Nº22
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Artículos
 

José Carlos Mariátegui leído por Sebastián Salazar Bondy: el discurso crítico del ensayo y el compromiso intelectual

 

La crítica a propósito de la obra ensayística de Salazar Bondy ha focalizado su atención, sobre todo, en Lima la horrible (1964), de lo cual dan cuenta la cantidad de publicaciones al respecto(1), pero en dicho énfasis encontramos un denominador común: se ha dejado de considerar el resto de reflexiones desarrolladas por este autor, las cuales permiten esclarecer su posición en dicho ensayo en torno a diversos conceptos o productos culturales que son motivo de reflexión. En tal sentido, si bien Lima la horrible constituye su obra mayor, resulta necesario realizar un abordaje de una parte fundamental de la producción de Salazar Bondy, que se encuentra en los artículos que publicó en periódicos y revistas entre los años de 1945 y 1965, dado que fue un colaborador constante e importantísimo en la prensa peruana del período mencionado. Conviene acotar que estos artículos no solo tienen como temática la literatura, pero cuya relevancia radica en que en todos ellos se presenta:

Un discurso que reflexiona con agudeza sobre aspectos anexos a la cultura y que incluyen, entre otros, la realidad política del país, la reflexión acerca de formaciones ideológicas tales como el nacionalismo, los acuciantes conflictos y contradicciones sociales, la permanente crisis de las instituciones peruanas, que en cierta medida anuncian y contribuyen a la concepción posterior de su obra mayor, Lima la horrible (Susti 2014: 19)

En el presente texto analizaremos algunos artículos publicados por Salazar Bondy en periódicos y revistas de la época entre los años 1954 y 1960, los cuales abordan la producción ensayística de Mariátegui y su posición como intelectual. Para ello, los artículos que revisaremos son los siguientes: «”Un voto en contra” sobre la literatura peruana» (1954), «Mariátegui y sus Obras completas» (1958), «Mariátegui y su destino intemporal» (1959) y «Permanencia de Mariátegui» (1960)(2). Para dicho análisis, sobre todo en los dos primeros puntos que mencionaremos, nos valdremos de la propuesta realizada por Liliana Weinberg en Pensar el ensayo (2007), que precisamente busca definir el texto ensayístico a partir de rasgos como su carácter heterogéneo, abierto y de diálogo.

A partir de su lectura, consideramos que es posible establecer tres características de los ensayos que Salazar Bondy encuentra en la obra de Mariátegui y que llevan a aquel a tomarlo como referente de este género (aunque no lo denomine como tal): la “acusación” como afirmación de la postura crítica del autor, el ensayo como diálogo constante e interminable entre el autor y los lectores y, finalmente, el compromiso intelectual como respuesta a un contexto de crisis.

La “acusación” como postura crítica del ensayista

Al revisar la obra de Mariátegui, Salazar Bondy pone de relieve aquello que con Weinberg consideramos como el carácter heterogéneo del ensayo, ya que se trata de un texto subjetivo, el cual implica una toma de posición particular a propósito de un tema, en este caso la literatura –y la realidad– nacional y, a su vez, que se sostiene en un ejercicio interpretativo. Es así que el ensayo es una «forma de indagación del mundo a partir de un yo, como trayectoria abierta a partir de la elección de un punto de vista que se constituye  […] como representación artística de un proceso de representación intelectual» (2007: 125). Esto se evidencia en el hecho de que, por ejemplo, «El proceso de la literatura peruana» incluye una declaración en la cual Mariátegui expone su rechazo a la imparcialidad y, por el contrario, afirma el carácter subjetivo de su juicio. Este ensayo, a su vez, se presenta como una reflexión intelectual acerca de cierto canon literario peruano, que es también una toma de posición política («en contra»).

En «”Un voto en contra” sobre la literatura peruana» (1954), Salazar Bondy advierte el carácter central de Mariátegui en la crítica peruana, debido a que su ensayo «El proceso de la literatura peruana» no se configura como un tratado o un recuento que pretende objetividad, dado que no se concibe que la crítica pueda ser un ejercicio aséptico o neutral, sino que en su declaración de principios asume una posición específica respecto del problema nacional, es decir, es la subjetividad del ensayista aquella que determinará los juicios de valor a establecerse en dicho texto: «El hecho de que en el enjuiciamiento de la literatura peruana, José Carlos Mariátegui renuncie —y nos advierta anticipadamente de tal exención— a ser imparcial, previene contra cualquier reclamo de impertinente objetividad» (2014: 201).

Dentro de este aspecto, y ya en un plano más específico, Salazar Bondy valora la honestidad intelectual de Mariátegui, quien no acepta la demanda de indulgencia tan común en un campo intelectual con serias deficiencias en el plano de la crítica, ya que al plantear su discurso como la toma de posición «en contra» respecto del problema nacional en la literatura, se asume una confrontación de ideas respecto de quienes se encuentran «a favor», pues estos aceptan el canon y, por ello, el orden social que justifica dicho canon, mientras que Mariátegui, al oponerse, cuestiona precisamente el orden social caracterizado por la injusticia y la dependencia que ha fijado un determinado canon literario.

En tal sentido, se incide en la idea de que Mariátegui fue el primero en contravenir el «criterio servil» en las interpretaciones acerca de la literatura peruana en su ensayo, puesto que al tomar una posición en contra del orden vigente, que se ilustraba en una literatura igualmente servil, de carácter imitativo, se estaba afirmando el valor de la creación original, la cual se sustentaba en la posibilidad —o el derecho— de consolidar la independencia no solo en el plano material, sino también en el orden del espíritu (2014: 202). El ensayo, entonces, no es simplemente un comentario de textos, sino que debe lograr «abrir la cifra del sentido, traducir y llevar a distintos circuitos de lectura la infinita variedad del mundo» (Weinberg 2007: 161), lo cual solo es posible a partir de la toma de posición inicial. Es así que al presentar una propuesta que se oriente a la consecución de una literatura nacional, original y no imitativa, se opone claramente a un autor como Riva-Agüero, representativo de la tradición oligárquica:

Entre Carácter de la literatura del Perú independiente de Riva-Agüero —cuyos méritos como trabajo trascendental dentro de nuestra precaria cultura reconozco y respeto— y “El proceso de la literatura peruana” se interpone la distancia que suele mediar entre el que mira el mundo como una imperfección respetable y respetuosa, y lo acepta así; y el que, a pesar de verlo bajo aquel aspecto, aspira a convertirlo en más digno del hombre (2014: 203).

En los artículos publicados entre 1958 y 1960 («Mariátegui y sus Obras completas» de 1958, «Mariátegui y su destino integral» de 1959 y «Permanencia de Mariátegui» de 1960), conviene señalar que, desde la perspectiva de Salazar Bondy, en su producción ensayística Mariátegui no elabora un texto dogmático que genera una ciega adhesión, es decir, no establece una postura estática respecto de la literatura nacional, sino que demanda un constante ejercicio crítico en cuanto a los conceptos y los autores a los que se atañen en su obra. Esto permite entender que Salazar Bondy pueda disentir de algunos contenidos —pues no está de acuerdo con todos los autores incluidos por Mariátegui—, pero no del espíritu que orienta su examen, que consiste en tomar una posición firme pero nunca inmóvil, ya que lo relevante en el ensayo en tanto juicio no es la sentencia, sino el proceso mismo de juzgar:

Nada hay en estos libros que aparezca como dogma en el que es necesario creer a ciegas: esta condición cuestionable de cada afirmación decide, sin duda, la permanencia de los ensayos, cuya diversidad va desde La escena contemporánea […] hasta Defensa del marxismo (2014: 264)

El carácter inacabado del ensayo y su forma de diálogo

En relación con el punto anterior, es importante poner de relieve que para Salazar Bondy el ensayo nunca es un producto ya terminado, sino que se concibe como un texto inacabado, que siempre puede revisarse y corregirse. El autor se configura, así, como el primer lector de su obra; pero esta exigencia se traslada luego al resto de lectores de la obra. Por ello, se señala lo siguiente: «La meditación de Mariátegui siempre fue para él una constante revisión, un fluido que jamás se detuvo en las espuertas de lo concluso y definitivo. Es imposible leerlo como un fanático: el espíritu crítico, que él supo aplicarse a sí mismo, se transmite al lector, lo lleva a seguir el curso de la especulación conforma los hechos lo disponen» (243-244).

Ya que el lector del ensayo se configura como un cómplice (un «amigo») y un rival (alguien que puede tener la posición contraria, a quien es necesario convencer) al mismo tiempo, es posible señalar a propósito de estas dos facetas: «La una, tan íntima e informe como la del confidente o el receptor privado de una carta confidencial […] La otra, un lector indefinido y general, representativo de una comunidad hermenéutica, portadora de valores generales que a su vez debe autorizar nuestro propio texto» (Weinberg 2007: 140). En ese sentido, la perdurabilidad de los textos de Mariátegui a la que alude Salazar Bondy se fundamentan en el hecho de que sus ensayos se establecen como un diálogo con sus lectores —en el que ellos «hablan»—, lo cual explica que las obras sean inacabadas, ya que tienen la forma de una conversación. El ensayista es, entonces, presentado como aquel a quien el discurso vuelve un interlocutor permanente, que interactúa con quienes se embarcan —o se embarcarán— en la lectura de sus textos: «Mariátegui habla ahora con nosotros, hablará mañana con nuestros hijos, seguirá hablando cuando los huesos de nosotros y ellos formen parte de la tierra que se pisa y trabaja […] Su presencia no es provisional como la nuestra» (2014: 257).

Sobre este aspecto insiste en «Permanencia de Mariátegui», pues al referirse a la producción ensayística de Salazar Bondy, señala: «Su estilo posee la fluencia de la charla fascinante del sabio sin distancia ni soberbia, y es por eso que precisamente la lectura es una comunicación con el autor en la que la divergencia colma las ideas y las abrillanta» (2014: 263-264). De este modo, podemos observar que la lectura escenifica una conversación «cercana» y distante a la vez entre autor y lector, la cual puede configurarse también como un debate, dado que no necesariamente se coincidirá con la postura del ensayista. Todo ello se vincula directamente con la idea de que este género, de acuerdo con Weinberg, apunta tanto al «yo» como al «nosotros», por lo cual apunta a un auditorio íntimo y público a la vez al que Salazar Bondy se refiere en términos de una conversación «sin distancia y sin soberbia». Es así que la figura del lector, en tanto interlocutor partícipe, es determinante pues se manifiesta en la forma de un auditorio o público, de modo que el ensayo se configura como una representación del acto de dialogar (2007: 141).


El compromiso intelectual: respuesta a un contexto de crisis

El compromiso intelectual del escritor, en relación con la sociedad de la cual es parte, es uno de los aspectos que Salazar Bondy valora más en la figura de José Carlos Mariátegui, y que está relacionado con el sentido de «urgencia» que hace de la escritura un recurso de denuncia. Esta responsabilidad se entiende como la dedicación absoluta a resolver los problemas más serios de la realidad nacional, de allí que su interés por la literatura no fuese simplemente un ejercicio intelectual, sino al mismo tiempo un compromiso político —vivencial— por la transformación del orden vigente. Esta postura resulta relevante en tanto la década del 50, período en que escribe Salazar Bondy, era precisamente de represión, específicamente en el caso del gobierno de Odría. Como señalan Contreras y Cueto, se ejerció «un tipo de control sobre los movimientos sociales, que combinaba la represión y el autoritarismo con el paternalismo clientelista y una persecución, muchas veces despiadada, a los políticos opositores del régimen» (2014: 311). Por ello, Salazar Bondy incide en el carácter sacrificial de la intervención de Mariátegui, pues lo identifica como el «genial espíritu para el cual el destino de la patria superaba cualquier otro incentivo de la meditación y la conducta» (2004: 255).

Es así que la obra de Mariátegui es una respuesta al contexto en que se encuentra, de modo que volver a la década del 20 resulta fundamental para afrontar una crisis que, de acuerdo con Salazar Bondy, se prolonga. Se trata de la crisis del sistema oligárquico, que empieza precisamente en el período en que escribe Mariátegui, y se prolonga hasta los años en que Salazar Bondy publica estos artículos(3). En consecuencia, la empresa crítica se constituye como un ejercicio de libertad cuya validez persiste a lo largo del tiempo: «Ejemplo de libertad y sinceridad, la obra de José Carlos Mariátegui llena un largo lapso de nuestra historia intelectual y lo seguirá llenando en tanto persista el drama humano y social que la fecundó» (2014: 264)

El carácter sacrificial de la empresa ensayística que se ilustra con Mariátegui lleva a Salazar Bondy a realizar una autocrítica a su propia evolución como escritor, lo cual se revela mediante la relectura de las ideas del Amauta: «En mi caso, al cabo de algunos años durante los cuales creo haber evolucionado de la postura evasiva e indolente a la francamente comprometida y resuelta, he vuelto a ellas y las he encontrado tan vivas como certeras» (2014: 201). En torno a lo anterior, es posible advertir que el recorrido trazado por Salazar Bondy según su propia experiencia se produce a semejanza de aquel realizado por Mariátegui, pues de él nos dice lo siguiente: «Pudo ser solo, y brillantemente, el croniqueur de pluma fácil, desenvuelta, aguda y grata al lector, tal como fue durante sus inicios en las páginas de este diario, en donde su capacidad lo llevó de la  tarea mínima a la columna de redacción, pero lo llamaba, desde dentro, una misión menos superflua y contingente […]» (2014: 255).

Mariátegui se presenta como un modelo de compromiso con la sociedad peruana, el cual renuncia a la posición cómoda del escritor que asiente con el orden establecido para afirmarse como un crítico que apuesta por el disenso. Todo ello permite explicar por qué Salazar Bondy considera que la actualidad de su obra: «Espléndidos y opacos, los juicios anteriores al fundador de Amauta son pasado, nada más que pasado. El de Mariátegui, por el contrario, se lee en ese incesante presente que es invencible porvenir» (2014: 203). En tal sentido, su actualidad se manifiesta debido al compromiso que sostenía su posición crítica respecto de la tradición, de allí que su lectura no constituya simplemente una revisión del pasado, sino que el carácter vivencial sea aquel que conduzca las reflexiones intelectuales y que, por ello, permita establecer un vínculo íntimo con los lectores, a la manera de un interminable diálogo que, como señalaba Salazar Bondy, nos haría partícipes a todos.


Bibliografía


CONTRERAS, Carlos [y] Marcos Cueto. 2004. Historia del Perú contemporáneo: desde las luchas por la independencia hasta el presente. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

HIRSCHHORN, Gerald. 2005. Sebastián Salazar Bondy: pasión por la cultura. Lima: IFEA y UNMSM.

REBAZA SORALUZ, Luis. 2000. La construcción de un artista peruano contemporáneo: poética e identidad nacional en José María Arguedas, Emilio Adolfo Westphalen, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Sebastián Salazar Bondy, Fernando de Szyszlo y Blanca Varela. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

SUSTI, Alejandro. 2014. La luz tras la memoria. Artículos sobre literatura y cultura (1945-1965). Tomo I. Lima: Lápix, pp. 15-52.

WEINBERG, Liliana
. 2007. Pensar el ensayo, México D.F.: Siglo XXI Editores.

 
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1 Los trabajos que se detienen a analizar este ensayo son los siguientes: «La ciudad enferma: Lima la horrible, de Sebastián Salazar Bondy» (1995) de Peter Elmore; Marcel Velázquez, «El ensayo literario en la generación del 50: Loayza, Salazar Bondy y Ribeyro» (2001); Jorge Ninapayta, Lima en dos ensayos literarios peruanos: Lima la horrible y La cultura peruana (2001); Cynthia Vich, «Sexualizando el espacio urbano: la trampa metafórica de Lima la horrible» (2006); Beatriz Barrantes Martin, «La ciudad vs. el país: Lima la horrible y otros contrabandos en el ensayo peruano» (2008); Mario Granda, «El género del ensayo y la recepción de Lima la horrible de Sebastián Salazar Bondy» (2009); Gema Areta   «El desierto habita en la ciudad: poesía y ensayo en Sebastián Salazar Bondy» (2010); Alejandro Susti, «“Respondiendo por los poros de tu cuerpo”: Lima la horrible, medio siglo después» (2014). Entre ellos, solo los textos de Susti y Granda intentan completar el sentido de este ensayo a partir de la revisión de otros textos publicados por Salazar Bondy.
2 Todos los artículos de Salazar Bondy han sido extraídos de la compilación realizada por Alejandro Susti, La luz tras la memoria. Artículos periodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965). Tomo I.
3 Como señala Luis Rebaza Soraluz, en la década del 20 se había definido ya un modelo de intelectual antioligárquico, en el despliegue de proyectos como el socialista de José Carlos Mariátegui, que giraba alrededor de la revista Amauta (2000: 36)
 
 
©Karen Calle, 2015
 

Karen Calle (Lima - Perú). Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha participado en diversos eventos académicos como el Coloquio Ulises Latinoamericano o el XVIII Coloquio de Estudiantes de Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

 
 
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