Nº22
revista de literatura
 
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Artículos
 

Vagamente dos peruanos (posmodernos)

 

1
Vallejo, el otro
Young-Ha Kim: I have the right to destroy myself (2012)

Un artista peruano de apellido Vallejo. La carga en la espalda debe ser muy pesada. Por eso probablemente estudia en Bellas Artes y se va del país. No escribe pues lo suyo no es escribir sino pintar. La pintura es más fácilmente modelable… como su propio cuerpo con un entrenamiento debidamente riguroso. Así, la pintura le permite retratarse a sí mismo (como es y como desearía ser). Los cuerpos que pinta Vallejo son apolíneos: su idea es representar a los dioses escandinavos, seres mitológicos con cuerpos abundantes pero armoniosos. Vallejo lleva casi cincuenta años pintando en los Estados Unidos seres lascivamente hermosos que son reconocibles en todo el planeta.  

Vallejo, el otro, es conocido en todo el mundo, incluido el mundo asiático. Su poesía es estudiada y discutida por investigadores expertos de las principales universidades del Asia. Tengo entre manos un ejemplar de “César Vallejo en Asia” un compendio de exposiciones  efectuadas en 2010 por los profesores Kenji Matsumoto (Universidad de Osaka, Japón), Shyama Prasad Ganguly (Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi, India), Wang Jun (Universidad de Pekín, China), Juan Hung Hui (Universidad de Tamkang, Taiwan) y por los profesores Byung-Sun Song (Universidad de Bulsan, Corea) y Hyesun Ko (Universidad de Dankook, Corea). Cada uno de ellos es un experto en Vallejo y sus presentaciones van desde lo biográfico – ponen mucho énfasis en Vallejo como el poeta de los pobres, de los oprimidos y de los hambrientos - hasta el estudio de posibles elementos asiáticos (desde Atila hasta el arroz) en Vallejo, algo que, bien pensado, debe ser casi tan estrambótico como tratar de encontrar peruanos de ficción en la literatura asiática. Los nombres de los autores de los estudios comparativos y análisis de la poética vallejiana, podrían confundirse con una selección coreana de fútbol: Ko Hyesun, Leen Yongsun, Yoo Wangmoo,Woo Sukkyun, Chung Hyungchong, Shin Hyunlim, Park Hyung Choon, Park Chungde, Chung Chinyu.

La pregunta entonces, estimado lector, es la siguiente. En una novela coreana cuyo título traducido al español es ”Tengo el derecho de destruirme a mí mismo” y los personajes son jóvenes que coquetean con la muerte –y entre sí– con vértigo autodestructivo… ¿Cuál de los dos Vallejos cree que podría aparecer?

Tengo el derecho de destruirme a mí mismo
“Mimi llegó al apartamento de C por primera vez, tres días después de su encuentro en un café. Vieron un video juntos, en su estudio. Ella mostró interés. Mirándola ávidamente en el video, él se dio cuenta que ella se asemejaba a un personaje de un dibujo de Boris Vallejo. No pudo recordar el título. Tenía el hábito de recordar imágenes, no palabras”.

Se conoce poco de Corea más allá de que sea uno de los países con los cuales se suele comparar al Perú en términos de desarrollo. Corea, en los años 60 tenía un PBI per cápita comparable al peruano. Más de 60 años después Corea es un país desarrollado… y el Perú es el Perú, varón.
Corea es desde hace algunos años también un decidido impulsor de su cultura en el mundo. Soft power es el término que se utiliza para hacer lo que hace Corea, utilizar un aparato de propaganda internacional que reafirme sus valores y haga reconocible al país por determinados aspectos de su cultura. Lo curioso es que Corea apostó por las telenovelas – un boom en todo Asia- y el K-pop, un sub-género de la música juvenil que tiene muchos más seguidores en el mundo de lo que se pudiera imaginar. Todos los grupos son productos eficientemente empaquetados con músicas pegajosas y bailes coreografiados, como el del fenómeno más grande de 2012: el baile del caballo de PSY, máximo representante de ese deseo de poner a Corea en la mente del mundo, casi a cualquier precio.

Es menos conocida la literatura coreana, opacada – como en casi todo, de allí ese afán de protagonismo cultural curioso y excesivo – por la literatura japonesa y china y sin un autor de renombre - aun - en tierras occidentales.  En ese contexto, Young Ha Kim es un autor de la nueva generación de escritores coreanos, aquellos que se reconocen en – y critican  - esa vida pop de adolescentes que desean vivir al máximo en un país que aceleró su desarrollo y cuya juventud está cada vez más desenfrenada, en contraste con el reconocible ascetismo y tranquilidad asiática.

“Tengo el derecho a destruirme a mí mismo” es una mezcla de thriller metafísico y novela de romance juvenil en el que los personajes son jóvenes artistas, poseros y extraños. C y K son dos hermanos que viven en la Seúl caótica del siglo XXI y que se relacionan de manera curiosa con Mimi, una joven performer, una artista que pinta con su cuerpo perfecto – de ahí la remembranza de Boris Vallejo - bañándose en pintura y estrechando su desnudez contra el lienzo en éxtasis frenético. En esa misma ciudad vive un singular personaje cuya misión es convencer a la gente de que el suicidio es también una opción de vida. Son poco más de cien páginas de múltiples referencias al arte occidental, en especial a la pintura y en críticas a una sociedad de consumo en el que la juventud persigue ideales “curiosos” por decir algo que se entiende cuando uno ve alguna performance de un grupo de K-pop.

En ese sancochado cultural es más comprensible que el Vallejo que aparezca no sea el magno César sino el exuberante Boris, reconocido como dibujante de cuerpos sobredimensionados y de dioses híbridos. El cuerpo de Mimi tiene que ser uno trabajado en el gimnasio, esbelto pero generoso. Y que curiosamente representa el goce epicúreo tras el cual va la protagonista, igual que una masa de jóvenes coreanos que bailan al ritmo trepidante de cantante con atuendos coloridos y peinados estrambóticos. Eso es lo que ha decidido ser Corea, como su némesis en el norte ha decidido ser el último bastión del comunismo más absurdo. Como si uno y otro necesitaran proyectarse caricaturescamente para reafirmarse en sus convicciones. Lo que queda claro es que Corea, la del sur,  tiene un crecimiento programado y una capacidad inédita de lograr sus objetivos de desarrollo. Si entre estos se propone tener su propio Murakami o su Mo Yan, que no quepa duda que pronto estaremos escuchando más de la literatura coreana, con su propio baile del caballo.    

 

2
Un asunto nada diplomático: corrupción en el Perú de ficción
Mario Puzo, Omerta (1992)

Don Aprile, digno mafioso en retiro, recibe tal ráfaga de disparos que su cabeza queda casi desprendida de su cuerpo totalmente ensangrentado, al pie de las escalinatas de la catedral de san Patricio en pleno centro de Manhattan (Don Aprile asistía a la confirmación de su nieto, y estaba rodeado de niños que le pedían monedas de oro, completando así la tierna escena). Detrás de aquel asesinato una mafia nueva y, si cabe, más brutal que la siciliana – la narco - y a la cabeza de ese hato de rufianes, un diplomático peruano: el Cónsul General del Perú en Nueva York, Marriano Rubio (sic).

Marriano Rubio se vale de su inmunidad diplomática para acometer sus fechorías, en complicidad con Timone Portella y un  tal Inzio Tulippa, un narcotraficante centroamericano de cuestionable gusto por los ternos claros y la música tropical y que además tiene una obsesión absurda que pasa por contratar a científicos para construir una bomba nuclear en algún lugar de América del Sur. Rubio, en cambio, es alto y apuesto, un galán de novela que se ha valido de la diplomacia para alcanzar el refinamiento que abre las puertas de los mejores hoteles, descorcha los mejores champagnes y le permite acostarse con las mujeres más deseables del mundo, incluyendo a la hija del malogrado Don, la sensual Nicole Aprile.

¿Qué hay detrás de esta rocambolesca historia? El vil metal, claro. Y los negocios de mafias más modernas y sofisticadas que luchan por algo más importante que las carreras de caballo o el licor: Rubio y Tulippa quieren controlar los bancos de fachada de los Aprile. Y sí, claro que hay algo más detrás de todo esto: la pluma de alguien que conoce de camorra y asesinato, Mario Puzo, el autor neoyorquino  que elevó el asesinato por honor al nivel del arte. La historia en la que deslumbra el Cónsul Rubio es la novela póstuma de Puzo, Omerta, el código de honor siciliano.

“Marriano Rubio era un hombre que tocaba muchas teclas, todas ellas revestidas de oro puro (…) a sus cuarenta y cinco años, era un soltero empedernido y un respetable mujeriego, que solo tenía una amante a la vez, debida y generosamente recompensada cuando la sustituía por otra belleza más joven”. Un campeón de la categoría máxima que disfruta además del teatro, la ópera y el ballet, y recompensa a sus amigos con los más deliciosos platillos y el mejor trago.

Toda esta historia, es bueno decirlo, transcurre en la década de los noventa. Y lamentablemente el final de Rubio se parece mucho al del Perú en esos años. El sobrino de Don Aprile, Astorre Viola, un mafioso a carta cabal, destruye los planes de los advenedizos del sur y permite a los Aprile confirmar su dominio sobre los principales bancos neoyorquinos. De inmediato una carta es enviada al Ministro de Economía del Perú exigiendo el pago de todas las deudas atrasada contraídas por el Gobierno. La crisis explota, los trastornos políticos se suceden y un nuevo Gobierno se hace del poder. El nuevo Presidente exige la dimisión inmediata del representante del Perú en Nueva York, culpable de aquel entuerto. Y tras cuernos… el megaproyecto de inversión de Rubio en Lima, un parque temático que debía ser la Disneylandia de Sudamérica, solo atrajo una noria y la franquicia de Taco Bell (sic). Rubio debió haber terminado sus días vendiendo  chanfainita cerca de la calle Capón o, con suerte, reenganchándose en algún negociado de venta de indultos y gracias presidenciales.

La corrupción en el Perú
No es nada favorable la imagen del diplomático peruano, ese “perfumado y elegante” funcionario (en palabras de un rollizo expresidente) que tras la educación y las buenas maneras, esconde uñas largas y malas artes. La diplomacia, después de todo, en la ficción extranjera, sigue siendo la fachada amable de los vicios ocultos de un país como el Perú, cuya corrupción gubernamental parece ser consustancial (ver Historia de la corrupción en el Perú de Alfonso Quiroz para mayor detalle). ¿Y por qué peruanos? ¿Es que la corrupción nos representa? Quizás no tanto como la violencia o el exotismo vinculado a nuestro pasado histórico, sin duda, pero es curioso que un país cuyas riquezas y el oro hayan dado tanto que hablar sea también lo que alimenta la codicia de sus diplomáticos, esos representantes de reales mafias que alguna vez vendieron visas y se llevaron dinero en maletas que debieron pasar como valija diplomática rumbo a Tokio.

Quizás sea el mal holandés, el drama de la riqueza que nos hace pobres (moralmente). Los franceses acuñaron la frase “c’est le Pérou,” para referirse a una riqueza incalculable - luego popularizada como c’est ne pas le Pérou” como para decir “no es gran cosa.” El Perú y sus diplomáticos quizás sean, en la ficción de Puzo,  el ejemplo de este vicio perpetuo – y tan universal, no nos sintamos especiales tampoco - de querer obtener dinero por la vía más fácil. Desde la compleja red mafiosa del narcotráfico, la imagen que tenemos de nuestros representantes en esta novela da como para que la próxima vez que nos acerquemos a hacer un trámite consular o preguntemos por un contacto en una Embajada nacional, lo hagamos, como en la ficción misma, agarrando bien nuestra billetera y dispuestos a denunciar el primer abuso. O sirviéndonos con ellos un buen champagne y un delicioso y cuidado canapé, quizás el país de la marca Perú haya cambiado todo, y al fin y al cabo, todo depende de qué lado de la vida estemos.

 
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1 http://www.proetica.org.pe/viii-encuesta-nacional-sobre-percepciones-de-la-corrupcion-en-el-peru-2013/
 
 
©Alejandro Neyra, 2015
 

Alejandro Neyra (Lima - Perú, 1974). Escritor y diplomático. Autor de los libros de cuentos “Peruanos Ilustres” (Solar, 2005), “Peruvians do it better” (Sarita Cartonera, 2007) y “Peruanas Ilustres” (Solar, 2009). Ganador del Premio Copé de Plata de Cuento 2012 y del IV Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro 2012 con la novela “CIA Perú, 1985 Una novela de espías (Estruendomudo, 2012). Autor del libro de ensayos “Peruanos de ficción” (Solar, 2013), prepara la publicación de “CIA Perú, 1985 El espía sentimental” (Estruendomudo, 2015). Ha formado parte de diversas antologías nacionales e internacionales y ha publicado en revistas especializadas como “El Hablador” y “Buensalvaje”. Ha participado también en las ferias internacionales de Santiago y Bogotá (2014), Quito (2013), Guadalajara (2012) y las últimas ediciones de la Feria de Lima, además de otros encuentros nacionales. Página de autor: www.alejandroneyra.com.

 
 
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El Hablador 2003-2015 © Todos los derechos reservados | ISSN: 1729-1763
           
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