Nº23
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Tres cuestiones sobre el Boletín Titikaka

0.
Si es posible realizar un estudio inmanente de un texto sin afectar/desligar sus posibilidades expresivas al nivel trascendente, entonces es posible establecer coordenadas de sentido en productos que se caracterizan por su clara intención política, en tanto que propuestas de organización de variables de poder. En otras palabras, revisar con acuciosidad las variables internas del Boletín Titikaka (BT), en esta ocasión, nos permitiría trazar sus líneas de fuerza, aquellas insistencias o repeticiones que le darían sus cualidades identitarias y, por ende, de programa o sistema de transformación expresiva.

En esta ocasión, apuntaremos a presentar hechos cuantitativos del BT para luego arribar hacia su perspectiva sobre el mundo exterior, uno que el Grupo Orkopata (gestor de mencionado boletín) pensaba transformar a través de este órgano de difusión de saber y, sobre todo, de discusión. En ese sentido, no es que vayamos a obviar las causas histórico-sociales que permitieron su existencia, sino que nos daremos la licencia de obviarlas con el fin de que la configuración del texto hable por sí misma, ya que emanaba de una situación crítica y de transformaciones veloces a las que no se pudo (y tal vez ni debía) sustraerse. En varios sentidos, las entregas de carácter periódico son prismas fecundos de los cuales se puede obtener un abanico colorido del tiempo.

Creemos, pues, que concentrarnos en la dinámica interior del BT nos permitirá apreciar mejor sus intenciones sobre la cuestión de poder a la que, sin duda, aspiraba contra formas consideradas caducas, limitadas o amenazantes para su época. Pensamos en la organización política del Perú y de América Latina, de la necesidad de formas estéticas con énfasis en lo andino y en el capitalismo y su propuesta de modernidad. A estos tres frentes, este rotativo intentaría hacer resistencia, pero no una del tipo autárquico o lejos de la permeabilidad, sino, al contrario, con tensas negociaciones en las que una retórica del énfasis autóctono jugaría un papel gravitante.

En la primera parte de este trabajo nos detendremos en los números del boletín y en ciertos detalles que no deberían ser dejados de lado. En la segunda parte, pasaremos a interpretar las recurrencias observadas y, en la parte final, por fin discutiremos con la recepción crítica del BT para demostrar que nuestro proceso interpretativo no solo alimenta el caudal de las investigaciones, sino que podría darles cierta luz sobre algunos puntos no atendidos, hasta ahora.


1. De las cantidades
Para este trabajo emplearemos la edición facsimilar del BT preparada por los especialistas Mauro Mamani y Esteban Quiroz Cisneros (2016). En ella hay 35 números del boletín divididos en tres partes o volúmenes por el Grupo Orkopata o Gamaliel Churata, líder y gestor indiscutible de la entrega mensual. Existe una discusión sobre el modo más adecuado de realizar una separación en las entregas. Mamani resume la discusión en una numeración de veinticinco números más una serie de diez, a diferencia de Cynthia Vich, quien considera 20 números con uno doble y luego un grupo de 14 (2016: XI).

En nuestro caso, mantendremos la propuesta de la edición sin alteraciones. Un primer conjunto de boletines que comienza en agosto de 1926 hasta agosto de 1928 y sin interrupción alguna; un total de 25 series. Un segundo tomo que comienza en diciembre de 1928 (tres meses después de la primera tira) y culmina en julio de 1929, de manera también ininterrumpida. Finalmente se indica un tercer tomo que comienza en agosto de 1929 y que no tiene una continuación temporal indicada, ya que en el último BT, de numeración XXXIV, no se nos indica el mes de su publicación. Este se caracterizará por estar dedicado enteramente a la memoria de José Carlos Mariátegui, quien murió el 16 de abril de 1930. Es evidente la posterioridad de esta última edición. Valga la penosa acotación de que la muerte del Amauta implicó la muerte de la revista del mismo nombre. Pero no se fue sola, el BT también naufragó en la historia del país. Se ha hecho hincapié en la encarnación del héroe cultural tanto en Mariátegui como en Churata y no se puede poner en duda este aspecto, por las consecuencias de sus ausencias. Si bien el segundo no murió, sino hasta 1969 en Lima, su destierro a Bolivia, desde abril de 1932, significó el fin de dos de los movimientos intelectuales más prometedores de la primera mitad del siglo XX en Perú.

En la primera tanda de boletines podemos percibir la exaltación del poemario Ande de Alejandro Peralta, hermano de Churata, en 43 artículos. Artículos de temática variada se pueden contabilizar en 21. En cuanto a los poemas que se publicaron en el BT localizamos 97. Otra de las secciones que exhibe una cantidad considerable de aportes es “Glosario de arte nuevo” (impreso en letras góticas, imaginamos que para resaltar el valor y la estirpe de los artistas reseñados y comentados en este espacio) con 45 aportes. Las imágenes también son una constante en los boletines con un total de 12. La preponderancia de estas responde a xilografías hechas por Diego Kunurana o Demetrio Peralta, hermano de Churata.

Sobre las secciones fugaces o de menor envergadura tenemos, por ejemplo, notas sueltas y reclamos con 14. Importante mencionar que la última de estas anuncia el final del primer tramo del BT. En creación también encontramos una sección llamada “Proloquios” que presenta pequeñas prosas poéticas, si vale el término, con un total de 5. Existe también una prosa suelta en la edición de febrero de 1928, perteneciente a Xavier Abril. Entre los aportes de narrativa, específicamente cuentos, tenemos 5. Durante cuatro meses apareció una sección denominada “Proscritos”; aquí participaron intelectuales que experimentaban el destierro y manifestaban su punto de vista sobre la revolución o la necesidad de transformar el mundo desde una visión de izquierda. Se presenta un total de 4 aportes.

Además del “Glosario de arte nuevo”, el BT intentó ser informante de lo que acontecía en varios puntos del continente y lo hizo de varias formas o secciones. En un caso tenemos 3 reseñas y 7 promociones de libros, además de la sección “Valores”, en el que se comenta la producción de poetas prometedores. Contamos con 3 de estos y uno de ellos se refiere a Ande de Alejandro Peralta. Cabe destacar que el retorno a este tópico, que le dio pretexto de existencia al boletín, se refiere a la edición de agosto de 1928; siete meses después de la efervescencia de los comentarios al poemario del hermano de Churata.

Sobre publicaciones periódicas se ofreció la sección “Signo de raza” con 3 aportes de revistas. Además, se agregó “Barricadas de América” y “Panoramas periodísticos” con 2 y 3 referencias, respectivamente. El asunto promocional de las amplias redes continentales del BT toma un cuerpo más sólido respecto de un apartado constante, el cual se tituló “Nuestros canjes”. En esta sección, presente en solo tres boletines contamos con un total de 15 indicaciones. Para culminar esta parte, es necesario indicar que la cantidad de aportes extranjeros asciende a 18 mexicanos, 20 uruguayos, 11 bolivianos, 23 chilenos, 8 argentinos, 10 ecuatorianos, 4 cubanos, 3 venezolanos, 1 brasileño y un guatemalteco. En este conteo no hemos hecho una distinción de autores ni de su género, simplemente hemos cuantificado el flujo de participaciones.

En el segundo tomo del BT es obvio que las cantidades disminuyen en cuanto al trayecto temporal de ocho meses seguidos que cubre (diciembre de 1928 hasta julio de 1929). Entre los artículos, lato sensu, tenemos 17 en total. Se debe mencionar que uno de ellos es realmente el fragmento de un discurso, el otro el fragmento de una tesis de derecho rechazada, un cuestionario para la evaluación del poblador del ande en busca de solucionar sus problemas y un plan educativo para un modelo de “Escuela Ambulante”. Los poemas que se publican en esta etapa son un total de 67 entre los cuales uno de ellos es bilingüe (quechua y castellano). Cantidad considerable si se la compara con el total de poemas del primer tramo. Se puede ver un aumento en el número de cuentos publicados con un conteo global de 8 y 2 prosas libres, por darle algún tipo de denominación. Sumado a esto, se agrega una sección llamada “Confesiones de izquierda” que nos presenta 3 entrevistas. Las imágenes se sostienen con un total de 15 entre xilografías y dibujos. En cuanto a notas solo pudimos contar 1. En este tramo terminará de aparecer la sección “Nuestros canjes” con 14 aportes y aparecerá una nueva y más ecléctica denominada “Periódicos Libros Revistas Comentarios”. Se puede percibir inmediatamente un flujo abundante de información, ya que se nos presentan 46 colaboraciones. Para culminar, las participaciones extranjeras son 1 para México, 7 para Chile, 1 para Venezuela, 6 Uruguay, 1 Argentina, 1 Guatemala (el escritor enviaba sus textos desde la ciudad de México), 1 Brasil y 1 de Puerto Rico.

En el tomo tres del BT solo tenemos la presencia de dos números. Los artículos serán 5 y en poesía se publicarán 18, de los cuales 3 son en quechua y sin ninguna traducción de por medio. El total de notas será de 8 y todas referidas a la figura de José Carlos Mariátegui. 5 imágenes serán impresas y, finalmente, la sección “Periódicos Libros Revistas Comentarios” ostentará 23 de estos. En cuanto a los países aportantes al boletín, habrá un texto de México, tres de Chile y uno de Argentina. El último BT no cuenta con participantes de otras tierras, propiamente, ya que todos son peruanos. Aquellas composiciones que indican Berlín o México, por ejemplo, son de compatriotas que se encuentran fuera, evidentemente.

Como puede observarse, en términos generales, el BT experimentó una transformación de palanca promocional a verdadero órgano expresivo, de lo que podría calificarse como efervescencia histórica, ya que no solo contó con una cantidad considerable de poesía, sino que hizo constar desde sus inicios el necesario reconocimiento de que no había un trabajo en solitario, sino un proceso general de búsqueda en todo el continente con representantes de 12 países. Inmediatamente podemos caer en cuenta de que la impronta estética es uno de las razones de fuerza del boletín y de la posibilidad de una expresión artística para América Latina. En ese sentido, será necesario aproximarnos a los contenidos o ideas que se fueron esbozando en sus entregas. Estructuralmente, podemos afirmar que los aportes de articulistas como de creación literaria serán los grandes pilares del BT y que en relación a ellos es que su programa podrá ser analizado con precisión.


2. Tríptico

2.1 El espacio
Probablemente una de las claves de acceso al BT no tenga que ver con los países, per se, que hacen su aparición a partir de sus jóvenes representantes, sino de una coordenada más amplia, pero no por eso menos precisa en relación a las ideas que se intentaban poner en movimiento o en circulación. Es decir, la configuración de las ideas en el texto insiste sobre una conciencia espacial y de una red que recorre puntos neurálgicos del continente. En este caso, nos referimos a la zona andina como punto de irradiación.

Mauro Mamani denomina a este proceso como “autocentramiento” (2016: VII), ya que se procuraría establecer un nuevo vértice de poder. Sea feliz o no el término empleado por Mamani, consideramos que lo que está en juego es un movimiento fundamentalmente centrípeto, pero que no descuida la debida retroalimentación de sentido en cuanto que sus colaboradores tienen bien en claro el fundamento espacial del proyecto. No en vano el grupo de intelectuales se llama Orkopata (Cerro alto) y el boletín que publican Titikaka; espacio de origen de la cultura Tiahuanaco y antecedente del poder incaico. Por último, el poemario promocionado durante varios números se titula Ande. Semánticamente, la insistencia en el espacio será la vía principal para desplegar la propuesta estético política del grupo.

Cuando nos referimos a la espacialidad como cuestión neurálgica que se expone en el BT es importante remitirnos a la necesidad de recuperar un aspecto material de la vida contra una episteme abstracta. Así, mientras la episteme colonial jugaría con procesos significantes sobre la realidad, la revista optará por una vía de significado, una vía contraría a la desmaterialización como práctica estética hegemónica. No se hará énfasis en una espacialidad kantiana, sino en una llena de relieves, pliegues y población con sus respectivos modos de desplazamiento. En ese sentido, si bien el Grupo Orkopata, como cualquier asociación de intelectuales, postula un conjunto de ideas, estas se caracterizarían por la impronta de la praxis sobre el terreno y la recuperación del sentido de este. La tarea entonces implicaría pensar las variables del espacio y de su relación con el tiempo. Así, esta especie de ánimo arqueológico en las imágenes del boletín o las reminiscencias a un tiempo glorioso procuran no la nostalgia, sino la reactivación de formas epistémicas aún vividas en un lugar invisibilizado, del cual emanarían posibilidades otras del ejercicio de poder y de despliegue del mismo sobre un espacio con más detalles de los atendidos por el poder colonial.

En la edición de abril de 1927, Federico More escribió lo siguiente:

… el Andinismo y el Continentalismo, de suyo inseparables, como son inseparables el amor y la abnegación, constituyen las únicas propulsiones que le pueden dar a Suramérica oriente político, confianza moral, originalidad artística y plena honestidad económica (2016:35).

Como se puede observar, el Ande uniría al continente bajo un programa completo y los orkapatas estarían colocados en el lugar idóneo, no solo para pensar el país, sino para pensar toda América, para establecer una perspectiva de construcción. Se puede objetar inmediatamente este argumento como un recurso retórico manido o desfasado, sin embargo; existiría un complemento más concreto que solo el llamado a las formas espaciales, ya que no existiría un campo sin un habitante. Aquí es a donde se dirigen las intuiciones vertidas en el BT. Profundizaremos en esto en el siguiente apartado. No obstante, este programa tiene cierta similitud con la imperiosa necesidad de establecer con claridad un mundo circundante para establecer un correcto protocolo de procedimientos de acción.

De la generalidad del ande y de la continentalidad surge un hecho específico que tiene que ver con la simultaneización que busca el BT. Ya que el pasado aún vive y tiene potencias de acción, el espacio debe moldearse a su modo y este tiene que ver con enclaves y no solo la idea de grandes naciones. Es por eso que se puede percibir, a lo largo de las entregas, la afirmación de las capitales que están enteradas del boletín y que colaboran con él a través de la creación, mientras que los artículos indican los países de sus autores. Ciudades y patrias se complementarían de tal modo que la singularidad y la generalidad expresivas corroborarían la plenitud del proyecto estético-político. El boletín dejaría en claro una sintonía entre el pensamiento y el espacio.

Como se puede notar en este doble juego, los países aportan reflexiones críticas y las ciudades, atisbos estéticos. El locus de enunciación es importante, porque permitiría una simetrización y una contemporaneización del boletín. Puno no tendría nada que envidiarle a otras ciudades, puesto que su sistema de comunicación le permitiría saber qué pasa en cada ciudad, además de que estas sabrían que pasa en Puno, como un nuevo prisma para ver al Perú. En otras palabras, no es necesario salir de Puno a Paris, por ejemplo, ya que se perdería la inmediatez del conocimiento humano que se quiere reactivar o visibilizar. En otros términos, todo procedimiento crítico dependería del espacio desde el que se enuncia y la carga de tiempo que posee. Es por este motivo que en su discusión con Vallejo, en el texto “Septenario”, (mayo 1927) se ridiculiza la crítica del poeta de Trilce, porque esta se concentra en espetar el pasado o lo ya hecho en el presente cuando la idea es justamente hacer énfasis en el pasado del presente y su capacidad de agenciamiento con lo moderno. La carga del pasado en el presente y que el espacio andino ha resguardado es la piedra de toque crítico que los orkopatas buscan desplegar. En términos deleuzianos, el espacio es alisado y esto permitiría relaciones espaciales libres sin cargas asimétricas y, por ende, de dominación (2010:483-509).

Este énfasis de interacciones veloces, de alguna manera, anticiparía lo que la Internet significa ahora para nosotros. Por este motivo es que es realmente loable que en el corto tiempo de un mes, los Orkopata pudieran reunir una amplia y heterogenea cantidad de material para confeccionar su publicación de apenas cuatro carillas. Y no solo son las grandes capitales las que son mencionadas al nivel de Puno, sino otras ciudades del Perú como Huancayo (marzo 1927) o Cuzco (diciembre de 1926). Como se puede apreciar, tiempo y espacio deben confluir para que el plan estético-político pueda funcionar o, al menos, eso es lo que se puede inferir de toda la acumulación de miradas que se vierten en el boletín. No obstante, es claro que aquellas construcciones acreditan la oportunidad de relocalizar las coordenadas del poder. Ya no habría estratos o jerarquías espaciales, sino lazos marcados por una ascensión sinérgica y ciertamente armoniosa de elementos heterogéneos de comprensión del mundo, desde el punto de vista, claro, de ese grupo de intelectuales. No solo ideas o el mismo devenir histórico deberían leerse en un código favorable de transformaciones, sino el propio recipiente de aquellas modificaciones.


2.2 El hombre
Gilles Deleuze afirma en Lógica del sentido que “Un individuo está siempre en un mundo como círculo de convergencia y un mundo no puede ser formado ni pensado sino alrededor de individuos que lo ocupan o lo llenan” (2010:124). Esto nos puede servir de ayuda para sostener que la llenura del BT es producto de una lógica de población de la tierra o de un colectivo de hombres que había sido postergado, pero que es, aún, prometedor para construir una visión distinta de mundo postergado.

El BT sale del paisajismo romántico y entra en una visión antropológica necesaria para estructurar modos de hacer terreno, economía y política. De alguna manera se dejaría de ver a la tierra como res mutis para darle un lugar fundante. Por otro lado, si bien el estallido económico generado por el capitalismo permitió la aparición del Grupo Orkopata y su formación académica, estos intelectuales percibieron rápidamente que se debían evaluar la pertinencia de aceptar sus condiciones, sin más, y, por ende, su forma de administrar el poder o su política. Todo esto, claro, como figura amenazante del hombre que se buscaba redescubrir.

Y como no hay espacio sin hombres y por cuestiones empíricas se debe atender a esa mayoría y sus formas de sentir, se debía volver a un tipo de hombre, al hombre que mejor conoce la sierra y descubrir en él todos los imperativos necesarios para resistir a formas entendidas como foráneas o colonizadoras. Se debía volver a ese hombre para crear una nación que no había sido construida aún. Es por esto que el discurso de izquierda cala rápidamente en las líneas del BT, ya que la prédica del momento era la del hombre nuevo, pero sin cuestiones teológicas, sino artísticas: los hombres podían ser dioses de sí mismos y lo estaban corroborando con la modernización de su vida.

Probablemente uno de los puntos de inflexión de este asunto tenga que ver con la derrota de la guerra con Chile, debido a que no combatieron los peruanos, sino un grupo de ciudadanos entendidos en el concepto de patria, mientras que una gran cantidad de indígenas no compartía esas ideas o ideales en medio del conflicto. La gran pregunta y crítica antropológica la llevaría a cabo Manuel González Prada, quien fue guía ideológico de Gamaliel Churata y, por ende, de todo el Grupo Orkopata. Definitivamente, este eco no solo se hizo sentir en el texto que estamos estudiando, sino en Amauta y en el pensamiento de César Vallejo, incluso.

La búsqueda del BT intenta responder directamente a la pregunta de González Prada y se diseña bajo un rótulo general que resonará a lo largo de todo el ciclo vital de esta entrega periódica. Nos referimos al término indoamericano propuesto por Víctor Raúl Haya de la Torre, sobre todo en su libro Espacio-Tiempo histórico, que fusiona claramente el aspecto humano y territorial por el que transitarán la mayoría de las reflexiones del BT. Un ejemplo claro se puede percibir en el artículo “Indoamericanismo estético” de Ántero Peralta, publicado en setiembre de 1927, o en la propuesta de crear una “Ortografía indoamericana”, formulada por francisqo chuqiwanka (sic) en diciembre de 1927. Como puede observarse, el hombre mismo será ese punto de confluencia o encuentro entre el pasado y el presente que el espacio altiplánico ofrece, fuera de las formas de captura colonial. De alguna manera, el BT tiene carácter rizomático y se lanza a alisar el espacio. En otros términos, primero busca ampliar las relaciones de sentido a nivel antropológico y estético, y, por otro, cuestionar los protocolos estancos de transmisión de conocimiento. De alguna forma, la propia ciudad letrada es puesta en cuestión. Para cumplir con estos fines se necesita de un hombre y una comunidad por venir.

En un artículo publicado en tres entregas (noviembre de 1927, diciembre de 1927 y febrero de 1928), Uriel García explica qué implicancias tiene este nuevo hombre: “El neoindianismo ha de ser, pues, medio de una expresión cultural distinta y armónica, a la vez, con épocas de formación. Nuevo, original, extraído de lo viejo y común” (64: 2016). Esta convivencia del pasado y el futuro en un punto humano será la constante de trabajo del Grupo Orkopata, ya que sus consideraciones implicaban que se debería afirmar una especie de Cordillera de los Andes “humanizada” para el continente. Y puesto que habría una resistencia, por parte del statu quo habría que entender que “la creación de esta cultura por venir será antes que todo beligerancia” (2016:75). Veríamos surgir una literatura menor en las líneas programáticas del BT. Todo en este conjunto de exploraciones responde a la posibilidad de un mundo por venir en el que una forma epistémica soterrada pueda volver a desdoblarse sobre las nuevas circunstancias históricas. Churata aborda este aspecto de manera clara, en El pez de oro, de la siguiente manera: “Es que América antes que fruto debe saberse raíz. Antes que al Porvenir, su deber es mirar al Pasado… Necesariamente, el hombre de hoy es el de ayer. Acá, en nosotros debe hablar él” (2012: 185). La recurrencia al pasado es básica para penetrar en una modernidad correcta, por decirlo de alguna manera. No creemos que esto implique una añoranza imperial, sino que todo gira en torno a un saber desprestigiado. Incluso se recurre a Jung (2016:132) y al inconsciente colectivo para darle forma a ese retrotraer una identidad. Probablemente, el concepto de aion, trabajado por Jung (2011), el cual se refiere a la confluencia de pasado y futuro en el presente, haya influido en los planes de Churata y los orkopatas.

La cuestión de reactivar un tiempo pasado en el presente no significaría volver al pasado, sino echar mano del poder del pasado sobre un futuro inminente, según la fe de la época. El mestizo posee esas marcas en su sangre y debería verlas desplegarse en un modelo estético-político acorde con aquel llamado, del cual el BT era portador. Quien también apunta al pasado acumulado en la interioridad del poblador andino es Luis E. Valcárcel, para quien “El europeo solo destruyó la armazón política, todo lo transferible de la civilización inkaica, pero no ha podido arrancar a los peruindianos (sic) su “alma de cultura”, la raíz biológica de su alma como pueblo” (2016:132). Se puede percibir la fuerte convicción de una permanencia por reactivar para el bien de un presente que se notaba poco halagüeño. Las recurrencias de los colaboradores en el BT se sustentaron siempre en una gran posibilidad a partir de elementos propios que contemplaban al hombre y su medio como ejes centrales, porque en estos había un carácter trascendental por explorar.

Aunque un tanto distintos los caminos de García y Valcárcel, la convicción de una fuente de conocimiento asentada en un espacio-tiempo anidada en el hombre andino es común. Pero, ¿cómo recapturar aquellas fuerzas? ¿Cuál el mecanismo justo para corroborar su hipótesis? La respuesta es expuesta por García de la siguiente manera:

En el pueblo neoindio –su forma superior, la ciudad– el hombre andino se libera de su colectivismo campestre. Otros incentivos urgen a su voluntad creadora. Su meta más elevada es el arte, campo donde el nuevo indio dejará de ser rebaño e impondrá su personalidad (2016:67).

Como puede observarse, la recuperación de aquellas fuerzas humanizantes y latentes se pueden recuperar en el plano estético. Ahora adquiere pleno sentido que el boletín nos presente una cantidad considerable de poemas de varios lugares de América Latina, ya que solo sabiendo los ritmos artísticos es posible avizorar el futuro del hombre y del pueblo por venir. Por esta misma razón es que en varios textos se indica la ciudad de la que son enviados y no solo el país, puesto que esa será la esfera del nuevo americano, la múltiple capitalización, bajo la predominancia del nuevo lugar latinoamericano y de su representante por antonomasia. El reordenamiento espacial es coherente con las nuevas negociaciones del sentir y de las urgencias del espíritu que se experimentaba en aquel momento.

Una lectura semejante a la desplegada en el BT la realizaba el brasileño Joaquim de Sousândrade en su extenso poema titulado O Guesa (1854-1884). En él, el poeta marañense también entendía la necesidad de un nuevo hombre americano en el indígena testigo de las transformaciones del mundo y de la amenaza del capitalismo norteamericano. Finalmente, el reencuentro con el hombre base de la reespacialización inevitablemente conlleva una responsabilidad estética o una ética estética con miras a una forma distinta de hacer política. Bajo este punto, podríamos indicar que el recorrido experimental del BT responde a coordenadas de localización, investigación antropológica y, finalmente, de reconnaissance del sentir.


2.3 El sentir
Darle nuevas oportunidades estéticas al hombre, desde el arte, fue la pauta principal del boletín. No sabemos si ese era el camino correcto, pero su creencia giraba en torno a que solo se podría hacer nueva política con un nuevo rumbo en el sentir. Probablemente ingenuo, pero acorde a las modificaciones de las variables de los juegos de poder, no solo en el continente, sino en el mundo.

No habría ninguna necesidad de rechazar el vanguardismo, porque sería posible aclimatarlo, literalmente. A fin de cuentas, como ya se tenía la convicción del peso del pasado en los hombres de América Latina, cualquier elemento traído de afuera podría ser reformulado por el bien de una expresión “autóctona” inevitable y, de la cual, los colaboradores del BT, eran “plenamente” conscientes.

Una primera mirada al aspecto estético-racial y sus coordenadas temporales serán expuestas por Magda Portal en su artículo “El arte peruano antiguo como elemento de afirmación racial”, publicado en junio de 1927. Como se puede notar desde el título, se juega con la triada estética-tiempo-hombre. Para Portal, es necesario liberar el pasado de un prejuicio arcaizante, ya que tiene plena acción para los hombres contemporáneos y su labor de trazado de nuevas siluetas de poder. Nada queda al azar en la corta propuesta, ya que apela al cubismo, por ejemplo, como una perspectiva artística contenida ya buen tiempo en las manifestaciones estéticas de las culturas del pasado. Y si se está recuperando, sin querer, ese caudal expresivo, entonces es coherente darle lugar en las discusiones de la relación modernidad y “primitividad”.

Y no cualquier hombre estaría capacitado para esa tarea, sino aquel que genéticamente está más próximo de aquellas emociones: “Estamos hartos de academia de dibujo, de anatomía, de disciplina y fidelidad estática para la libre visión. El arte peruano antiguo deforma, caricaturiza, se hace cubista o monstruoso, según deja una central arteria por donde pasa iluminada la vida” (2016:44). Inevitable el empuje vitalista del discurso de la poeta peruana y además coherente con la pauta de una experimentación amplia como método constructivo de identidad. En agosto de 1927, Diego de Rivera escribe un texto bajo la premisa de lo estético, pero poco agrega, salvo que se debe encontrar una nueva expresión en la comunidad, en la masa (2016:52).

Ejercicios analíticos complementarios a los de Portal se pueden observar en el artículo “Indoamericanismo estético”, de Ántero Peralta, publicado en setiembre de 1927 o “Hacia nuestra propia estética”, de Esteban Pavletich, publicado en tres entregas (setiembre, octubre y noviembre de 1927). En el primero desde el comienzo se realiza el maridaje de raza, espacio y sentir: “Indoamérica ensaya una estética de bronce. El color, la forma, el sonido i la palabra toman el sabor duro de la conciencia autóctona. La emoción quechua, azteca, maya, guaraní, gaucha, la emoción del hombre-bronce anuncia su apoteosis” (2016:54). No cabe duda que nuestro seguimiento triple es un armatoste firme en el proyecto intelectual del BT.

Nos parece importante realizar tres citas un tanto extensas para abordar la propuesta de Pavletich. Cada una pertenece a las entregas en el orden cronológico indicado líneas arriba:

1926 –de tener que señalar una fecha– sí instaura para el arte poético de nuestra América –para el pictórico antes, con el resurgimiento mexicano– una negación meridiana a lo que podríamos llamar el «alatinoamericanismo» de la estética latinoamericana, actitud motorizada en gran parte por la erección de un problema central para nuestros pueblos –el del imperialismo– y en el cual es posible discernir desde su desdoblamiento inicial, dos tendencias precisables (2016:55).

Un mes después nos indica lo siguiente:

Izar en las astas estéticas lo vernáculo, lo autóctono, entregando al alma de los pueblos lo que en ellos hay de belleza inédita elevada a la categoría de símbolo, es clausurar uno de los plurales caminos que nos arrastran al coloniaje. Aquí una ancha misión para los jóvenes artistas de nuestras vigilantes filas intelectuales, que Peralta inicia en el Perú, y para América, donde «hasta 1919 nadie había pintado siquiera un maguey» (2016: 59).

Finalmente, Pavletich observa:

Carecemos de antecedentes, de tradiciones, de fuentes estéticas. Y así las poseyéramos, tarea ortodoxamente revolucionaria es la de aprovechar para nuestras realizaciones de todo aquello susceptible de proyección que hay en el arte y en la cultura del pasado, y que hay mucho. El nuevo espíritu lo depura y lo reverdece (2016: 63).

Pavletich hace alusión a 1929, porque se refiere al año de publicación del libro Ande, razón inicial del BT. En ese sentido, es posible entrar a la cuestión neurálgica del libro y a la que arribaron los orkopatas. Es decir, al primer movimiento poético o estético que dejaba en claro la existencia de una cultura propositiva para el país, pero, sobre todo, para el continente entero. No solo es el libro, sino la posibilidad de comulgar en un sentir que no negaba el pasado, sino que lo reafirmaba y, en el proceso se convertía en una forma novísima.

En la segunda cita, la lógica se puede notar con claridad, la nueva estética tendría que calar en el adormilado gen del sentir colectivo del ande y manifestarle, por fin, su capacidad de autonomía política, ya que, al parecer, no se puede hacer política sin un programa expresivo que exponga la diferencia humana del indígena frente al occidental. Finalmente, Ande abriría una tradición afincada en el presente, pero sin evadir el pasado, ya que desde el pasado se podría combatir la lógica colonial. Es consistente, entonces, afirmar la necesidad de que el BT haya realizado más canjes y haya informado de más productos consonantes con las nuevas pesquisas artísticas del continente.

Quizá hasta haya sido una especie de canto de cisne aquel último movimiento febril de comunicaciones en el segundo tomo, o tramo, de aquel órgano difusor puneño. Es posible que los orkopatas hayan intuido su momento límite antes de la muerte de Mariátegui. Estas son solo especulaciones a partir de las variaciones que quedan testadas en el flujo cuantitativo que explicamos en la primera parte de nuestro trabajo. Lo importante aquí es destacar que con el aumento del caudal de creación y de noticias estéticas el BT procuraba confirmar una transformación profunda en el mundo americano, promesa sobre todas la cosas.


3. Perspectivas
Decidimos dejar, hacia el final, la recepción crítica del BT, debido a que podrían haber causado algún ruido a las voces del propio texto analizado. Existen dos trabajos completos sobre el boletín. El primero es de Ulises Juan Zevallos Aguilar y se titula Indigenismo y nación (2013). Por otra parte, Cynthia Vich tituló a su trabajo Indigenismo de Vanguardia en el Perú: un estudio sobre el Boletín Ttikaka (2000). Ambas pesquisas poseen una visión total del conjunto y revisan concienzudamente las variables de la revista y las tensiones que se generan en el interior de la misma, además de la situación histórica que permitieron su factura.

En primer lugar, el centro de la mirada de Zevallos es el de la representación del sujeto subalterno y la difícil tarea de proponer a un colectivo sin que este hable propiamente o, por lo menos, brindarles las vías de expresión. En términos generales, para Zevallos esto no se consigue, ya que los orkopatas estarían lejos de las necesidades de la comunidad indígena y, por ende, sus planteamientos pecarían de ambiguos (2013:49), ya que intentan tener una espacie de poder central, pero por otro lado intentan descentrar la capital, o las capitales, como hemos visto. Sin embargo, hacia sus conclusiones, el autor emite un balance positivo para el texto: “A pesar de todas sus limitaciones y contradicciones es un discurso aceptable y mejor que aquellos que promueven la homogeneización cultural o el genocidio de los pueblos diferentes a los modernos” (2013:216).

En segundo lugar, Vich propone que el BT es un conjunto de textos que apuntan a una vanguardia que hunde sus raíces en el indigenismo. En otros términos, no se asumiría de manera pasiva el caudal de experimentación artístico, sino que se emplearía este para encontrar una identidad nacional y continental (2000:17). Sumado esto, Vich propondrá en el quinto capítulo de su trabajo (2000: 169-194) el ánimo pedagógico de la revista bajo pruebas que relacionan el BT con una cantidad considerable de gremios educadores, además de su impulso a la enseñanza del quechua, una ética de origen indígena y la formación de una escuela.

Como se puede observar en estos dos trabajos, cada uno se ciñe a la pertinencia de un nuevo intelectual que se va configurando en el BT y que tendría la intención de ensamblar lo moderno desde un vértice no tan popular para la época. Para Zevallos, la lucha gira en torno a la liberación del sujeto subalterno, mientras que para Vich el meollo de las entregas es poder establecer una red de enseñanza de lo que puede ser.

En nuestro caso, esperamos haber hecho un esbozo de deslinde y profundización de algunos aspectos recurrentes en el BT. Fuera de una cosmopolitización (2000:208) de Puno, creemos que se piensa una reespacialización total del continente en la medida que las redes fueron efectivas. Es decir, el término comunitarismo no estaría mal aplicado si fuese posible pensarlo desde un deslinde del pensamiento de izquierda. Esto implicaría un análisis más detallado, pero pensamos que la exploración espacial tiene que ver con una postura de tipo epistémico, ya que se intentaría repoblar la tierra o dar cuerpo a un conjunto de sociedades invisibilizadas por el efecto colonial de poder. Así, la recuperación del hombre implicaría una agenda multidimensional de acción que el BT intentó abordar de manera asombrosa, empezando por su periodicidad, difusión y contacto. De alguna manera, el boletín era el pregón de una nueva forma de entender lo humano americano, lejos de los moldes ultramarinos.

Finalmente, el “descubrimiento” humano de los Orkopata y su guía atenta en relación al boletín, les permitió comprender que podría haber hombre sin estética. Por lo menos, esa postura la mantuvieron hasta el final de sus publicaciones con la despedida de Mariátegui. En ese sentido, no concordamos plenamente con la idea de un indigenismo de vanguardia o vanguardista, ya que esta sería un pretexto para retomar fuentes de expresión pictórica o literaria que volvían al presente para cuestionar el concepto de modernidad. Si los Orkopata fueron realmente vanguardistas con énfasis en lo autóctono, esto tendría que ver con una fase mínima de acción, ya que el ideario común implicaba erigir una forma nueva y de contraste.


Bibliografía

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Deleuze, Gilles. Lógica del sentido. Buenos Aires: Paidós, 2010.

Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos, 2010.

Jung, Carl Gustav. Aion. Contribuciones al simbolismo de sí mismo. Madrid: Trotta, 2011.

López Nuñez, Cesar Augusto. “Crítica del espacio occidental en El pez de oro de Gamaliel Churata”. RECIAL, Vol. X, Nro. 15. Junio 2019. Córdova. Disponible en: https://revistas.unc.edu.ar/index.php/recial/article/view/24843/24091. Visto el 10 de julio de 2019.

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Vich, Cynthia. Indigenismo de Vaguardia en el Perú. Un estudio sobre el Boletín Titikaka. Lima: PUCP, 2000.

VV.AA. Boletín Titikaka. (Ed. Mauro Mamani). Lima: CELACP - Lluvia Editores, 2016.

Zevallos, Juan. Indigenismo y nación. Los retos a la representación de la subalternidad aymara y quechua en el Boletín Titikaka (1926-1930). Puno: Universidad Nacional del Altiplano, 2013.



©Cesar Augusto López Nuñez, 2019
 

Cesar Augusto López Nuñez (Callao-Perú, 1986)
Es licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con la tesis "Óscar Colchado Lucio, artesano cósmico. La propuesta cosmopolítica de Rosa Cuchillo". Magíster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil) con la tesis "El proyecto estético político en El Guesa de Sousândrade y El pez de oro de Gamaliel Churata". Obtuvo el segundo puesto en el Tercer Concurso de Cuentos de la Asociación Cristiana de Jóvenes del año 2004. El 2014 publicó un libro de poesía titulado O. Actualmente es profesor de la Unidad de Posgrado de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y realiza sus estudios de doctorado en la misma casa de estudios en torno al concepto de animal en la producción de Gamaliel Churata.

 
 
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