, con la inestabilidad en los albores de la República peruana. Palma se refugia en la historia para revelarnos las sutilezas de lo que más adelante se llamaría identidad peruana. En ese sentido, los narradores que han tocado el tema histórico no han hecho sino seguir este derrotero, tal como lo muestra en su artículo panorámico el escritor Mario Suárez Simich.
La narrativa histórica en el Perú posee unas insospechadas vetas de desarrollo. Nuestra historia es riquísima y milenaria, plena de acontecimientos. Hace poco, el último libro del historiador José Antonio del Busto, Historia cronológica del Perú, nos confirma que el conocimiento de la historia es la mejor herramienta para entender la complejidad de nuestro presente. Se trata de un ejercicio de memoria cultural y la novela histórica puede concitar todos estos elementos en beneficio de la ficción y, por qué no, de la reflexión.
Un buen ejemplo de esta conjugación de historia, ficción y reflexión la tenemos en Ursúa, notable novela sobre los conquistadores españoles del colombiano William Ospina, que ha sido ambientada a mediados del siglo XVI en lo que hoy es Colombia. Ospina, entrevistado por la mayoría de diarios limeños a raíz de su presencia en la Tercera Feria del Libro de Trujillo, ha recalcado la importancia de la historia y de las fuentes como material de primera mano para la elaboración de ficciones de este tipo. “La mayor parte de lo que se cuenta [en Ursúa] es real. Y hacer esto era muy importante para mí, porque los hechos de aquella época son, de por sí, novelescos y apasionantes. Sólo recurrí a la imaginación para entrelazar episodios o darles mayor claridad”, confiesa a Jack Martínez en el diario La Primera.
Por otro lado, en El Hablador, el español Antonio Orejudo esboza algunas particularidades que él considera inherentes de la novela histórica. Además de la distancia necesaria respecto a los acontecimientos, se podría decir que coincide con Ospina cuando argumenta que, para la novela histórica, “los hechos que presenta como ciertos han de poderse demostrar documentalmente”. Sin embargo, discrepa de Ospina cuando sostiene: “La obligación en este caso no es la verdad, sino la efectividad. Si un escritor de novelas históricas posmodernas manipula los hechos históricos no lo hace por posmoderno, sino por novelista”. En todo caso, Ospina nos recuerda que los hechos de la Conquista de por sí son “novelescos”, es decir, dignos de ser contados como una novela. Las crónicas vendrían a ser como la primera piedra de estos espacios ficcionales, tal como lo insinúa, desde otra perspectiva y en otra parte, Rolena Adorno en su artículo “La Florida del Inca y los albores de la literatura latinoamericana”, aparecido en el libro Franqueando fronteras (edición de Raquel Chang-Rodríguez, 149-179). Sería a todas luces interesante que los narradores peruanos novelen o piensen novelar el decisivo encuentro de Cajamarca, ocurrido el 16 de noviembre de 1532, del cual se cumplen 475 años este 2007 y que no se suele recordar como debiera. Ya Julio Ramón Ribeyro también había incidido sobre esta llamativa carencia de la literatura peruana (El archivo personal de Julio Ramón Ribeyro, 89).
La alusión de la posmodernidad hecha por Orejudo llama la atención sobre nuestra época para manipular los textos históricos en aras de su re-creación literaria. Digamos, en otras palabras, que con la posmodernidad se le ha perdido el respeto a la Historia y lo que nos quedan son sólo textos, discursos y fragmentos dispuestos a ser reconstruidos. El éxito de El nombre de la rosa es una muestra de esta reescritura, impulsada cada vez con mayor ahínco por la industria cultural. Sin embargo, la pregunta queda: ¿contribuyen estos productos a una memoria, individual o colectiva, de los hechos narrados? La respuesta es: depende. De ahí la distinción práctica que efectúa Orejudo sobre la narrativa fomentada por El código Da Vinci y sus sucedáneos; y aquella que promueve una toma de conciencia: “Una ficción auténtica no lo es porque cuente la verdad, sino porque lo que cuenta nos conmueve las vísceras. Por eso es auténtica. Y para escribir ficción uno suele manipular siempre la historia. La suya, la personal, y la común a todos los hombres”.
En consecuencia, una lectura atenta debe contribuir a especificar los productos que sólo se rigen por los cánones del mercado y los que contribuyen a una memoria histórica. El debate de si para ello deben manipularse los hechos está descartado. Lo decisivo, en todo caso, es despertar sentidos y generar evocaciones en el lector. En nuestro caso latinoamericano, hurgar en las raíces del presente, como lo hace Ursúa, siempre será objeto de predilección permanente.


